Elena Bartomeu: «Imaginemos más y mejor: será el primer paso para que el mundo cambie»

28 noviembre, 2023
Elena Bartomeu, professora dels Estudis de Ciències de la Informació i de la Comunicació, dissenyadora i escriptora. (Imatge cedida per Elena Bartomeu). Elena Bartomeu, professora dels Estudis de Ciències de la Informació i de la Comunicació, dissenyadora i escriptora. (Imatge cedida per Elena Bartomeu).

Después de ser profesora colaboradora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) durante un semestre, este 2023 Elena Bartomeu Magaña se ha incorporado a los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación como profesora responsable. Doctora en Bellas Artes, y considerada una de las principales voces de la literatura fantástica actual en catalán, es experta en diseñar con palabras. Es así como quiere aportar su talento a la investigación que se realiza en la UOC.

Elena, supongo que tu manera de definirte profesionalmente ha ido evolucionando. ¿A qué te dedicas hoy en día?

Es una pregunta compleja de responder. Últimamente he estado pensando bastante al respecto. Ahora mismo me definiría como design writer, escritora de diseño, o diseñadora discursiva, como dicen algunos. Quizás parezca glamuroso, pero no: lo que quiero decir es que diseño escribiendo. Escribiendo escenarios, escribiendo funciones…

Escribiendo relatos y novelas también.

Sí. Diseño a través de la palabra. En una vertiente más docente, diseño preparando prácticas y talleres en los que utilizo técnicas que vienen de la creatividad literaria o audiovisual para prototipar y producir diseños.

Estás muy centrada en imaginar futuros para enfocar mejor el presente, ¿no?

Pensar desde la palabra te permite especular sobre cómo podría ser el mundo, para repensarlo, criticarlo, tener un conocimiento diferente de como es ahora. Es lo que se trabaja en el marco del diseño especulativo y de futuros.

Quizás nuestros representantes políticos lo podrían hacer más a menudo.

Hay un proyecto de la UNESCO, Futures Literacy, que se centra en la capacidad anticipatoria natural que tenemos todos los seres humanos. Por ejemplo, cuando cogemos las llaves antes de salir de casa para poder abrir la puerta cuando volvamos…

La misma que nos genera angustia…

La capacidad anticipatoria, si la conocemos y aprendemos a usarla, nos puede facilitar la gestión emocional de la angustia. En el caso de Futures Literacy se está reuniendo todo el conocimiento sobre esta capacidad anticipatoria, que está presente en la economía, la psicología, el diseño… Y a través de técnicas de conocimiento compartido, de ingeniería social, se quiere hacer converger ese conocimiento para entrenar la capacidad anticipatoria y producir escenarios mejores. Ya se han testado los primeros prototipos y metodologías de trabajo, y ahora se está viendo cómo implementarlos en la educación y la sociedad.

¿Tienes algún ejemplo, para entender mejor de lo que estamos hablando?

Un caso de estudio que conocí en 2012 en un congreso de diseño participativo. El diseñador Gilles Rougon, director del departamento de innovación de la eléctrica francesa EDF, explicaba cómo desarrollan proyectos a 10, 20 y 25 años vista. También tenían proyectos superextremos: ¿cómo imaginamos que será la energía limpia del futuro, de aquí a 150 años? Para entonces estaban proyectando unas plantas, totalmente artificiales, que podían hacer la fotosíntesis con unas células fotosintéticas artificiales. Pues en 2024, en el Joint Center for Artificial Photosynthesis (JCAP) de California ya tienen instalaciones experimentales que podrían producir ese tipo de energía, pero el coste es todavía elevado. Además, en el escenario actual es mucho mejor invertir los recursos en cuidar los árboles y nuestro planeta.

Sí.

Un proyecto de diseño para imaginar la energía del futuro debería tener en cuenta elementos del contexto natural, del contexto tecnológico y también del contexto político para ver si una inversión en ciertas tecnologías tendría sentido o si una lucha activista para defender los pulmones naturales del planeta tendría más espacio.

Te imagino explicando eso a los alumnos. Suena a reto, ¿no?

Les encanta cuando les pasas un briefing con el que pueden imaginar libremente. Una carta en blanco, sin importar las limitaciones tecnológicas. Tienen que hacer una investigación para que no se estén inventando la sopa de ajo, eso sí, pero la viabilidad tecnológica, económica o social se elabora de manera discursiva. Porque no se trata más que de una hipótesis de si aquello funcionará de aquí a 25 años. Y no tener limitaciones ni restricciones se agradece mucho. Con todo, a parte de los estudiantes les cuesta lanzarse al no estar acostumbrados a tener esa licencia.

Utilizo técnicas que vienen de la creatividad literaria o audiovisual para prototipar y producir diseños.

También has aportado esa mirada al Sónar, ¿verdad?

