Estel Paloma: «El doctorado industrial tiene un valor añadido: necesitamos una empresa donde aplicar toda la ciencia y la universidad valida la rigurosidad científica de todo esto»

27 octubre, 2022
EDEN Best Research Paper Award
Estel Paloma, doctoranda del grupo de investigación Edul@b de la UOC y becada por el programa del Plan de doctorados industriales de la Generalitat de Cataluña, recibió el premio EDEN Best Research Paper Award en la 12ª edición del EDEN’s Research Workshop. Paloma, profesora de Emprendimiento en la Escuela Pía Santa Anna de Mataró  (FP) y en el Tecnocampus de Mataró (en primero del grado de Administración de Empresas y Gestión de la Innovación y en quinto de la doble titulación de grado de Fisioterapia y de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte), presentó el artículo ganador «Designing an Assessment Model of Entrepreneurship Competence for the Promotion of Sustainability in Compulsory and Post-Compulsory Education», junto con las codirectoras de su tesis, Lourdes Guàrdia (profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC) y Marian Buil (Tecnocampus-UPF).
Este trabajo recoge resultados de una primera prueba de su tesis doctoral sobre el tema, fruto de su pasión por el emprendimiento, «comprendido de una forma potente: llevar las ideas a la acción de modo que puedan generar valor para los demás».
Felicidades, Estel. ¿Cómo valoras este reconocimiento europeo?

Desde el punto de vista personal, es una alegría por muchos motivos. El más importante es que me ha servido para darme cuenta de que, en mi trabajo de investigación, tanto yo como mis guías (Lourdes Guàrdia y Marian, el equipo de Edul@b…) vamos en buena dirección, y nos lo dice alguien externo con prestigio. Hacer una tesis es complicado: tienes que compaginar trabajo, familia, estudios… Y, en un momento como este, salen muchas emociones. Hay mucha gente que está apostando por ti, y es también una forma de agradecerles esta apuesta.

EDEN Best Research Paper Award
Estel Paloma, durante el acto de entrega del premio EDEN Best Research Paper Award
Hasta ahora, tu recorrido académico ha sido un poco «atípico».

Una compañera de la escuela me dice que es muy curioso: cuando terminé octavo de EGB no quería ir a la universidad y ahora culminaré mi vida profesional con un doctorado. Decidí hacer formación profesional. Aunque mis profesoras me insistían en que hiciera el BUP, yo no me veía como universitaria. Me empezaba a gustar el mundo de la empresa, la idea de incorporarme al mundo profesional. Fui a la Escuela Pía Santa Anna de Mataró para cursar los cinco años de FP de Administración, donde incluso estudié física. Pero en la vida hay profesores de referencia y, en mi caso, fue el de Contabilidad, Toni Uix. Me motivó para ir a la universidad y…

Y lo escuchaste.

Entré directamente en Empresariales. Empecé a trabajar en una gestoría y en 1989 entré en la Escuela Pía Santa Anna de Mataró como docente. En 1996 me matriculé en la UNED para hacer Económicas. Ya tenía a Aniol y a Júlia, mis dos hijos. En tres años hice los dos cursos que me faltaban, pero en 2011 tuve un momento de crisis: ¿quería conservar este trabajo hasta que me jubilara? Pensé en hacer un máster que fuera diferente. Marian Buil me empujó a empezar el máster universitario de Emprendimiento e Innovación que se hacía en el Tecnocampus. Allí descubrí el mundo del emprendimiento, que, dentro del ámbito de la economía y la empresa, era algo más «gamberro». Me apasionó.

Para mí es un doctorado con un valor añadido: cuenta con la implicación de una empresa y con la implicación de la universidad

¿Por qué decidiste empezar la tesis doctoral y hacerla en la UOC?

