«Estamos asistiendo a un momento de eclosión total, y potencialmente de una auténtica integración del arte digital en el mercado del arte contemporáneo»

10 de mayo de 2021
Captura de pantalla 2021-05-10 a las 17.01.51

Entrevistamos a Pau Waelder, Doctor en Sociedad de la Información y el Conocimiento por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), donde ejerce como profesor de cursos en los Grados de Arte y Humanidades, y Diseño y Creación Multimedia. Es también profesor del Máster Universitario en Curaduría de New Media Art (ESDi. Escola Superior de Dissseny, Barcelona) e imparte el curso de comisariado de arte digital Curating New Media Art. Process, Interaction, Virtuality en NODE Curatorial Studies Online (Berlín). Es comisario de la plataforma de video arte y arte digital Niio y también editor y asesor del DAM Digital Art Museum (Berlín). Es autor del libro You Can Be A Wealthy/Cash-Strapped Art Collector In The Digital Age (que presentará en Barcelona el 27 de mayo de la mano del Dr. Pau Alsina) y del podcast The Geek Art Collector, en el que explica cómo convertirse en un coleccionista de arte familiarizado con las tecnologías.

You Can Be A Wealthy/Cash-Strapped Art Collector In The Digital Age, Pau Waelder

En You Can Be A Wealthy/Cash-Strapped Art Collector In The Digital Age (y ahora también en tu podcast The Geek Art Collector) propones que cualquier persona puede devenir coleccionista de arte y das pautas para ello. ¿Qué papel juega la ironía o incluso el humor en tu discurso? 

La motivación inicial para escribir el libro con un cierto toque de humor e ironía viene de una experiencia que tuve tras completar mi tesis a finales de 2015. En aquel momento Andreu Belsunces me invitó a presentar un texto en Glimpsedome, un pabellón de pensamiento que estaba comisariando en la bienal online The Wrong. Quería aprovechar lo que había investigado para la tesis, pero estaba un poco saturado con la escritura académica, así que se me ocurrió coger algunos fragmentos de la tesis en los que hablaba de cómo vender arte online y convertirlo en un folleto que titulé How to Sell Online Art and Make Millions (of Visits). La intención era hacer algo más ligero, de fácil lectura, y resultó que fue bastante popular, circuló bastante entre artistas y me dejó con las ganas de seguir haciendo algo que me permitiese entrar en el tema a través de la ironía y un lenguaje más coloquial. El libro que he escrito este último año al final ha resultado ser bastante extenso, de 400 páginas, y si tuviese un título muy académico nadie se atrevería a abrirlo. Quería que fuese muy gráfico, que invitase a ser leído. El título también hace referencia a los libros de autoayuda, de marketing, que se supone que te ofrecen la solución a todos los problemas. El título juega un poco con eso y es también una invitación a adentrarse en el mundo del coleccionismo. Ese era el planteamiento: salir de algo muy académico y, a través de la ironía y el humor, hacerlo más accesible.

¿Qué es lo que activa tu interés por hacer del mercado del arte un lugar accesible? 

La primera vez que escribí algo sobre arte digital, concretamente sobre net.art, fue en el año 98, cuando todavía estaba estudiando la carrera. A partir del año 2002 empecé a adentrarme más de pleno en ello. Asistía cada año al festival Ars Electronica en Linz, donde aprendí muchísimo sobre arte digital y conocí a muchísimas personas que son hoy en día muy influyentes en este ámbito, pero que al final representaban un círculo cerrado. Pronto vi que, pese a lo importante de este festival y de toda la comunidad que se había generado en torno al arte digital, en el resto del mundo del arte no había interés por estas prácticas artísticas. Y en buena medida sigue siendo así, lo más moderno que conoce mucha gente es el videoarte porque está en una pantalla. Entonces, mi interés se centró en: si el arte digital tiene que encontrarse con el mainstream del arte contemporáneo, ¿dónde va a producirse esto y de qué manera? Y vi que eso se estaba produciendo en el mercado del arte, donde muchos artistas estaban ya desarrollando estrategias muy originales –especialmente online– para vender su obra (porque, aunque a menudo no se hable de ello, la comercialización de las obras forma parte de la realidad de los artistas). A partir también de hablar con los primeros galeristas interesados en arte digital y de ver cómo movían su obra en el marco del arte contemporáneo, me fui metiendo en el tema. Luego sucedió que cuando ya estaba plenamente metido en la tesis, alrededor de 2010, empezaron a surgir un montón de formas de vender arte online y digital dentro de las estructuras pre-existentes del mercado del arte (casas de subastas, galerías…). Ahora estamos asistiendo a un momento de eclosión total, y potencialmente de una auténtica integración del arte digital en el mercado del arte contemporáneo, gracias al boom de los NFTs que han potenciado en gran medida las principales casas de subastas, Christie’s y Sotheby’s.

