La mentoría social ayuda a mejorar las competencias personales y profesionales de las personas voluntarias

26/04/2023
Mentoría Social y voluntariado. Foto de Rémi Walle en Unsplash.

En el marco de la 3ª Feria Virtual de Empleo de la UOC tuvo lugar la mesa redonda Mejora tu carrera profesional mediante las competencias soft del voluntariado. Profesionales de diferentes entidades de mentoría social que colaboran con la UOC y estudiantes voluntarios, moderados por Aina Villalonga, responsable técnica y gestora del Programa de Voluntariado social del Área de Globalización y Cooperación, hablaron sobre qué tipo de habilidades y competencias desarrollan durante esta experiencia o los principales desafíos a los que se enfrentan, entre otros temas.

Descubriendo la mentoría

Marina Claverías, directora de Quilòmetre zero,  profesora asociada de la URV y vicepresidenta de la Coordinadora de Mentoría Social, explicó que, desde esta entidad, gestionan “diferentes programas de mentoría de acompañamiento a niños y niñas, adolescentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad, con personas voluntarias que ejercen de referentes positivos, por un periodo concreto. Nosotros nos ocupamos de la selección, formación, seguimiento y evaluación final. En Ambtu, con la que colaboramos con la UOC, trabajamos con jóvenes que son o fueron tutelados, la mayoría migrantes no acompañados, a los que los mentores ayudan en su emancipación”. Según Claverías, tienen comprobado que este voluntariado “genera aprendizajes transversales con un alto impacto en la vida personal y profesional, en diferentes grados, porque esta relación atraviesa diferentes etapas. Todo lo que entra en juego en la relación de mentoría, impacta y permite trabajar competencias transversales”.

Jaume Sampol, graduado en Psicología y estudiante del Máster Universitario en Psicología Infantil y Juvenil de la UOC, coincide con ella, ya que, como mentor de AmbTu, “he entrado en contacto con un mundo nuevo para mí. Me ha aportado una sensación de gratitud con el chico que llevo en mentoría y se han cumplido con creces las expectativas que tenía”. Para Sampol, “la mentoría no es una carrera de corta distancia, es un proyecto vital, como lo son mis estudios. El vínculo que he generado es de por vida, lo llevo conmigo”.

Isabel Gutiérrez, coordinadora técnica del Programa Català de Refugi (PCR) y con larga experiencia profesional en programas de fomento intercultural y mentoría, compartió que el “PCR nació en el 2017, en el momento de la llegada de la gente de Siria y de la voluntad ciudadana de acoger a esas personas solicitantes de asilo. El objetivo era complementar programas de atención más directa de acogida desde el voluntariado, recogiendo relaciones de confianza horizontal entre la persona o familia de personas refugiadas con un grupo de personas mentoras que las acompañan por ocho meses o hasta un máximo de doce. Se fomenta la autonomía de las personas recién llegadas y se vela por el bienestar emocional desde espacios compartidos de escucha, de apoyo, de acompañamiento… Y se hace a través del aprendizaje del idioma, trabajando la vinculación en la red del entorno, apoyándolas en el proceso de inclusión social-laboral…”. Gutiérrez coincide en que “este es un espacio de intercambio y aprendizaje compartido. Por eso, creemos que también acompañamos para transformar a la ciudadanía y la sociedad, para ser más conscientes de la realidad y fomentar la interculturalidad”.

Alba Verdaguer, estudiante del Grado de Diseño y Creación Digital y trabajadora en una agencia de notaría de certificaciones, es voluntaria de este programa desde el 2021. Me decidí por esta mentoría porque si yo me encontrara en un país con una cultura diferente me gustaría tener ayuda, un referente del país que me ayudara a entender cómo funciona todo, tener alguien con quien hablar… Estoy recorriendo este proceso, voy aprendiendo de ellos y ellos de mí, pero lo volvería a repetir. Lo que aprendes, las habilidades que adquieres, son diferentes con cada persona que acompañas. Te ofrece un aprendizaje constante”. 

