Capacidades, habilidades y competencias para trabajar en gestión cultural

16 febrero, 2024
gestión cultural Imagen de Jessica Pamp en Unsplash

Nicolás Barbieri, profesor agregado de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC y del máster universitario de Gestión Cultural (interuniversitario: UOC, UdG), repasa las necesidades que demanda el mercado actual a los profesionales: “Las capacidades culturales son democráticas y las tenemos todas las personas”.

En 2006 un grupo de alumnos estadounidenses escriben cartas a sus escritores favoritos para invitarlos a visitar su instituto. Una de esas misivas llega al escritor Kurt Vonnegut que, a sus 84 y la apariencia —exagerada por su prosa— de una iguana, declina la invitación, pero contesta con una carta con la que abrir las mentes a la creatividad que habita en todos y cada uno de los humanos. Para Nicolás Barbieri, profesor del máster universitario de Gestión Cultural (UOC, UdG), la misiva del autor de Matadero Cinco sirve para definir qué es la gestión cultural. “La cultura y las capacidades culturales son democráticas y las tenemos ´todas las personas”, explica Barbieri durante la ponencia «¿La cultura es para mí? Capacidades, habilidades y competencias necesarias para trabajar en gestión cultural», en el marco de la IV Feria Virtual de Empleo de la UOC.

¿Qué es la gestión cultural?

Definir la gestión cultural es adentrarse, según Barbieri, en un sector en movimiento. “No hay una gestión cultural, sino muchas: industrial, alternativa, institucional… pero todas reclaman saber gestionar riesgos y adaptarse a los cambios permanentes que la sociedad demanda”, expone el profesor e investigador de la UOC recogiendo una de las definiciones aportadas  por Alfons Martinell, profesor de la Universidad de Girona. Los profesionales hacen frente a la gestión integral de proyectos culturales, lo que implica atender a diversos campos como los espacios, el público o los presupuestos, incluyendo aquí el trabajo empresarial que hay detrás de esta labor.

Capacidades necesarias para ser un buen gestor cultural

Pese a que la definición del gestor cultural puede ser muy amplia y heterogénea, se pueden identificar algunas competencias comunes. La Carta de Roma 2020 trata de establecer algunas de las competencias culturales que se refieren a la capacidad que todo ser humano tiene para aprender. El documento fue firmado y elaborado por un gran número de municipios, ayuntamientos y espacios de representación de la vida cultural local de todo el mundo para plantear la necesidad de que estos espacios impulsen las capacidades culturales de la sociedad. “Es una carta que se puede extender al gestor cultural, nos da las claves para saber cómo debe saber conectar sus propias capacidades con las del conjunto de la población”, expone Nicolás Barbieri.

  1. Descubrir manifestaciones culturales diversas y ser curioso con lo que nos rodea.

  2. Crear elementos culturales, puede ser una rima, un dibujo, un reportaje… cualquier manifestación que sirva para hacer realidad una expresión artística.
     
  3. Compartir la labor con la sociedad. El trabajo a desarrollar tiene que ver con la vida cultural pública, en el sentido más amplio que abarca no solo el ámbito gubernamental, sino también el comunitario.

  4. Disfrutar de una expresión artística, de una identidad o de una mirada sobre la vida cultural.

  5. Proteger expresiones culturales, vidas culturales, comunidades y personas que muchas veces no tienen la oportunidad de expresarse o, incluso, experimentan situaciones de exclusión y restricción de sus propios derechos culturales.

Habilidades clave para dedicarse a la gestión cultural

La profesionalización de la gestión cultural conduce a establecer una serie de habilidades o lo que es lo mismo: capacidades para poner en práctica proyectos, iniciativas y expresiones que requieren una sistematización en el ámbito de la cultura. Nicolás Barbieri, que también es investigador de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC, se sirve de la categorización que plantea el Observatorio Vasco de la Cultura:

Habilidades técnicas: se enmarcan aquí aquellas conocidas como habilidades duras, más vinculadas con el conocimiento específico del subsector de la actividad.  Aunque la mirada integral es fundamental, precisa del manejo de estas tareas asociadas a ese subsector. 

