Montserrat Llobet: Las empresas que quieren contribuir al envejecimiento activo se concentran en facilitar la interacción social de las personas mayores con su entorno”

16/05/2023
Envejecimiento activo

Montserrat Llobet Abizanda es economista y doctora en Políticas Públicas y Transformación Social. Ha fundado el  Observatori de Qualitat de Vida de Citizens Q y es profesora del máster universitario en Sostenibilidad y Responsabilidad Social de la UOC. Dada su trayectoria profesional, ha sido una de las ponentes del “II Ciclo Seminarios sobre los retos del envejecimiento: Una mirada interdisciplinaria a la vejez”. La cita reflexiona sobre las necesidades, los retos y las oportunidades que surgen en sociedades cada vez más envejecidas.

Según la OMS, España será en 2050 el país más envejecido del mundo, ¿qué está haciendo el mundo empresarial para contribuir al envejecimiento activo de nuestros mayores?

La investigación sobre las necesidades humanas básicas y sus satisfactores sinérgicos para optimizar la calidad de vida1 concluye que en las personas mayores el envejecimiento activo depende básicamente de cuatro aspectos a los que el mundo empresarial y la sociedad en su conjunto deberían contribuir. Observado los siguientes cuatro aspectos podemos analizar si las empresas que prestan servicios dirigidos a las personas mayores contribuyen a su envejecimiento activo:

  1. Autonomía crítica. Capacidad de intercambiar puntos de vista, de forma voluntaria no forzada, con las personas de su entorno, ya sea con las que convive, familia con la que no convive, personas que les presten atención domiciliaria, amistades, vecindario, comercios, centros sociales…
  2. Bienestar. Autonomía para realizar las actividades de higiene personal y de su hogar, trámites necesarios para los suministros a su vivienda, compras y atención médica o terapéutica, ocio, y capacidad económica para suplir la autonomía o simple realización de todas estas actividades que le proporcionan bienestar físico y emocional.
  3. Ciudadanía activa. Participación en algún proyecto social y/o ambiental en el que la persona mayor se sienta realizada e identificada.
  4. Interacción social de proximidad. Desplazamiento preferentemente a pie o en transporte durante la menor distancia posible valorada en tiempo, para satisfacer la necesidad humana básica de autonomía crítica en sus actividades cotidianas de compra de comida, vestido e higiene personal, productos para la vivienda, servicios de salud, encontrarse con la familia, amistades o en el centro social en el que participe.

Teniendo en cuenta las cifras de la OMS, ¿las empresas privadas y organismos públicos llegan tarde a estos cambios demográficos?

El problema no es que lleguen tarde sino que no llegan, pues el modelo de la sociedad de consumo considera a las personas mayores como una carga, y con esta premisa resulta muy difícil apostar por el envejecimiento activo. Esta forma tan deseable de envejecer implica valorar los conocimientos y las capacidades afectivas de las personas mayores puestas en el centro de las relaciones sociales, todo lo contrario de lo que significa ser una carga. 

Ocurre que la calidad de vida requiere de relaciones sociales basadas en valores como la proximidad, el respeto, la confianza, el afecto o la ayuda mutua, y estos valores se cuecen a fuego lento como los guisos de la abuela, mientras que la sociedad de consumo se mueve por la inmediatez: no hay tiempo para la reflexión crítica y el diálogo abierto ni con mayores, ni con compañeros de trabajo, ni con niños. 

Además, la sociedad de consumo está cada vez más jerarquizada y quien está en la cima de las organizaciones privadas y públicas no tiene en cuenta a quienes están por debajo. Entonces, si no se toma en consideración la capacidad de aportar de las personas en edad laboral, ¿cómo se van a valorar las aportaciones de personas que se consideran una carga para la sociedad?

El modelo de la sociedad de consumo considera a las personas mayores como una carga, y con esta premisa resulta muy difícil apostar por el envejecimiento activo.

¿Qué más se podría hacer?