Más allá de esto, ¿por qué crees que es estimulante coleccionar arte ya no en la era de la reproductibilidad mecánica sino en plena era digital?

Coleccionar es muy interesante porque por un lado implica un compromiso. Hoy en día es todo muy efímero y, como amantes del arte, estamos acostumbrados a ir a exposiciones y ver arte durante unos segundos y luego ir a otra cosa. Entonces es todo como un flujo de obras que van entrando y saliendo. Cuando realmente te propones coleccionar arte, estás haciendo un compromiso económico, por supuesto, pero también de mantener una relación con la pieza. Tu relación va a ser mucho más intensa y continuada de lo que sería si solo vieras esa obra en una galería o una exposición. Con el arte digital se añade otro compromiso: mantener el software y el hardware. A parte de la inversión inicial de comprar la pieza (que puede incluir o no los medios para reproducirla, tales como un ordenador y una pantalla), hay que ver que eso se mantenga para poder seguir disfrutándola. Para mí lo interesante es eso: tener una relación más intensa, y con más compromiso y dedicación hacia las obras de arte.

¿Crees que esta democratización del coleccionismo puede conseguirse o facilitarse a través de los NFTs? ¿Cuál es tu perspectiva acerca de la problemática que han desatado? 

Los NFTs tienen una situación muy particular. El hecho de certificar obras a través de blockchain ya se estaba dando en 2014 porque, como decía antes, los artistas siempre están buscando formas de vender su obra y de solucionar los problemas de vender arte digital. Y uno de estos problemas es el de la reproductibilidad de la pieza dentro de un mercado creado para tener una escasez, basado en la exclusividad. Ya entonces, propuestas como Monegraph o Art Commodities de Paolo Cirio planteaban una venta basada en un modelo como el que vemos hoy en los NFTs: la idea de que por medio de los smarts contracts y los registros en blockchain podrías tener una obra que es a la vez única y ampliamente distribuida. Hoy en día, el valor de una obra también aumenta con su distribución, es esa parte de capital cultural que se incorpora a la pieza. 

Paolo Cirio, Art Commodities,2014

Volviendo a los NFTs, lo que ha pasado en este último año es que ha habido una serie de inversores que tienen un interés muy grande en que todo el mundo esté usando Ethereum. Uno de estos inversores, Vignesh Sundaresan (también conocido como MetaKovan) fue el comprador de la famosa pieza de Beeple que se subastó por 69 millones de dólares en Christie’s. La venta en sí no es realmente una sorpresa porque tanto Christie’s como Sotheby’s llevan años reclamando la atención de los coleccionistas de arte y los medios de comunicación con subastas de arte digital a precios espectaculares. La venta de la obra de Beeple ha sido la culminación de esta tendencia y también la ha lleva a un extremo cuestionable: el precio que se ha pagado ha roto todos los baremos siendo la tercera obra de arte más cara de un artista vivo, superando con creces las muy comentadas ventas de Damien Hirst y acercándose al nivel de artistas como Pablo Picasso o Vincent Van Gogh. Cabe tener en cuenta que la pieza en sí es de un artista no conocido y es en realidad una acumulación de todo lo que había ido almacenando en su disco duro en los últimos 15 años. Y también hay que considerar la tremenda volatilidad de la criptomoneda con la que se pagó la obra: la venta se cerró en unos 38.000 o 40.000 ETH (Christie’s no ha difundido el precio en criptomonedas sino el equivalente en dólares), que en marzo de este año eran unos 69 millones de dólares; hoy, un mes más tarde, equivalen a unos 137 millones, y hace un año el equivalente era 4,8 millones. Por tanto, ¿cuál es el precio real de esta obra?

