¿Cómo será la salud digital del futuro?

12/06/2024
¿Cómo será la salud digital del futuro? Foto: Freepik.

La salud digital es un campo en constante, rápida e impredecible evolución disruptiva que ha dado un salto muy importante en los últimos tiempos, principalmente por dos motivos. El primero fue la pandemia de la COVID-19, durante la cual, gracias al uso de la tecnología, se pudo mantener en muchos casos una atención sanitaria mínima. El segundo motivo es la irrupción imparable del uso de la inteligencia artificial generativa (IAG) en los cuidados de salud.

Pero, más que hablar de las tecnologías que aparecerán, nos parece más interesante repasar qué diez tipos de salud digital nos podremos encontrar en un futuro próximo, ya que existen muchas tecnologías que tienen un impacto realmente transversal en muchos aspectos del cuidado de la salud (uso de aplicaciones móviles, dispositivos de monitorización, registros electrónicos, teleasistencia sanitaria, chatbots de diagnóstico, big data…).

1. Salud digital preventiva

El objetivo principal de la salud preventiva es precisamente la prevención de la enfermedad o la prevención de las complicaciones derivadas de esta, especialmente de las enfermedades crónicas. Con el aumento de los datos recogidos, sea directamente o con el caudal cada vez mayor de sensores y monitores a distancia, la aplicación de análisis con big data, data mining y similares hacen que cada vez los algoritmos predictores sean más fiables y permitan una mejor toma de decisiones sobre la salud. Por eso asistiremos a la creación de modelos preventivos y patrones de salud que utilizarán dispositivos portátiles y aplicaciones móviles que facilitarán el seguimiento right now de los signos vitales, la actividad física, el sueño, los recordatorios de toma de medicamentos, la comunicación fácil con los equipos de salud, la telemedicina y la consulta virtual y otros múltiples aspectos del comportamiento que puedan afectar a nuestra salud al fomentar la detección temprana y el cribado de muchas posibles problemáticas, además de cambios comportamentales, la educación y la promoción de la salud mediante información, el apoyo social o las interacciones comunitarias.

2. Salud digital personalizada

Está claro que el gran y múltiple caudal de datos recogidos y la cada vez mayor facilidad y velocidad de análisis del mismo hará que los patrones resultantes puedan ser cada vez más personalizados y fiables. Actualmente, el sistema sanitario habla constantemente de un sistema en el cual la persona se sitúa en el centro; no la tecnología, ni los profesionales: la persona. Cada vez se empodera más a las personas en la toma de decisiones sobre su salud, con datos y necesidades específicas, no con recomendaciones generales que pueden a veces no parecer tan importantes. Pero para que esas decisiones sean las más correctas, lógicamente tienen que estar basadas en la evidencia, es decir, en unos datos que realmente aporten información útil. Ya no es tanto que existan sensores que midan el nivel de azúcar o la frecuencia cardíaca, sino si el registro de esos sensores es realmente fiable, puesto que de ello depende que las recomendaciones y conclusiones del análisis aporten algo positivo al cuidado de la salud. En resumen, la recopilación y el análisis de datos, cada vez mayores y mejores gracias a la IA y los algoritmos y los análisis avanzados permitirán una personalización de los tratamientos creciente, más precisa y temprana, así como seguimientos basados en múltiples variables interconectadas, lo que ofrecerá una visión más compleja y real de la salud de una persona y sus necesidades individuales. Planeando sobre la personalización hay otro concepto, muy relacionado: la medicina de precisión, en la que la tecnología es clave al permitir la secuenciación rápida y económica del genoma humano, así como el análisis de otros datos biológicos y clínicos.

3. Salud digital móvil (mHealth)

El uso de dispositivos móviles, por ejemplo smartphones y tabletas, para acceder a dispositivos o profesionales, monitorizar, educar o comunicarse en materia de salud está cada vez más generalizado en nuestro entorno, facilitado por la tecnología de los receptores de los dispositivos contactless que ya usábamos tradicionalmente, como pulseras, teléfonos, relojes o anillos (wearable technology). Si a esto le añadimos lo que representa la tecnología en la nube, que permite una conexión y monitorización de la salud en cualquier lugar durante las 24 horas y de manera inmediata, vemos las múltiples posibilidades existentes. Además, si superamos el pensamiento reduccionista de creer que la ciudad es el centro de todo veremos que el uso de la salud digital móvil acerca, ya lo está haciendo, la atención sanitaria de máximo nivel a lugares en los cuales no ha estado nunca presente por cuestiones geográficas o geopolíticas (lugares en conflicto, por ejemplo).

4. Salud digital comunitaria

Desde que se generalizaron el uso de internet y las aplicaciones en la nube ha surgido, cada vez con más fuerza, la idea de la creación de bases de datos comunitarias compartidas. Se trata de una especie de plataformas comunitarias cuyo objetivo, en contraposición a otras iniciativas privadas, consiste en compartir de manera altruista y anónima diferentes datos de salud individuales para crear patrones comunitarios de detección y prevención de enfermedades u otras situaciones comunitarias que incidan sobre la salud como, por ejemplo, las zonas de ruidos, los contaminantes ambientales, etc. Un ejemplo podría ser la iniciativa Saluscoop. Si bien la principal preocupación es la seguridad con la que se manipulan los datos, este tipo de iniciativas ayudarán a tener un mapeo mucho más real de la salud a escala comunitaria, lo que debería ayudar a los líderes políticos en la toma de decisiones concretas que afecten tanto individual como colectivamente.

