Entrevista a la alumni del MGC Nerea Rojas

15 de noviembre de 2022
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Nerea Rojas Martínez (Granada, 1999) es graduada en Literaturas comparadas por la Universidad de Granada y titulada en el Máster de Gestión cultural de la Universitat Oberta de Catalunya y la Universitat de Girona. Durante su etapa formativa ha recibido diferentes reconocimientos a la excelencia en el rendimiento académico por parte de las instituciones universitarias y educativas. Su trayectoria académica muestra un permanente interés en la crítica feminista. En primer lugar, en su Trabajo Final de Grado investigó el uso del testimonio polifónico en las obras de Svetlana Aleksiévich y Monika Zgustova. Su Trabajo Final de Máster, por su parte, presentó un estudio de caso en torno al nuevo paradigma feminista y pro-LGBTIQ+ del sector editorial en España en la actualidad. Asimismo, destaca su faceta como escritora. En 2019 resultó ganadora de un accésit en el II Certamen de poesía GATA CATTANA. En 2020 publicó su primer libro de poemas, La flor muerta del algodón, editado por ‘ediciones en el mar’.

¿Por qué decidiste estudiar Gestión Cultural en la UOC?

La verdad es que mi grado se encontraba muy enfocado a la investigación. Me parece bien, pero después de aquello tenía ganas de hacer otra cosa. Creo que la literatura puede y debe ser transformado en algo más, para todo el mundo, y sentí que el Máster en Gestión Cultural podía dar salida a esa vocación. También se trataba de un afán por buscar algo nuevo y estimulante tras un modelo de estudio más tradicional y el periodo de pandemia. Debo admitir que no estaba libre de escepticismo sobre la posibilidad de conciliación de la literatura con la gestión cultural. Mi TFM culminó en una firme erradicación de aquellas dudas y una profunda convicción de que el mundo del libro es, en realidad, uno de los motores que con más fuerza dinamizan el escenario cultural. Me gustaría que el conocimiento sobre literatura no fuera desconsiderado en el ámbito profesional de la gestión cultural, porque de lo contrario creo que nos perdemos mucho. La gestión cultural en el sector del libro no tiene que ver simplemente con la organización de las conocidas Ferias o macro eventos. Tiene que ver sobre todo con el impulso de movimientos inherentes al contexto del libro y la literatura, con una intervención genuina que transforma históricamente cómo entendemos la lectura.

¿Cómo fue la experiencia?

Muy satisfactoria. Sucede un poco como con el grado de Literaturas comparadas, que como requiere necesariamente un enfoque holístico, se tocan todos los palos y luego una profundiza en el que quiere. A mí me gustó el reto de salir de lo literario, aprehender una figura profesional distinta que era completamente nueva para mí. Además, el desarrollo de la formación en la UOC es dinámico y permite una flexibilidad real. Para mí esto fue importante, daba lugar a un estudio amable. También sentí que las asignaturas se centraban en lo realmente útil, encontrando ese equilibrio entre lo propio de la producción académica y el objetivo primario del Máster.

Sin embargo, sí que me gustaría plantear una sugerencia en cuanto a un aspecto que considero mejorable, el de las prácticas. Quienes no vivimos en Barcelona ni Madrid, o al menos fue mi caso, lo tenemos muy difícil para encontrar empresas o centros de prácticas. Aunque la Universidad nos facilita las herramientas, nos encontramos solos y solas a la hora de efectuar esta búsqueda y termina siendo más agotadora de lo que debería. Personalmente no pude hacer prácticas porque en Granada los centros ya tenían acuerdos con la UGR, y aunque esto no es impedimento, les bastaba para decir que no. A día de hoy sigo echando en falta esa experiencia tan significativa para el desarrollo profesional de un gestor cultural que me habría encantado vivir.

¿Por qué has trabajado la cuestión de la edición consciente en tu TFM? ¿Y qué herramientas te brindó el Máster para avanzar en la comprensión de este fenómeno?

Como lectora, no tenía dudas de lo apasionante que es. Día a día me nutría no solo de las lecturas, ante las cuales el ser humano se encuentra limitado por razones simplemente de tiempo, sino más allá de toda esa red de significaciones que se intercambian en lo que a veces se ha llamado Bookstagram, por ejemplo. Desde el rol de usuaria ya puedes constatar cuestiones como el impacto de la escritura de Elisa Victoria en sus pies de foto reseñando a esa Elisa niña que suele representar en sus novelas mediante diversos alter ego, o que la integración en el oficio de editar de una conciencia sobre la escritura queer como la de Ángelo Néstore deviene en una forma distintiva de hacer libros como es la de Letraversal. Tenía la sensación de que los libros estaban derramados por todos sitios y que no se estaba explorando lo suficiente esta sustancia.

Por otro lado, había varias cosas del abordaje de estos temas que me molestaban. Primero, a partir de mi empeño en los estudios de género había observado una carencia que creo especialmente dañina en el mundo de la gestión cultural. Es el tratamiento de este conocimiento como complementario o coyuntural respecto al hecho esencial. Una táctica muy frecuente de la hegemonía es desproveer lo contrahegemónico de toda naturaleza cognoscitiva, como si eso catalogado como “lo social” fuera derivativo de lo que no es social, como si, en realidad, hubiera algo que pudiera comprenderse fuera de la sociedad. La gestión cultural constituye una oportunidad única para reconocer la autonomía de lo que tantas veces es dado por hecho. Lo segundo es que la figura del gestor cultural parece desde fuera un perfil sofisticado, que se relaciona con las élites o que domina dotes comunicativas extrínsecas a la vida cultural ordinaria. El Máster demuestra que no es así, pero es cierto que desde dentro existe el riesgo de asumirse desde un lugar incorrecto. A mí me interesaba mucho poner de manifiesto la idea de que la librera de tu barrio también es una gestora cultural.