Todo tipo de organizaciones, ya sean empresas, administraciones públicas o entidades no lucrativas, deberían centrarse en las acciones para mejorar los 4 aspectos básicos mencionados de la calidad de vida de las personas mayores. No porqué nos compadezcamos de ellas o creamos que es nuestra responsabilidad, que también. Debemos hacerlo porque siendo las personas seres que necesitamos vivir en comunidad y afrontar dentro de ella todos los aspectos de la vida de forma diversa, como nos recuerda  Eudald Carbonell3 en su último libro El porvenir de la humanidad, no podemos mejorar la calidad de vida de ningún miembro de la comunidad dejando atrás a un solo miembro, y mucho menos a un colectivo, como sería en el caso que nos ocupa el de las personas mayores. Es probable que pensemos en este propósito como una utopía, pero Frédéric Laloux4 en su libro Reinventar las organizaciones, nos muestra que existen muchas organizaciones en todo el mundo y de todo tipo que lo han conseguido. 

De entre ellas cabe destacar el caso de las 7.000 enfermeras de barrio de la empresa Buurtzorg (Holanda) que prestan atención médica domiciliaria trabajando codo a codo con médicos de cabecera y con el sistema hospitalario, organizadas en equipos 10-12 enfermeras que establecen relaciones a largo plazo con sus pacientes, colaboran con el vecindario y entidades del barrio para poder prestar un servicio que contribuye a la calidad de vida de los pacientes y sinérgicamente de su entorno. Todo ello sin incrementar costes, al contrario, las enfermeras de Buurtzorg dedican un 40 % menos de horas de cuidados por cliente que otras organizaciones de cuidados médicos, sencillamente porque los pacientes se curan antes.

¿Cuál es el impacto de las medidas que ya se desarrollan en la calidad de vida de este colectivo?

Las medidas que se desarrollan actualmente tienen poco impacto, o incluso pueden tener un impacto negativo cuando se observa al colectivo de mayores únicamente como un segmento de mercado al que vender directa o indirectamente bienes y/o servicios. 

¿La inclusión de los mayores de 50 en las empresas debería ser una cuestión de responsabilidad social corporativa? 

Sí, y no solo debería sino que lo es. Porqué la responsabilidad social se tiene, aunque no se ejerza a través de programas corporativos. Y no solamente para los mayores de 50 años hasta la jubilación, también para las personas de todas las edades. 

En el caso de los mayores, si las empresas les ofrecieran la posibilidad de colaborar voluntariamente con los compañeros que todavía trabajan en la empresa u otras empresas de su sector, aportando su experiencia, conocimientos, percepciones, vivencias, etc., la empresa saldría beneficiada, porque incorporaría una visión que ya no está comprometida con las responsabilidades laborales. Una visión desde la distancia de la jubilación que permite una mayor amplitud y claridad para resolver problemas, y plantear nuevos horizontes. 

Las medidas que se desarrollan actualmente tienen poco impacto en la calidad de vida de este colectivo, o incluso pueden tener un impacto negativo cuando se observa al colectivo de mayores únicamente como un segmento de mercado al que vender directa o indirectamente bienes y/o servicios.

Sin embargo, ¿estamos lejos de esa inclusión laboral? ¿Cuál es la realidad en las empresas del país?

En general las organizaciones incorporan personas jóvenes, y ello tiene sentido para conseguir un relevo generacional ante las jubilaciones. Pero a menudo se buscan personas jóvenes por otras razones, como que todavía no tienen familia a la que sostener y por tanto menos exigencias económicas, se adaptan más fácilmente a las políticas de la empresa, trabajan con más rapidez, o dominan mejor las TIC. La mayor parte de las empresas están orientadas a obtener el máximo beneficio a corto plazo, por lo que la inmediatez de las personas jóvenes se adapta bien a este objetivo. 

Los problemas surgen cuando las empresas tienen que contribuir al alcance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), pues ello implica compromisos sociales y ambientales a largo plazo, lo cual es incompatible con los objetivos a corto plazo, que generan externalidades como la precariedad laboral, la contaminación o, en el caso de los servicios a las personas mayores, un sistema de atención totalmente asistencial que genera un envejecimiento pasivo.    

¿Las empresas están facilitando la flexibilidad laboral para aquellas personas que deben cuidar de sus familiares mayores?

