Tendencias en gestión cultural que marcarán el 2025
31 marzo, 2025La gestión cultural vive una transformación constante, impulsada por cambios sociales, tecnológicos y medioambientales. En un escenario de creciente conciencia sobre la sostenibilidad, la diversidad y la digitalización, el sector cultural debe adaptarse a nuevos desafíos y oportunidades. ¿Cómo afrontarán las instituciones culturales estos cambios? ¿Qué estrategias se desplegarán para garantizar una cultura accesible, sostenible y participativa? Ante un panorama cambiante, la cultura se intuye como una herramienta fundamental para afrontar los retos globales, desde la crisis climática hasta las desigualdades sociales. Alba Colombo y Nicolás Barbieri, directora y profesor del máster universitario de Gestión Cultural (interuniversitario: UOC-UdG), nos descubren hacia donde se dirige el futuro de la gestión cultural.
1. La expansión de la sostenibilidad cultural
La sostenibilidad cultural no es solo un concepto teórico, sino una tendencia creciente que marcará el futuro del sector. Si a menudo hablamos de sostenibilidad en los ámbitos económico, social y ambiental, la cultura cada vez ocupa un lugar más preeminente en el discurso en torno a la sostenibilidad, y se plantea como un cuarto pilar ineludible.
En el año 2025 veremos cómo cada vez más instituciones y proyectos culturales integran estrategias para minimizar su impacto ambiental, fomentar la diversidad y garantizar la accesibilidad. Algunas iniciativas ya han empezado a liderar este camino, como la Feria Literal, que revisa su huella ecológica y propone nuevos modelos de consumo responsable. «Los proyectos culturales deben incorporar criterios de sostenibilidad para ser auténticos agentes de cambio», afirma el profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC Nicolás Barbieri. Esta tendencia también puede traducirse, si se sigue esta lógica, en un aumento del apoyo institucional a programas que promuevan la sostenibilidad cultural y una gestión más eficiente de los recursos en el ámbito artístico y patrimonial.
Un ejemplo de esta apuesta es el curso en línea de Sostenibilidad Cultural de la UOC en colaboración con el IEC, que dirige el profesor Barbieri y que ofrece herramientas para comprender e implementar estrategias de sostenibilidad en el sector cultural, a través de un programa diseñado para proporcionar conocimientos prácticos y teóricos a los profesionales que quieren adaptarse a las nuevas demandas del sector.
2. El avance de las políticas de derechos culturales
Los derechos culturales se consolidarán como un tema central en las políticas públicas y en la planificación de proyectos culturales. Hay una tendencia creciente en los últimos años que apunta a desarrollar acciones concretas para reducir las desigualdades en el acceso a la cultura, teniendo en cuenta factores como el territorio de residencia, el origen de las personas y el género. Las instituciones culturales deberán adoptar estrategias para fomentar la inclusión. Algunas ya se han puesto manos a la obra: por ejemplo, el teatro Tantarantana con su plan de accesibilidad. Desde la temporada 2023-2024, el equipamiento dispone de funciones adaptadas con el objetivo de acercar las artes escénicas a todo el mundo, ofrece algunas sesiones con audiodescripción, densificación, e interpretación en lengua de signos.
«No podemos permitir que la cultura sea un privilegio de unos pocos. La participación cultural debe ser un derecho garantizado», destaca Barbieri. Esta tendencia también implica un cambio en la manera de gestionar la financiación cultural, con una redistribución más equitativa de los recursos para impulsar proyectos diversos e inclusivos.
3. Hacia festivales y eventos más responsables
Con la sostenibilidad y la inclusión en el centro, los expertos señalan que en el año 2025 debería producirse una transformación profunda en el sector de los festivales y eventos culturales. Esto podría convertirse en una tendencia alejada de los modelos más masivos y centrada en la proliferación de los slow festivales, como el Vida Festival, que apuesta por un formato más reducido y respetuoso con el medio ambiente y el territorio que lo acoge.
