Los efectos del cambio climático en el bienestar psicológico de las personas

29 julio, 2024
Efectos del cambio climático en el bienestar psicológico de las personas Imagen: Freepik

Pocas personas e instituciones con un mínimo de credibilidad dudan hoy en día de que el cambio climático y sus consecuencias sean una realidad. Sin embargo, también son pocos los que se plantean cuáles pueden ser los efectos del cambio climático en el bienestar psicológico de las personas –esencialmente negativos– y cómo se podrían prevenir. Esta nueva perspectiva fue abordada por los profesores de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC Alba Pérez y Manuel Armayones, también investigador del eHealth Center de la universidad, en una mesa redonda que llevaba por título “Efectos del cambio climático en el bienestar psicológico de las personas” y que tuvo lugar el pasado 4 de julio en el MACBA de Barcelona, en el marco de la Escuela de Verano del ISPC sobre seguridad y emergencia climática.

“Para empezar, habría que diferenciar entre lo que es el paradigma clínico y el paradigma emocional”, explica Alba Pérez. “Lo que está claro es que el cambio climático es una variable más entre todas las que afectan a nuestro estado emocional: si hace mucho calor, la gente suele estar, en general, más irritable y de peor humor que con un tiempo más agradable. Y si el clima genera un efecto en nuestra respuesta emocional, también lo hace en nuestro pensamiento y nuestra conducta. Es una variable más, una variable importante, pero responde al paradigma emocional, y no al clínico en términos de patología».

Manuel Armayones, que aportó una perspectiva desde el diseño del comportamiento, añade que “hay una especie de moda en ponerle etiquetas a todo, pero lo que puede suceder es que el procesamiento de la situación del cambio climático genere ansiedad, sencillamente porque se trata de un proceso humano. Y también, naturalmente, hay que tener en cuenta los efectos indirectos y las consecuencias de las situaciones de emergencia climática, o de la mayor probabilidad de que estas se produzcan: sequía, inundaciones, huracanes, etcétera. Esto también puede provocar un efecto de indefensión aprendida, es decir, de pensar que «haga lo que haga, será insuficiente» y que esto puede estar calando en algunas personas”.

La importancia de los pequeños gestos: campañas de prevención medioambientales

¿Qué podemos hacer entonces los ciudadanos de a pie para prevenir estos efectos negativos del cambio climático y de otras cuestiones medioambientales? Armayones destaca la importancia que tienen los pequeños gestos, que tal vez no sean tan pequeños, porque con ellos se pueden conseguir muchas cosas.

Por ejemplo, se da un fenómeno aparentemente paradójico, y es que en los hospitales y centros sanitarios apenas se recicla. Sin embargo, está demostrado que, «solo con hacer un pequeño cambio, como colgar un cartel incitando a que tanto trabajadores como pacientes y visitantes se conciencien de la importancia del proceso de reciclado y, naturalmente, dar las facilidades para hacerlo en los contenedores correspondientes, todo cambia en poco tiempo, y el volumen de deshechos que se reutilizan aumenta considerablemente. «Son ejemplos simples basados en la idea de facilitar aquellas conductas positivas para el medio ambiente y que a la vez nos hacen sentir bien como ciudadanos«, explica Armayones.

Otros casos similares son los del emplazamiento del gel hidroalcohólico en la época de máxima expansión del coronavirus que según el lugar en el que se situase, se utilizaba más o menos; las campañas que fomentan el uso de las escaleras en detrimento del ascensor, o la exhibición de imágenes de sonrisas cuando se circula a la velocidad adecuada, que se han verificado notablemente eficaces. «Todo este tipo de pequeños cambios en el contexto, basados en la incorporación de “empujoncitos” al comportamiento, tienen un éxito adecuado, aunque, como es lógico, no son la única solución al problema», asegura Manuel Armayones.

Por otra parte, lo que también pueden hacer las organizaciones para mejorar la situación es no esperar a la decisión de los ciudadanos para pasar a la acción, sino establecer algunas consideraciones por defecto, es decir, se ofrece una respuesta preseleccionada que tendemos a adoptar como propia. Por ejemplo, España es uno de los países con más donaciones de órganos, pero “no porque los españoles seamos especialmente generosos”, explica Manuel Armayones, “sino porque se parte de la base de que, por defecto, todos los ciudadanos somos donantes de órganos, siempre que no comuniquemos expresamente nuestra negativa” y culturalmente se valora como un gesto positivo y de altruismo donar los órganos tras nuestro fallecimiento.

Hacia una higiene de la información

A todo esto, ¿a qué tipo de personas pueden afectar más los efectos del cambio climático en su bienestar psicológico?

Seguramente, las personas más reflexivas, con más tendencia a la rumiación y a darle vueltas a las cosas, sean las más vulnerables. El lado bueno es que, a la vez, son las personas a las que más fácilmente se puede sacar de ahí”, opina Alba Pérez, para quien “no hay que culpabilizar a nadie de la situación en la que se encuentra, sino todo lo contrario”.

“Hay una tendencia de restar importancia a lo que pueda hacer cada uno de forma individual, pero eso es una gran falacia”, añade Manuel Armayones ante lo que considera una forma de negacionismo. “Lo que hay que hacer es predicar con el ejemplo; la información no siempre conduce al cambio de comportamiento, pero la culpabilización lo hace todavía menos. Siempre es mejor pasar a la acción que no hacer nada”, afirma el profesor.

No obstante, “es bueno limitar el volumen de la información que recibimos para que no lleguemos a niveles de saturación, y sobre todo que esta sea fidedigna. Lo que podríamos llamar una higiene de la información”, matiza Alba Pérez. “Y después, sí, pasar a la acción, llevándola al terreno de lo cognitivo y buscando un equilibrio”.

Por último, Manuel Armayones establece un vínculo entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas y el diseño del comportamiento: “Los ODS intentan generar estrategias para cambiar el comportamiento de las personas. Es verdad que siempre habrá un gap entre lo que hacemos y todo lo que podríamos hacer. Pero sin tener en cuenta los determinantes, barreras y facilitadores para el cambio de comportamiento, será muy difícil lograr muchos de los ODS, ni habrá cambios que valgan”. “Más allá de preocuparse, hay que ocuparse”, concluye Armayones.

 

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