Andrea Rosales, profesora e investigadora UOC: “La sociedad debería ser incluyente; si algo no funciona bien para todos, no funciona”

19 octubre, 2022
andrea-rosales-uoc Imagen cedida por Andrea Rosales.

Andrea Rosales es experta en investigación en experiencia de usuario, e investiga el impacto de las tecnologías digitales en la sociedad. Desde hace un año, combina la investigación en el grupo Communication Networks & Social Change (CNSC) con la docencia como profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y Comunicación en la UOC, una práctica que permite a los estudiantes aprender a usar tecnologías digitales, “pero no perder de vista el impacto social que pueden tener”.

Como profesional de la comunicación, has centrado tu carrera de investigación en las redes sociales y el análisis de datos, enfocándote especialmente en la discriminación basada en la edad. ¿Qué te llevó a esta especialización?

Joy Adowaa Buolamwini fue la primera investigadora que habló de los sesgos racistas de los sistemas de reconocimiento facial. Demostró que los sistemas comerciales de reconocimiento facial eran muy malos reconociendo personas como ella, mujeres negras. Este sesgo se debía, según ella, principalmente a que estos sistemas han sido diseñados, desarrollados y probados principalmente por hombres blancos. Su historia, que está muy bien explicada en el documental Sesgo Codificado, sirve de reflexión para poner atención en otros sesgos. Los programadores son también a menudo muy jóvenes y de un alto poder adquisitivo en comparación con la media de sus países.

 

El edadismo es una forma de discriminación social. ¿Qué puede hacer la sociedad para combatirlo?

Lo primero es ser conscientes de ello. El edadismo es como el elefante en la habitación: es bastante obvio, pero nadie lo ve. La sociedad debería ser incluyente y accesible para todos; si algo no funciona bien para todos, no funciona. 

Próximamente impartirás en la UOC el webinar «Edadismo a las plataformas digitales». ¿El mundo online es actualmente el entorno donde hay más discriminación por edad?

No sé si hay más o menos discriminación en el mundo online que en otros contextos; lo que sí está claro es que los estereotipos con respecto a la edad y las tecnologías digitales son masivamente aceptados y reproducidos en la sociedad. Se da por sentado que las personas mayores no están interesadas o no son hábiles con las tecnologías digitales y, partiendo de este estereotipo, se desarrollan tecnologías que no las tienen en cuenta o se diseñan pensando en las limitaciones asociadas a su edad, y no en sus intereses y habilidades.

El edadismo es como el elefante en la habitación: es bastante obvio, pero nadie lo ve.

Las personas que ahora se consideran mayores están, en muchos casos, alejadas de la tecnología por un motivo generacional. ¿Significa eso que el edadismo ya no existirá de aquí a 20 o 30 años?

Las tecnologías siguen evolucionando. Los que somos adultos ahora, en unos años seremos más mayores y, ante el continuo flujo de nuevas tecnologías, puede que en algún momento pensemos que los nuevos gadgets no son necesarios.

Quizás llegue el punto en que se popularice un chip para insertar en el cerebro y poder tener una conexión más cercana e inmediata con tus seres queridos (al estilo de la novela Quality Land). Y quizás en ese momento yo piense que no me interese, que con el smartphone tengo suficiente.

No hay duda de que uno de los entornos digitales en qué más problemas tienen las personas mayores es la banca online ¿la solución pasa por una mayor formación, o hay otras alternativas?

La formación debe ser siempre una opción disponible y accesible para todos los interesados en desarrollar habilidades digitales, pero siempre habrá personas que no van a adoptar ciertas tecnologías.

Imagen de mujer mayor utilizando un smartphone.
Imagen de Georg Arthur Pflueger (Unsplash)

La digitalización de cualquier servicio debe tener en cuenta a las personas que, por diferentes razones, están en el lado incorrecto de la divisoria digital. Siempre va a haber personas o circunstancias en que no tienes acceso a los dispositivos digitales, temporal o definitivamente, o personas que no cuentan con las habilidades. el interés para usarlos o quienes priman unos valores contrarios a esta tecnología.

