Después de Ucrania, ¿Taiwán?

10 junio, 2022
Taiwán Anthony Beck | Pexels
¿Qué ocurre entre China y Taiwán? ¿Hacia dónde se dirige este conflicto? ¿Las tensiones entre los dos territorios pueden derivar en una invasión por parte de China como la de Rusia en Ucrania? El profesor de los Estudios de Artes y Humanidades, David Martínez-Robles, comparte las 10 claves para que, a través de un recorrido por la historia, podamos entender el pasado, presente y futuro de la cuestión de Taiwán.

Los primeros días después del inicio de la invasión rusa en Ucrania circularon especulaciones sobre la posibilidad de que China aprovechara la situación para invadir la isla de Taiwán. La buena sintonía entre el régimen de Putin y el de Pekín, la búsqueda de ambos países de un nuevo orden internacional que no se ajuste a los dictámenes de Occidente -especialmente de los EE. UU.- y las repetidas declaraciones del presidente Xi Jinping sobre la necesidad de llevar a cabo una “reunificación” de China y Taiwán hicieron pensar a algunos que la guerra en Ucrania podía ser el acicate, y una distracción bastante grande en el mundo occidental, para que Pekín diera el paso.

Aun así, las diferencias entre uno y otro contexto son muy importantes, tanto por cuál es la situación actual como por los orígenes de las tensiones. Por ello, a continuación repasamos las principales cuestiones que nos permitirán comprender la cuestión de Taiwán y cómo puede ser su evolución en el futuro.

10 claves para entender el pasado, presente y futuro de la cuestión de Taiwán

1. ¿Una isla china?

A pesar de su cercanía con la costa china -unos 160 km-, la isla de Taiwán no quedó incorporada en el mundo chino hasta un periodo relativamente reciente, en el siglo XVII, y especialmente cuando en el XVIII se produce la colonización de la isla con población china -los pobladores originales son austronesios-. Ahora bien, solo en las tres últimas décadas del siglo XIX se ponen en marcha proyectos ambiciosos para integrar la isla de manera efectiva en las dinámicas económicas, sociales y políticas del último imperio chino. Pero poco después, en 1895, la isla se convierte en parte del imperio japonés. Bajo el control de este, Taiwán se industrializa y moderniza como ninguna otra región asiática. Administrada inicialmente como una colonia, en 1935 se inicia una política de aculturación muy intensa, hasta el punto que unos 80.000 taiwaneses participarán en la Segunda Guerra Mundial como miembros del ejército imperial japonés.

Taiwán

2. Chinos o taiwaneses

Cuando en 1945 acaba la Segunda Guerra Mundial, Taiwán vuelve a la soberanía china, en concreto de la República de China. El contraste cultural, económico y social entre chinos y taiwaneses es entonces enorme. China ha quedado devastada en la guerra contra un imperio japonés del cual Taiwán era parte -la esperanza de vida en la isla casi dobla la china e incluso hablan distintos idiomas-. Los continentales rápidamente ocupan toda la administración y confiscan empresas y residencias. Las tensiones entre los dos grupos estallan en varios enfrentamientos, inicio de una distanciación entre taiwaneses y continentales que se mantendrá durante muchas décadas.

 

3. ¿Dos chinas?

Entre 1945 y 1949 tiene lugar en China una guerra civil entre el Partido Comunista de Mao Zedong y el Partido Nacionalista (o Kuomintang) de Chiang Kai-shek, que es quien preside la República de China. El conflicto acaba con la victoria de los comunistas y la proclamación de la República Popular. Los nacionalistas se refugian en Taiwán, donde establecen de manera transitoria la sede de la República de China. La guerra técnicamente no había finalizado y, desde la isla, el gobierno de Chiang Kai-shek habla de la reconquista del territorio continental, mientras que Mao Zedong expresa su intención de invadir Taiwán y derrotar definitivamente a los nacionalistas. Pero este statu quo se mantiene sin que las amenazas se materialicen. Esto explica que existan todavía hoy en día una República Popular China con sede en Pekín y una República de China con sede en Taipéi que, de hecho, el gobierno de Pekín no reconoce.

4. ¿O una única china?

Tanto el gobierno del Partido Comunista en Pekín como el del Partido Nacionalista en Taipéi han hablado siempre de una única China. Hasta 1971, el asiento de China en las Naciones Unidas estaba ocupado por el gobierno de Taipéi, que recibía el apoyo del mundo occidental, especialmente de los EE. UU. Pero desde 1971 ha sido ocupado por el de la República Popular, que de forma gradual fue recibiendo el reconocimiento internacional en detrimento de Taiwán –actualmente solo 13 países mantienen relaciones diplomáticas con la República de China, es decir, Taiwán-. La comunidad internacional apuesta por el mantenimiento del statu quo y asume el discurso de una única China.

5. El independentismo taiwanés

El Partido Nacionalista gobernó Taiwán desde 1949 hasta el año 2000. Durante décadas, lo hizo de manera dictatorial, amparado por la ley marcial, vigente hasta 1987, que perseguía la oposición y paralizaba la renovación política de un estado que, según su constitución, es una democracia parlamentaria. Solo a partir de la década de 1980 se inicia la progresiva democratización del país y se consolida una alternativa política que representa la voz de los taiwaneses que hasta entonces han sido perseguidos -miles habían muerto o desaparecido durante los años de terror blanco-. Las elecciones presidenciales de 1996 todavía las gana el Partido Nacionalista, pero en 2000 llega al poder el Partido Progresista Democrático, que reniega de cualquier vinculación con China y apuesta por un nacionalismo taiwanés autóctono. Desde entonces, el Partido Nacionalista y el Partido Progresista Democrático se han alternado en el poder. Actualmente, el gobierno lo controlan los independentistas, después de ser reelegida presidenta Tsai Ing-wen en 2020 con un 57% de los votos.

