Barcelona: ¿El modelo de turismo condiciona el modelo de ciudad o el modelo de ciudad debe condicionar el modelo de turismo?

20 junio, 2022
Turisme a Barcelona

Durante los primeros meses de confinamiento por la Covid publiqué en este mismo blog una serie de artículos sobre los efectos de la Covid en el turismo (1). Allí, básicamente ordenaba y resumía las reflexiones que sobre la cuestión iba realizando a petición de varios medios de comunicación en momentos de una incertidumbre extrema en los que se buscaban respuestas ante una situación traumática sin precedentes en la historia moderna. En aquel contexto hizo fortuna el concepto anglosajón de reset para referirse al proceso hipotéticamente previsto de reinicio de las actividades tras la parálisis provocada por la pandemia. Se consideraba que la situación era tan traumática que a nivel político, social y económico transformaría «la visión del mundo y el orden de prioridades de las personas y, por tanto, de sus hábitos y comportamiento – de manera significativa en los procesos de toma de decisiones sobre los viajes-, y las instituciones que las representen»(2). Ahora, cuando las restricciones respecto a la pandemia se han reducido a la mínima expresión y la actividad turística se reprende con una fuerza que este verano puede acercar las cifras de turistas a las de la fase pre-Covid en los destinos más relevantes, surge la pregunta: ¿realmente se está produciendo un reset, una transformación del turismo? Aquellos medios de comunicación que pedían reflexiones y respuestas durante los inicios traumáticos de la pandemia, ahora, ante cifras y comportamientos de turistas que parecen reproducir los de pre-Covid, se preguntan qué ha cambiado realmente en el sector.

Ante esta cuestión, la primera reflexión tendría que orientarse a la definición de sector turístico. ¿Qué o quién es sector turístico? Normalmente, cuando se habla de sector turístico, se entiende que nos referimos a las empresas y organizaciones específicas del ámbito. Y, efectivamente, sector turístico es la administración pública que regula, ordena y promociona su actividad en un destino. Y lo es la iniciativa privada que opera las actividades turísticas en estos territorios. Pero, por su naturaleza, la configuración del sector depende de otros muchos actores que en los últimos años reivindican su rol en la cadena de valor sectorial, como pueden ser los colectivos de trabajadoras y trabajadores, las personas que viajan o la población local. Actores entre los que se establecen a veces relaciones contradictorias que muestran la complejidad del fenómeno, como las que se identifican entre los residentes de Barcelona, que denuncian la masificación turística en un núcleo urbano que a la vez es uno de los principales mercados emisores de turismo de Europa.

¿Se ha producido el reset anunciado?

En el contexto actual, puede parecer que aquellas reflexiones que pronosticaban un “reinicio” de las actividades turísticas se han olvidado. Pero entiendo que en los diferentes ámbitos del sector que he mencionado se identifican tendencias que la pandemia ha reforzado, aunque no de forma que haga prever un giro transformativo a corto plazo. De entrada, hay que decir que las infraestructuras turísticas se mantienen prácticamente intactas. Ha habido cambios relevantes en empresas que no han superado la crisis y han cambiado de manos o se han transformado -algunas han desaparecido-, pero la infraestructura turística global, en el caso de Barcelona, es prácticamente la misma de la fase prepandemia. Paralelamente, se identifica una fuerte reactivación de la demanda espoleada por dos factores fundamentales. Por un lado, por las ganas de devolver a la normalidad viajera y recuperar el tiempo perdido de años de restricciones frustrantes. Por otro lado, por el ahorro que han acumulado buena parte de las familias de países occidentales a los que la crisis económica provocada por la parálisis pandémica les ha afectado relativamente poco, en contraste con otras capas de población claramente perjudicadas que apuntan a un aumento de las desigualdades. Globalmente, el volumen de ahorros contabilizados con destino al consumo en ocio y viajes es coyunturalmente elevado hoy, a pesar de las evidentes amenazas que suponen la inflación desbocada y las incertidumbres que provoca la trágica guerra de Ucrania.

¿Ha cambiado algo? Podemos decir que se han acelerado procesos, básicamente desde la perspectiva pública. Las administraciones han liderado y lideran acciones orientadas a la sostenibilidad, como muestran las multimillonarias inversiones en los proyectos Next Generation, los resultados y la rentabilidad de los cuales, se deberán evaluar en rigurosos procesos de rendimiento de cuentas. Se debe señalar también que en el sector privado y entre turistas existe hoy una mayor sensibilización respecto a criterios relacionados con la sostenibilidad, a pesar de que todavía, como hemos comentado, esta sensibilidad no tenga una capacidad transformativa. Puede parecer que el concepto sostenibilidad se esté banalizando de tanto utilizarlo, pero hay que considerar que este, a pesar de ser un camino lento y complejo, se ha ubicado en un lugar privilegiado de la agenda política, social y económica. Se están produciendo hechos que indican cambios en este sentido. El año 2021 se paralizó una inversión de 1.700 millones de euros de Aena en el Aeropuerto de Barcelona. Hace 10 años esta inversión hubiera sido recibida con un entusiasmo general, con pocas críticas. Hoy, desde diferentes ámbitos políticos y sociales se cuestiona esta inversión basándose en criterios de sostenibilidad ambiental, pero también económica y social para limitar los riesgos de la masificación. En esta misma línea, desde el Ayuntamiento se han anunciado, también, medidas para limitar el número de cruceros y regular el acceso de turistas en determinadas zonas de la ciudad. Debates y acciones que ya estaban presentes en la era prepandemia, se han intensificado en esta nueva fase.

¿Cambiar el modelo de turismo?