Otro aspecto clave será garantizar que este tipo de eventos sea más accesible para colectivos diversos. «No podemos seguir programando eventos pensando solo en un público determinado; hay que abrir espacios para todos», señala Alba Colombo, profesora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC y directora del máster universitario de Gestión Cultural de la UOC. En este sentido, es posible que las instituciones públicas y privadas empiecen a exigir criterios más estrictos para la concesión de subvenciones a los acontecimientos culturales, con el fin de asegurar que cumplan estándares de sostenibilidad y equidad.
4. El impacto creciente de la digitalización y la inteligencia artificial
La digitalización continuará marcando el futuro de la gestión cultural, pero con una nueva perspectiva. La inteligencia artificial jugará un papel cada vez más relevante, tanto en la creación como en la difusión de contenidos culturales. Esta tendencia no está exenta de controversia, ya que abre nuevos debates sobre derechos de autor y el valor de la creatividad humana. «La tecnología debe ser una aliada, pero hay que evitar que se convierta en una herramienta de exclusión o de mercantilización de la cultura», apunta Colombo.
En el 2025, las instituciones deberán encontrar el equilibrio entre aprovechar las herramientas digitales para una mejor difusión y preservación del patrimonio y, al mismo tiempo, garantizar que estas tecnologías no sustituyan a la experiencia humana en la cultura.
5. Resistencia al modelo cultural basado en el turismo masivo
Las ciudades y regiones más afectadas por el turismo cultural masivo comenzarán a implementar estrategias de decrecimiento para proteger su tejido cultural local. «Barcelona es un claro ejemplo de una ciudad que ha crecido demasiado rápidamente en términos culturales, a menudo a costa de sus artistas y espacios independientes», alerta Colombo. Algunas ciudades globalizadas parecen haber llevado su cultura a experiencias desarraigadas del territorio que tienen poco valor añadido y que podrían suceder sin alteraciones en cualquier otro lugar del mundo. «Un ejemplo de ello es el auge de los museos de experiencias, como el que se ha abierto recientemente en Barcelona, que prioriza el entretenimiento y la interacción digital por encima del contenido patrimonial o artístico», concreta la experta.
Es por ello que las ciudades y regiones más afectadas por el turismo cultural masivo comenzarán a implementar estrategias de decrecimiento para proteger su tejido cultural local. El año en curso debe marcar el inicio de una tendencia hacia modelos más sostenibles, con una apuesta por la cultura de proximidad y la promoción de proyectos arraigados en las comunidades. Esto implicará una revisión del modelo de financiación público y privado para dar más apoyo a iniciativas locales y no tanto a grandes eventos orientados al turismo.
6. Nuevos modelos de colaboración cultural
El sector cultural parece dirigirse hacia una mayor cooperación entre instituciones, artistas y comunidades, con la proliferación, recientemente, de la creación de redes de apoyo y colaboración entre diferentes actores culturales para compartir recursos y conocimiento.
Este modelo de colaboración puede incluir proyectos de cocreación artística, gestión compartida de espacios culturales e iniciativas transdisciplinarias que conecten la cultura con otros ámbitos, como la ciencia y la educación. «La colaboración entre diferentes actores culturales no solo fortalece el sector, sino que también permite la creación de iniciativas más inclusivas y sostenibles», destaca Barbieri.
7. La revalorización del patrimonio inmaterial
La valoración y preservación del patrimonio cultural inmaterial está en crecimiento, lo que puede resultar en una mayor inversión en la documentación y transmisión de tradiciones orales, fiestas populares y expresiones culturales autóctonas.
Los gestores culturales deberán encontrar nuevas maneras de preservar y promocionar este patrimonio, utilizando tecnologías digitales para hacerlo accesible a un público más amplio y garantizar su continuidad para futuras generaciones. «Es fundamental apoyar las iniciativas que trabajan para preservar el patrimonio inmaterial, ya que son una parte esencial de nuestra identidad colectiva», señala Colombo.