Taiwán

6. La situación actual

La consolidación del independentismo como opción ha permitido que dos enemigos históricos como el Partido Comunista y el Partido Nacionalista hayan acercado posiciones, alrededor de la idea de una sola China, de la cual Taiwán es parte, y del objetivo de la (re)unificación pacífica de las dos partes, a pesar de que la República Popular nunca ha renunciado al uso de la fuerza para conseguirlo. El mejor aval para sus tesis es la intensa interdependencia económica que define sus relaciones de manera más pragmática -Taiwán manufactura a nivel mundial hasta el 90% de los semiconductores avanzados que tanto necesita la industria china, mientras que China representa el principal socio de la economía taiwanesa-. Aun así, el Partido Progresista Democrático considera que Taiwán hace más de un siglo que no forma parte de China y defiende la existencia de una identidad propiamente taiwanesa.

 

7. El discurso de la República Popular

En la última década, con Xi Jinping como presidente, el discurso chino sobre Taiwán se ha endurecido. Xi no solo ha insistido en que se trata de un asunto interno chino, como siempre ha defendido la República Popular, sino que además ha afirmado repetidamente que es necesario llevar a cabo la reunificación. Amenazas que han sido celebradas por la inmensa mayoría de chinos, pero que tradicionalmente han hecho que el dividido electorado taiwanés se haya decantado por el partido que se opone a la unificación. Muchos taiwaneses que podrían apostar por una solución pragmática y que aceptarían una unificación pactada han seguido con preocupación la evolución de la situación en Hong Kong, donde buena parte de los derechos a que el gobierno de la República Popular se había comprometido a garantizar han quedado aniquilados, especialmente con la imposición de la Ley de Seguridad Nacional de 2020, o también la persecución de los musulmanes de la Región Autónoma del Xinjiang, donde en los últimos años entre uno y tres millones de musulmanes han sido reeducados en campos de internamiento. Hechos que dejan claro a que está dispuesto el gobierno de Xi Jinping cuando se trata de asuntos que considera internos.

Taiwán

8. Desequilibrio de fuerzas

China es, sin duda, militarmente superior a Taiwán, y su ejército es mucho más extenso. Una isla es siempre más fácil de defender que un territorio continental, y la inversión militar taiwanesa se ha centrado en el desarrollo de mecanismos de defensa ante una hipotética invasión desde el continente, pero aun así China está capacitada para ocupar la isla -otra cosa es qué coste tendría controlarla de forma permanente-. Los EE. UU. han estado desde siempre el principal aliado de Taiwán y hace pocos meses el presidente Biden afirmó que en caso de un ataque chino defenderían la isla.

9. Las lecciones de Ucrania

Los casos de Ucrania/Rusia y Taiwán/China son muy diferentes y no tiene mucho sentido compararlos. Ahora bien, la guerra de Ucrania ha mostrado dos cosas que se pueden aplicar al caso taiwanés. Por un lado, que el coste de una invasión puede ser muy alto para el invasor, incluso cuando las fuerzas de este son aparentemente muy superiores, y esto es una cosa que, sin duda, tienen en cuenta en Pekín. Por el otro lado, que la intervención activa de los países de Occidente en conflictos militares que no los implican directamente es muy dudosa, aunque se trate como en este caso de un país totalitario invadiendo una democracia consolidada, y más cuando hablamos de una potencia económica como China. Por lo tanto, es difícil saber hasta qué punto el compromiso de defensa de Taiwán de los EE. UU. se materializaría en caso de una invasión china.

Ucrania

10. ¿Una guerra inminente?

Todo parece indicar que en el horizonte más próximo no habrá guerra en el estrecho de Taiwán. Un ataque de este tipo implicaría preparativos militares y movimientos -como los que hizo Rusia durante meses- que, hoy por hoy, no se han producido. Además, China necesitaría alguna excusa que permitiera justificar una operación militar de esta envergadura. Pero el gobierno de Taiwán ha rebajado los últimos años estratégicamente su tono, a pesar de estar controlado por los partidarios de la independencia. Lo más importante, pero, es que un ataque en Taiwán implicaría romper con el discurso chino que presenta a la propia China como una potencia estabilizadora y pacífica, que ha utilizado durante años para postularse como una alternativa en el escenario internacional al modelo que representan los EE. UU., su gran rival. Además, las consecuencias económicas que una guerra tendría serían de dimensiones globales, con efectos sin duda importantes para China que podrían amenazar la gran prioridad del gobierno chino, la estabilidad interna.

En el futuro será clave el papel que pueda jugar el Partido Nacionalista -al que se ha acusado a veces de estar trabajando en favor de los intereses de Pekín- a la hora de llegar a una solución negociada o la habilidad del Partido Progresista Democrático para moderar su discurso y evitar un escalamiento. A la vez, es difícil saber cuál es la agenda de Xi Jinping. Lo único seguro es que el gobierno de Pekín nunca renunciará al que considera un territorio propio y que la solución a la cuestión de Taiwán será compleja, sea del tipo que sea. La aparente calma con la que en Taiwán se vive la situación se rompe cada vez que las declaraciones del presidente chino apuntan a la isla -declaraciones que a veces tienen efectos inesperados, como el reciente tiroteo de un inmigrante chino contra los miembros taiwaneses de una iglesia en California-.

En definitiva, hará falta, pues, mantenerse atentos a los movimientos de uno y otro lado y a los posicionamientos internacionales que se deriven, especialmente de los EE. UU., para entender cómo puede evolucionar la situación a medio y largo plazo.

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