Entrevista a Claudia Segura Campins, Curadora de Exposiciones y Colección del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA)

11 de mayo de 2023
Fotografía de Claudia Segura

Claudia Segura Campins es comisaria de exposiciones y colección en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA). Obtuvo su licenciatura en Humanidades en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona en 2007, y posteriormente completó un máster en Teoría del Arte Contemporáneo en la Goldsmiths University de Londres en 2008. Antes de unirse al MACBA, desempeñó diversos roles destacados en el ámbito artístico. Entre 2015 y 2019, Claudia fue directora y curadora principal de NC-arte en Bogotá, Colombia, donde se encargó de la curaduría de varios proyectos específicos de artistas reconocidos como Amalia Pica, Luis Camnitzer, Xavier Le Roy, Nicolás París, Nicolás Consuegra, Los Carpinteros y Alia Farid, entre otros. Previamente, trabajó como coordinadora de proyectos culturales en la Fundación «la Caixa» en Barcelona desde 2010 hasta 2012, entre otros cargos.

Un comisario de arte y un gestor cultural son dos roles distintos pero estrechamente relacionados en el ámbito de las artes y la cultura. Aunque ambos trabajan en el campo de las artes, tienen funciones y responsabilidades diferentes. El comisario de arte puede tener la responsabilidad de concebir y curar la exhibición, mientras que el gestor cultural se encargará de la planificación y coordinación general del evento, asegurando que se cumplan los plazos, el presupuesto y los requisitos logísticos. Además, ambos profesionales pueden colaborar en la selección de artistas, la promoción del evento y la difusión de la cultura a través de diferentes canales. 

Hablamos con Claudia Segura sobre ello.

¿Qué significa para ti comisariar?

Imagen de María Teresa Hincapié (MACBA)

Para mí la terminología o palabra comisariar, implica muchas acciones y facetas. En primer lugar, tiene que ver con relacionar, interconectar, generar y propiciar relaciones entre diferentes agentes. Además, comisariar en mi opinión es hacer una investigación profunda y un acompañamiento, no solo con y junto al artista, sino también con otros agentes que pueden estar implicados en este proceso. Por lo tanto, comisariar tiene que ver con crear una cierta comunidad, esa comunidad que hace posible una exposición, que es hacedora de exposiciones, pero que al mismo tiempo también es hacedora de estos vínculos afectivos. Hacedora de muchas otras cosas que no se quedan únicamente en el espacio expositivo, sino que también se proyectan en un futuro, bajo otras formas, mutando hacia otras disciplinas y contaminando otros encuentros y preguntas.

Dentro de una institución como el MACBA que se enuncia este 2023 como el “Museo posible”, ¿cómo de importante es para ti el posicionamiento político y social a la hora de generar posibilidades de circulación de las artes fuera de los marcos espaciales establecidos?    

Creo que es fundamental entender el comisariado y sobre todo el rol de un museo, como una plataforma para el desarrollo de masa crítica, es decir, un lugar que se convierte y es una herramienta para poder pensar, poder sintetizar, poder problematizar, poder afirmar, para el consenso pero también para el disenso. Por lo tanto, tiene que ser un espacio de gran libertad. En el marco de la ideal del museo posible, conjugado por la actual directora Elvira Dyangani Ose, se propone entender el museo como un capital simbólico que desborda las exposiciones, y que se compone de muchas otras actividades y maneras de hacer tanto internamente como externamente. En mi opinión, lo que proclame, apoye, proponga un museo, tiene una gran  responsabilidad y debiera ser un lugar inclusivo que abrace discursos que a lo largo de la historia han quedado por fuera. Por lo tanto, siento que el MACBA, hoy en día, se presenta como un museo que abraza aquello que es liminal, debate otros formatos, propone otras perspectivas que nos hacen pensar y repensar, y de alguna manera darnos herramientas para estimular un pensamiento crítico.

