¿Luchar contra la inflación o reactivar la economía?

19 julio, 2022
inflació

Tras diez años de tipos de interés en niveles del 0%, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) ha decidido subirlos para luchar contra la inflación. Probablemente, los elementos externos que afectan a la economía hacen que sea necesario, pero, ¿cómo afectará a una subida del tipo en un período de incertidumbre como el actual? ¿Es una buena política monetaria? ¿Qué costes tendrá?

La estaflación es un estado poco habitual en la economía y que define épocas de crisis con altas tasas de inflación. Los períodos recesivos suelen ir acompañados de bajadas en los precios y los de bonanza están ligados a la inflación. Además, para solucionar etapas de crisis, ante la necesidad de reactivar el consumo, suelen mantenerse bajos tipos de interés que favorezcan la facilidad de crédito y reactiven el consumo.

El problema es cuando, como ocurre ahora, la economía vive un período difícil (yo no hablaría todavía de crisis) ya la vez los niveles de precios son altos, ya que no se pueden aplicar políticas monetarias expansivas que generarían mayor inflación.

Un período de gran incertidumbre económica

¿Y por qué hemos llegado a esta situación? Los factores son diversos y es necesario analizarlos. Por un lado, debemos plantearnos si estamos en una crisis. Alrededor de marzo de 2020 la economía catalana, pero también mundial, se paralizó, fruto de un doble choque de oferta y demanda, provocando un declive importante de la economía. Si bien la bajada del 18% del PIB durante el segundo semestre costaría recuperar, la economía demostró que quería reactivarse y en el tercer semestre de 2020 creció un 16% (consolidando un retroceso del 11% en 2020) y un crecimiento en 2021 del 5%, que no ha podido consolidarse debido a la inestabilidad económica). Más allá de esto, otros indicadores, especialmente los relacionados con el mercado de trabajo como el paro o el empleo, no solo recuperaron los valores prepandémicos, sino que los han superado (los últimos datos de afiliación a la seguridad social son comparables a los de la época precrisis de 2008, por tanto, suponen un máximo de los últimos quince años).

Hay que analizar realmente en qué momento del ciclo estamos y será el tiempo quien demostrará si la recuperación ha sido real o los desequilibrios generados por el bache pandémico y por otros factores de los que ahora hablaremos nos llevará a una nueva crisis. Yo, a pesar de todos los problemas y todas las alarmas, tengo dudas y pienso que saldremos adelante.

Todo ello ayuda a entender que la economía está en la cuerda floja, pero todavía caminando por ella. Y además con cierta fortaleza. Y es esa fortaleza que anda por encima de las brasas la que genera inflación. Un período relativamente largo sin consumir fue crítico para la economía y acabó con algunos negocios, pero a su vez generó ahorro y ganas de reactivarse. Liquidez + ansias de consumo son generadoras de inflación. He aquí una de las causas.

La siguiente es que el Banco Central Europeo, de momento, se mantiene en tipos de interés reducidos, pese a la subida de julio, por miedo a caer en recesión. Los tipos de interés bajos desincentivan el ahorro en depósitos y favorecen el consumo. El coste de oportunidad de gastar el dinero versus invertir en algún producto monetario generador de interés es muy bajo. Y a su vez, el coste de pedir crédito es barato. Todo ello se traduce en una palabra: consumo. Y el consumo genera inflación.

Si seguimos analizando, encontramos tres nuevos factores generadores de subidas de precios y que están bastante interrelacionados: la falta de suministros, el coste de las materias primas y la guerra de Ucrania.

Está claro que no se puede analizar a uno sin los demás, pero intentamos hacerlo de manera independiente y viendo sus efectos:

Cualquier material de microeconomía explica que el precio se fija mediante el equilibrio entre la oferta y la demanda. Cuando reducimos la oferta y se mantiene o aumenta la demanda, los precios se disparan. El hecho de que falten suministros, sea por su causa, hace que se reduzca la producción, que aumenten los plazos de entrega y consecuentemente que aumenten los precios. La oferta, ante la poca capacidad de producir, sabe que venderá todo aunque suba precios, además utiliza esta subida para compensar el menor número de ventas. Un claro ejemplo son las empresas de alquiler de vehículos. Si sois clientes habituales verá que su precio se ha multiplicado por 3 o por 4. Y la respuesta es “no tenemos flota”. Aunque quieran, la industria automovilística no provee de coches a las empresas y éstas tienen muy limitado el número de vehículos.

También ha subido mucho el coste de las materias primas, generando así un mayor coste de producción que se traslada a los clientes. Crisis de este tipo ha habido muchas (la del petróleo del 73 es un ejemplo). Las materias primas, como su nombre indica, están en la base de la cadena de producción y, por tanto, si se parte de costes altos, es evidente que el resultado final también sufrirá de subidas de precios. Y las materias primas no son solamente los tomates para un restaurante, sino que lo es también la energía: la energía para mover las máquinas, para iluminar una tienda o para transportar el producto. Todo alrededor de la cadena de producción se ha encarecido sobre todo… inflación.

La guerra de Ucrania afecta claramente a todo lo que hemos hablado, pero es un factor más. Como proveedor de gas en Alemania, primera potencia europea, hace que suba el coste del gas y la electricidad. A su vez, Ucrania es fuente de recursos de otros países europeos (gran exportador de cereales, por ejemplo) y, como hemos dicho antes, las restricciones y aumento de costes de estos productos generan subidas de precio.

Podemos concluir, por tanto, que la inflación tiene lógica en la etapa actual, pero es un problema a la hora de aplicar políticas expansivas que ayuden a reactivar definitivamente la economía. En consecuencia, estamos en un período de gran incertidumbre, que no de recesión, y no se pueden aplicar las medidas habituales para frenarla. De hecho, ni se pueden ni tampoco está clara su efectividad. Por otra parte, las causas generadoras de incertidumbre son relativamente incontrolables (pandemias, guerras…) a diferencia de la crisis de 2008 en la que se conocían los errores de la economía y, por tanto, la manera de solucionarlos (con más o menos tiempo y dificultad).

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Autor / Autora
Es profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Doctor en Economía por la UOC:
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