En general se considera que las personas trabajadoras con familiares dependientes pueden ser una carga, no solamente para sí mismas sino también para las empresas en las que trabajan. Por ello no nos debe extrañar que sean reticentes a facilitar la flexibilidad laboral para la atención de los mayores, los niños o cualquier otro familiar con algún grado de dependencia. Esto es así porqué las empresas no están integradas en la sociedad desde el punto de vista de contribuir de forma óptima al desarrollo de las funciones sociales básicas: residencia, trabajo y consumo5

¿Es la banca uno de los sectores que menos está teniendo en cuenta la vejez? Caminan cada vez más hacia la reducción del número de sucursales y la implementación de la banca digital.

Es difícil estimar qué sector está teniendo menos en cuenta la vejez, pues como hemos visto es la sociedad entera la que está organizada en base a la maximización de los beneficios y no a la calidad de vida. La banca digital es una consecuencia de la reducción de costes en oficinas bancarias e incluso de cajeros automáticos, pues el coste de personal, de los locales, de los dispositivos informáticos y de la gestión del dinero en metálico es muy alto. Por otro lado, las facilidades de la banca digital son incuestionables, entonces se trataría de encontrar un equilibrio, pero el sector bancario, como la mayoría de sectores, están totalmente desequilibrados debido a la feroz competitividad a la que nos ha llevado la concentración de los mercados. 

Hablemos también del modelo residencial para la vejez en nuestro país. Gobierno y CCAA acordaron un nuevo modelo de residencias, después del impacto de la pandemia en estos centros. ¿Se están viendo ya estos cambios? ¿Son cambios que aún no han llegado?

Limitar el número de 120 plazas por centro, reducir a 15 personas las unidades de convivencia, mejorar las condiciones laborales en más contratos fijos, mayor exigencia de titulaciones, y otras medidas previstas son deseables, pero no resuelven la satisfacción sinérgica de necesidades básicas de las personas mayores para poder optimizar su calidad de vida. En la construcción de residencias principalmente se ha tenido en cuenta el bajo coste del suelo y la buena imagen de los espacios. En cambio no se ha tenido en cuenta la proximidad de las residencias a la antigua residencia de las personas mayores, de su barrio con sus tiendas, ni de su red social forjada posiblemente a lo largo de toda una vida.

Las empresas, ya sean públicas o privadas, tienen la responsabilidad de contribuir a la calidad de vida de todas sus partes interesadas. En el caso de las que ofrecen productos o prestan servicios a las personas mayores es necesario que contribuyan a que su envejecimiento sea siempre activo gracias a la interacción social con su entorno. ¿Cómo conseguirlo y medirlo? 

Las empresas que prestan servicios a las personas mayores, deben obtener buenos resultados en sus indicadores de estabilidad laboral gracias al compromiso con sus personas trabajadoras, igualdad de oportunidades de género, diversidad funcional y exclusión, minimizar su huella ecológica y social, promover una ciudadanía activa, participar en redes de entidades y, ofrecer bienes y servicios para un envejecimiento activo. Todos estos indicadores, desarrollados con metodología científica a partir de identificar las necesidades humanas básicas y cómo satisfacerlas para optimizar la calidad de vida, recogen información sobre los distintos aspectos fundamentales de la interacción social entre las personas mayores y su entorno para un envejecimiento activo.


Referencias

1. Llobet Abizanda, Montse (2014). ¿Qué es la responsabilidad social de las organizaciones? ¿Cómo se mide? Dictus Publishing.

 2.Doyal, Len y Gough, Ian (1994). Teoría de las necesidades humanas. Madrid, Icaria / FUHEM. Exponen en este libro que la autonomía crítica es una de las dos necesidades humanas básicas que tenemos todas las personas.

 3. Carbonell, Eudald. Arqueólogo y codirector del Proyecto Atapuerca hasta 2022 expone en su último libro un decálogo para un mejor porvenir de la humanidad, que ya avanzó en su ponencia en la “Jornada Covid-19: socialicemos conocimiento”, donde nos explica que la diversidad es la clave para superar los problemas económicos, sociales y ambientales de la globalización.

 4. Laloux, Frederic (2015). Reinventar las organizaciones. Barcelona, Arpa.

5. Llobet Abizanda, Montserrat. ¿Qué es la Responsabilidad Social de las Organizaciones? ¿Cómo se mide? Dictus Publishing. En la tesis doctoral se explican las tres funciones sociales básicas de Julio Alguacil

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Autor / Autora
Periodista
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