5. Salud digital no excluyente

Como hemos visto hasta aquí, el principal y posible inconveniente del uso de la tecnología es que aumente la brecha entre quienes tienen acceso a la salud digital y quienes no. Esta idea surge principalmente de modelos económicos que buscan monetizar las inversiones en salud, ya que si algo permite la tecnología es el acceso rápido y constante a poblaciones marginadas o a situaciones que requieran una visión de género, por ejemplo. En nuestro entorno, más del 90 % de la población tiene un smartphone, una tableta u otro dispositivo, por lo que la salud digital puede ser no excluyente si va dirigida a aportar soluciones desde el sistema público u otras iniciativas que, aunque privadas, no tengan el negocio como objetivo, sino la atención. Existen múltiples ejemplos, pero se podrían citar estos: ReMiND Project (India), AccuHealth (Chile) o Healios (Reino Unido). De hecho, la tecnología puede contribuir a acercar al sistema a algunas personas con determinados tipos de problemas que quedan fuera de este. Por cierto, el teléfono sigue siendo una buena opción tecnológica que no deberíamos olvidar.

6. Salud digital verde/ecológica

Estamos en un punto de desarrollo en el que importa más conseguir una buena aplicación, un algoritmo fiable o un chatbot con un lenguaje natural que ayude a las personas que viven solas que valorar si esas opciones están contribuyendo precisamente a empeorar la salud del planeta y aportando muy poco. Se dedican mucho tiempo y recursos a conseguir monitorizar a distancia a las personas mayores y quizá menos a conseguir que no estén solas. Aun así, asistiremos cada vez más a la valoración de la huella digital de la tecnología aplicada a la salud en el medio ambiente a la hora de determinar su calidad e idoneidad. Por ejemplo, seguramente veremos aplicaciones que utilizarán en remoto las poblaciones rurales o de difícil acceso cuando la huella digital compense el hecho de no que no existan alternativas, pero no justifique su uso en una gran ciudad. La salud digital será ecológica o no será.

7. Salud digital segura

Una de las principales preocupaciones sobre la salud digital es la seguridad con la que los datos se almacenan y analizan para evitar el acceso de terceros. De hecho, los centros sanitarios son hoy en día los principales objetivos de los ciberataques, por lo que gran parte de los recursos económicos que dirigen a la digitalización van destinados a la defensa. La información es dinero y robarla sale a cuenta. Por eso parece claro que serán las organizaciones sanitarias las que acelerarán el despliegue de la tecnología de máxima seguridad (zero trust architectures, blockchains, etc.).

8. Salud digital inteligente

La irrupción de la IA generativa no ha hecho más que empezar y no es, ni más ni menos, que una evolución de la IA que ya hace años que se utiliza en la salud digital. La gran diferencia es que ahora permite la automatización y el autoaprendizaje a partir de los datos que tiene, sin necesidad de alimentarla, con lo que los algoritmos y sistemas informáticos que analizan grandes cantidades de datos sanitarios diagnostican, personalizan tratamientos, son precisos y mejoran la calidad de la atención sanitaria pueden verse acelerados por la IA y su gran capacidad de procesamiento. Lo importante ahora es ver, y saber, cómo adaptarla a los procesos asistenciales existentes de forma que sea una aportación positiva, que lo será.

9. Salud digital mental

Nos ha parecido necesario incluir un apartado específico sobre salud mental y tecnología, ya que actualmente la preocupación por las secuelas mentales de cualquier acontecimiento está aumentando a la vez que continúa siendo uno de los aspectos menos dotados de recursos de la salud. El uso de la tecnología en la salud mental no es nuevo, pero sí que se ha visto que cada vez es más eficaz, y no solo en aquellos trastornos en los que el anonimato podría ser una ventaja, sino en cualquier otro, ya que la tecnología permite un seguimiento constante de la evolución de la salud mental de las personas, el autocuidado, el automonitoreo, el psicodiagnóstico y el tratamiento a distancia, la monitorización entre sesiones, etc. Es decir, la tecnología puede paliar parte de las carencias actuales de la atención sanitaria de la salud mental.

10. Salud digital competente

Por último, y lo más importante, la tecnología no conseguirá sus máximos niveles de desarrollo y de implementación, ni será un valor añadido, sin profesionales de la salud suficiente formados y competentes digitalmente que sepan diseñar, innovar, utilizar y evaluar adecuadamente la tecnología, ya que de esta forma sabrán resolver las grandes preguntas (qué, cuándo, cómo, para quién) a la hora de adaptar la tecnología al sistema de salud y a su gestión, y no al revés, puesto que así suele fracasar.

Máster universitario de Salud Digital (E-health) de la UOC

En el mundo de la salud se exige, cada vez más, que haya profesionales con conocimientos y competencias digitales y gran capacidad de adaptación al cambio y de gestión de organizaciones y entornos cada vez más complejos y cercanos al paciente y a la ciudadanía.

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Autor / Autora
Antoni Baena
Doctor en investigación Psicológica. Director del Máster Universitario en Salud digital (eHealth) y PDI de los Estudios de Ciencias de la Salud (ECS). Miembro del grupo de investigación eHealth Lab de la UOC, Coordinador del grupo de trabajo d’ePsicologia del Colegio Oficial de Psicología de Catalunya (COPC). 
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