Gemma Chiva-Blanch: «Comer en compañía no debería ser solo un placer, sino también un hábito: es bueno para la salud»

17/05/2023
Gemma Chiva-Blanch, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC. Gemma Chiva-Blanch, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC.

La investigadora Gemma Chiva-Blanch, especialista en nutrición e investigadora de endocrinología y nutrición del grupo CB06/03/0017 en el Laboratorio CIBEROBN —dentro del grupo de Investigación traslacional en diabetes, lípidos y obesidad del IDIBAPS—, acaba de incorporarse como profesora e investigadora a los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). En esta entrevista nos habla de la importancia de la nutrición para la salud, de su investigación y del peligro de la desinformación sobre la nutrición, especialmente por parte de algunos influencers que predican sin base científica.

¿Cómo abordas esta nueva etapa en la UOC como investigadora de los Estudios de Ciencias de la Salud? 

La abordo con mucha ilusión. Creo que gracias a mi experiencia puedo abrir nuevas líneas de investigación, sobre todo en el ámbito de la salud cardiovascular. Siempre me ha gustado tener nuevos retos, y en los Estudios de Ciencias de la Salud hay un muy buen clima de cooperación para emprender nuevos proyectos apasionantes.

¿Cuáles son tus objetivos y cuál será tu ámbito de investigación en la UOC?

Mi ámbito de investigación siempre se ha fundamentado en dos pilares: la nutrición y el riesgo cardiovascular. Mi objetivo como investigadora en la UOC es seguir con estas líneas de investigación, es decir, con el estudio de nuevos biomarcadores de riesgo cardiovascular y de los efectos que la dieta puede ejercer sobre ellos, modulando así el riesgo de una persona de desarrollar una enfermedad cardiovascular, que es la principal causa de muerte en nuestro país.

¿Colaborarás con algún grupo de investigación concreto?

De momento ya he empezado a trabajar con algunos miembros del grupo de investigación FoodLab ¡y estoy abierta a colaborar con quien quiera!

Hablemos ahora de temas sobre los que has hecho investigación y publicado. ¿Cuál es el papel de los polifenoles en la protección de las enfermedades crónicas? ¿Qué tipo de enfermedades pueden prevenir? 

En general, los polifenoles ejercen un papel protector frente a todas las enfermedades crónicas que tienen una base inflamatoria y oxidativa de bajo grado y sostenida en el tiempo. Por su efecto antioxidante y antiinflamatorio, ayudan a prevenir enfermedades tan prevalentes como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades metabólicas o las neurodegenerativas. 

Podemos decir que los polifenoles equivalen al sistema inmunitario de las plantas, así que para tomar polifenoles tenemos que comer alimentos de origen vegetal, en especial frutas y verduras como la berenjena, los frutos del bosque, la uva, las cerezas o las ciruelas y, en general, todos los alimentos de origen vegetal de colores, especialmente los que van del naranja al morado.

Siempre me ha gustado tener nuevos retos, y en los Estudios de Ciencias de la Salud hay un muy buen clima de cooperación para emprender nuevos proyectos apasionantes.

Has estudiado también el papel de los tomates, más concretamente la salsa de tomate hecha con aceite de oliva, como factor protector de la aterosclerosis. ¿Cuáles son las conclusiones de este estudio?

La aterosclerosis es la acumulación de grasa (colesterol LDL, el llamado «malo») en la parte interna de los vasos sanguíneos (la placa de ateroma), lo que provoca una disminución del diámetro interno del vaso y dificulta la normal circulación de la sangre. Eso promueve la formación de trombos (coágulos), que a la larga causan un infarto de miocardio o un ictus isquémico. El consumo de tomate, en cualquiera de sus formas (crudo, en salsa o en sofrito), tiene efectos beneficiosos en el perfil lipídico (colesterol y triglicéridos) y disminuye la concentración de biomarcadores inflamatorios relacionados con la aparición y progresión de la aterosclerosis. Los compuestos bioactivos potencialmente responsables de los efectos del tomate son los polifenoles y los carotenoides, que resulta que se absorben más cuando el tomate se consume cocido con una base de grasa (aceite de oliva en el contexto de la dieta mediterránea) en comparación con cuando se consume crudo. En este sentido, observamos que los efectos antiinflamatorios del consumo de tomate eran mayores cuando se consumía cocido con aceite de oliva, que es precisamente como se absorben más estos compuestos. 

