Las empresas verdes pueden financiarse de forma más barata

23 noviembre, 2022
Sostenibilidad finanzas Micheile Dot para Unsplash

Los tipos de interés ya no son lo que eran. Este año, con las espectaculares subidas de tipos, financiarse vuelve a ser caro, en algún caso demasiado caro. Es ahora cuando, de nuevo, los analistas han vuelto su mirada al coste de financiación de las empresas. Y están viendo cosas sorprendentes, en especial cuando los factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG) entran en juego. El ejemplo más llamativo es que la deuda ligada a objetivos ESG se percibe claramente como más beneficiosa para los inversores. Y como consecuencia, la empresa puede financiarse de forma más barata emitiendo esos bonos, ligados a que la misma empresa consiga objetivos concretos de sostenibilidad. En 2020, cuando empezó la pandemia y los intereses eran todavía bajos, Goldman Sachs estimaba que en Europa, las emisiones de deuda “verdes” tenían una rebaja de más del 0.14% del tipo de interés. Ahora, en 2022, esta diferencia no ha hecho más que aumentar.

Lo curioso es que, según la teoría financiera tradicional, un bono de deuda emitido por una empresa refleja, en el mercado secundario, la percepción de los inversores respecto a esa empresa y, si el riesgo de la empresa es alto, el propio mercado exigirá costes más altos. Además del riesgo del negocio de la empresa emisora, a dos bonos emitidos por la misma, la teoría dice que el mercado también castigará los bonos de más largo vencimiento con un interés superior. Observando los datos, sin embargo, esto ya no es así cuando el factor medioambiental entra en juego. Hay ya muchos ejemplos que han aparecido recientemente en la prensa económica, como el de la empresa de telecomunicaciones Italiana TIM o la automovilística Volvo. En el primer caso, TIM emitió un bono ligado a objetivos ESG que paga un interés del 1,95%, el mismo interés que otro bono tradicional de la misma empresa, pero con un vencimiento más de un año superior. En el caso de la segunda, su bono tradicional con vencimiento a casi cuatro años paga un 1,12%, mientras que la versión sostenible de la misma empresa con vencimiento a más de siete años paga solo un 1.39%, cuando la teoría clásica esperaría un rendimiento del 2%. Y esto no ocurre solo en el caso de las emisiones de deuda corporativas. También la banca tradicional está concediendo cada vez más préstamos ligados a sostenibilidad a las empresas. Y de nuevo, los posibles beneficios para la empresa vienen en forma de rebajas de los tipos de interés.

Crece la popularidad de los préstamos SLLs

En medio del abanico de productos financieros de deuda relacionados con la sostenibilidad destacan dos. Los bonos verdes (Green Bonds) y la deuda o préstamos ligados a objetivos de sostenibilidad (Sustainability Linked Loans, o SLLs). Los primeros son préstamos o emisiones en las que los fondos obtenidos deben dedicarse obligatoriamente a proyectos concretos que mejoren algún parámetro ESG. Gozaron de gran popularidad, pero en 2021 han quedado completamente superados en volumen por los SLLs. Estos últimos son préstamos en los que los fondos se pueden dedicar a los que la empresa libremente decida, sea un proyecto sostenible o no. Sin embargo, el tipo de interés que la empresa va a pagar al prestatario, variará en el futuro dependiendo del logro, o no, de unos objetivos concretos ESG en un calendario definido. Un ejemplo sería una aerolínea que contrate un préstamo de 100 millones de euros a 8 años ligado a la sostenibilidad. Si la aerolínea consigue una reducción de sus emisiones de CO₂ de más del 10% en dos años, el tipo de interés se revisará a la baja en 20 puntos porcentuales. Estas operaciones requieren una gran concreción del contrato y unas costosas auditorías externas que permiten acreditar que los objetivos ESG se han conseguido.

Por ahora, los bancos negocian este tipo de préstamos solo con grandes empresas y por grandes importes de principal. Aunque con el auge de la popularidad de los SLL el foco se irá moviendo también a clientes de menor dimensión, la mayoría de las PYMES ni emite bonos ni tiene de momento acceso masivo a esta financiación más barata ligada a objetivos sostenibles que reduciría directamente el coste.

