Posverdad…el humo entra en tus ojos
14 febrero, 2022Es algo más o menos conocido que la irrupción del neologismo «Posverdad» se produce tras la introducción del vocablo en el Diccionario Oxford en el año 2016 y al ser elegida palabra del año. En español, «posverdad» traduce la forma inglesa post-truth, y la definición del DRAE recoge la misma ambigüedad que la original definición: «Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales».
Nuestro diccionario pone la siguiente frase para ejemplificar su uso: «Los demagogos son maestros de la posverdad». La oración quizás clarifica mucho más que la definición del nuevo término qué se está jugando con lo adherido al pos- (o post- recogiendo la raíz original anglosajona): que el campo de intervención de esta distorsión intencionada es el político y que se emplea para halagar al pueblo para, sustancialmente, conseguir o mantenerse en el poder. Y, en efecto, si se mira hacia el momento -2016- lo que entrona a la palabra como la más relevante del momento son dos hechos: el Brexit y la victoria electoral de Donald Trump.
Según la web de lengua de la editorial Oxford University Press:
La palabra compuesta posverdad ejemplifica la expansión del significado del prefijo pos- que se ha vuelto cada vez más prominente en los últimos años. En lugar de simplemente referirse al tiempo posterior a una situación o evento específico, como sucede con posguerra o «pospartido» (post-match), el prefijo en posverdad tiene un significado más parecido a «pertenecer a un momento en el que el concepto especificado se ha vuelto irrelevante o sin importancia». Este matiz parece haberse originado a mediados del siglo XX en construcciones lingüísticas como posnacional (1945) y posracial (1971). (OUP, 2016).
Justamente, parece que lo que sigue al prefijo se ha vuelto irrelevante. Esto es: la verdad se ha vuelto insignificante. Pero esto no siempre fue así. Antes de su eclosión y contagio lingüístico exponencial, la palabra refería a aquel «momento posterior» a que la verdad se conociera. Esa sería la literalidad -posverdad significaría aquello que viene después de la verdad- y no su transfiguración en lo que, hasta ese momento, era el embuste, es decir, la mentira disfrazada con artificio, según el DRAE.
La verdad se ha vuelto insignificante
Lo artificioso y lo postizo forman parte del vocablo y de su empleo, por momentos, atosigante. Tan lingüísticamente contaminante que, al final, no hace sino repetirse como un mantra que aparentemente todo lo autoexplica al invocarse mágicamente. Como escribe Carrera:
La posverdad cumple una función de reclamo y de pantalla de humo al mismo tiempo. Compele a centrar la atención en determinados fenómenos secundarios y sirve para ocultar a la vista aquello que verdaderamente es relevante en términos discursivos, en términos de lógica mediática y en términos políticos, económicos y culturales. […] Aunque pudiese parecer todo lo contrario, la noción de posverdad y la articulación discursiva que la envuelve, son de raigambre profundamente dogmática. En la posverdad ya no hay verdad, pero, y esto es lo escalofriante, tampoco hay mentira. (2018, p. 1472).
La excusa argumental que desvía nuestra atención de lo relevante
Conviniendo con las reflexiones de la académica, sin duda el fenómeno viral de la posverdad, un ejemplar más de la jerga de nuestro siglo junto con otros especímenes marcados con otros prefijos como «neo-», es señuelo y polvareda. Algo así como el Macguffin en los filmes de Alfred Hitchcock (1899-1980), la excusa argumental que desvía nuestra atención de lo relevante. La «posverdad» y demás fauna de vocabulario -últimamente la cosa parece que va de la cultura «woke» (finalista junto a posverdad como palabra del año de 2016) en lucha contra «neorrancios»- representan lo que Rafael Sánchez Ferlosio (1927-2019) describía como «palabras de charol». Puro barniz brillante y barato:
[…] los textos de una sola frase son los que más se prestan a ese fraude de la «profundidad, fetiche de los necios, siempre ávidos de asentir con reverencia a cualquier sentenciosa lapidariedad vacía de sentido pero habilidosamente elaborada con palabras de charol. (Sánchez Ferlosio, 1995)
Lo artificioso y lo postizo forman parte del vocablo y de su empleo, por momentos, atosigante
Esta breve crónica confirma la siempre tensionada relación entre la «sociedad», sus «conceptos», y sus disciplinas científicas (Koselleck, 1993, p. 105). También representa los constantes procesos de viaje de conceptos, su exportación e importación, que, en la Europa real y plurilingüe, fotografía el período de la anegación y empobrecimiento de nuestra expresividad escrita u oral que se halla infestada de anglicismos. Además, parece evidenciar una curiosa situación: la tinta vertida sobre la posverdad juega perfectamente su rol falaz. Consigue, como la falacia de la pista, falsa en despistarnos, distraer nuestra atención para dejar de mirar hacia lo fundamental -la verdad. Esto, claro está, si es que nos importa.
Referencias:
Carrera, Pilar (2018), «Estratagemas de la posverdad», Revista Latina de Comunicación Social, 73, pp. 1469 a 1482.
Koselleck, Reinhart (1993), Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos, Barcelona, Paidós, 1993.
OUP (2022), «Word of the Year 2016».
Sánchez Ferlosio, Rafael (1995), «Ojo conmigo», El País, 1 de abril.
El profesor de la UOC Francesc Núñez Mosteo participa en la cuarta sesión del ciclo Posverdad, organizado por el Máster en Humanidades: arte, literatura y culturas contemporáneas de la UOC y el Máster en Filosofía para los Retos Contemporáneos de la UOC, juntamente con la librería Documenta, que tendrá lugar el 16 de febrero en el espacio cultural Amics de les Arts i Joventuts Musicals de Terrassa (Carrer de Sant Pere, 46 / Carrer del Teatre, 2).