Patricia Riego, directora del Programa Ayo Impulso,  y responsable de selección y desarrollo de talentos de la empresa NK5,comentó que su programa de mentoría era algo diferente: “Es intergeneracional, dirigido a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad que cursan ESO/Bachillerato/FP. Se establece una relación basada en la confianza y el respeto, entre el estudiante y el voluntario de más de 50 años. A través de esta relación, el mentor comparte la mochila cargada de experiencias y sabiduría, acompaña y apoya al joven por un curso escolar. Lo hace de forma presencial en centros educativos o residenciales, una vez por semana. Esto nos permite ofrecer un modelo adulto de referencia, de buenos tratos, que les ayuda a trabajar la autoestima, la autoconfianza, a poner orden en su vida…”. Para su entidad, “es un método complementario educativo al trabajo de los centros y por eso es muy importante el trabajo de coordinación con tutores, equipo pedagógico…

Laura Terradas, coordinadora de mentoría de Punt de Referencia —entidad con 25 años de experiencia en esta metodología— explicó que “acompañan a jóvenes tutelados, extutelados o sin referentes en el territorio en su transición a la vida adulta, a través de la mentoría. Tenemos en marcha los programas Referents y el Atenea, para jóvenes de entre 16 y 23 años. El primero favorece una relación de uno a uno, entre mentorado y joven, durante 10 meses y en espacios comunitarios, con acompañamiento técnico y formación por parte de la entidad. Tiene gran impacto en ambas partes: en los jóvenes, se desarrollan, por ejemplo, la autoestima o la esperanza de futuro; en el voluntariado, se produce un aprendizaje en habilidades personales, interpersonales y comunicativas. Atenea se focaliza en temas formativos de estos jóvenes que hacen estudios postobligatorios, a través de un encuentro semanal, pero también otras actividades que refuerzan las competencias transversales a partir de actividades grupales y competencias técnicas a partir de sus estudios.”

Formación previa y seguimiento

Todas las entidades pusieron de relieve la formación de los mentores y el acompañamiento por parte de los técnicos. Terradas aseguró que para ellos es vital: “Algunas veces, hablamos de la mentoría como un triángulo para potenciar esta pata que acompaña la relación tanto en la preparación previa —a partir de una formación inicial para clarificar expectativas y aprender desde la parte vivencial todas las competencias para hacer un acompañamiento realmente emancipador, donde haya aprendizaje mutuo y la persona mentorada guíe su propio proceso— como también aprenderlo desde la experiencia con el seguimiento —una vez a la semana, individual y virtual y una vez al mes, presencial y grupal–”.

“Nuestros mentores traen amplios conocimientos, pero les damos formación en aspectos concretos de mentoría social y cómo la aplicamos en nuestro proyecto. Trabajamos con ellos sobre temas y herramientas importantes para trabajar con adolescentes como posibles conductas de riesgo, autoestima, escucha activa… a lo largo del año. 

Aina Vandellós explicó que, desde la UOC, con el equipo de Biblioteca, y junto al PCR, “se ha trabajado una  biblioguía, un recurso en abierto que es interesante para cualquier persona que quiera formarse como mentor o mentora. La UOC también tiene un programa de acompañamiento para personas refugiadas que están formándose en nuestra universidad y nos ha sido útil”. Gutiérrez, quien afirmó que en la formación utilizan esta herramienta, comentó que “la mentoría social no dejan de ser relaciones que estamos creando de una manera artificial y tenemos que velar para que sean positivas y empoderen a las personas que participan”, de ahí el sentido de la formación y evaluación. “Ofrecemos una formación inicial de 12 horas, desde la pandemia adaptada al contexto virtual: se trabajan temas como qué es la mentoría, cuál es el rol de las personas mentoras a partir de casos para facilitar herramientas y recursos, cuál es el contexto internacional de acogida… Ofrecemos también seguimiento técnico semanal con los mentores y encuentros mensuales en los que, trimestralmente, participa la persona mentorada. A lo largo de la relación, se dan cuatro espacios complementarios de encuentros entre mentores que llevan periodos de mentoría parecidos para trabajar las competencias y elementos que se dan en función de los diferentes momentos de relación”.

