La esclavitud moderna en las cadenas de suministro global
02/04/2025Un reciente reportaje de la BBC ha puesto de manifiesto las condiciones laborales de las personas trabajadoras en los talleres de confección de proveedores de Shein, una de las principales empresas del sector del fast fashion. El reportaje, basado en entrevistas realizadas en Guangzhou, evidencia jornadas laborales de 75 horas semanales, 1 día festivo al mes y salarios de entre 1 y 2 yuans por pieza producida (aproximadamente 0,13-0,26 € por pieza). Además, en algunos casos, se han identificado indicios de trabajo forzado y explotación infantil.
Estas revelaciones han vuelto a situar en el centro del debate la necesidad de regular las condiciones laborales en las cadenas de suministro globales y han evidenciado las deficiencias de las medidas aplicadas en algunos países, tanto productores como compradores.
Esclavitud moderna y trabajo forzado
El caso de Shein no es un hecho aislado, sino un ejemplo de un fenómeno más amplio conocido como esclavitud moderna. Según Anti-Slavery International, este concepto se refiere a situaciones en las que un individuo es explotado por otros con fines personales o comerciales. Además, se consideran varios tipos de esclavitud moderna, entre los cuales los más habituales son el trabajo forzado, el tráfico de personas, la servidumbre por deudas y el matrimonio forzado. En un estudio de 2022, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Walk Free y la ONU estimaban que actualmente hay aproximadamente veintisiete millones de personas en situación de trabajo forzado, un fenómeno a menudo vinculado con la pobreza, la discriminación y la falta de protección social.
Varios factores han favorecido la persistencia de este tipo de prácticas en las cadenas de suministro modernas. Primero, la deslocalización de la producción permite la contratación de productores en localizaciones remotas con regulaciones laborales menos estrictas. Segundo, las cadenas de suministro tienden a ser más complejas y opacas, lo que dificulta la monitorización efectiva de las condiciones laborales. Tercero, la subcontratación en cascada (es decir, la empresa subcontrata proveedores que a su vez subcontratan a otros proveedores) reduce el control sobre los proveedores de niveles inferiores. Cuarto, algunas de las industrias más destacadas, como la textil, la electrónica, la agrícola o la construcción, hacen uso en gran parte de mano de obra migrante, sobre todo en las fases iniciales de sus cadenas de suministro. Este colectivo es más vulnerable al trabajo forzado y otras prácticas de esclavitud moderna como la retención de pasaportes o la servidumbre por deuda.
La esclavitud moderna y los trabajos forzados, problemas globales e históricos
Uno de los primeros escándalos sobre esclavitud moderna fue el de Nike en la década de 1990. Se destapó que la compañía americana subcontrataba fábricas en Camboya y Pakistán, donde trabajaban menores de edad en condiciones deplorables, con jornadas de hasta dieciséis horas diarias, siete días a la semana, y salarios irrisorios.
Otro caso que conmocionó al mundo fue el desastre de Rana Plaza en Bangladesh. En abril de 2013, un edificio de ocho plantas en la ciudad de Dhaka, que albergaba múltiples talleres de confección subcontratados por marcas como Primark, Zara, El Corte Inglés o Mango, se derrumbó y provocó más de 1.100 muertos. A pesar de que la causa principal del colapso fue el mal estado del edificio, el incidente puso de manifiesto la falta de medidas de seguridad y prevención de riesgos laborales.
Los casos de esclavitud moderna no se limitan al Sur Global. En el año 2020 se detectaron numerosos casos de explotación laboral en Leicester (Reino Unido), en fábricas de fast fashion vinculadas a Boohoo. Se demostró que las trabajadoras cobraban 3,50 £/hora y eran obligadas a trabajar a pesar de las restricciones sanitarias por la COVID-19, con lo que ponían en riesgo su salud.
En los últimos años, en el Estado español, el caso de la fruta roja onubense también ha generado polémica. El sector agrícola depende fuertemente de mano de obra migrante temporal para la recogida y procesamiento del producto. En el caso onubense, cerca de 100.000 personas —principalmente mujeres— acuden anualmente a esta región andaluza atraídas por una oportunidad laboral en una industria que es la principal productora de fruta roja de Europa y que genera más de 1.000 millones de euros anuales. Sin embargo, muchas trabajadoras denuncian casos de explotación laboral, con largas jornadas de trabajo, sueldos por debajo del mínimo establecido y condiciones de vida precarias. Además, se han documentado abusos sexuales y situaciones de vulnerabilidad extrema por la falta de una vivienda digna.
Propuestas de erradicación del trabajo forzado
La regulación y el compromiso de las empresas y gobiernos tienen un papel clave en la prevención del trabajo forzado. Por un lado, se ha hecho un llamamiento a las empresas para que ejecuten planes estratégicos efectivos para erradicar la esclavitud moderna a lo largo de sus cadenas de suministro. Empresas internacionales de todos los sectores han desarrollado códigos de conducta o declaraciones sobre la esclavitud moderna donde describen las políticas internas para prevenir casos en sus cadenas de suministro.
Además, se reclama a los gobiernos el impulso de regulaciones y sanciones a empresas que hagan uso de la esclavitud moderna. En este sentido, algunos gobiernos han desarrollado iniciativas legislativas que buscan prevenir el trabajo forzado en la cadena de suministro de empresas nacionales, como el caso de la Dodd-Frank Act de 2010 en los Estados Unidos, la Modern Slavery Act de 2015 en el Reino Unido o la ley alemana de Debida Diligencia en la Cadena de Suministro de 2023.
Algunas medidas concretas que pueden contribuir a abordar la problemática de la esclavitud moderna en las cadenas de suministro global son:
- Regulaciones más estrictas, con normativas que garanticen condiciones laborales dignas en toda la cadena de suministro. Algunos estudios evidencian la diferencia entre países del Norte y el Sur globales, y reclaman regulaciones internacionales que velen por los derechos laborales en todo el mundo.
- Sistemas de sanciones y debida diligencia, para responsabilizar a las empresas que operen con proveedores en situación de esclavitud moderna. Casos como el de Shein son un ejemplo claro de la falta de sanciones efectivas a empresas que permiten el trabajo forzado en su cadena de suministro.
- Colaboraciones multisectoriales, que fomenten alianzas entre empresas, gobiernos y organizaciones sociales para mejorar la detección de la esclavitud moderna y establecer estándares laborales.
- Apoyo a los sindicatos y protección laboral, que promuevan la libertad de afiliación sindical de las trabajadoras, prevengan la persecución de líderes sindicales y protejan los derechos de los trabajadores.
- Transparencia en las cadenas de suministro, con mecanismos de control externos que garanticen el acceso a información sobre las condiciones laborales en toda la cadena de suministro.
La existencia de trabajo forzado en las cadenas de suministro es una realidad ampliamente documentada. Casos como el de Shein reflejan la urgencia de adoptar medidas efectivas para garantizar los derechos laborales básicos a escala global. La combinación de regulaciones más estrictas, mecanismos de control y responsabilidad empresarial puede contribuir a la reducción de estas prácticas y a una mejora de las condiciones de trabajo en diferentes sectores productivos. Sin embargo, es fundamental repensar el modelo actual de producción, y priorizar el bienestar de las personas por encima de los intereses económicos de las grandes empresas.