En 2017, desde la Escuela Pía de Cataluña, empezamos un proyecto europeo (H2020) en el que uno de los partners era la UOC: el CRISS, sobre la evaluación y certificación de la competencia digital. Lourdes Guàrdia, que participaba en el proyecto, y Marcelo Maina me empujaron a trasladar toda mi pasión por la competencia emprendedora a una tesis doctoral. En marzo de 2019 empecé el doctorado industrial. El título de mi tesis es Model per a l’avaluació del desenvolupament de la competència emprenedora per al foment de la sostenibilitat a l’educació obligatòria i postobligatòria. Para mí, es un doctorado con un valor añadido: cuenta con la implicación de una empresa —en este caso, la Escuela Pía Santa Anna de Mataró—, que me proporciona un tutor de empresa, que en mi caso es Toni Aguilar —director de la escuela—, y con la implicación de la universidad,con mis dos codirectoras de tesis. Es un doctorado aplicado: necesitamos una empresa donde aplicar toda esta ciencia, y la UOC valida el rigor científico de lo que estoy haciendo. El resultado no sale solamente de la experiencia profesional: detrás hay literatura científica, análisis de datos, el marco teórico que construimos… Son dos pilares para poder generar innovación y avanzar, y, al mismo tiempo, ayudar a la escuela a avanzar en un campo tan complejo como la evaluación competencial de una competencia transversal como la emprendedora.

Las actividades se llevan a cabo, pero tenemos que ponernos las gafas de la competencia emprendedora para poder evaluarlas y saber cuáles son sus logros

¿Cuál es el objetivo de tu tesis?

Generar un modelo que permita evaluar la competencia emprendedora y que sirva para promover la sostenibilidad. Se prueba con los alumnos de quinto y sexto de primaria, con los de primero y segundo de ESO y con los de grado medio de Gestión Administrativa. Ojalá el modelo pueda extrapolarse para ayudar a incorporar la competencia y las otras competencias transversales en las actividades curriculares de la escuela. Las actividades ya se llevan a cabo, pero tenemos que ponernos las gafas de la competencia emprendedora para poder evaluarlas y saber cuáles son sus logros. Haré este trabajo de campo hasta marzo de 2023. Habrá dos pruebas piloto.

¿Qué es para ti la competencia emprendedora?

Tal y como está definida actualmente, y en el marco referencial que he elegido para elaborar mi tesis (el EntreComp), es simplemente llevar las ideas a la acción de forma que puedan generar valor para alguien más que uno mismo. Esta definición es muy interesante: si tienes una idea pero no eres capaz de traducirla en un producto o en un servicio, no estás desarrollando esta competencia. Pero es que, además, debe generar valor para alguien más. Es muy potente la idea que transmite: «no te fijes en ti, fíjate en el otro». Esto es muy útil desde el punto de vista de la sostenibilidad —tal y como nos explican los ODS—, tan importante en la actualidad. Una acción emprendedora puede ir desde la resolución de un problema de matemáticas hasta aspectos, temas y resultados más complejos, como una actividad de aprendizaje-servicio, en la que tú haces algo por otra persona. Nos ha perjudicado mucho hablar de los emprendedores como Steve Jobs, Zuckerberg… Evidentemente son emprendedores, pero estoy convencida de que, si las personas que trabajan en estas grandes compañías no tuvieran esta competencia desarrollada, estas compañías no habrían llegado a ser lo que son. Debe haber gente con esta competencia desarrollada en las empresas, pero también en los ayuntamientos, los hospitales, las fundaciones, los clubes de futbol, las universidades…

La competencia emprendedora siempre ha estado presente, pero en tierra de nadie

Hace años que esta competencia ha entrado en las aulas, y toca evaluarla. ¿Crees que se está haciendo correctamente?

