La música como catalizador de la transformación social

17 noviembre, 2023
música y transformación social Imagen: Freepik

La música, a menudo considerada como el lenguaje más universal de la humanidad, tiene el poder de trascender las barreras culturales y sociales, convirtiéndose en una herramienta vital para la transformación social. Este fue el tema central de la II Jornada de la Cátedra Pau Casals «Música y transformación social», un evento que, el pasado 26 de octubre, reunió a pensadores, músicos y académicos para explorar el papel de la música más allá de su valor estético y de entretenimiento.

Organizada por la Fundación Pau Casals y la UOC, la jornada exploró el papel de la música en la transformación social, un tema de creciente relevancia en nuestro mundo actual. A través de diversas ponencias y mesas redondas, los participantes compartieron sus visiones y experiencias, destacando el poder de la música como herramienta de cambio y cohesión social.

Vehículo de comprensión y respuesta humana

La filósofa Marina Garcés, profesora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC, participó en la jornada con una intervención enfocada en la transformación social desde una perspectiva introspectiva y provocadora. Según Garcés, la transformación social debe ser entendida como «aquello que vehicula lo que somos y lo que aprendemos», una visión que implica una comprensión más profunda de la música, más allá de una simple disciplina artística, y hace hincapié en las personas que la crean y la viven.

Garcés invitó a replantear nuestro entendimiento de la música, sugiriendo que «cuando hablamos de valores, no es algo que flota en el aire, sino que está en las personas y son las que los hacen realidad” y planteó preguntas cruciales sobre la naturaleza de la música y su capacidad de vehicular cambios sociales significativos.

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Marina Garcés durante su intervención en la II Jornada de la Cátedra Pau Casals «Música y transformación social»

Siguiendo el hilo de este argumento, era imprescindible mencionar al extraordinario Pau Casals, cuyo legado inspira el nombre de esta Cátedra. La figura de Casals, aclamado no solo como un gran compositor, sino también por su profunda empatía y reacción ante su entorno, se presenta como un icono de cómo la música puede ser una respuesta valiente y significativa frente a retos sociales y políticos. Garcés resaltó que Casals no solo se distinguió como un músico excepcional, sino que también fue una persona que brindó una «respuesta singular a su mundo», algo que quedó demostrado con su audaz decisión de suspender su actividad musical como forma de protesta contra la dictadura de Franco.

Este enfoque de la música como una forma de comprensión y compromiso social plantea preguntas importantes sobre cómo formamos a las personas en nuestro entorno. Garcés argumentó que la educación en la música debería implicar no solo habilidades técnicas, sino también el desarrollo de una capacidad para comprender y actuar en el mundo.

En su reflexión sobre la música, Garcés no deja de lado el papel fundamental de la cultura en nuestra sociedad. Con una claridad plausible, afirma: «La cultura es antifórmula, pero es necesario plantearse cómo cultivarla». Esta perspectiva, propuesta como un clamor para comunicar nuestros deseos más íntimos a través del arte y la música, nos ofrece una revelación profunda: «Crear es la posibilidad de desear. No existe un vacío de deseo, es una falta de comunicar ese deseo».

Tendencias en la acción musical y la transformación social

La jornada también acogió, entre otras sesiones, un grupo de debate como forma de reflexión y discusión sobre el papel crucial de la música en la transformación social. La mesa redonda, titulada «Tendencias y perspectivas de la acción musical en los procesos de transformación social» y moderada por Joan Fuster Sobrepere, director de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC, ofreció un espacio para el intercambio de ideas y experiencias en el que participaron Hugo Cruz, creador, programador cultural e investigador; José Luis Rivero, director artístico del Auditorio de Tenerife y Núria Sempere, Directora de la ESMUC.

Cruz abrió el diálogo destacando la complejidad del tema: «Esta jornada es un acto de coraje, es abordar esta cuestión desde la complejidad y no desde la simplificación” y subrayó la importancia de comprender cómo las prácticas culturales y artísticas impactan a nivel comunitario, social y político, desafiando la tendencia a simplificar estas dinámicas.

Una de las problemáticas señaladas por Cruz fue la «gran confusión utilizando las mismas palabras pero hablando de procesos totalmente distintos.» Esta observación lleva a la necesidad de establecer un lenguaje común, diverso y heterogéneo, que facilite el diálogo y la conexión entre diferentes actores en el campo de la música y la transformación social.

Cruz también enfocó la atención en la naturaleza dual del impacto de las prácticas artísticas, tanto en términos sociales como artísticos. Por ese motivo, destacó que «es importante entender que el impacto cultural y artístico es idiosincrático, porque es entonces cuando podremos hablar de impacto social.»

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De izquierda a derecha: Núria Sempere, José Luis Rivero, Hugo Cruz y Joan Fuster Sobrepere.

José Luis Rivero ofreció su perspectiva desde el punto de vista de una organización cultural. Rivero describió el trabajo del auditorio como un equilibrio entre activismo y formalidad, enfatizando la necesidad de afrontar las desigualdades sociales a través de la toma de decisiones comunitaria y la resolución de dinámicas desafiantes.

Rivero expresó que la transformación es un signo de insatisfacción y remarcó la humanidad inherente a la música: «La música es un hecho humano y hay que compartirlo con otros seres humanos.» También mencionó que, aunque las organizaciones culturales disponen de herramientas, aún no se han aprovechado al máximo para innovar en sus enfoques.

En ese contexto, Núria Sempere reflexionó sobre la formación musical y su propósito: «Debemos preguntarnos a quién estamos formando y en qué estamos formando». Esta reflexión lleva a cuestionar el sistema educativo actual y su alineación con los valores necesarios para fomentar un cambio social significativo.

La participación comunitaria en las prácticas artísticas fue otro tema central. Cruz quiso destacar que “las prácticas artísticas contribuyen a generar un nosotros” y, por ello, apuesta que deben aprovecharse como una “oportunidad para celebrar la diversidad” porque estas actividades permiten que las personas “sean libres, autónomas y creativas”

Siguiendo con este tema, Rivero destacó la capacidad de empoderamiento que tienen las prácticas artísticas: «No es acción social a través del arte, es una acción cultural que genera valor y empodera a las personas que participan en ella.» Subrayó la necesidad de un cambio en la percepción y el enfoque de las organizaciones culturales, destacando que «la organización cultural no hace cultura, el poder no genera cultura, el poder lo generan las personas y la ciudadanía.»

Precisamente porque generar ese poder está en manos de las personas, Sempere subrayó la importancia de construir un imaginario inclusivo que brinde el derecho “a todos los estudiantes, independientemente de su origen económico o social, a sentir que la música y la educación musical también es para ellos” y recordó la importancia de crear un “sistema real” en que escuelas de música y conservatorios se comprometan con los mismos valores.

La idea de inclusión y compromiso defendida por Sempere es grosso modo el resumen de las principales conclusiones a las que llegaron todos los participantes en la II Jornada de la Cátedra Pau Casals. Las reflexiones de los expertos y las expertas subrayaron la capacidad de la música para conectar, desafiar y expresar nuestras luchas más profundas, invitándonos a percibir en cada nota musical algo más que una simple melodía: una oportunidad para la transformación y la conexión humana.

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