Hace un par de años nos invitaron a participar en el simposio Synx, una exposición-juego de realidad virtual. El proyecto observaba la vida urbana como una coreografía irresuelta de datos. Y decidí que, en lugar de una propuesta de tipo académico que ofreciera datos y argumentos, haría una aportación de ficción, de narrativa literaria, e interpretaría un escenario de la smart city (ciudad inteligente)en el que la economía de la suscripción hubiera dominado nuestro día a día. Planteé qué pasaría si nos pudiéramos subscribir a todo. Me pareció que una consecuencia lógica sería que se reduciría nuestro poder de compromiso. Como podríamos suscribirnos y darnos de baja con facilidad, perderíamos capacidad de compromiso. Y a partir de ahí me imaginé que en nuestra sociedad empezarían a fracasar las cosas que requirieran un gran compromiso. Como la maternidad. Imagínate que nos criáramos en un entorno en el que puedes darte de baja de cualquier cosa. ¿Por qué no darte de baja de la maternidad?

¡Hay días en los que puede que tengamos ganas!

Hay días en que lo harías. Existen estudios sobre las adopciones internacionales en los que el compromiso respecto a la adopción baja, porque la adopción es un tipo de maternidad compleja y, legalmente, existen vacíos. Cuando haces una adopción, eres padre o madre a través de un compromiso adquirido con la Administración pública. Vi un par de documentales, Fills retornables y Els nens de la passarel·la, que analizaban problemáticas de menores que habían supuesto una dificultad de crianza tan grande que los tutores habían decidido rescindir ese papel legal. Si el compromiso de la sociedad bajara tanto, quizás algún día nuestros hijos e hijas necesitarían un asilo administrativo. Y ese asilo se lo podrían dar las bibliotecas, los centros donde guardamos el bien común del conocimiento. Los niños y niñas vivirían en las bibliotecas y los padres y madres los sacarían en préstamo de fin de semana. Un libre mercado del compromiso y de la suscripción.

Qué distopía.

Mientras me lo imagino voy cuidando a mis hijos [ríe].

Precisamente tuviste tus dos hijos mientras escribías la novela Fòrvid, que ha recibido críticas excelentes y que estás reescribiendo en español. Dices que la escribiste porque habías acabado agotada de tu tesis doctoral.

La tesis fue un estudio sobre las tendencias de los logotipos de marca para los medios de comunicación. Hice una tesis de base estadística; elaboré una matriz analítica que reunía todas las posibles variables de los signos de identidad visuales, de los logotipos. Cuando acabé, miraba un logotipo y veía estructuras. Miraba un cartel y veía estructuras. Ya no percibía la magia que hay detrás. Me costaba encontrar la parte creativa del diseño de marca. Necesitaba explorar otras maneras de sacar todo mi impulso creativo. Y busqué en la literatura. Empecé a escribir cuando estaba de baja por maternidad de mi primer hijo. La primera vez que dejé a mi hijo dos horas fue para ir a una clase de escritura en el Ateneu Barcelonès. Cuando me incorporé al trabajo continué escribiendo la novela. Al año siguiente me quedé embarazada de mi segundo hijo y también seguí escribiendo. Pero con dos hijos y un trabajo me costaba mucho hacerlo.

Está claro…

Escribir era mi momento. Cogía una historia y no existía nada más. Así es como la acabé. Y tuve mucha suerte, porque en aquel momento me habían seleccionado un relato, Comando butxaca, para publicarlo en una antología, Extraordinàries. Noves autores de l’insòlit, de la editorial Males Herbes. Así que los editores ya me conocían y, en cuanto leyeron la novela, dijeron que la querían publicar. Fue muy rápido.

Tanto Comando butxaca como Fòrvid hablan de cómo percibimos y no percibimos la realidad. ¿Nos lo puedes explicar un poco?

Aquello que percibimos nos permite estar conectados con el entorno. Me interesa específicamente cómo estamos conectados con el entorno: cómo nos comunicamos entre nosotros y con el mundo, con los elementos y con la cultura material de la que formamos parte. Y si me haces elegir entre entendimiento y malentendido, siempre me interesa más el malentendido, porque hay algo que se ha perdido. Datos que no dejan que la solución sea fácil.

Así como en Comando butxaca el protagonista es el sentido del tacto, en Fòrvid lo es el del oído, aquello que parecería que la protagonista oye…

En Fòrvid ofrezco al lector o lectora sensaciones y situaciones para que elabore su propia experiencia de lectura. Está escrito desde el punto de vista del diseño de la experiencia. Y en él propongo una teoría de la materialidad del sonido: especulo sobre cómo las olas tangibles, físicas, del sonido pueden dejar huella en el territorio. Siempre me habían fascinado los paisajes de la zona de La Litera, donde se sitúa la novela, que casi hace frontera con el desierto de Los Monegros. Y relacioné ese paisaje con la materialidad sonora.

Tu último relato, Codi lliure, que forma parte de la antología Tàndems fantàstics, está escrito a cuatro manos con Laura Tomàs y lleva a la distopía las relaciones de pareja.

Queríamos hablar de la singularidad de la inteligencia artificial, del momento en el que las máquinas tomarán conciencia de sí mismas. ¿Quiénes serán esas máquinas? La que tome conciencia quizás no será la mejor entrenada. La manera de imaginar la inteligencia artificial refleja nuestros miedos como sociedad. ¿Qué nos preocupa hoy de la inteligencia artificial? Que tenga sesgos, que nos robe el trabajo o la pareja. ¿Qué pasaría si, como parejas, fueran mejores que los humanos?

