Astrid Desset: “La transformación digital no solo se basa en la tecnología, sino también en las personas, los procesos y los datos”

23 November, 2023
Transformación digital. Astrid Desset

Astrid Desset puede enorgullecerse de ser una de las primeras estudiantes de la UOC, puesto que inició los estudios al poco de su fundación. Desde entonces, su trayectoria académica casi no ha tenido pausas. Astrid no solo ha completado una ingeniería y un grado, sino que también ha finalizado el máster universitario de Innovación y Transformación Digital con honores. Su proyecto de máster, titulado La transformación digital de las administraciones públicas, desde la toma de decisiones basadas en datos hasta la incorporación ética y sostenible de la inteligencia artificial, ha recibido el reconocimiento como el mejor TFM de su promoción. Este éxito destaca no solo su excelencia académica, sino también su profundo compromiso con el impulso de las tecnologías digitales dentro del sector público.

Has estudiado en la UOC una ingeniería, un grado y finalmente un máster. ¿Qué destacarías de esta experiencia tan completa?

Mi experiencia ha sido muy positiva, desde que empecé hasta ahora, y hablo de muchos años de trayectoria, desde los inicios de los años 2000. La UOC es una universidad de gran calidad que exige mucho. Los trabajos requeridos tienen que cumplir con una serie de criterios estrictos, y siempre se exige una buena calidad.

Gracias a la UOC he podido llegar profesionalmente donde estoy hoy y seguir creciendo. Primero cursé una ingeniería técnica y después avancé hacia el grado. También inicié un máster de software libre, pero por circunstancias personales, no pude completarlo. Sin embargo, recientemente, he finalizado el máster de Innovación y Transformación Digital.

¿Cómo ha influido el aprendizaje adquirido durante tu formación en la UOC en tu desarrollo profesional?

La formación en la UOC ha tenido un gran impacto en mi desarrollo profesional. A menudo, los trabajos asignados nos piden integrar la teoría estudiada en los módulos con nuestra experiencia laboral. Esta conexión directa me permite ver aspectos de mi profesión que pueden ser mejorados o que ya se están haciendo bien. Aplico estas observaciones y reflexiones en los trabajos y proyectos (PEC) que entrego. Se da una interacción directa con casi todas las asignaturas de los diferentes planes de estudios. En mi caso, he elegido formaciones estrechamente relacionadas con mi ámbito de trabajo. A pesar de que esto puede variar según la persona, creo que la mayoría de los alumnos optan por másteres o grados vinculados con su profesión. Así pues, la formación en la UOC ha sido clave en mi carrera profesional, y me ha permitido aplicar directamente el aprendizaje en mi entorno laboral.

Has sido ganadora del Premio al Mejor Trabajo Final del máster universitario de Innovación y Transformación Digital con un proyecto vinculado precisamente a la digitalización de las administraciones públicas. ¿Qué te motivó a elegir este tema y cuáles eran tus objetivos?

Mi experiencia de más de veinticinco años en el sector TIC, veinte de ellos en la Administración pública, trabajando en desarrollo de sistemas de información, plataformas de visualización y analítica de datos, fue clave en la elección de mi tema de trabajo final de máster. He combinado este bagaje profesional con los conocimientos adquiridos en la UOC, no solo en este último máster, sino también en los anteriores estudios. Mi principal motivación era hacer un trabajo útil para las administraciones de diferentes tipologías y medidas, que contribuyera a la sociedad y a mejorar la eficiencia de la gestión pública, para que el ciudadano esté más satisfecho con los servicios que ofrecen las administraciones.

Mi trabajo se centró en la inteligencia artificial, explorando si las administraciones se estaban preparando adecuadamente para su utilización, teniendo en cuenta aspectos éticos y de impacto social y medioambiental. También evalué cómo las administraciones se estaban transformando digitalmente, la velocidad de esta transformación, y cómo gestionaban los datos necesarios para este proceso. Muchas veces, estos datos todavía no se están compartiendo de forma óptima. Por lo tanto, el objetivo principal era crear un trabajo que, además de cumplir con los requisitos académicos, fuera realmente útil para la Administración pública.

Mi trabajo se centró en la inteligencia artificial, explorando si las administraciones se estaban preparando adecuadamente para su utilización, teniendo en cuenta aspectos éticos y de impacto social y medioambiental.

¿Cómo decidiste qué administraciones públicas investigar y por qué?

