Inés Gutiérrez Cueli: “En España, la vivienda se anuda con el deseo de mejorar socialmente”
14/11/2024La carrera de Inés Gutiérrez Cueli discurre entre la antropología, el urbanismo, el análisis de las clases sociales, el género y las políticas neoliberales. Recientemente incorporada como profesora asociada de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Gutiérrez Cueli es doctora en Antropología Social por la Universidad autónoma de Madrid (UAM). Además, se ha especializado en la reflexión teórica y metodológica de la etnografía. Sus trabajos se desarrollan así en el campo de la antropología urbana y feminista. Igualmente, destaca una intensa actividad en el ámbito de la transferencia.
Gutiérrez Cueli forma parte de la red internacional de etnografía urbana ETNO.URB, del Grupo de Estudios Críticos Urbanos (GECU) y también de otros espacios que tratan de pensar colectivamente la ciudad, las desigualdades que se anudan en ella y la construcción de alternativas posibles.
Entre sus trabajos más relevantes, se encuentra la publicación de la etnografía Venir de barrio. Estrategias familiares, espacio y clase en los PAU de Madrid, editada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Tu libro, Venir de barrio, sobre el PAU de Carabanchel, está teniendo una gran repercusión mediática. ¿A qué crees que se debe?
Es difícil saber por qué un libro funciona o se difunde en mayor o menor medida. Depende de muchos factores que se escapan a nuestro control. Pero en este caso se juntan al menos dos cuestiones que han ayudado a que el estudio genere interés y tenga un cierto recorrido. En primer lugar, los barrios que investigo (barrios residenciales de urbanizaciones que se construyeron en Madrid durante el pasado boom inmobiliario) recibieron una importante atención mediática. En 2019, a raíz de los resultados electorales en estos vecindarios, se abrió un intenso debate sobre la relación entre el tipo de barrio en el que se vive, el voto y la percepción de la clase social. Estos enclaves y sus habitantes tomaron protagonismo y se convirtieron en el objeto de toda una producción ensayística y periodística. A inicios de 2024, cuando publico mi investigación, tengo la suerte de encontrar un escenario en el que, tras la resaca del debate, aparece un tiempo de reposo y de escucha. Y sobre todo un gran interés por conocer los hallazgos de una investigación exhaustiva sobre el fenómeno de fondo. El haber vivido dos años en uno de estos barrios para hacer trabajo de campo también ayudó.
En segundo lugar, sospecho que otra de las claves de su buena acogida tiene que ver con que, más allá de lo que sucede en estos espacios urbanos concretos, la investigación analiza un fenómeno amplio. Conecta con una pregunta que genera interés: cómo se relaciona eso que llamamos “el deseo de mejorar socialmente” con la vivienda en nuestro país, y qué experiencias (subjetivas) en torno a la clase social se anudan en ese fenómeno.
¿Cómo afrontas tu nueva etapa como profesora de los Estudios de Economía y Empresa?
Lo vivo como una etapa ilusionante. Hasta el momento me había dedicado fundamentalmente a la investigación y siempre con puestos ciertamente inestables y temporales. Este cambio supone una oportunidad para incorporarme también a la docencia (que considero un pilar fundamental del quehacer académico y de su aporte a la sociedad), y para desarrollar investigaciones de mayor recorrido, desde una cierta estabilidad. Además, y esto no es menor, me siento muy bien acogida.
¿Qué aporta la antropología a los estudiantes de Economía?
En un plano general, en tanto disciplina, sería difícil pensar la economía y la historia del pensamiento económico sin los aportes de la filosofía, la sociología o la antropología. Creo que son disciplinas que desde sus inicios han estado en diálogo y profundamente conectadas.
En lo concreto, en el contexto de nuestros estudios de Economía y Empresa en la UOC, creo que puede aportar una capa más a la comprensión de un elemento que es central: entender, en cada momento histórico y en cada contexto concreto (económico, político, social y cultural), cómo se está organizando la sociedad para gestionar su economía y repartir los recursos. Eso implica el análisis de elementos tan diversos como las políticas públicas, el uso de los bienes comunes y los recursos ecológicos, la constitución de tejidos productivos, la organización del empleo y el trabajo, los significados y los valores asociados, las desigualdades sociales, etc. Es decir, cómo se anudan todos estos actores, intereses y dinámicas en cada contexto; y qué tensiones, conflictos y relaciones de poder se zurcen en ellos. Además, en este momento académico y social, en el que afrontamos los debates sobre la transición ecológica y digital, puede aportar muchas herramientas teóricas y metodológicas.
¿Puedes darnos más detalles sobre tus líneas de investigación?
Durante estos años he investigado especialmente sobre tres líneas o ámbitos: los feminismos, la vivienda y las desigualdades en el espacio urbano. Pero, más allá del tema en concreto, hay un denominador común que para mí es importante: el interés por analizar los procesos de desigualdad social (desde el género, la clase, el origen migrante/racial) y sus articulaciones en el espacio, desde una perspectiva crítica.
Has colaborado en proyectos internacionales como «The intersectional and sustainable impacts of housing movements: the Spanish case«, del IBF-Institute for Housing and Urban Research de la Universidad de Uppsala. ¿A qué conclusiones llegaste?
En este caso, participé en una investigación sobre los impactos del movimiento de vivienda en el Estado español, especialmente sobre la Plataforma de Afectados/as por la Hipoteca (PAH). El trabajo fue muy interesante, entre otras cosas, porque me permitió trabajar con investigadores e investigadoras a las que admiro. Pero destacaría sobre todo la voluntad del proyecto por devolver unos resultados lo más útiles posibles al movimiento, y también los hallazgos que encontramos analizando la participación de las mujeres migrantes y de sectores populares. Ellas fueron los sujetos más afectados durante el ciclo de acumulación inmobiliario-financiero, y también tras la crisis de 2008. Sin embargo, fueron también las protagonistas de una importante desobediencia civil. En la investigación tratamos de analizar cómo sucedió esto y qué efectos particulares tuvo su participación, tanto hacia el interior del movimiento como hacia fuera, en su penetración en la sociedad y en el debate político y legislativo.
Háblanos un poco de las colaboraciones que mantienes en el ámbito de la transferencia con arquitectos, intervención social, artistas, asociaciones vecinales y movimientos sociales.
He tenido la suerte de colaborar a diferentes niveles con profesionales de la intervención social (educadores/as de calle, trabajadores/as sociales, mediadores/as interculturales, etc.), con arquitectos/as y con personas del campo artístico. Creo que se genera un diálogo muy interesante entre las disciplinas y sus diferentes aproximaciones. Pero, sobre todo, entre el saber aplicado de los profesionales y lo que puede aportar la antropología, que en el mejor de los casos es un análisis más poliédrico de la realidad social.
En lo referente a las colaboraciones como antropóloga con asociaciones vecinales y movimientos sociales, mi posición siempre ha sido la de informar y asesorar a los colectivos en lo que necesitaran, pero desde una perspectiva crítica. Creo que los movimientos sociales tienen un doble equilibrio: elaborar un diagnóstico de la realidad sobre la que intervienen, y al tiempo generar procesos de reflexividad y autoanálisis sobre su propio funcionamiento. Desde la antropología podemos ofrecer herramientas para abonar esos dos campos de reflexión.
En todos los casos se aprende mucho y, casi con toda seguridad, se recibe más de lo que se puede aportar.