Beeple, EVERYDAYS. THE FIRST 5000 DAYS, 2021 (obra vendida por 69 millones de dólares en Christie’s)

El problema que tenemos, a parte de la venta, es que ha generado la identificación de los NFTs con ventas millonarias e incluso para los artistas se ha convertido en un sinónimo de conseguir dinero fácil. En plataformas como Foundation o OpenSea cualquier JPG o GIF se está vendiendo por cientos de miles de dólares. A un artista que tiene que hacer una obra realmente importante para venderla por 10.000 o 20.000$, le resulta verdaderamente apetecible hacer una obra con el ordenador en 10 minutos y venderla por estos precios. Y no es de extrañar que los artistas se estén sumando a esto todo lo que puedan. Pero desde el punto de vista de un coleccionista, si estás informado acerca de la obra del artista, yo no veo tan interesante comprar un NFT, a menos que estés en ese círculo de inversión y especulación o tengas un montón de criptomonedas y no sepas qué hacer con ellas. Por poner un ejemplo, el artista Rafael Rozendaal ha vendido NFT en Foundation por unos 300.000$ cuando una de sus obras en formato web (única, en la que el nombre del coleccionista aparece en la URL), vale 10.000$. Para mí esa obra, la web, tiene mucho más valor cultural que un NFT, y aunque me alegra que los artistas tengan esta oportunidad de ganar grandes sumas, temo que los coleccionistas se sientan decepcionados si compran por un precio más elevado una obra que luego resulta ser poco relevante. Esto podría dar lugar a un rechazo al arte digital por parte de los mismos inversores que ahora lo apoyan de manera entusiasta. Ya veremos a dónde nos lleva todo esto a medida que vayan entrando más actores, aunque parece que la burbuja ya se está empezando a desinflar. 

Por mi parte, he podido experimentar lo que supone crear y vender NFT. El artista Mar Canet me recomendó una plataforma llamadaHic et nunc, que se ha creado en marzo de este año y es una plataforma open source muy diferente a las grandes (OpenSea, Foundation o SuperRare), en las que se producen estas ventas de grandes cifras. Hic et nunc ha atraído a un diverso colectivo de artistas porque el coste de acuñar NFT es mucho menor y además emplea un blockchain basado en el sistema de proof of stake (PoS) que emplea una cantidad ínfima de energía, si la comparamos con la que emplea el blockchain de Ethereum. En Hic et nunc he puesto a la venta una colección de NFT a precios muy bajos (en torno a los 3-6€) basados en mi proyecto The Art World (2017), que consiste en una serie de frases pensadas para ser distribuidas como productos de merchandising. Esto me ha permitido comprender cómo funciona todo el proceso, qué se vende y cómo. He descubierto que se trata de otro nivel de trabajo, en el que los precios son más asequibles, hay mucho sentido de comunidad y el impacto medioambiental es mucho más bajo. Yo creo más en este modelo, en la posibilidad de los NFTs como una forma de vender obras digitales a un precio muy asequible en el que todo el mundo puede tener la sensación de la que hablaba antes. Es cierto que puedes simplemente descargar la imagen, pero el valor es que al comprarlo le estás diciendo al artista: “tu obra vale tanto como para que yo invierta mi dinero en ella”. Eso genera una economía en la cual los artistas pueden obtener un dinero a cambio de su trabajo y puedan seguir produciendo. Al convertirnos en coleccionistas estamos ayudando a que siga habiendo arte, sin que sea una persona muy rica o una institución quien se encargue de que los artistas sigan recibiendo dinero para crear obra. Si la estamos disfrutando, ¿por qué no participar?

De alguna forma se está generalizando un posicionamiento en contra de los NFTs sobretodo en relación a su impacto medioambiental, ¿de qué manera crees que esto puede afectar al mercado del arte digital?