En mi opinión, lo que proclame, apoye, proponga un museo, tiene una gran  responsabilidad y debiera ser un lugar inclusivo que abrace discursos que a lo largo de la historia han quedado fuera.

Nos interesa el colectivismo como aproximación a las artes, y como fuerza motriz en los nuevos modelos de gestión cultural, ¿es algo que tienen en cuenta a la hora de desarrollar tus proyectos expositivos?

Sí, lo tengo en cuenta. La reciente exposición, «María Teresa Hincapié. Si este fuera un Principio de Infinito«, es un claro ejemplo. La investigación partía de un archivo de una artista que falleció en 2008, pero que se ha ido nutriendo de testigos orales, amigos de la artista, que nos han dado más información y han ido alimentando y produciendo más material para la investigación. Decidimos invitar a otros artistas a dialogar con ese archivo o esa práctica de María Teresa. De esas invitaciones surge la obra performativa desarrollada por María José Arjona, titulada: «En silencio pero juntos». Su propuesta se vertebra a través de una invitación que le hace a varios performers para que habiten el  museo durante los cinco meses de exposición, por lo tanto, cada vez hemos añadido más gente que ha participado en el proyecto. De esta manera, se ha creado una pequeña comunidad que ha trabajado conjuntamente en el desarrollo de una obra que mutaba constantemente al mismo tiempo que ha pensado en la exposición al tiempo que pasaba. Esto nos ha permitido trabajar en red con ese colectivo para reflexionar sobre lo que estábamos haciendo en ese momento o decidir cómo enfocarnos. Ha sido una oportunidad muy especial el poder formar parte de esta pequeña comunidad que se ha alargado en el tiempo y ver como no solo ha dialogado con el MACBA, sino también con el público, que también ha pasado a formar parte de ello. Es importante la polifonía de voces de distintos agentes y actores en un proceso curatorial y, en este caso, en un proceso que involucra una exposición.

Performance de El grupo de cosas en la exposición «María Teresa Hincapié. Si este fuera un Principio de Infinito”

Muchas de las alumnas del Máster de Gestión Cultural hoy en día están abordando trabajos curatoriales en museos, fundaciones y otras instituciones, ¿cómo crees que dialoga la práctica de una gestora cultural con la de una comisaria de arte?

Creo que tiene mucho que ver, cuando realizas una curadoría, estás haciendo una exposición, estás gestando algo culturalmente. En consecuencia, toda la parte de gestión es fundamental para que pueda funcionar todo el engranaje. Teniendo nociones de cómo hacer esta gestión, permite cuestionar los modelos de hacer, a lo mejor impuestos por una tradición que de pronto pueden ser hechos de otra manera. Por lo tanto, cualquier curadoría implica unos trabajos administrativos, unos trabajos de coordinación, de gestión que también son políticos y deberían ser acordes con lo que promueve esa investigación.  

Y finalmente, ¿cómo crees que la formación en Gestión de la cultura y las artes puede contribuir al trabajo de comisariado en los museos actuales?

Creo que cualquier trabajo comisarial necesita una gestión cultural, necesita una gestión de esa exposición, de esa publicación o de ese programa público que se va a hacer.  Por lo tanto, la gestión de la cultura y las artes permite tener herramientas y un lenguaje determinado. Hay varias tareas que pueden derivarse de la curaduría, como por ejemplo buscar patrocinio, presentar el proyecto a un patronato, a un equipo directivo, buscar itinerancias, conversar con comunicación, hacer un plan estratégico, por lo tanto, dicha formación siempre es complementaria. Siempre tiendo a pensar que cuanto más conocimiento, más posibilidades. Yo misma, cuando estudié, hice un máster de Teoría del Arte Contemporáneo en Goldsmiths University y lo complementé con un Máster de Gestión Cultural en Birckbeck University. Siendo interesante esa unión, existen muchos otros caminos que puede llevar a comisariar y a trabajar en el mundo de la gestión cultural. 

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