La situación del trabajo a distancia en Europa y sus principales retos

13 abril, 2022
smart-working

La pandemia COVID-19 ha forzado indudablemente un cambio de paradigma en cuanto a la organización del entorno laboral. Según los datos de Eurostat, antes de 2019 solo alrededor del 5% de los europeos trabajaban desde casa con regularidad, una cifra que no había cambiado tanto desde 2009. Sin embargo, las circunstancias de la pandemia produjeron un crecimiento y una aceleración inesperados que elevaron la cifra a una media del 12,3% en 2021.

Sin embargo, no toda Europa respondió por igual. Los países del norte estaban tradicionalmente más adaptados al trabajo a distancia, por lo que esta tendencia no ha hecho más que arrastrar a Finlandia a la cabeza de la lista de trabajadores inteligentes en los Estados miembros de la UE, con un 25,1% de personas empleadas que suelen trabajar a distancia en 2020, según datos de la encuesta de Eurostat. Le siguen en el ranking Luxemburgo (23,1%) e Irlanda (21,5%). En el lado opuesto, se sitúan los países de Europa del Este. Bulgaria (1,2%), Rumanía (2,5%), Croacia (3,1%) y Hungría (3,6%) registran las tasas más bajas de Europa.

¿A qué se debe esta diferencia? La razón puede estar ligada a diferentes circunstancias: la diversidad de herramientas digitales y la implementación de habilidades dentro de las organizaciones profesionales, la capacidad de los puestos de trabajo para teletrabajar o incluso las diferencias culturales en los lugares de trabajo, «con una inclinación más tradicional en el sur de Europa», como afirma el investigador interno de la UE, Xabier Goenaga.

A pesar de las diferencias entre los países europeos, lo que confirman los expertos es la persistencia de modelos híbridos de teletrabajo a partir de ahora, combinando algunos días a la semana de trabajo a distancia con la presencia física en la oficina. En este sentido, un estudio realizado por el McKinsey Global Institute en 2020 afirmaba que «más del 20 por ciento de la población activa podría trabajar a distancia entre tres y cinco días a la semana con la misma eficacia que si lo hiciera desde una oficina». La productividad ha sido precisamente una de las principales preocupaciones durante la adaptación a la nueva realidad a gran velocidad. En este sentido, el mismo estudio señalaba cómo el 41% de los empleados encuestados afirmaba ser más productivo trabajando a distancia que en la oficina. Además, se han reconocido otros beneficios del smart working como la mayor conciliación de la vida personal gracias a la flexibilidad de horarios, la mejora de la sostenibilidad con la reducción del impacto de los desplazamientos y el transporte o la mejor distribución regional de los puestos de trabajo, dando más opciones para acceder a empleos bien remunerados en otras zonas fuera de las grandes capitales urbanas.

Formación para superar los retos del smart working

Pero sería ingenuo centrarse solamente en los beneficios y olvidar los retos que presenta el trabajo inteligente. La adaptación de los procesos de trabajo en línea, con impacto tanto en la vida profesional como en la personal, ha sido considerable. Empezando por la actualización de los protocolos de gestión, el uso de nuevas herramientas digitales de trabajo o el cambio en la interrelación de los empleados, sin olvidar la acomodación de nuevos espacios de trabajo. De igual modo, la inmersión en las nuevas tecnologías y los conocimientos informáticos que se han convertido en un requisito imprescindible para la mayoría de los puestos de trabajo.

Teniendo en cuenta este escenario, el proyecto Working Smart Erasmus+ se presenta como una respuesta de las autoridades de la UE para impulsar este tren y capacitar a los novedosos gestores/asesores de trabajo inteligente y a las pymes europeas, apoyándolas en la adquisición de competencias digitales y empresariales. Para ello, el partenariado compuesto por seis organizaciones europeas de cinco Estados miembros (Francia, Italia, Grecia, Eslovenia y España) está trabajando para capacitar al personal de RRHH, a los directivos y a los propietarios de empresas, formando a los empleados decisivos para diseñar los procesos de smart working dentro de las estructuras públicas y privadas, ayudándoles a entender los beneficios del trabajo a distancia y entrenándoles para la gestión del smart working. Durante el proyecto se desarrollará un programa de formación que tenderá puentes entre el mundo empresarial y el educativo, y que dará la oportunidad de acceder a las competencias necesarias adaptadas al entorno profesional actual en seis idiomas diferentes y accesibles de forma gratuita.

Los beneficios del trabajo inteligente son claros, solamente tenemos que afrontar sus retos y adaptarnos a ellos. De este modo, seremos capaces no solo de encajar las futuras exigencias profesionales, sino de superar las situaciones de emergencia o de desestabilización sucesiva que puedan surgir debido a la llamada permacrisis, como la que estamos viviendo en la actualidad. 

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