Política cultural e hibridación de las instituciones culturales. El caso de Barcelona

9 de noviembre de 2012

Los análisis de la política cultural acostumbran clasificar los equipamientos culturales como públicos o del tercer sector. No obstante, el análisis presupuestario y de su gestión revela que la mayor parte de las instituciones culturales no pueden ser clasificadas ni en el sector público ni en el sector privado no lucrativo, sino que son híbridas.  Este es un fenómeno que observó Mark Schuster (1998) en el caso de los museos norteamericanos y que puede ser aplicado a las instituciones culturales europeas.

El artículo defiende que las hibridaciones que podemos encontrar se explican, en primer lugar, por el origen de las instituciones culturales y, en segundo lugar, por la orientación de la política cultural barcelonesa, caracterizada por la estrategia emprendedora del gobierno local (Rodríguez Morató, 2005).

A partir de los datos generados en el marco de la investigación sobre el sistema de la política cultural en Catalunya (financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación Ref. CSO2008-05910/SOCI) desarrollado entre 2008 y 2011, el autor construye un índice de hibridación de las instituciones culturales barcelonesas.

En el Gráfico 1, podemos observar cómo  a partir de diversas variables podemos clasificar las instituciones culturales en el eje de la X en un continuum público-privado en el que el valor -1 es completamente privado y el valor 1 en positivo, completamente público. En el eje de la Y se establece el porcentaje de financiación pública respecto al presupuesto total de la institución.

Gráfico 1 – Continuum público-privado y porcentaje de financiación pública (temporada 2009-2010)

Fuente: elaboración propia a partir de datos de los presupuestos de las instituciones culturales (temporada 2009-2010)*.

* A continuación ofrecemos una lista de las siglas por orden alfabético: Auditori de Barcelona, siglas AUD; Fundació Antoni Tàpies, siglas FAT; Fundació Joan Miró, siglas: FJM; Gran Teatre del Liceu, siglas GTL; Museu d’Art Contemporani de Barcelona, siglas: MACBA; Mercat de les Flors, siglas MF; Museu Nacional d’Art de Catalunya, siglas MNAC; Palau de la Música, siglas PM; Teatre Lliure siglas TLL; Teatre Nacional de Catalunya, siglas TNC.

Según el índice construido podemos encontrar cuatro tipos de instituciones culturales:

a) Instituciones culturales predominantemente públicas y fuertemente subvencionadas: Auditori, MNAC, Mercat de les Flors, Teatre Nacional de Catalunya.

b) Instituciones culturales claramente híbridas y fuertemente subvencionadas: MACBA, Teatre Lliure.

c) Instituciones culturales híbridas, pero predominantemente del tercer sector con una participación pública minoritaria: Fundació Antoni Tàpies, Fundació Joan Miró, Palau de la Música.

d)  Institución cultural híbrida con una participación público-privada casi paritaria: el Liceu.

Como hemos podido analizar, en el caso de Barcelona, el sector público está presente en todas las grandes instituciones culturales y, en global, el porcentaje de financiación es mayoritariamente público (un 65% en global). No obstante, excepto una minoría de instituciones exclusivamente públicas, seis de las diez instituciones culturales analizadas pueden ser caracterizadas como híbridas. Se trata, por lo tanto, de una situación sin duda muy extendida, superior a otros casos del modelo europeo-continental como el francés, en el que la titularidad de las instituciones culturales es abrumadoramente pública (Coppinger et al., 2007) o de Gran Bretaña donde el tipo predominante de institución es la institución privada sin ánimo de lucro (Department of Culture, Media and Sport, 2010).

Con todo el grado de hibridación de las instituciones culturales barcelonesas, además de ser debido a las trayectorias históricas particulares y a las debilidades de la administración pública, también responde a una tendencia internacional en la que Barcelona es un caso singular y avanzado: un creciente protagonismo del nivel local en la política cultural (Menger, 2010) y una cada vez mayor articulación entre el sector público y el tercer sector a favor de una potenciación global del sector cultural y sus externalidades positivas en términos económicos o de cohesión social (Rodriguez Morató, 2005), lo que produce modelos de política cultural que podemos llamar como híbridos (Gattinger y Saint-Pierre, 2008).

Joaquim Rius Ulldemolins

Investigador y profesor de la Universitat de Barcelona

Consultor de la UOC

NOTA: Este es un resumen del artículo publicado en el número 29 de la Revista Española de Ciencia Política:  Joaquim Rius (2012), “Política cultural e hibridación de las instituciones culturales. El caso de Barcelona”. Revista Española de Ciencia Política. 29: 85-105.

Referencias bibliográficas

Coppinger, Nathalie, Joder, Mélanie, Leca, Charlotte y Dupuit, Jean-Sébastien 2007, Rapport sur la tutelle et le pilotage des opérateurs au ministère de la culture. Paris: Ministère de l’économie, des finances et de l’industrie.

Department of Culture, Media and Sport 2010, Annual Report 2009. London: Department of Culture, Media and Sport.

Gattinger, Monica y Saint-Pierre, Diane 2008, «Can national cultural policy approaches be used for sub-national comparisons? An analysis of the Québec and Ontario experiences in Canada», International Journal of Cultural Policy, 14: 335-354.

Menger, P. 2010, Cultural policies in Europe. From a state to a city-centered perspective on cultural generativity. Tokyo: National Graduate Institute for Policy Studies.

Minihan, Janet 1977, The nationalisation of culture: the development of state subsidies to the arts in Great Britain. New York: New York University Press.

Rodriguez Morató, Arturo 2005, «La reinvención de la política cultural a escala local: el caso de Barcelona», Sociedade e Estado, 20: 351-376.

Rodríguez Morató, Arturo 2005, «La reinvención de la política cultural a escala local: el caso de Barcelona», Sociedade e Estado, 20: 351-376.

Schuster, J. Mark 1998, «Neither Public Nor Private: The Hybridization of Museums», Journal of Cultural Economics, 22: 127-150.

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