Albert Sangrà: «No se trata de poner una pantalla en nuestras vidas, sino de cambiar la estructura y la organización de las instituciones para enseñar de un modo distinto»

13 septiembre, 2022
educación en línea

Albert Sangrà, catedrático de Educación de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación y miembro del grupo de investigación Edul@b, hace 27 años que se dedica al aprendizaje en línea (e-learning) como investigador y docente. «Tantos años como la propia UOC», recuerda este experto en organización y tecnología educativa que formó parte del equipo fundador de la universidad. Estas casi tres décadas de participar en encuentros internacionales y congresos, de formar parte de equipos y proyectos, de liderar iniciativas y analizar el contexto, de enseñar y aprender con los mejores… le han llevado a publicar en este curso Transformar la universidad —recopilación de conversaciones con expertos de todo el mundo mediante la cual se identifican retos y tensiones de la universidad en los procesos de cambio que vive—, a colaborar en el informe Innovating Pedagogy 2022 de la Open University y a ser reconocido con su participación en el pódcast internacional Leaders & Legends of Online Learning, siendo la primera persona de habla hispana en hacerlo.

¿Cómo y cuándo empieza tu interés por el mundo de la educación a distancia y el aprendizaje en línea?

Estudié Filosofía y Ciencias de la Educación, la rama de pedagogía. Me preocupaba mucho la docencia, pero también cómo poder organizarla: escuelas y universidades hacen que los alumnos aprendan si están bien organizadas. Cuando entré a formar parte del equipo fundador de la UOC me adentré aún más en lo que en aquel momento llamábamos educación virtual, la educación a distancia en línea, el e-learning. El proyecto de nuestra universidad exigía una especialización profunda en lo que era una universidad no presencial, por lo tanto basada en la educación a distancia, mediante tecnologías muy modernas como internet. El reto era crear una universidad 100 % en internet, algo que no se había hecho nunca. Nada más entrar en la UOC hice un viaje por Canadá y Estados Unidos para conocer las experiencias que se llevaban a cabo allí, y me inscribí a un máster de educación a distancia de la Open University.

Treinta años al pie del cañón… Años de cambio, de transformaciones.

Es cierto, han cambiado muchas cosas, pero los cambios que funcionan son los pequeños, no los que llenan portadas de diario. Últimamente vemos que los medios de comunicación, los libros o algunos expertos hablan del cambio como si fuera algo que pasa en cinco minutos y lo transforma todo. La realidad lo contradice: los cambios, sobre todo los que son provechosos para las personas y las instituciones y se mantienen, necesitan un cierto tiempo. Porque las personas, que son las que hacen funcionar cualquier entidad, tienen que asumir que será positivo para ellas y para la institución. Podemos acelerarlos, pero necesitan maduración. Tienen que ser explicados y argumentados de tal modo que quienes deban aplicarlos puedan entender por qué lo hacen y que el beneficio será para todo el mundo. Este discurso actual de querer transformarlo todo debería tener presente que cambiamos las cosas para que el conjunto de la sociedad y de la institución puedan mejorar.

¿Cuál de estos cambios destacarías en el mundo de la educación a distancia?

Para mí, hay dos que son sustanciales: el primero fue encontrar una tecnología que permitiera que la educación a distancia lograra que los propios estudiantes hablaran entre ellos. Eso pasa cuando aparecen los entornos virtuales de aprendizaje. Este mecanismo vehiculado a través de internet nos permite generar colaboración e interacción entre estudiantes. Cambia el escenario y nos abre unas perspectivas muy distintas. Llega el e-learning, una nueva generación de educación a distancia, vehiculada por internet.

El segundo elemento de cambio ha sido algo que nosotros empezamos a decir hace más de 25 años: el estudiante debe estar en el centro de cualquier proceso educativo. La función del profesorado es facilitar el aprendizaje del estudiante. Es un cambio muy sustancial y aceptado, pero en la práctica sigues viendo muchos modelos centrados en el docente. Durante la pandemia hemos visto que mucha gente pensaba que la educación en línea era ponerse ante una pantalla y dar una clase.

Todo el mundo ha empezado a hablar de la transformación digital, pero todo el mundo entiende los conceptos ‘transformación‘ y ‘digital‘ de distinta forma

Por lo tanto, la pandemia ha sido un punto de inflexión también en el mundo educativo…

Hemos hablado de dos cambios fundamentales, pero existe un tercer elemento que nos ha traído la pandemia, que ha dejado a la vista nuestras vergüenzas: se ha visto que la educación en línea tenía la posibilidad de llenar los vacíos que la educación presencial no estaba cubriendo hasta ahora. Todo el mundo ha empezado a hablar de la transformación digital, pero todo el mundo entiende los conceptos transformación y digital de distinta forma. No se trata de poner una pantalla en nuestras vidas, sino de cambiar la estructura y la organización de las instituciones para enseñar de un modo distinto. Este es un cambio muy importante, pero hay quien ha dicho que no lo podemos llevar a cabo porque la educación en línea discrimina a las personas. Se equivocan. Cualquier cosa que hagamos en la vida podremos hacerla bien o mal, con buena o mala intención.

Así, hay que reivindicar que, históricamente, la educación a distancia ha tenido el objetivo de democratizar el acceso a la educación —sobre todo, superior— y hacerla llegar a las personas y a los lugares donde no llegaba. Y, cuando alguien dice: «¿Y la brecha digital?», yo respondo: «Mire, hace sesenta años los libros no llegaban a los pueblos. Se crearon las bibliotecas populares, las bibliotecas móviles, para que llegaran. También existía, por lo tanto, una brecha». Quizás ahora sea digital: los gobiernos deben encargarse de cubrirla dando conectividad a la gente. Las instituciones educativas ya nos encargaremos de que la gente sepa utilizarla para aprender.