La sociedad ha aceptado que no todas las personas tienen la necesidad de usar un reloj inteligente, pero nos cuesta más trabajo aceptar que quizás tampoco el teléfono inteligente es necesario para algunas personas. Se nos hace difícil aceptar que la decisión de una persona mayor de no usar internet es una decisión consciente y autónoma que se debe respetar. Como ciudadanos tenemos algunos deberes, pero usar internet no es uno de ellos. Aunque los bancos nos quieran forzar a controlar las finanzas cotidianas online.

Los más desfavorecidos con la digitalización son, a menudo, los más excluidos de la sociedad en otros aspectos.

El tecnooptimismo imperante solo ve las ventajas de la digitalización. Con los menús y las cuentas del restaurante en códigos QR, se pueden tener menos camareros; el  conductor del autobús no pierde tiempo vendiendo billetes si solo se permite pagar con tarjeta bancaria; se puede ahorrar el papel de las recetas médicas, billetes y entradas, y reducir el tiempo de atención al público. Pero a menudo no analiza quienes quedan excluidos de estos servicios, o la autonomía que pierden quienes no pueden acceder al servicio directamente, ni el impacto en el derecho a la igualdad de oportunidades y el derecho a no ser discriminado. No se ve que el tecnooptimismo refuerza la exclusión de los menos favorecidos.

Al pensar en los problemas de las personas mayores, es inevitable revivir los recientes años del COVID-19. ¿Crees que la pandemia aumentó el edadismo de nuestra sociedad?

Smartphone con información sobre la COVID-19.
Imagen de KOBU Agency – Unsplash.

Quiero creer que la pandemia nos hizo más conscientes, como sociedad, del impacto que la exclusión por razones tecnológicas genera en las personas. Vimos cómo la falta de acceso a las tecnologías o la carencia de habilidades digitales afectaba a la educación de niños y jóvenes, o en la socialización de las personas mayores, por ejemplo. Aunque muchas personas se digitalizaron, también vimos cómo muchas personas no lo hacían. Al mismo tiempo, muchos servicios y productos se digitalizaron con la pandemia y ahora somos más conscientes de que esto supuso  una barrera adicional para algunas personas.

Hemos sido testigos de la forzada digitalización de la sociedad. Por una parte, los ciudadanos usan más las tecnologías digitales; por otra parte, se han digitalizado nuevos productos y servicios que refuerzan cada vez una ciudadanía digital, un concepto clave en la sociedad digital, pero que resulta inalcanzable para algunos colectivos en determinadas circunstancias, especialmente para las personas con menos habilidades digitales, entre los que se encuentran muchas personas mayores.

Las decisiones basadas en el automatismo de datos no solo desfavorecen a la gente mayor, sino también a otros colectivos, ¿qué otros grupos sociales crees que son los más afectados?

Los algoritmos se basan en lo que hace la mayoría. Los colectivos más minoritarios en internet o en una tecnología en concreto no logran verse representados en las bases de datos que alimentan los algoritmos y terminan siendo ignorados. Lo malo no es que el algoritmo no pueda hacer una predicción adecuada de tus intereses, sino que además te asocia otros intereses, que pueden llegar a afectarte. Por ejemplo, una mujer en sus últimos años fértiles, que intentó por todas las formas tener hijos, se ve afectada emocionalmente por la publicidad dirigida de programas de fertilidad (Nudson, 2020) dirigida a ella en función de predicciones sobre su edad y etapa de la vida.

Más allá de tu investigación en el Communication Networks & Social Change (CNSC), el año pasado te incorporaste como docente a los Estudios de Ciencias de la Información y Comunicación de la UOC, ¿qué te aporta combinar investigación y formación?

Me parece importante poder incluir en la docencia todo el análisis crítico del impacto en la sociedad de las tecnologías digitales. Los estudiantes deben ser capaces de aplicar las tecnologías digitales (en mi contexto, en el marketing de contenidos y en el periodismo de datos), pero no perder de vista el impacto social que pueden tener estas tecnologías.

El próximo 26 de octubre, Andrea Rosales participa en el Ciclo de Retos sobre Envejecimiento de la UOC con una charla sobre edadismo digital. Puedes inscribirte aquí: http://ow.ly/zPPu50KZpNk

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Redactora de continguts
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