Respecto a los conocimientos que me proporcionó el Máster para investigar lo que denominé edición consciente, casi todos se los debo a la asignatura optativa Letras y sector editorial, impartida por la profesora Palmira Feixas. Cuando decidí el tema, de hecho, no dudé en comunicárselo expresamente por la ilusión que me hacía. Me gustó la forma en que Palmira planteó la asignatura, aportando mucha vida al espacio del Foro con temas abiertamente polémicos. Dado que muchos de esos temas eran tratados en conversaciones diarias no especializadas, el reto estaba en opinar con fundamento y rigurosidad. A mí me motivaba mucho ver cómo aquello que era mi ámbito de conocimiento repercutía tanto en los noticiarios y hasta en Twitter. El hecho literario y el mercado editorial demandan por ello una complejidad singular a la hora de aproximarnos a ellos como profesionales.

De igual modo, el enfoque integral del Máster, no ya los contenidos, fue lo que me ayudó a entender la función del gestor cultural de forma transversal.

Nerea leyendo poemas de su libro en un recital de poesía joven celebrado en el marco de la Feria del Libro de Granada en 2021.

¿Cómo evoluciona tu trayectoria y cómo has incorporado el conocimiento producido en tu investigación a tu vida actual?

Actualmente me encuentro estudiando Maquetación digital y acumulo así varias formaciones complementarias en el oficio de editora siempre enfocadas a la edición independiente. El conocimiento producido en mi investigación lo llevo conmigo cada día en tanto que usuaria, como decía antes. Pero además es sin duda una perspectiva profesional que me ha aportado, ante todo, mucha claridad. Ha sido como ordenar todo lo que intuía y ponerle nombre, ha consistido en afinar mi conciencia sobre algo que me importa mucho, y eso me hace feliz. También me alegra ver constataciones incesantes de ese paradigma de la edición consciente. Antes de haber siquiera finalizado el trabajo, nació una nueva librería maravillosa en Barcelona que se define como LGTBI y transfeminista, la librería Acció Perifèrica. Ahora mismo, leo un artículo publicado ayer en El País sobre la consagración de Camila Sosa Villada, que ha alcanzado la calificación incluso de autora super ventas. El ciclo sigue, tiene continuidad, y eso es lo más bello. Es para mí lo que da sentido y legitima el trabajo, el hecho de que no acabe ahí.

¿Cuál es la situación con la política de género en el mundo de la gestión cultural y editorial?

Para empezar, como propongo en el trabajo, es necesario ampliar y profundizar en el concepto de bibliodiversidad. Supone un gran avance haber puesto en marcha ciertas medidas para la bibliodiversidad que son, digamos para resumir, cuantitativas. Pero no basta con que las identidades disidentes ocupen espacios de representatividad con voz propia, tienen que tener la posibilidad de transformar como tal el espacio entero. No solo porque su interés es general y no marginal, sino, más allá, porque manejan una mirada, un conocimiento. No me refiero con esto a esencialismos, de los cuales me preocupo mucho por ir descartando durante la investigación, sino a una potencialidad. Hay una aproximación, un modo de leer, unas herramientas para la relación con los textos… que está ya penetrando en el sector del libro desde hace tiempo. Hay ahí toda una forma de bibliodiversidad más compleja de medir.

Dicho esto, nos encontramos ante una gran polarización entre la edición hegemónica y la edición independiente. Yo insisto implícitamente con mi trabajo en centrarnos en la segunda a pesar de su inferioridad de recursos y su constante situación de peligro. Y esto es porque tenemos razones más que suficientes: la edición independiente encabeza en la actualidad la dinamización cultural. Su fuerza podrá ser en parte asimilada por lo mainstream, esa capacidad fagocitadora tan ambivalente del capitalismo, pero es única e imparable. Siendo esto así, en la edición independiente podemos estar orgulloses de la política de género. Se ha entendido y aplicado además mucho mejor que en otros ámbitos de la cultura. Lo más fructífero es que se trata de una política de género centrada en el encuentro, el encuentro entre los textos y la comunidad lectora: clubes de lectura, coloquios, debates, etc. No hablamos de activismo, hablamos de algo mucho mayor que es la fuerza de la cultura. Ya hay ahí fuera un imaginario, una manera concreta de editar imitando lo artesanal con preciosismos artísticos, unas expectativas lectoras, un mercado también. Y todas estas fórmulas están ahora mismo obteniendo un reconocimiento unánime, internacionalizándose, alcanzando lo más alto. Da la sensación de que todo se ha dado un poco la vuelta, ahora es la edición que privilegiaba lo económico sobre lo cultural la que se ve obligada a seguirle el ritmo a la que privilegia lo cultural, porque resulta que la calidad literaria se ha convertido en un éxito de ventas.

¿Cuáles son tus retos profesionales y personales de futuro?

Supongo que, como para todo joven de este país, ya es bastante reto encontrar un trabajo de lo que he estudiado con el que poder prosperar e independizarme. Creo además que hay que replantear el mercado laboral del sector editorial. Deja mucho que desear el hecho de que, en la época en que —pese a lo que nos quieran hacer creer— se leen más libros que nunca, toda la industria se concentre en las capitales y que no haya un nicho independiente que no conlleve ser autónoma desde el inicio.

Mi objetivo profesional, por otro lado, sería devolver a la sociedad un poco de lo que he recibido yo en mi formación, como por ejemplo aportar de una forma ya aplicativa lo averiguado en mi TFM, que creo que puede ser de valor.

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