¿Podríamos decir, pues, que el consumo de tomate es beneficioso para la prevención de enfermedades cardiovasculares?

Sí. Y en las personas con diabetes también hemos visto que aquellas que consumen más cantidad de tomate, independientemente de la manera de cocinarlo o presentarlo en el plato, tienen una menor carga ateroesclerótica y, por tanto, un menor riesgo cardiovascular. En definitiva, el consumo de tomate es beneficioso para prevenir las enfermedades cardiovasculares.

Pero más allá del consumo de tomate, muy recientemente también hemos observado que un mayor consumo de frutas y verduras en general, que se traduce en un mayor consumo de carotenoides y polifenoles, también está asociado a una menor carga ateroesclerótica, especialmente en las mujeres. Así confirmamos que una dieta rica en frutas y verduras de todos colores disminuye el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, gracias a los polifenoles (que confieren colores de naranja a morado) ya los carotenoides (que confieren color amarillo-naranja), entre otros compuestos presentes en estos alimentos.

Existe bastante polémica y desacuerdo sobre si el consumo moderado de alcohol puede ser un factor protector de la salud. Tú que has investigado al respecto, ¿qué conclusiones sacas?

El consumo moderado de alcohol está fijado en una unidad de bebida estándar (UBE) al día en mujeres y dos UBE en los hombres, que equivalen a unos 15 gramos de alcohol. Esto quiere decir que una UBE puede ser una copa de vino, una botella de cerveza de 33 cl o un vasito pequeño de licor (un chupito). 

El consumo moderado de alcohol, independientemente del tipo de bebida alcohólica, aumenta los niveles de colesterol bueno (el colesterol HDL) y se asocia a una menor mortalidad por enfermedades cardiovasculares y, en algunos estudios, incluso a una menor mortalidad por cualquier causa. 

En los estudios de intervención a corto plazo realizados con un número de personas relativamente reducido, el consumo moderado de cerveza y, en mayor grado, el consumo moderado de vino, especialmente el vino tinto, tiene efectos adicionales de protección cardiovascular, puesto que son bebidas alcohólicas muy ricas en polifenoles. Si los ordenamos de mayor a menor contenido en polifenoles: vino tinto, vino rosado, vino blanco, cerveza de fermentación alta —tipo IPA—, cerveza de fermentación baja —lager o pils— y cerveza sin alcohol.

También se ha demostrado que un consumo excesivo de alcohol es la causa de varias enfermedades.

Efectivamente, el consumo de alcohol es un factor de riesgo muy importante en la aparición del cáncer, en especial el cáncer de mama, por lo que nunca podremos decir que el consumo moderado de alcohol es un factor protector para la salud. Si bien el consumo de alcohol es una práctica socialmente aceptada y muy extendida en las culturas donde la religión permite su consumo, actualmente no hay estudios de intervención a largo plazo en grandes poblaciones —los de máxima evidencia científica— que justifiquen la recomendación a escala poblacional del consumo moderado de alcohol para la prevención de enfermedades cardiovasculares.

Nunca podremos decir que el consumo moderado de alcohol es un factor protector para la salud en general.

Y los frutos secos, ¿tienen un papel protector en las enfermedades cardiovasculares?

¡Por supuesto! He tenido la suerte de participar activamente en el estudio PREDIMED, donde observamos que el consumo de frutos secos, especialmente en el contexto de la dieta mediterránea, se asocia a un riesgo un 10-20 % menor de enfermedades cardiovasculares. En varios estudios se ha observado que el consumo de frutos secos disminuye la presión arterial, los triglicéridos y el colesterol «malo» (el colesterol LDL, el que favorece la aterosclerosis). También disminuye los niveles de parámetros inflamatorios, lo que mejora la función de los vasos sanguíneos. Los compuestos potencialmente responsables de este efecto protector frente a las enfermedades cardiovasculares son (de nuevo) los polifenoles, los ácidos grasos insaturados y otros micronutrientes como los tocoferoles (entre ellos la vitamina E) o los fitoesteroles. En general, los frutos secos son alimentos muy nutritivos y es muy recomendable introducirlos en la dieta.

¿Hay alguna dieta o recomendación dietética para prevenir la demencia?