¿Cuáles serán los efectos de estas medidas? Probablemente limitados si el turismo recupera su fuerza. ¿Por qué?  Porque introducir cambios en un modelo de turismo no es fácil ni rápido. En muchos casos puede haber frenos legales que no son sencillos de resolver sin un consenso político básico (prácticamente inexistente en las instituciones estatales y catalanas), como demuestra la sentencia del Tribunal Supremo que ha anulado la Orden de la Dirección General de Turismo de la Generalitat que obligaba a retirar de Airbnb más de 14.000 anuncios de viviendas turísticas que se comercializaban sin la licencia correspondiente. Una responsabilidad que tendrá que asumir la administración con las dificultades que implica y los recursos que requiere para una gestión eficiente de la oferta. En el caso de Barcelona, podemos decir que la gestión pública de la ciudad mantiene una línea política que no ha alterado sus criterios prepandemia, que eran y siguen siendo de limitación del crecimiento que se han traducido en normativas restrictivas, por ejemplo, al aumento de la oferta de alojamiento.

Junto a esta visión restrictiva se identifica en la fase actual de eliminación de restricciones para viajar un fuerte aumento de la demanda que de cara al verano puede acercarse los niveles prepandemia. Confluyen aquí los intereses del voluminoso grupo de turistas (nos referimos a quienes la crisis económica ha afectado ligeramente y, por tanto, con ganas y recursos para viajar) y de empresas con voluntad de recuperar la actividad perdida durante la pandemia. Los primeros estudios que hemos realizado y que debemos ir complementando para ver la evolución, nos indican que no se identifican globalmente cambios trascendentales en la demanda, a pesar de que sí en determinados segmentos más concienciados en estas cuestiones (3). En cuanto a las empresas, se identifican también cambios significativos, como el relativo al entorno laboral, con una creciente dificultad para encontrar personal para trabajar en servicios básicos como los de habitaciones, de cocinas y salas de restauración.

Un nuevo enfoque con indicadores de análisis diferentes

Para introducir cambios transformativos, se requiere un nuevo enfoque como he señalado en ocasiones anteriores (4). Tradicionalmente, el indicador que ha medido el éxito de un destino ha sido el número de turistas, de forma que una temporada turística era buena si se mejoraba la cifra de visitantes del anterior, sin profundizar en exceso en el análisis otros factores. Sería necesario que una combinación de indicadores vinculados a los tres ejes de la sostenibilidad ayudara a evaluar los resultados de las políticas turísticas de manera más ponderada desde el punto de vista medioambiental, pero también económico y social. Ello quiere decir que el concepto de sostenibilidad supone un cambio trascendental que afecta a la concepción global del destino y no es una estrategia de marketing orientada a una nueva manera de presentar los productos a comercializar.

Esta visión plantea el reto de definir el papel del turismo en destinos como el de Barcelona. Idealmente, habría que aspirar a disponer de una economía diversificada, en la que el turismo juegue un rol de dinamizador de otros sectores -y a la inversa-, pero huyendo de los riesgos del monocultivo. No es un objetivo fácil de alcanzar. La capital catalana y su área de influencia disfruta de privilegiadas condiciones naturales (geoestratégicamente bien situada, con playas y buen clima, pero también cerca de la montaña…) patrimoniales (buena gastronomía, oferta cultural…), y centros de formación relevantes y muy posicionada en ámbitos como el tecnológico o de salud. Es el escenario también de una muy representativa actividad industrial, como la desarrollada en el entorno de la producción de automóviles o alrededor de incubadoras de startup. Un territorio que sea capaz de reunir estas, entre otras muchas, condiciones y que además dispone de un reconocido prestigio internacional que la hace muy atractiva como lugar de visita, pero también de residencia, será siempre un potente polo de atracción de visitantes, aunque sus políticas en este ámbito no sean expansivas. Y gestionar esta situación, no es un reto fácil de resolver.

Para afrontarlo, es necesaria una visión sostenible global que vaya más allá del turismo y analice de manera integral las necesidades de infraestructuras, de movilidad, de vivienda, industriales, agrícolas, de energías renovables, … Un planteamiento que para presentar soluciones, más que hacer referencia al modelo de turismo, debería plantearse el modelo de ciudad. En los últimos años prepandemia, sin embargo, el crecimiento de las actividades turísticas puede haber afectado, por inercia y de manera no planificada, el modelo de ciudad; cuando habría que pensar que la situación ideal tendría que ser justamente a la inversa: el modelo de ciudad debería condicionar el modelo de turismo. Una visión que requiere de la planificación estratégica y que necesita superar los límites geográficos de la capital catalana en un análisis integrado, como mínimo a escala metropolitana, si no ya catalana, para afrontar los problemas de manera eficiente. Una estrategia, por lo tanto, con visión de largo plazo y de consenso político en cuestiones básicas. ¿Es posible hoy?

Referencias

https://blogs.uoc.edu/economia-empresa/ca/author/joanmiquelgomis/

https://blogs.uoc.edu/economia-empresa/ca/efectes-del-covid-19-en-el-turisme-factors-a-considerar/

https://www.emerald.com/insight/content/doi/10.1108/JTF-03-2021-0079/full/html

https://oikonomics.uoc.edu/divulgacio/oikonomics/ca/numero17/dossier/pdiaz.html

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Autor / Autora
Profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Investigador del grupo de investigación en Turismo de la UOC, NOUTUR. Director de Oikonomics, Revista de Economía, Empresa i Sociedad de la UOC. Autor del libro “Turismo justo, globalización y TIC” (2009) y, con Luis de Borja, “El nuevo paradigma de la intermediación turística” (2009).
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