¿Qué finalidad persigue la educación?

13 junio, 2022
El profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación y director del grado en Educación Social, Jordi Solé Blanch, reflexiona sobre la finalidad de la educación a partir del pensamiento del filósofo Theodor W. Adorno, reflejado en unas conversaciones con Hellmut Becker que recoge el libro Educación para la emancipación (Morata, 1998).

La pregunta por la finalidad de la educación no es fácil de responder. Si alguien pretende buscar la respuesta en los últimos informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la UNESCO o la Comisión Europea, instituciones que dictan la política educativa de nuestro país, topará con principios poco alentadores sostenidos por una retórica tramposa y gastada. Lo mejor será, pues, ahorrárnosla.

Educación para la emancipación (Morata, 1998)

Por este motivo, hemos buscado esa respuesta en una conversación radiofónica que mantuvieron el 26 de septiembre de 1966 en la radio del Estado federal de Hesse, en Alemania, el filósofo alemán de origen judío Theodor W. Adorno, uno de los máximos representantes de la Escuela de Fráncfort y de la teoría crítica de la sociedad, y Hellmut Becker, director del Instituto para la Investigación Educativa de Berlín. Esta conversación, así como otras cuatro conferencias y otras tres conversaciones radiofónicas de Adorno dedicadas a los problemas de la pedagogía práctica, se pueden encontrar en el libro Educación para la emancipación (Morata, 1998).

La educación, ¿para qué?, se preguntan Theodor W. Adorno y Hellmut Becker a lo largo de una de las conversaciones que podemos leer en este libro. En un momento del diálogo, Adorno llega a cuestionar que alguien se adjudique el derecho a decidir para qué deben ser educados los demás, pero esta pregunta le permite formular su concepción de la educación. Marcando distancias respecto de la formación de las personas, porque nadie tiene derecho a formar personas desde fuera, así como de la simple transmisión de conocimiento, Adorno entiende que la finalidad de la educación debe ser la consecución de una conciencia cabal, una conciencia emancipada. Ahora bien, ¿qué significa educar para la emancipación?

La organización del mundo en el que vivimos ejerce una presión tan grande sobre las personas que acaba prevaleciendo sobre cualquier educación

Adorno sostiene que esta pregunta -quizás demasiado abstracta en sí misma-, está atrapada en una dialéctica; una dialéctica que es necesario asumir tanto en el orden del pensamiento como en la práctica educativa mientras se afrontan dos problemas difíciles: por un lado, el hecho de que la organización del mundo en el que vivimos, convertida ella misma en ideología, ejerce una presión tan grande sobre las personas que acaba prevaleciendo sobre cualquier educación; por el otro, el hecho de que la emancipación, que significa concienciación y racionalidad, implica siempre un examen de la realidad, y este examen supone un movimiento de adaptación.

«Si se ignorara el objetivo de la adaptación —dice Adorno— y no se preparase a las personas para orientarse en el mundo, la educación sería impotente e ideológica. Pero si se queda aquí, si se limita a producir well ajusted people (‘gente bien adaptada’), primando así el estado de cosas existente y, además, en sus peores aspectos, la educación resulta igualmente problemática y cuestionable».

La educación para la emancipación debería tender, en estos tiempos de conformismo omnipresente, a reforzar la resistencia antes que la adaptación

La educación para la conciencia y la racionalidad, la educación para la emancipación, libra, pues, un combate en dos frentes. «Quizá la adaptación a lo existente sea insoslayable —dice de nuevo Adorno—, pero, en cualquier caso, no deberíamos ceder a ella». No ceder, pues, a la adaptación a la realidad. Y es que la educación para la emancipación debería tender, en estos tiempos de conformismo omnipresente, a reforzar la resistencia antes que la adaptación.

Acabamos así con unas últimas palabras de este gran filósofo alemán: «En la medida, en efecto, en que el proceso de adaptación se ve tan masivamente forzado por el entorno general en el que viven las personas, estas deben dirigir dolorosamente hacia sí mismas la exigencia de adaptación, tienen que autoaplicarse el realismo e identificarse, por decirlo con Freud, con el agresor. La crítica a este realismo sobrevalorado me parece una de las tareas educativas más decisivas, que debería, en cualquier caso, ser acometida ya desde la primera infancia».

¿Nos ponemos a ello?

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Autor / Autora
Jordi Solé Blanch, profesor y director del grado en Educación Social de la UOC y miembro del grupo LES.
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