Mi decisión se basó primero en Cataluña, puesto que es el ámbito que mejor conozco. También busqué datos de administraciones estatales e internacionales, y encontré algunas, aunque no muchas. Observé que la medida de la administración influye significativamente en sus acciones y progreso tecnológico, por lo que decidí segmentarlas por medidas y competencias.

Para las administraciones locales y los ayuntamientos, los dividí en tres grupos: aquellos con menos de 20.000 habitantes, los de 20.000 a 50.000, y los de más de 50.000 habitantes. Esta segmentación se basó en el hecho de que las diputaciones (otra forma de administración local, pero supramunicipales) ayudan a los municipios más pequeños. Entrevisté las cuatro diputaciones de Cataluña, ayuntamientos de diferentes medidas y ubicaciones, y algunos consejos comarcales. Además, recogí datos de una administración del Reino Unido y de una estatal que me contestó la encuesta.

La investigación varió tanto geográficamente como en número de habitantes a los que estas administraciones prestan servicios. Llegué a la conclusión de que existe una relación directa entre la medida de la administración y sus avances tecnológicos. Las mayores están claramente más avanzadas gracias a los recursos con los que cuentan. Aun así, hay administraciones pequeñas muy proactivas que han realizado iniciativas realmente impresionantes. Pero, en general, puede verse una tendencia clara donde la medida de la administración influye en su desarrollo tecnológico.

¿Encontraste alguna diferencia significativa en la manera como las administraciones públicas abordan la transformación digital y la inteligencia artificial en función de sus características, tipologías o territorios?

Sí, detecté algunas diferencias significativas. Una de las principales es que muchas administraciones todavía no tienen estrategias sólidas en marcha en cuanto a la recopilación de datos, la gobernanza de los datos y quién accede a estos. Curiosamente, estas mismas administraciones ya están llevando a cabo pruebas con inteligencia artificial, lo que me pareció un poco contradictorio.

Muchas de estas pruebas se están realizando para comprender mejor las capacidades de la inteligencia artificial y cómo preparar los datos para sus algoritmos, pero todo esto se hace sin un plan de transformación digital bien establecido. Por ejemplo, las diputaciones están muy avanzadas en el tema de los datos y la Generalitat de Cataluña está implementando una gobernanza efectiva de los datos. Pero en otras administraciones, sobre todo las más pequeñas, este progreso no se ha visto tanto.

Otro aspecto destacable es la diferencia en función de la medida de las administraciones. Los ayuntamientos grandes, como Barcelona, están compartiendo datos a través de plataformas de intercambio e interoperabilidad, pero la mayoría de las administraciones más pequeñas necesitan ayuda urgente para abordar este reto.

¿Cuál fue el caso de uso o prueba piloto que más te llamó la atención durante tu investigación? ¿Por qué?

Uno de los casos que más me llamó la atención fue el proyecto del CIDO y de la  Diputación de Barcelona. Se trataba de la clasificación automatizada de los anuncios publicados en el Boletín Oficial de la Provincia mediante algoritmos de aprendizaje automático. Antes, estos documentos tenían que ser revisados manualmente y tenía que elaborarse un resumen de cada uno. Ahora, el algoritmo de IA entrenado con un conjunto de datos históricos de más de veinte años y la clasificación que se había hecho, es capaz de elaborar en pocos segundos el resumen de las publicaciones y anuncios oficiales que cargan a la plataforma y de precatalogarlos como ayudas, oposiciones u otros temas. Esto ha ahorrado muchas horas de trabajo manual, y ha permitido que los empleados se dediquen a tareas más cualitativas.

Otro proyecto muy interesante fue el chatbot del Ayuntamiento de Rubí, implementado durante las elecciones. Este chatbot fue entrenado para responder a preguntas frecuentes de los ciudadanos sobre las elecciones, como por ejemplo el lugar de votación o si les había tocado ser miembro de mesa. El chatbot evolucionó para incluir una amplia gama de consultas, lo que ayudó a descongestionar la Oficina de Atención Ciudadana, a menudo colapsada por estas preguntas.

¿Cuáles fueron los principales retos y dificultades con los que se encontraron las administraciones públicas al incorporar algoritmos de inteligencia artificial en sus sistemas de información?