Competencias adquiridas

Vandellós aprovechó para preguntar a Jaume Sampol y Alba Verdaguer, los mentores participantes en la sesión, cómo se habían enfrentado a momentos delicados como el del inicio de esta relación y qué competencias habían desarrollado en esta experiencia, así como podían trasladarlas al nivel personal y profesional.

“A nivel genérico, he trabajado competencias como la empatía o la escucha activa” dijo Jaume, y Alba coincidió con él. “Cuando inicias, lo haces con algo de miedo, porque hasta cierto punto es una relación artificial, porque es provocada. Pero al minuto uno ya es natural y da sus frutos”, aseguró este graduado en Psicología y añadió que “me ha permitido salir de mi zona de confort, ver que hay otra realidad… La mentoría es una herramienta y eso significa que somos útiles para alguien y pala la sociedad en el momento que vivimos. No podemos olvidar que ayudamos en el proceso emancipador de un joven, que somos un referente para que pueda avanzar por sí mismo. En esta relación surgen dudas o problemas con el idioma o cuestiones culturales, pero existen cápsulas formativas o siempre he contado con el apoyo de Marina. Lo importante es conocer a mi tándem, cómo funciona, cómo reacciona.”

Alba explica que para ella es “muy importante aprender a preguntar. Al principio vas con unas expectativas creadas sobre lo que estas personas necesitan o quieren y tú quieres ayudar en lo que crees que les puede ir bien. Hay que dar un paso atrás y preguntarles a ellas. Siempre cuentas con la técnica de referencia para consultar si los pasos que vas dando son los que tocan”. Esta estudiante de diseño aseguró que, gracias a la experiencia que está viviendo acompañando a una familia de Siria, “he trabajado la escucha activa y he vivido más cerca con alguien diferente. En el momento de diseñar, puedo alejarme de tópicos si trabajo para otras personas”.

“Jaume y Alba, desde la concreción y el ejemplo, han explicado muy bien lo que significa este aprendizaje por competencias”, señaló Terradas, que habló sobre “el primer estudio que hemos podido hacer sobre este tema en el programa Referents. Hemos visto competencias claves y que se aprenden, como son la mejora de la competencia intercultural o la mejora del compromiso cívico con la sensibilización a nivel comunitario, por ejemplo. A nivel personal, se da la mejora de la comunicación, basada en el acompañamiento con objetivos que marca la persona mentorada desde la empatía y sabiendo escoger el momento para comunicarlo. Otra competencia a nivel personal que se adquiere es la mejora de la tolerancia a la frustración con relativización de los problemas propios.

Evaluación y certificación de las competencias

Claverías explicó que, desde el inicio, el equipo de profesionales que coordinan las acciones de sus proyectos tienen muy en cuenta este aprendizaje, haciendo seguimiento y evaluando qué tipo de competencias pueden estar trabajándose durante esta relación. “Justo ahora”, añadió, “estamos trabajando con la DGAC cómo se puede evaluar a las personas voluntarias. Esta acreditación de competencias nos ayudará a las entidades a poder tener una metodología de evaluación de esas competencias que hasta ahora nosotros por ejemplo no hemos trabajado de manera formal específicamente. Esta es una buena oportunidad para hacer la acreditación competencial. Desde la Coordinadora de Mentoría Social, con otras entidades veteranas, nos hemos sumado al Sello de la Mentoría de Calidad. Lo impulsamos con las voluntad de poder auditar nuestros proyectos y certificar que cumplen con los 10 estándares de que calidad que miden que van desde si se hace formación inicial en el programa y tiene utilidad, a si se hace seguimiento y de qué manera, por ejemplo” En Quilòmetre zero han obtenido el sello en uno de sus proyectos y trabajan para obtenerlo en el otro. Aina Vandellós apuntó que “ojalá se pueda establecer en el ámbito estatal o europeo incluso, para llegar a una homogeneización para que todas las entidades sigáis un mismo sistema”.