Además, estos productos no están libres de controversia. La preocupación principal de muchos reguladores, especialmente en la Comisión Europea, se centra en las oportunidades que se abren a realizar el llamado “greenwashing” tanto por parte de la banca como por parte de las empresas contratantes de los SLLs.

El riesgo de greenwashing es claro: tratar de conceder SLLs solo a empresas de las que se sabe que muy probablemente NO lograrán sus objetivos ESG

En el caso de la banca, la concesión de préstamos ligados a la sostenibilidad tiene un impacto reputacional que cada vez resulta más importante, tanto cara a los clientes como frente a los reguladores y a los mercados de valores, que cada vez miran con más detalle los informes de sostenibilidad de las entidades financieras. Pero de manera más tangible, también se están definiendo, tanto en Europa como en otras economías, potenciales beneficios para la banca en forma de reducción de la obligación de capital mínimo de la entidad financiera. De modo que, si el banco concede un préstamo ligado a la sostenibilidad, el regulador bancario reduciría en un 25% la correspondiente cantidad de capital regulatorio mínimo que el banco debería retener en el caso de un préstamo tradicional con el mismo riesgo. Y ya sabemos el impacto negativo en los beneficios bancarios que tiene la obligación de mantener un capital mínimo, de forma que la transición de préstamos tradicionales hacia “préstamos verdes” tiene un claro incentivo económico. El riesgo de greenwashing es claro: tratar de conceder SLLs sólo a empresas de las que se sabe que muy probablemente NO lograrán sus objetivos ESG. De ese modo, la probabilidad de que la banca deba aplicar la rebaja de tipos de interés es muy baja, mientras que el beneficio debido a la menor exigencia de capital es inmediato. Como inmediato es también el aumento de riesgo del sector bancario global. Siguiendo con nuestro ejemplo, existe el riesgo de que un banco que negocia préstamos con aerolíneas, seleccione para los SLLs aquellas con menos posibilidades reales para generar reducciones en CO2, y no seleccionar a aquellas que sí que se han puesto en serio en el tema de las emisiones.

Para la empresa, contratar un préstamo ligado a la sostenibilidad impacta positivamente en su percepción exterior como “más verde”. Incluso si no tiene la más mínima intención real de llegar a los objetivos ESG que ha negociado en el contrato de préstamo. O incluso puede que tenga esta intención solo si los beneficios económicos de la rebaja de tipo de interés sean claramente superiores a los costes de implementar esas políticas ESG. Volviendo al ejemplo de la aerolínea —varias de las cuales, por cierto, ya están obteniendo préstamos SLLs—, podría darse el caso de que el préstamo SLL le dé la posibilidad de modular sus actuaciones medioambientales futuras, siempre a su favor, de modo que si la inflación, la evolución de la economía u otros factores hacen demasiado costosa la implantación de una política de reducción de emisiones, la empresa pueda decidir no hacerla. Y si es menos costosa que la cantidad de la rebaja del coste de la financiación, decidir hacerla. De este modo se pierde el carácter puro de incentivo a la sostenibilidad. Una de las soluciones a este dilema, que ya empieza a ser popular, sería la de que el tipo de interés no solo pueda reducirse, sino que también pueda aumentar si la empresa no logra sus objetivos SLL. Zanahoria y bastón.

En todo caso, y a pesar de las controversias, podemos afirmar que cada vez más, el seguimiento de políticas ESG va a beneficiar los costes de financiación empresarial.

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Autor / Autora
Licenciada en Derecho por la Universidad de Atenas, Máster en ADE por la Manchester Business School y Doctora en Administración de Empresa por la Universitat Politècnica de Catalunya. Sus áreas de interés de investigación incluyen temas de finanzas corporativas, el impacto de la sostenibilidad social y ambiental en el rendimiento financiero y diferentes aspectos relacionados con la industria de la aviación.
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