La demencia tiene una base inflamatoria subyacente y también está influida por el deterioro de la función vascular. En este sentido, se ha visto que una dieta rica en compuestos antiinflamatorios y antioxidantes, así como en ácidos grasos omega 3, tiene un efecto protector en el deterioro cognitivo. En este patrón dietético encajaría perfectamente la dieta mediterránea, que en estudios de intervención se ha visto que tiene efectos protectores en el deterioro cognitivo. En esencia, una dieta rica en fruta y verdura que también contenga pescado azul (de tamaño pequeño, como las sardinas, por ejemplo) sería la más recomendable para prevenir la demencia.

Otro tema de gran actualidad en el ámbito de la nutrición es la alimentación sostenible. ¿Se puede establecer una relación directa entre la alimentación saludable y la sostenibilidad? ¿Cuál es tu visión sobre esta nueva tendencia en la alimentación?

En mi opinión, una alimentación saludable tiene que ser sostenible por definición. La producción de alimentos que generan una huella de carbono muy alta, como por ejemplo la producción cárnica intensiva o la producción de alimentos ultraprocesados, también causa problemas de salud, por lo que deja de ser una dieta saludable. De hecho, una de las líneas de investigación del grupo FoodLab de la UOC es precisamente la alimentación saludable y sostenible, y es en este marco en el que hemos empezado a colaborar.

Una dieta rica en fruta, verdura y pescado azul es la más recomendable para prevenir las enfermedades cardiovasculares.

En los últimos años hemos visto aparecer muchas modas sobre nutrición y dietas. Las redes sociales están llenas de «nutricionistas» dando consejos. ¿Cómo ves la visibilidad que tiene la nutrición en el mundo actual? ¿Crees que hay un exceso de desinformación?

Por un lado es bueno que la nutrición tenga la visibilidad que se merece. Cuando yo estudiaba todavía no existía la figura del profesional dietista-nutricionista dentro de la sanidad pública, por ejemplo, y desde entonces la nutrición ha ido ganando peso como elemento indispensable para la salud. Dicho esto, me parece muy peligrosa la credibilidad que tienen los consejos sobre nutrición sin ningún tipo de base científica que dan los famosos o influencers sin conocimientos en la materia, incluso a veces desacreditando a personas expertas. 

Entiendo que es un problema generalizado en las redes sociales, pero de alguna manera —aunque no sé muy bien cómo— tendríamos que luchar contra la posverdad o los hechos alternativos. Al mismo tiempo, las redes sociales son una buena plataforma para la diseminación de consejos nutricionales con base científica, si bien quizás no tienen el alcance que pueden tener los consejos de influencers, en especial entre los jóvenes.

La sociedad actual está abandonando la dieta mediterránea, conocida por sus beneficios para la salud. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de esta situación?

Pues, tal y como comentábamos al hablar de la estrecha relación entre dieta saludable y sostenibilidad, el abandono de la dieta mediterránea puede tener consecuencias nocivas tanto para la salud como para el medioambiente. Más allá de ser una dieta rica en frutas y verduras, cereales integrales, frutos secos y pescado azul, la dieta mediterránea tiene unas características socioeconómicas muy interesantes. Una de ellas es que se caracteriza por el consumo de productos de proximidad y temporada, y eso tiene un efecto positivo en el medioambiente. Además, pone en valor la comensalidad, es decir, comer en compañía, con buena conversación y no muy rápido. Eso mejora la digestión y tiene beneficios en el ámbito socioafectivo. En esta sociedad tan digitalizada y de la inmediatez, sentarse a comer en compañía no debería ser solo un placer, sino también un hábito. Por tanto, el abandono de la dieta mediterránea tiene muchas consecuencias negativas, tanto para la prevención de enfermedades crónicas como a escala socioeconómica y medioambiental.

Para acabar, ¿qué opinas de los llamados «superalimentos» y de los suplementos nutricionales? 

Los superalimentos no existen. Y los suplementos de nutrientes o compuestos bioactivos aislados (polifenoles o carotenoides, por ejemplo) no tendrán nunca el mismo efecto que si los consumimos en forma de alimentos dentro de una dieta saludable, siempre que no haya una situación de desnutrición, claro. Esto ha quedado demostrado en muchos estudios. Los alimentos son una mezcla muy compleja de todos esos compuestos, que ejercen un efecto sinérgico. Es decir, juntos son más potentes que la suma de cada uno consumidos aisladamente. Finalmente, quiero recordar que una dieta saludable tiene un efecto preventivo en las enfermedades que hemos comentado —y que normalmente aparecen en edades más avanzadas— pero no un efecto curativo. Por eso es tan importante mantener una dieta saludable a lo largo de la vida.

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