Los supermercados fantasma: “toma el pedido y corre”

7 abril, 2022
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El protagonista de nuestra historia ultima el detalle de su compra al supermercado y pulsa el botón de “enviar” en su flamante y último modelo de smartphone. Se recibe el pedido en la aplicación del supermercado fantasma y el tiempo empieza a correr. Solo disponemos de dos minutos para preparar el pedido. Prisas, carreras, ubicaciones indicadas de forma precisa en el terminal de la persona que recoge los artículos, tic, tac, entrega del pedido al rider, tic, tac, salida del repartidor del súper y solamente quedan ocho minutos para la entrega en domicilio. ¿Llegará a tiempo el repartidor? ¿Surgirán problemas en la entrega?

Aunque parezca el guion de una película de suspense, es una realidad que cada día viviremos más en nuestras ciudades y con la que tendremos que aprender a convivir muchos de nosotros. Es el día a día, o, mejor dicho, el minuto a minuto de los nuevos supermercados fantasma, una nueva realidad escondida en las ciudades, pero que, como si de una gota de aceite se tratara, se propaga de forma silenciosa, pero a buen ritmo, en las sociedades más industrializadas.

Nos encontramos con una nueva manera de realizar el pedido de alimentación, bebidas, limpieza, etc., de forma fácil y rápida desde nuestro smartphone. No es la habitual compra online que podemos solicitar a nuestro supermercado de confianza o bien a aquel que nos hace una promoción mejor o tiene el producto que necesitamos. Se trata de poder disponer de la compra ahora mismo, en un tiempo mucho más corto que el resto de supermercados, a los que llamaremos tradicionales, no pueden servir.

En 10 minutos, después de realizar el pedido y enviarlo a la tienda, obtendremos el producto solicitado en nuestra vivienda, ni más ni menos. Es el tiempo máximo que los nuevos supermercados fantasmas ofrecen como gancho para captar clientes, un tiempo que nos permite preparar un plato mientras nos llega el ingrediente que nos falta, o pensar la comida a las 12h del mediodía para tenerla totalmente lista a las 13h; en un abrir y cerrar de ojos dispondremos de los ingredientes necesarios traídos directamente del supermercado a la puerta de nuestra casa.

Por si no tuviéramos bastante con la invasión de cocinas fantasmas que hemos tenido en el último año, ahora se nos presentan los supermercados fantasma, aunque Halloween haya pasado hace poco, este tipo de establecimientos lleva tiempo encontrado un sitio en nuestras ciudades y “colándose” por la puerta de atrás. Si algo comparte con las Dark Kitchens, ya analizadas en otro artículo de este blog, es que los dos negocios comparten una característica: no se ven, no tienen una presencia entre nosotros que los defina, aunque a los vecinos próximos a los inmuebles donde se sitúan su presencia sí que se nota y se siente: más riders, más movimientos de personas y, sobre todo, más problemas de convivencia entre estas empresas nacidas del mundo digital y las personas.

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Si nos paramos un momento a analizar el negocio (con permiso de los 10 minutos que tenemos para entregar el pedido, vamos a realizarlo a cámara lenta para ver los movimientos con más precisión) veremos que no es realmente una novedad, aunque sí trae algunas innovaciones respecto a los servicios a los que estamos más acostumbrados.

¿Cómo funcionan los supermercados fantasma?

Lo primero es realizar el pedido desde el móvil o un ordenador, algo que estamos más que acostumbrados a realizar (prácticamente todos los supermercados ofrecen la opción de compra online y entrega a domicilio), hasta aquí nada nuevo en el servicio. 

El siguiente paso es cuando se entrega el pedido, aquí es donde radica la gran diferencia que abordaremos en dos grandes escenarios (sí, el reloj corre y los 10 minutos pasarán sin darnos cuenta, pero estamos a cámara lenta y podemos abordar el servicio desde varios ángulos), la gestión del propio pedido y la entrega a domicilio:

  • En un supermercado tradicional se iniciará la gestión del pedido cuando tengan que entregarlo, normalmente en la aplicación nos darán una ventana libre para la entrega, por lo que el usuario final indicará cuando le va bien o cuando hay un hueco libre en el supermercado. Hasta tenemos un tiempo máximo para poder realizar cambios de última hora, añadiendo o quitando artículos.
  • En el supermercado fantasma el pedido se realiza en los 120 segundos después de recibirlo en la aplicación informática del local. Primera y gran diferencia.
  • La entrega del pedido del local tradicional saldrá con el resto de entregas programadas del día, por lo que el recurso estará más amortizado y tendrá una ruta preestablecida, ahorrando costes de transporte a la empresa.
  • En el supermercado fantasma la entrega se efectúa en los 8 minutos siguientes a tener el pedido preparado, el rider sale exclusivamente para nuestro pedido. Segunda gran diferencia: los recursos logísticos se destinan a un solo usuario, con el consiguiente aumento de personal y viajes.

Vistas las dos grandes diferencias básicas, pasemos a ver como se construye un supermercado fantasma y qué diferencias presenta frente a los tradicionales:

El sector online nos ha permitido acortar todos estos períodos de tiempo, como ya se analizó en el artículo “Lo veo, lo compro, lo tengo” de este mismo blog, por lo que en todos los sectores se va afianzando la tendencia a distribuir el producto adquirido por el comprador en el menor tiempo posible, buscando la máxima “felicidad” en el mínimo tiempo, como si disfrutar de comprar y adquirir un producto fuese algo obsoleto o perdido en la memoria del tiempo.

