Carme Pagès Serra: «Los trabajos del futuro están relacionados con tres grandes tendencias: el envejecimiento poblacional, la digitalización y la transición ecológica»

17 enero, 2022
carmen pagés serra

Carme Pagès Serra (Barcelona, ​​1965) es profesora de los Estudios de Economía y Empresa y responsable de Análisis y Prospección del Mercado Laboral en la Universitat Oberta de Catalunya. Anteriormente, fue la jefa de la División de Mercados Laborales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Licenciada en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), se doctoró en Economía por la Universidad de Boston y es experta en análisis del mercado laboral.

Después de trabajar en el Banco Mundial de 2004 a 2006, se incorporó al BID como economista principal de investigación en el Departamento de Investigación y dirigió publicaciones de gran prestigio como The Age of Productivity: Transforming Economies from the Bottom Up. También es autora del libro Job Creation  in  Latin  America  and  the  CaribbeanRecent  Trends and Policy  y de Law and Employment:  Lessons  from  Latin  America  and  the  Caribbean, escrito conjuntamente con el Premio Nobel James Heckman. Acumula, además, un notable número de publicaciones en revistas académicas y políticas líderes en áreas como el mercado laboral, la seguridad social y la productividad.

Hablamos con ella sobre los trabajos del futuro a raíz de su ponencia en el marco de la 2ª edición de la Feria Virtual de Empleo de la UOC.

La tecnología ha hecho que el impacto de la pandemia en el mercado laboral haya sido mucho menor del que lo habría sido pocos años atrás. ¿Nos ha salvado el avance tecnológico de una catástrofe económica mucho más grave?

Para mucha gente, la tecnología nos dio la posibilidad de continuar activos a través del teletrabajo y evitó cierres de empresas y potenciales despidos. Las cifras son elocuentes: antes de la pandemia solo teletrabajaba un 8% de los trabajadores. En marzo del 2021 y durante la primera ola de la pandemia, la cifra de personas que teletrabajaban se elevó hasta el 17%.

¿Por qué nos da tanto miedo la llegada de nueva tecnología en relación con la seguridad laboral?

Porque la llegada de nuevas tecnologías comporta cambios importantes en la forma en que trabajamos, en el tipo de trabajo que hacemos y en las tareas que realizamos. Y todo esto exige una gran capacidad de adaptación. Además, para algunas personas estos cambios suponen la pérdida del trabajo.

Hablas mucho de los alarmistas y optimistas en cuanto a la benevolencia tecnológica… ¿Quién ha ganado en sus predicciones, hasta ahora?

Algunos de los pronósticos que salieron hace unos 5 años sobre la potencial destrucción de empleo causada por la inteligencia artificial y la robótica avanzada fueron, en retrospectiva, muy alarmistas. Hoy, los estudios indican que estas tecnologías podrían llegar a destruir empleo –en particular de trabajos que son de tipo más rutinario– pero no de forma masiva. Los primeros estudios hablaban de que casi el 50% de empleos en España serían totalmente automatizables, mientras que los últimos hablan solamente de un 5%.

A lo largo de la historia se ha ido repitiendo un proceso cíclico en el que la llegada de tecnología revolucionaria amenazaba, de repente, una gran cantidad de puestos de trabajo… ¿Nos podrías decir cuáles han sido los más destacables?

Cada ola tecnológica ha estado acompañada de grandes preocupaciones sobre la destrucción de empleo. En el siglo XIX, los Luditas fueron un movimiento de artesanos ingleses que destruían los telares como protesta frente al proceso de industrialización. En los años cincuenta, cuando se empezaron a desarrollar los ordenadores, también surgió otra ola de temor a la automatización. 

Sin embargo, nunca ha supuesto una destrucción de puestos de trabajo masivo, ¿verdad?

A lo largo de la historia, el empleo no ha caído prácticamente nunca a pesar de la continua incorporación de nuevas tecnologías. Esto se debe a que, aunque esta destruye algunos trabajos -como los artesanos que tejían la ropa a mano en el siglo XIX, o los telefonistas, los taquígrafos, y los mecanógrafos, que fueron sustituidos por ordenadores-, también ayuda a crear otras, como la de los programadores, por ejemplo.