Si miramos las ocho competencias que se han recogido en la LOMLOE tal y como están definidas desde la Comisión Europea (2018), la competencia emprendedora siempre ha estado presente, pero en tierra de nadie. Si hablamos de la competencia lingüística, todo el mundo tiene más claro que corresponde a las disciplinas de lenguas. Cuando algo está en tierra de nadie, es más difícil que alguien lo asuma como propio.Si tenemos que trabajar esta competencia, la solución fácil es hacer una optativa que sea Emprendimiento. ¡Nos equivocamos! Yo creo que no hay ningún sistema educativo en el mundo que niegue que hay que evaluar de forma competencial, pero cuesta mucho materializarlo en el día a día porque estamos acostumbrados a trabajar por disciplinas. Los profesores somos buenísimos generando actividades de aprendizaje y evaluándolas, pero olvidamos que forman parte de una o más competencias. Deberíamos ser capaces de decir si un alumno ha logrado o no una competencia. Lo he oído y leído en muchos autores. Alfons Cornella es una de las primeras personas a quien oí decir que, en la vida cotidiana, los problemas no son de matemáticas o de física: no se resuelven de forma disciplinaria. Hay que resolverlos a través de muchas disciplinas y entrelazándolas.

Podríamos decir que, en la escuela, ¿hay un desconocimiento de la verdadera dimensión de la competencia emprendedora?

En los primeros resultados que obtengo con mi investigación, y que aparecen en el artículo presentado y premiado por EDEN, muestro precisamente esto. Entonces, ¿cómo alguien puede estar evaluándola? Es importante centrar la mirada en la competencia para hacerlo: el profesorado debe hacer el esfuerzo de entenderla. Este es uno de mis primeros trabajos en el marco del doctorado: que tanto ellos como el alumnado la entiendan. De hecho, muchas de las tareas y actividades que el profesorado lleva a cabo en el aula son actividades que pueden ayudar a saber si se está desarrollando esta competencia, pero no lo tienen identificado. No se ponen las gafas de la competencia emprendedora. Si los alumnos tampoco son conscientes de que se está evaluando esta competencia, tampoco conseguiremos nada. Todo el mundo tiene que entender la competencia para poder evaluar su logro.

¿Cómo obtuviste los resultados que publicaste en el artículo «Designing an Assessment Model of Entrepreneurship Competence for the Promotion of Sustainability in Compulsory and Post-Compulsory Education»?

Preparé unos cuestionarios de autoevaluación y coevaluación para el alumnado. Tenían que responderlo antes y después de hacer un proyecto en el marco del SUMMEM (proyecto de innovación educativa de la Escuela Pía de Cataluña). Inicialmente, hicieron una autoevaluación y una coevaluación de cómo se consideraban ellos en el primer momento; posteriormente, al finalizar el proyecto, tenían que explicar cuál era su percepción sobre la competencia. También se evaluaron entre los miembros de los equipos. Todos los aspectos vinculados con la competencia mejoraron significativamente: esto significa que ha pasado algo y la mejora ha sido real y no por casualidad. En cuanto a los profesores , se recogieron datos cualitativos que se tradujeron en buenas vibraciones cuando realmente vieron que el alumnado podía aprender a hacer una coevaluación y una autoevaluación. Disminuye su presión a la hora de evaluar. Y es que el modelo de evaluación debe ser compartido: no solamente evalúa el profesor, sino que también pueden evaluar otros agentes, como los propios alumnos. Esto implica que tenemos que enseñar a los chicos y chicas a adquirir sentido crítico, a ser honestos, a entender muy bien qué es lo que tienen que evaluar…

¿Y a los docentes?

El equipo docente es un factor clave: si está cohesionado y tiene un objetivo común, todo funciona mejor. Hay que generar confianza en los equipos y debemos aplicar el trabajo cooperativo del que tanto hablamos también a los equipos de profesores.

En el proceso de doctorado el acompañamiento tiene muy papel muy importante

¿Cómo valoras la experiencia de hacer tu tesis doctoral en nuestra universidad?

Estoy extremadamente contenta. En el proceso de doctorado, que es duro, el acompañamiento tiene un papel muy importante: el acompañamiento de mi referente, Lourdes, es muy bueno tanto para el doctorado como desde el punto de vista personal. Esto es básico en cualquier proceso de aprendizaje: aprendemos mejor si tenemos a alguien que nos está ayudando y apoyando y que también nos hace preguntas. Lourdes siempre te cuestiona y te hace reflexionar. Además, también cuento con el apoyo de todo un equipo como el del Edul@b, que me facilitan el trabajo en determinados momentos.

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Autor / Autora
Redactora colaboradora
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