Alguna vez has dicho que la fantasía nos salvará la vida y que tu padre te explicaba muchas historias fantásticas. ¿Hasta qué punto lo que haces ahora está conectado con quién eras de pequeña?

Hasta hace poco me preocupaba no haber dejado de ser esa niña [ríe]. Siempre he estado muy conectada con mi niña interior.

El tema de la identidad está muy presente en tu trabajo, ¿verdad?

Durante 14 años he sido profesora de Diseño para la identidad. La docencia de esta asignatura me ha llevado a ampliar una visión que desde el diseño se relaciona con la identidad corporativa hacia algo que tiene más que ver con la sociedad y el entorno: desde la identidad del individuo, los grupos culturales, etnias, naciones, hasta la identidad en el territorio, la nación, la idea de frontera, el entorno cultural y conceptual.

Estos 14 años que comentabas has trabajado en Eina. Desde hace unos meses has decidido dejar Eina para asumir bastantes responsabilidades en la UOC.

Los años en Eina han sido de mucho aprendizaje. Entré después de defender la tesis doctoral y ha sido muy importante para mí. A pesar de haber sido antes profesora de ciclos formativos y de formación ocupacional, allí me he desarrollado como docente y he empezado a investigar; he montado un grupo de investigación, he publicado artículos y he ido acompañando a la comunidad para generar una cultura de la investigación en el diseño. Porque el diseño es una disciplina muy joven que hasta hace 15 años no estaba presente en los planes Bolonia, no tenía un título universitario. Poder hacer investigación en diseño ha ido muy vinculado al hecho de que el diseño llegara a las universidades como grado. Ahora había llegado el momento de dar un paso más y de moverme hacia la UOC, donde la cultura de la investigación y de la investigación multidisciplinaria está muy bien pensada y estructurada. Quería formar parte de los equipos de la UOC y poder dar salida al imaginario que vinculo entre diseño y ficción en el marco de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación.

¿En qué asignaturas te vamos a encontrar?

Llevo las asignaturas Proyecto IV, de Portfolio, los trabajos finales de grado de imagen corporativa; Ad hoc, que son proyectos más a medida, la asignatura Entorno de marca e identidad sensorial y también la de Tipografía y branding, dentro del máster universitario de Diseño, Identidad Visual y Construcción de Marca. Y estoy desplegando las de Diseño editorial digital y Tendencias en diseño.

En la UOC la cultura de la investigación y de la investigación multidisciplinaria está muy bien pensada y estructurada.

¿Y la investigación?

Todavía no formo parte de ningún grupo de investigación. Ahora estoy explorando cómo ser una design writer en la UOC, cómo convertirme en una diseñadora discursiva en público, no solo en el ámbito privado y en mis novelas y proyectos. Buscaré la manera de encajar en los grupos de investigación donde esté más cómoda y pueda prestar mejor servicio.

¿Qué está despertando más tu interés?

Una de las cosas que más me atraen es la velocidad. Desde que haces una propuesta hasta que encuentras la manera de realizarla pasa poco tiempo. Y también el hecho de que siempre encuentras a alguien con quien colaborar. Hay un equipo de personas muy motivadas.

¿Qué te gustaría que se llevasen de ti los estudiantes y compañeros?

Me gustaría que pensasen que todo lo que puedes imaginar se puede realizar. Igual no del todo, pero el primer paso para hacer las cosas es imaginarlas. Pongamos energía y herramientas a imaginar. Imaginemos bien, de forma estructurada, más y mejor: será el primer paso para que el mundo cambie.

¿Estaría bien imaginar más futuros utópicos que distópicos, para reescribir el presente?

Se puede proyectar hacia un futuro utópico, no distópico. De hecho, hay diferentes corrientes que reclaman proyectar imaginarios ficticios que nos lleven hacia la utopía. Desde la literatura y el cine, desde la filosofía y la antropología se investiga sobre la falta de proyecciones utópicas que tenemos hoy en día. Investigan sobre por qué tendemos a proyectar la distopía.

¿Quizás nos quite responsabilidad pensar que todo va mal y que es culpa de los otros?

Desde el sector de la literatura y el audiovisual nos podemos también plantear, como creativos, la responsabilidad que tenemos cuando proyectamos distopías de futuro. Para que un relato funcione debe haber un conflicto, y para que ese conflicto se resuelva hay que dedicar diferentes recursos. Nos tenemos que preguntar en qué temas estamos centrando los conflictos y qué recursos estamos usando para resolverlos. Y pensar que esos relatos llegan a nuestra sociedad marcando los imaginarios de las personas que los consumen. Hay líneas, como el solarpunk, que trabajan desde hace años en proyectar escenarios futuros en los que las renovables han producido cambios importantes en la crisis climática y así imaginan soluciones positivas.

Pues mejor que nos lo vayamos imaginando…

Pues mejor que nos lo vayamos imaginando.

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Autor / Autora
Periodista col·laboradora
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