Por lo tanto, ¿es este un buen momento para incluir la dimensión en línea en los ránquines universitarios?

La UOC nos hizo un encargo sobre este tema a un grupo de investigadores de Edul@b y la Open University, y nos pusimos a trabajar en ello. Analizamos los ránquines que existen y nos planteamos si podían incorporarse las instituciones de educación en línea o si había que crear uno nuevo. Descartamos esta última opción: hacerlo no nos ayudaría mucho. Entonces, nos planteamos de qué modo podemos modificar esos ránquines para incluir criterios que valoren las universidades en línea. Estuvimos trabajando sobre criterios que pudieran incorporarse. De todos modos, siempre he dicho que hay que dar el valor justo a estos mecanismos de valoración, porque no miden exactamente lo que dicen medir. Por ejemplo, tener un premio Nobel puntúa por encima de cualquier otro indicador y, por lo tanto, te dicen que aquella es la mejor universidad. Nadie te garantiza que las clases allí —las de ese premio nobel o cualquier otra— sean mejores. Los ránquines tienen limitaciones: solo sirven de orientación y de producto de marketing. Entiendo que es un juego al que queremos jugar, pero hay que tener claras las limitaciones.

Según las conclusiones de este análisis, recogido en abierto en el European Journal of Education, ¿cuáles serían esos indicadores para medir la educación en línea?

Hasta ahora, en los ránquines no se tenía en cuenta para nada a las universidades en línea. De hecho, los indicadores establecidos nos perjudicaban. El objetivo de nuestro trabajo era desarrollar unos indicadores que, si no nos benefician, como mínimo neutralicen los perjuicios de los indicadores actuales. Uno de ellos es la ratio de estudiantes, por ejemplo. Online puedes tener más alumnos que presencialmente. Si un indicador de excelencia para una clase presencial es no tener más de treinta estudiantes por aula, tú nunca puntuarás bien. Otros indicadores que nos perjudicaban estaban en los ámbitos de investigación, espacios, infraestructuras… ¿Cuáles serían adecuados? Por ejemplo, un indicador como el alcance internacional: una universidad en línea puede tener alumnado y profesorado internacional con más facilidad.

Me gustaría imaginarme un sistema universitario al que pueda tener acceso todo aquel que quiera y en el que cualquiera pueda escoger si quiere ir a una universidad presencial, a una de carácter híbrido o a una en línea, en función de sus necesidades y características

Recientemente has publicado Transformar la universidad, un libro que busca ofrecer una mirada global sobre los retos que afronta el mundo universitario. No te pido la bola de cristal sobre qué cambios veremos, pero sí te pido que me digas cuáles te gustaría ver.
e-learning
Transformar la Universidad. Desafíos, oportunidades y propuestas desde una mirada global (Editorial UOC)

Me gustaría que se trabajara conjuntamente y en igualdad de condiciones en el ámbito pedagógico de la educación y en el ámbito tecnológico. Especialmente, para poder desarrollar modelos de enseñanza que aprovechen al máximo lo que aporta la tecnología, pero siempre con una mirada y con un trasfondo pedagógico que permitan alcanzar los objetivos de aprendizaje y de desarrollo personal de la gente que compone nuestra sociedad. Me gustaría pensar que la tecnología nos permitirá desarrollar unas capacidades mediante la inteligencia artificial y que la programación de esta inteligencia estará imbuida de principios filosóficos y pedagógicos que permitan utilizarla con una gran conciencia y ética social y ciudadana. Es lo que yo querría, pero nadie puede saber qué pasará.

Ahora, con la Open University hemos publicado un informe sobre las diez tendencias que pueden desarrollarse. ¿Se desarrollarán todas? No lo sabemos. Me gustaría imaginarme un sistema universitario al que pueda tener acceso todo aquel que quiera y en el que cualquiera pueda escoger si quiere ir a una universidad presencial, a una de carácter híbrido o a una en línea, en función de sus necesidades y características; un sistema universitario que incorpore, al mismo nivel, los tres tipos de universidad que siguen existiendo.

Por último, también has participado en el pódcast Leaders & Legends of Online Learning. ¿En qué consiste?

Es una iniciativa que se generó entre una institución de Australia, una de Estados Unidos y una de Nueva Zelanda, para identificar y reconocer a aquellas personas que habían hecho una contribución importante, en el ámbito mundial, a la educación a distancia, en línea y al liderazgo, a lo largo de los años. Son personas muy destacadas, ya sea por las publicaciones, por los proyectos, por la influencia en terceras personas e instituciones… Solo puedes entrar por invitación: un grupo de personas te proponen. Hay muchas personas, como Tony Bates y otras muchas, de las que estoy muy orgulloso de poderme considerar amigo o que han sido compañeros, maestros míos. Para mí es un honor ser el primer catalán y el primer experto de habla hispana en este hall of fame.

¿Cómo lo valoras?

Es un recurso muy importante y que será histórico porque recoge la memoria de expertos en e-learning y pone al alcance de todo el mundo su voz y conocimientos. Da visibilidad a los investigadores e investigadoras que han trabajado en este ámbito, y permite ver si hay una base de estudio fundamentada. Es importante que la gente pueda identificar buenos referentes en la educación a distancia, personas que han dedicado mucho tiempo de su vida a investigar y reflexionar.

🎧 Puedes escuchar el pódcast Leaders & Legends of Online Learning aquí

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Autor / Autora
Redactora colaboradora
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