Habilidades digitales: facilitan la democratización de la producción cultural, pues permiten crear, compartir y colaborar en proyectos. Pero también pueden generar exclusión por una cuestión de brecha digital en la sociedad. Por lo tanto, no solo se trata aquí de adquirir esas capacidades, sino también de poder impulsar su democratización.

Habilidades comunicativas: son las habilidades para sacar adelante proyectos culturales a partir de saber expresarse de forma correcta y precisa, además de saber motivar con nuestra comunicación. Se incluye también la capacidad para desarrollar relaciones humanas.

Habilidades empresariales: saber realizar un plan de negocio útil y relevante y desarrollar capacidades de negociación y liderazgo.

Habilidades de autoformación: impulsar la habilidad de aprender para ir renovando los conocimientos. Es la capacidad de “aprender a aprender”.

Competencias más valoradas para trabajar en el sector

La gestión cultural necesita una serie de características para abrirse paso en una sociedad diversa y con sobredosis de estímulos. “Cuando aspiramos a trabajar en este sector hay que tener las capacidades que permitan a una expresión cultural, a un proyecto o a una iniciativa destacar en la puesta en práctica”, apunta Barbieri.

Algunas de ellas pueden ser:

  • Visión global
  • Adaptabilidad
  • Vocación de servicio (a los colectivos, al territorio, al entorno…)
  • Conciencia social
  • Dominio de idiomas

El proyecto de Aina Ferrero, exalumna del máster de Gestión Cultural de la UOC, que realizó en el Museo del Calzado de Inca (Mallorca) y del cual es directora, refleja este tipo de competencias. El trabajo sirvió a la exalumna para llevarse el premio European Museum of the Year Award 2022, que ya refleja la importancia de tener una visión global y tener habilidad con los idiomas para impactar en el mercado internacional, es decir, para hacer destacar el proyecto.

Pero más allá de la mirada internacional, el Museo del Calzado supo generar conocimiento vinculado a las necesidades culturales de los habitantes de un territorio. “Hay que saber generar un conocimiento aplicado que permita la reformulación, como fue en este caso, del conjunto del museo”, define Barbieri. Todo ello debe aglutinar de un modo equilibrado los diferentes intereses, contemplando e incorporando el conocimiento de aquellas personas que trabajan en el mismo.

La gestión cultural debe considerar la repercusión social. La iniciativa de Aina Ferrero fue entendida como un museo “por y para la comunidad”. “Debemos ponernos al servicio de un colectivo, de un territorio, de un espacio, entendiendo que desde ese entorno podemos generar una propuesta, un proyecto cultural que a su vez revierta también en ese entorno, que puede ser flexible”. Ponerse al servicio del entorno supone poner en valor una tradición viva del territorio, que está sujeta a ser reconstruida y puesta en cuestión para ser revalorizada. Sin perder de vista estas necesidades, hay que saber adaptarse al presupuesto disponible para sacar adelante el proyecto.

La profesionalización de la gestión cultural, como muchas otras profesiones, se topa con determinadas irregularidades en algunas iniciativas que forman parte del trabajo. Y es que según un informe reciente de Victoria Ateca y Anna Villarroya sobre las condiciones de vida y laborales de los artistas y profesionales de la cultura, las dificultades económicas y la falta de conciliación son dos de los lastres más importantes, especialmente entre el mercado más joven. “Es una necesidad el contar con gestores culturales que tengan presente la voluntad de mejorar este contexto”. Para paliar esta situación, a nivel europeo ya se elaboran pactos para el desarrollo de capacidades en el sector y proyectos de apoyo a la formación que aspiran a mejorar el contexto del nuevo del Ecosistema de las Industrias Culturales y Creativas (ICC), uno de los 14 ecosistemas industriales identificados por la nueva estrategia industrial de la UE 2020.

▶️ Recupera la ponencia del profesor Nicolás Barbieri en la IV Feria de Empleo de la UOC a continuación:

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