  • Un supermercado fantasma es un local de pequeñas dimensiones situado en un punto estratégico de una gran ciudad (por ahora, ya irán creciendo hacia ciudades más pequeñas con el tiempo) y donde los lineales están distribuidos por números y letras, de forma que cuando el pedido llega a la tienda, el sistema ordena de forma lógica el pedido y evita que se realicen viajes entre los lineales que no sean productivos. En otras palabras, el sistema informático realiza un sistema de rutas basado en la posición de los artículos según su situación de forma que en los dos minutos que dispone la persona que recoge el pedido realice el mínimo de movimientos para cerrar el pedido y evite pasar dos veces por el mismo sitio, se busca la máxima eficiencia y mínimo tiempo en el recorrido para realizar el pedido (recordemos, aunque a costa de ser pesados, que solo se disponen de dos 2 minutos).
  • En un supermercado tradicional nos encontramos con una disposición “lógica” de los productos, de forma que tendremos ordenados los artículos por temas y es el propio usuario el que realiza los movimientos en el local.
  • En una ciudad encontramos varios tipos de locales tradicionales, desde los más pequeños de barrio a los más grandes que se ubican más en las afueras de las ciudades o en centros comerciales, de forma que es el usuario quien decide donde realiza la compra en función de sus necesidades.
  • Un supermercado fantasma es un local relativamente pequeño, donde los lineales tienen el espacio justo para pasar con el carro y donde el espacio es un coste adicional. No están abiertos al público ni pensados para dar un servicio abierto al consumidor final. Para poder llegar a cuantos más usuarios mejor de las ciudades encontramos un gran número de locales dispersados por los barrios, de forma que en los 8 minutos que tiene el rider pueda llegar a todos los destinos referenciados al local en cuestión, por lo tanto, cuanto más grandes es la ciudad, más locales se necesitarán. Al ser locales “fantasmas” no hay una comunicación externa de que sea un supermercado, tan solo es necesario un local bien situado y con un mínimo de metros cuadrados para ser candidato a supermercado fantasma.

Por último, nos queda analizar el motivo de estos nuevos jugadores en el mercado de la distribución a domicilio. Estamos en una sociedad donde la máxima es: “lo veo, lo compro, lo tengo”, de forma que no haya prácticamente tiempo entre el deseo de tener un producto y poder disfrutarlo. No existe un tiempo de espera en la compra, no hay un compás de espera entre analizar el producto y disfrutarlo, el concepto de espera ha pasado a la historia y parece como si la necesidad de obtener cualquier producto sea algo inmediato.

¿Qué impacto tienen estos servicios?

En estos nuevos servicios se dejan de lado muchos impactos negativos que no deberíamos pasar por alto. El primero es el estrés que provoca solo tener dos minutos para preparar el pedido y ocho para entregarlo. Estas empresas (algunas nacidas en países como Turquía, otras son nacionales), no tienen en cuenta el problema que puede llegar a causar a sus trabajadores este impacto de ofrecer el servicio en un tiempo determinado, todo lo contrario, en la mayoría de su comunicación hacia el potencial cliente el principal reclamo es, precisamente, este periodo de tiempo de entrega, tendiendo a ser prácticamente nulo entre la compra y la entrega. Mucha de la comunicación ofrece también un bono regalo o descuento incentivando la compra en sus tiendas fantasmas.

Otro impacto que parece que no se tiene en cuenta es el coste de cada entrega, tanto físico como medioambiental. Para cada pedido hay que realizar una entrega, aunque se realice en bicicleta o moto eléctrica, el coste implícito en producto, tiempo y energía es muy alto comparado con una distribución más amplia que realizan los supermercados tradicionales o en la compra semanal o mensual realizada por el propio individuo ya sea de forma personal o en familia.

El impacto en la comunidad, en el barrio, es otro problema al que se enfrentan este tipo de empresas, llegando el caso más radical de situar un local en una zona pacificada de tráfico, en una calle peatonal, con el consiguiente problema de riders entrando y saliendo a toda velocidad. El mismo problema de las cocinas fantasmas, pero en este caso aumentado, ya que necesitamos más locales en cada ciudad.

¿Es realmente necesario solicitar un pedido de compra y tenerlo en casa en 10 minutos? ¿Somos conscientes como consumidores del coste físico y medioambiental que esto significa? Hay que tomar aire y analizar las consecuencias de nuestros actos y ver los impactos que estos crean en nuestro entorno. Profundizar en decisiones como si es necesario disponer de un pedido en menos de 10 minutos es una decisión racional o bien podemos esperar a obtenerlo más adelante o, en caso de extrema necesidad, mejor sería salir a la calle y dar un paseo hasta el establecimiento, comprar el producto y volver a nuestra casa, seguro que se puede obtener más felicidad en este paseo que sentados en el sofá esperando el timbre para levantarse y recoger el pedido enviado 10 minutos antes. Con estas decisiones nos ayudaremos a nosotros mismos, al planeta y a conseguir un poco más los deseados Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.


Fuentes:

Gorillas: https://gorillas.io/es?utm_source=google&

Getir: https://getir.com/es/

Dija: https://es.dijanow.com/

Directo al paladar: https://www.directoalpaladar.com/actualidad-1/probamos-dija-getir-gorillas-nuevos-supermercados-fantasma-que-compiten-llevar-tu-compra-a-casa-solo-10-minutos/amp

El Economista.es: https://www.eleconomista.es/nacional/amp/11208779/Asi-es-Dija-el-supermercado-del-futuro-que-opera-en-Madrid-la-compra-en-10-minutos-o-te-regalan-3-meses

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