Está totalmente justificado. Hay un estudio del artista Memo Akten que afirma que acuñar un NFT en una de estas plataformas consume tanta energía como la que gasta una persona en un mes. Esto es un dato verdaderamente preocupante, sobretodo en este contexto de inflación en el cual millones de personas están acuñando NFTs constantemente. Es la peor combinación que podríamos tener: la promesa de un beneficio económico, la facilidad de hacerlo y el consumo energético que eso genera. Ahora, cuando instituciones o galerías con renombre están viendo que trabajar en NFT puede afectar a su reputación, se está replanteando este tema porque saben que es la primera crítica que se les puede hacer. Ya hay iniciativas como la de Daata, una influyente  plataforma de videoarte que ha empezado a vender NFTs dedicando parte de los beneficios a proyectos que compensan el gasto energético con propuestas de mejora de la sostenibilidad medioambiental. No digo que esa sea la solución perfecta, pero al menos hay una cierta conciencia de este problema lo suficientemente fuerte como para generar nuevos modelos. 

Coste energético de 1 NFT por Memo Atken

El problema para el arte digital es que, como hay poco conocimiento de todas sus facetas, se ve como un bloque. Si un coleccionista compra una obra de arte digital y le deja de funcionar el ordenador, va a creer que todo el arte digital es igual, mientras que no pensaría lo mismo si comprase una pintura que perdiese la pigmentación o se le rompiese una escultura. El efecto negativo es que cuando la gente oye NFTs oye precios desorbitados e impacto medioambiental, y puede culpar de eso a todo el arte digital. También se piensa que todos los NFTs son iguales, aunque depende mucho de las plataformas, como he indicado antes. Lo mismo pasó hace un par de años con el arte de inteligencia artificial, porque utilizar un GAN para crear una imagen fotorealista requiere de un procesador muy potente que genera un gasto energético enorme. Es un problema general de nuestra sociedad, el consumo energético no deja de subir.

Hay algo que me preocupa, ya a nivel personal, que es la creciente individualización que se produce tanto en la práctica artística digital como en las dinámicas de deseo de privatización que a menudo mueven la compra de arte. ¿Qué resistencias crees que pueden articularse desde el mundo del arte digital? ¿Cómo imaginas que podamos seguir tejiendo redes intersubjetivas, comunitarias, en el marco del arte contemporáneo?

Bueno, esta ha sido siempre la esperanza de los artistas cada vez que han incorporado una nueva tecnología a su obra y sobretodo con la creación y difusión de obras en Internet. Lo que buscaban los pioneros del arte de Internet eran otros medios de distribución y colaboración, siempre intentando evitar el mundo jerárquico y limitante del sistema del arte. Los artistas de net.art ya encontraron maneras de vender su obra en lo que entonces era un espacio muy desregulado y hoy en día seguimos un poco con esta misma idea. Ahora cualquier persona puede crearse un espacio online y, a partir de ahí, generar un poco su red. Hay ejemplos como la bienal The Wrong, creada colectivamente mediante las contribuciones de muchas personas, que también nos llevan a ese modelo más rizomático. Comunidades como las que se están creando en plataformas como Hic et nunc también están llevando un poco a esa situación, de artistas entre artistas, de personas que se apoyan entre sí. Y ese es también uno de los incentivos que los artistas están encontrando en los NFTs, que la venta depende de la red que tengas alrededor tuyo, de la red que te hayas generado y que puedas desarrollar a base de comprar y contactar con otros. Hay prácticas bastante habituales vinculadas a Hic et nunc que me gustan bastante: por ejemplo, hay personas que ofrecen Tezos –la criptomoneda que se usa en esta plataforma– a quienes quieran crearse un perfil y empezar a distribuir su obra (porque para acuñar un NFT y para ponerlo a la venta ya se requiere una primera inversión). Así puedes participar en un proceso mucho más comunitario y horizontal, no tan relacionado con la inflación, sino mucho más pensado para apoyar a artistas y compartir lo que haces. 

(Visited 1 times, 1 visits today)
Autor / Autora
Comentarios
Deja un comentario