Como Coordinadora de Mentoría Social, Gutiérrez quiso apuntar que se habían sumado a este proceso con la Generalitat, trabajando de forma conjunta. Asimismo, completó que “el sello de calidad es a nivel estatal. La Coordinadora lo ha establecido con la voluntad de acreditar la calidad metodológica, pero también para que sirva como guía, marco de referencia, para las entidades que quieran desarrollar proyectos de mentoría, recogiendo la experiencia de entidades veteranas aquí como Punt de Referencia pero también internacionales”.

En la Fundació Ayo cuentan con un equipo de medición de impacto que realizó un estudio sobre el proyecto Impulso para ver si tenía sentido —antes de ponerlo en marcha—, evaluarlo y ver cómo se podía mejorar. Como explicó Riego en la sesión, “son nuestros mentores los que nos enseñan las competencias. Tenemos dos grandes beneficiarios: por un lado, los chicos y chicas en situación familiar compleja y económica frágil, que necesitan ser vistos y escuchados, pero no lo consiguen en su entorno. Y, por otro, los mentores que encuentran un espacio donde pueden seguirse desarrollando y participando en la sociedad. Es importante llegar a un equilibrio emocional que da el poner en práctica un compromiso social que no puedes hacerlo hasta que llega un momento vital determinado. Así que son importantes habilidades de comunicación, organización, planificación, tolerancia a la frustración… “

Como universidad, nos gustaría tener un diploma complementario en que se relacionasen esas competencias como complementarias del currículum de los estudiantes. Ese debate se da ya, a nivel estatal y europeo. Está claro que estas competencias y habilidades que adquieren los voluntarios se aplican directamente en su carrera profesional”, añadió Aina Villalonga.

Principales desafíos

“Los desafíos están presentes en la relación de mentoría”, explicó Gutiérrez, quien cedió la palabra a Alba Verdaguer, mentora en su programa PCR, para que compartiera los suyos. La estudiante reafirmó el idioma y “otro más personal, quizás, que es encontrar tiempo para la quedada semanal. Hay veces que te va mal a nivel personal o laboral, pero lo haces porque tienes un compromiso. Y entonces, al hacerlo, te das cuenta de que vale la pena”. Jaume Sampol estuvo de acuerdo con su compañera: “Hay un compromiso, pero no siempre estás al 100%: a veces cuesta encontrar el equilibrio. A nivel personal, para mí es un desafío estar a la altura del proyecto de acompañamiento. No somos educadores, ni psicólogos, ni padres… somos mentores. Hay que recordarlo: somos un enlace para proyectar esa persona hacia delante, conectándola con una sociedad, porque se lo merecen. No es justo para estos jóvenes pasar de una manera anónima como a veces pasan”.

Un mensaje alentador

A modo de cierre de la sesión, Villalonga pidió una frase de ánimo para aquella persona que esté pensando si hacer un voluntariado. Riego dijo que “ser mentor es una gran responsabilidad y un acto de generosidad. Pero también un privilegio y una satisfacción estar ahí empujando o transformando la vida de algún joven”. Quiso recordar que “todos y todas estamos aquí porque hubo alguien, un otro, que estuvo a nuestro lado, que creyó incondicionalmente en nosotros. ¡Qué maravilla ser en este momento ese otro para alguien!”. Terradas animó a los estudiantes diciéndoles que “si tienes ganas de conectar, contribuir a generar estos vínculos comunitarios de reconocimiento y que generan mejor salud emocional, anímate. La mentoría es, sin duda, una manera de aprender haciendo”.

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Autor / Autora
Redactora colaboradora
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