Ahora bien, no hay sitio para la complacencia. Quienes pierden los trabajos no tienen las habilidades para entrar en los nuevos roles que surgen. Por eso cada ola crea una nueva necesidad de ajuste y angustia sobre el futuro y por eso debemos actuar para no dejar a nadie atrás. Un tema por el que esta ola es diferente es que el ritmo de adopción de las nuevas tecnologías es cada vez más rápido y, por tanto, el ajuste es más intenso y radical que en oleadas anteriores.

¿Cuáles son los principales cambios que supone el avance tecnológico en el mercado laboral?

Los datos nos indican que, más que una gran pérdida de empleo, lo que estamos viendo son grandes cambios en la forma en que trabajamos y en las tareas que debemos hacer. Surge la necesidad de convivir más con tecnología digital y cambia la división del trabajo entre personas y máquinas: las máquinas van tomando las tareas más repetitivas y las personas aquellas tareas para las que los humanos tenemos cierta ventaja: todo lo que implica capacidad de persuasión, emoción y empatía y, en general, la capacidad de comunicarse y entenderse con otros humanos. Sin embargo, es esencial preparar y formar a las personas para afrontar bien estos cambios.

¿Cuáles son los trabajos del futuro? ¿Estamos preparados para cubrir estas necesidades a corto plazo?

Los trabajos del futuro están relacionados con tres grandes tendencias: el envejecimiento poblacional, la digitalización y la transición ecológica. Los trabajos del presente y del futuro estarán relacionados con la tecnología -algunos ya predecibles: programadores, expertos en inteligencia artificial, científicos de datos y otros que todavía no podemos adivinar-, pero también con todo lo que tiene que ver con persuadir, comunicar, emocionar -como por ejemplo, especialistas en marketing.

También estarán estrechamente ligados con el mayor peso de las personas mayores dentro de la sociedad, que genera un aumento en la demanda de personal experto en las necesidades de esta población. Aumenta la demanda de personal médico y de la economía del cuidado, sin embargo, también de diseñadores y productores de nuevos productos enfocados a este segmento poblacional.

Por último, la necesidad de reducir las emisiones seguirá potenciando ciertos empleos como el de los especialistas en energías renovables, y cambiando la composición de tareas en la mayoría de empleos para incorporar aspectos de la esfera de la sostenibilidad en todos los trabajos.

En cuanto a las habilidades… ¿Cuáles serán las más valoradas a la hora de contratar a alguien de aquí en adelante?

Aparte de las habilidades específicas de cada empleo, existe una demanda creciente de herramientas de programación y de análisis de datos. También se observa una creciente demanda de habilidades de comunicación, empatía y de trabajo en equipo. Dado que las máquinas toman las tareas más repetitivas, la mayoría de trabajos realizados para humanos exigirán un mayor dominio de habilidades cognitivas avanzadas como el pensamiento crítico o la resolución de problemas.

Siempre ha hecho mucho énfasis en que la tecnología obliga a “transformarse” y por eso, muchas veces, se recibe como una amenaza. ¿Nos abocamos a un futuro laboral de renovación constante?

Sí. Así es. Por eso debemos preparar a personas e instituciones para afrontarlo de la mejor forma posible.

Los títulos están perdiendo cada vez más relevancia en todo el mundo… ¿Cuál es el futuro del aprendizaje y la formación?

Los títulos están perdiendo relevancia, puesto que las ocupaciones están cambiando de forma suficientemente acelerada. Sobre todo aquellas relacionadas directamente con la tecnología. Las titulaciones se quedan rápidamente desfasadas y las empresas prefieren saber qué sabes hacer en vez de pedir el título.

Uno de los retos más importantes de esta transformación es la brecha que puede crear en muchas personas, ya sea por resistencia, por alta dificultad o por carencia de recursos. ¿Cómo deberemos resolverlo?

Es imperativo que desde las políticas públicas, desde las empresas y desde las universidades y otras instituciones de formación se pueda promover una estrategia coordinada de formación y reciclaje que abarate los costes de la formación para empresas y personas. De lo contrario, continuaremos dejando gente atrás.

¿La tecnología es esencial para la transición ecológica? ¿Cómo puede ayudarnos a resolver la emergencia climática?

La tecnología es una de las herramientas pero no la única. También se requieren cambios en los hábitos de consumo por parte de las personas y en los valores y principios de las empresas a la hora de producir.

¿Qué es lo que la tecnología nunca podrá hacer?

No sé si alguna vez, sin embargo, todavía estamos muy lejos de que la tecnología pueda amar, emocionar, persuadir o empatizar con otros.

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Autor / Autora
Periodista
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