En el contexto de las administraciones públicas, especialmente en organizaciones pequeñas y medianas, uno de los retos más destacados es el manejo de la gran cantidad de datos que generan. Esta realidad se hace evidente cuando nos fijamos en el enorme volumen de datos que estas entidades acumulan. El procesamiento rápido de estos datos exige infraestructuras tecnológicas avanzadas, que a menudo implican soluciones basadas en la nube o el uso de varios computadores conectados simultáneamente. Esto representa no solo un reto técnico, sino también una dificultad logística y de recursos porque falta talento y graduados y graduadas en el ámbito de la inteligencia artificial. Hay que destacar que las administraciones también tienen procesos de contratación antiguos, que no tienen en cuenta las habilidades relacionadas con la innovación y la transformación digital que se aprenden en los másteres como el que he cursado en la UOC.

Además, con el avance del reglamento europeo sobre ética y uso de la inteligencia artificial, que todavía está en proceso de ser aprobado, las administraciones públicas se verán obligadas a cumplir con un nuevo conjunto de normativas. Estas incluirán la necesidad de tener planes de contingencia para afrontar posibles efectos no deseados y la realización de revisiones periódicas de los sistemas que utilicen inteligencia artificial. Esta nueva regulación implica un esfuerzo adicional para asegurar que el uso de la tecnología no solo sea eficiente, sino también éticamente responsable y seguro.

El nuevo reglamento europeo sobre ética y uso de la inteligencia artificial implica un esfuerzo adicional para asegurar que el uso de la tecnología no solo sea eficiente, sino también éticamente responsable y seguro.

¿Cómo podrían las administraciones públicas garantizar un uso ético, responsable, sostenible, seguro y fiable de la inteligencia artificial?

Las principales recomendaciones son que todo lo que se haga con la inteligencia artificial debe ser ético y debe garantizar el respeto a los principios básicos de los ciudadanos de la Unión y a los valores éticos. Deben definirse mecanismos para verificar que, cuando se utilizan algoritmos de IA, se está cumpliendo con toda la normativa aplicable, incluyendo la relacionada con la ciberseguridad, el Esquema Nacional de Seguridad y la protección de datos.

Los sistemas tienen que ser robustos tanto desde el punto de vista técnico como social, y tienen que disponer de un plan para mitigar estos riesgos y saber cómo actuar en caso de que se materialicen. Además, para ofrecer garantías a la ciudadanía, es importante transparentar y explicar en un lugar accesible qué hace el algoritmo, describiendo los pasos que sigue o, si no es posible, explicando su propósito.

Paralelamente, deben abrirse espacios de participación ciudadana donde las personas puedan expresar sus preocupaciones sobre cómo un algoritmo puede vulnerar sus derechos y permitir que esto sea debatido y analizado. Finalmente, en los servicios que las administraciones ofrecen a la ciudadanía, sobre todo cuando son proactivos y basados en datos personales, tiene que darse a la gente la opción de escoger si quieren utilizar estos servicios basados en sus datos.

¿Cómo ves el futuro de la transformación digital y la inteligencia artificial en las administraciones públicas?

Creo que nos encontramos ante una ventana de oportunidad crucial. Si esta oportunidad no se aprovecha correctamente, puede tener consecuencias muy negativas para todo el mundo. Pero, si se aborda de manera adecuada, puede conducir a una mejora significativa en la percepción ciudadana de la Administración, para dejar de verla como pesada y obsoleta y ver más bien sus expectativas de servicio público satisfechas.

Si esta transformación se realiza bien, las administraciones podrían ser más eficientes y gestionar mejor los recursos limitados que tienen. La aplicación de la inteligencia artificial en otros ámbitos, como en la salud, ya ha demostrado su potencial, como por ejemplo en la detección de cáncer de piel mediante análisis de imagen. Hay otros muchos casos de uso posibles que podrían acelerar y mejorar la atención médica.

Es importante ser conscientes de los riesgos asociados y comunicarlos adecuadamente a la ciudadanía. La transformación digital no solo se basa en la tecnología, sino también en las personas, los procesos y los datos. Por eso, es esencial dedicar esfuerzos al manejo adecuado de los datos y a atraer nuevos talentos en este ámbito.

Si no se aborda adecuadamente, corremos el riesgo de seguir igual o incluso empeorar la situación actual. En cambio, si se gestiona correctamente, tenemos la oportunidad de transformar las administraciones públicas en entidades eficientes y muy valoradas por los servicios digitales que ofrecen, tal y como ya han conseguido otros países.

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