Falta y deseo de saber en el sujeto de la educación

25 abril, 2023
Educador social Foto: Freepik.

La editorial NED Ediciones acaba de publicar una introducción al psicoanálisis a partir de los aforismos lacanianos. El libro es espléndido y, sin duda, consigue su objetivo: divulgar la teoría psicoanalítica a un púbico amplio. Se trata de una obra colectiva coordinada por la psicoanalista Claudia González. Diferentes psicoanalistas que participaron en un ciclo de conferencias impartidas entre los años 2017 y 2020 en la Sección Clínica de Barcelona de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis reflexionan en torno a esos enunciados con la intención de dar a conocer las enseñanzas de Lacan, unas enseñanzas que obligan a pasar, como no puede ser de otra manera, por Sigmund Freud, pero también por las orientaciones de Jacques Alain Miller, Éric Laurent, etc., y, por supuesto, el propio trabajo clínico que llevan a cabo los diferentes autores y autoras del libro en sus consultas.

Para cualquier persona interesada en el psicoanálisis, este libro es una herramienta muy útil no solo para orientar su práctica profesional, sino también para abrir una conversación con otras disciplinas. Es lo que están promoviendo sus autores desde la publicación del libro. El pasado 13 de marzo tuve la ocasión de participar en una de estas conversaciones en la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona con dos de sus autores, Susana Brignoni y Vicente Palomera, dos psicoanalistas con una larga trayectoria profesional que tienen la virtud de acercar la obra de Lacan con palabras sencillas. Susana Brignoni, además, lleva muchos años trabajando con educadores sociales del sistema de protección a la infancia y la adolescencia desde la Fundación 9Barris. Nos conocimos hace veinticinco años en un espacio de formación y supervisión dirigido a educadores sociales que trabajaban en centros de protección. La Fundación 9Barris sigue llevando a cabo esa tarea, y uno solo puede pedir a los responsables de las políticas sociales y educativas que mantengan y extiendan estos espacios de supervisión como un dispositivo básico de análisis de las prácticas profesionales y apoyo a los equipos técnicos. De esa experiencia de trabajo, Susana Brignoni, junto a Graciela Esebbag y Adolfo Grisales han publicado otro libro extraordinario que también se puede encontrar en NED Ediciones con el título Violencias y desamparos. Una práctica colaborativa entre salud mental y educación.

Pero volvamos a los aforismos de Lacan. Quisiera comentar brevemente uno de los más conocidos: “amar es dar lo que no se tiene”. Quien lo analiza en el libro es Vicente Palomera. En la conversación que mantuvimos en la Sección Clínica planteé una reflexión en términos pedagógicos. Tal y como dice Gustavo Dessal en el prólogo, el alcance de los aforismos de Lacan “sobrepasa la intención de su autor al acuñarlos”. Provocar la conversación con personas procedentes de otras disciplinas es una forma de sobrepasarlos.

“Amar es dar lo que no se tiene” plantea el amor, tal y como dice Vicente Palomera, como un don. El don al otro significa que tú me faltas. Quisiera centrarme aquí, en la falta, en tanto que condición necesaria del deseo. Preguntémonos, entonces, por ese don y esa falta en el campo de la educación, ¿qué le falta del otro a un educador para “dar lo que no se tiene”? Una de las hipótesis que podríamos discutir es que lo que le falta del otro es el deseo de saber, el deseo de aprender.

El don de la transmisión, que podemos concebir como un acto de amor (el deseo de transmitir un saber al otro), se fundamenta en una doble falta: por un lado, la que causa el deseo de saber del propio educador y, por el otro, la que causa el deseo de saber del otro, del sujeto de la educación. De hecho, lo que nos ha enseñado el psicoanálisis es que el deseo de saber, originariamente, es deseo de saber sobre el deseo del otro, y creo que ese deseo podríamos apuntarlo en esa doble dirección. ¿Cómo explicar, por ejemplo, el malestar de hoy en día en el ámbito de la educación? Por supuesto, hay muchas causas. Sólo hay que ver las manifestaciones multitudinarias de las huelgas de los últimos meses, demasiado subestimadas por los responsables políticos.  Una de esas causas tiene que ver con la imposibilidad de articular la transmisión con el deseo de saber del sujeto de la educación.

Si partimos del aforismo de Lacan “amar es dar lo que no se tiene”, una de las hipótesis que podríamos discutir es que los educadores no consiguen conectar con la falta del sujeto de la educación, con su deseo de saber. ¿Dónde está el deseo de saber del sujeto de la educación?, se preguntan. Una respuesta rápida dirá que ese deseo de saber debe provocarlo el educador. De acuerdo, pero la falta de deseo de saber del otro es algo con lo que se encuentran a diario muchos educadores y educadoras.

Por supuesto, las resistencias del sujeto de la educación están siempre ahí, hay que darlas por sentadas, forman parte de los límites de la educación, y no es un problema de educación emocional, tal y como plantea el discurso educativo dominante. Nadie puede aprender en el lugar del otro. Sea como fuere, lo que se observa, ya desde una edad muy temprana, es que los niños llegan a la escuela llenos, saturados de objetos y entretenimientos, y esto nos lleva a cuestionar hasta qué punto se puede experimentar la falta. Toda esa saturación de objetos y entretenimientos tiene efectos narcóticos, coloca al sujeto de la educación en una posición pasiva. El consumo obtura el deseo, el consumidor es consumido en su consumo sin límite.

Es muy difícil movilizar al otro, provocar un vacío, despertar el deseo de saber cuando alguien se siente lleno, cuando alguien se nos presenta tan saciado. El educador, entonces, ante la percepción de la falta de deseo del otro, se inhibe, se muestra impotente, siente frustración, pierde un estímulo básico (la posibilidad de conectar con el deseo del otro) y acaba por cuestionar el sentido de su trabajo. Si el educador no tiene a quién transmitir, si aquel al que dirige el acto educativo no manifiesta su propio deseo de saber, la oferta educativa es muy difícil de sostener. Por eso el riesgo de dimitir está siempre muy presente. Por eso faltan profesores en algunas disciplinas, o renuncian a seguir trabajando en el campo de la educación porque no pueden llevar a cabo su tarea. En Francia e Inglaterra, la deserción de muchos maestros y profesores es un auténtico problema nacional. Aquí empieza a ser también muy preocupante.

En la intención de enseñar, siempre se espera que el otro se presente como un sujeto que desea, de querer marcar, dominar, capturar o dirigir el deseo del otro, aunque sea de forma inconsciente. A su vez, hay la voluntad, más o menos explícita, de hacerse reconocer en los deseos propios, pedir al otro que se identifique con los proyectos que a uno lo movilizan. Si “amar es dar lo que no se tiene”, ¿qué es el que no se tiene en educación? De entrada, el deseo del otro, y es con ello con lo que hay que batallar cada día.

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Autor / Autora
Jordi Solé Blanch, profesor y director del grado en Educación Social de la UOC y miembro del grupo LES.
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