El Judaísmo y el Mediterráneo antiguo

15 de marzo de 2017
Relieve interior del arco de Tito, Roma

Lo que se conoce como Judaísmo histórico fue una creación relativamente tardía en el larguísimo proceso de etnogénesis del pueblo judío, que de hecho se ha prolongado hasta nuestros días. Sus raíces históricas se hunden en la historia del Próximo Oriente surgido de las grandes convulsiones de finales del segundo milenio antes de Cristo, aunque su mito-motor étnico se retrotrae varios siglos, incluso hasta los inicios de ese mismo milenio. Y en todo caso el Judaísmo histórico constituye prácticamente la única reliquia conservada del Próximo Oriente anterior a las conquistas de Alejandro Magno († 323 a.C.) trasmitida en un proceso histórico continuado y bien documentado. El Judaísmo histórico, además de sus raíces hebraicas siempre discernibles, debe mucho a ideas religiosas y filosóficas iranias y helenísticas. Por ello el Judaísmo es incomprensible si nos atendiéramos solo a las experiencias vividas por el pueblo hebreo en su solar palestino en los últimos seis siglos anteriores a nuestra era. La diáspora judía, tanto a lo largo y ancho de todo el Mediterráneo, pero también hacia Mesopotamia, en esos siglos resultaron fundamentales para su definitiva conformación.

Reconstrucción del segundo templo de Jerusalén

 

En los siglos inmediatamente posteriores a la muerte de Cristo, y muy especialmente tras las grandes y fallidas revueltas armas y  mesiánicas del  66-73 (המרד הגדול) y del 132-136 (מרד בר כוכבא), siguió siendo decisiva esa doble diáspora, mediterránea y helénico-romana, pero también mesopotámica y hasta cierto punto opuesta al mismo helenismo. Pero a partir del surgimiento y desarrollo del Cristianismo este último fue un factor determinante tanto en la evolución del Judaísmo como incluso en su misma persistencia. No cabe duda que el Cristianismo en unos primeros momentos parasitó brutalmente a las colonias judías de la diáspora  mediterránea, pero convertido en religión mayoritaria y hasta oficial del Imperio romano a lo largo del siglo IV las mismas ideas apocalípticas cristianas cuidaron de la continuidad de su padre religioso, el Judaísmo, esquizofrénicamente detestado y amado. Pues el fin del Judaísmo era concebido como una señal fundamental del inmediato fin del Mundo, segunda venida en majestad del Cristo e inicio del Reino de Dios. Esta relación de doble faz del Cristianismo con el Judaísmo en los primeros siete siglos de nuestra era puede testimoniarse muy bien en nuestra Península Ibérica. Un territorio sin duda importante en el devenir histórico del Judaísmo pues que su nombre hebreo dio lugar a una de las dos ramas étnicas del Judaísmo en los tiempos medievales y modernos, que siguen jugando un papel importante en la comprensión del Judaísmo después de la “catástrofe” (שואה) del pasado siglo.

 

Mesianismo Judío, escatologías cristiana y judía, helenismo y antihelenismo del Judaísmo son procesos históricos y culturales sin los que resulta imposible comprender el surgimiento del Islam y sus fulgurantes éxitos en el siglo VII, con los que se cierra tanto la historia del Mediterráneo y Próximo Orienta antiguos como del propio Judaísmo antiguo.

Josué J. Justel. Docente del Máster

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Autor / Autora
Máster universitario online la Mediterránea antigua.
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