Negacionismo climático y ficción: ¿una oportunidad comunicativa?

25 marzo, 2022
negacionismo-climatico-y-ficcion_uoc Imatge de Li-An Lim a Unsplash.

El día 26 de marzo se celebra el día mundial del clima, un día señalado para “generar conciencia y sensibilizar a las personas a nivel mundial sobre la importancia e influencia del clima, así como el impacto del cambio climático sobre el hombre”. Este día se celebra desde el 1992 y surge de las iniciativas generadas en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático del 1994, dos años después de la segunda Cumbre de la Tierra que tuvo lugar en Río de Janeiro.

Así, a pesar de que a finales de octubre hay específicamente otro día internacional para luchar contra el cambio climático, el de ahora es más de la estrategia continuada para concienciar e informar, antes del que sería propiamente la época de emergencia climática en la cual nos encontramos. En este artículo nos planteamos de qué forma las películas, series y documentales tienen un papel en esta estrategia de conformación de un estado de opinión alrededor del cambio climático. 

El contenido mainstream para ayudar a entender, digerir y tener conciencia, el paso previo para poder aceptar y promover el cambio.

Efectivamente, si ahora intentáramos hacer un libro como los de la colección “Filmografías esenciales” de la Editorial UOC, coordinado por el profesor Jordi Sánchez-Navarro, director de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación, sobre películas ecologistas o que tratan de una forma u otro el cambio climático, nos encontraremos que en los últimos 15 años se ha incrementado el número. De igual modo que se hace en el género literario, podríamos hablar de ficción climática (climate fiction, en vez de ciencia ficción).

Así pues, como en otros muchos ámbitos, el contenido mainstream para ayudar a entender, digerir y tener conciencia, el paso previo para poder aceptar y promover el cambio. El cine evoluciona con la sociedad.

Dentro de esta visión de contenidos para el gran público, entrarían perfectamente los dos relacionados con Al Gore. Para quienes no lo recuerden, Al Gore ha sido una de las personas más influyentes a nivel mundial en varios de sus papeles como político. Antes de ser vicepresidente de Bill Clinton (1993-2001) ya tuvo un papel destacable (a pesar de que no inventó Internet, como algunos rumores decían que había dicho) en el desarrollo de las entonces autopistas de la información. Después de perder las elecciones ante George Bush Jr. pasó a ser un activista del ecologismo. Así, el documental An inconvenient truth (2006) trata uno de los principales avisos de que no íbamos bien. El 2007, Gore recibía el premio Nobel de la Paz. 14 años después, un nuevo documental, An inconvenient sequel: Truth to Power trataba una nueva muestra en el seguimiento de los acuerdos de París 2016.

Si la importancia de los documentales para generar estado de opinión siempre han tenido relevancia, habría que recordar en este sentido un documental desinformativo que justamente lo que pretendía era deslegitimar el consenso científico alrededor del cambio climático, presentando toda una serie de científicos que eran contrarios. Hay que tener en cuenta que, sobre todo en los Estados Unidos, existe una fuerte tradición, mediática, de lobby y con potencia económica, que se han dedicado sistemáticamente a negar la mayor que a veces parecen contradictorios: o no hay datos que avalen el cambio climático (y, por tanto, no hay que hacer nada), o este no es culpa de la actividad humana (y en consecuencia no hay que hacer nada). La cumbre de esta visión se encontró durante el gobierno de Donald Trump y los grupos de poder y de interés que le apoyaban. Pues bien, el documental, estrenado también el 2007 se denominaba significativamente The Great Global Warming Swindle, la gran farsa del calentamiento global.  

Además de los documentales, una de las herramientas que a menudo han ayudado más a generar un mensaje en relación con el cambio climático, ha sido las películas que empleando la distopía, la visión más pesimista o las imágenes más llamativas han querido posar sobre la mesa los efectos del clima sobre la vida humana. A destacar sobre todo la película The Day After Tomorrow (2004) y su final impactante. El cambio climático, ahora ya emergencia climática, se ha instalado ya en el imaginario como algo que puede tener lugar. Desgraciadamente, seguimos pensando que es reversible con poco esfuerzo. 

En el proceso como sociedad de relación y aprendizaje en relación con el cambio climático y mientras todavía tenemos que digerir una pandemia (y también la infodemia provocada por la desinformación), nos llegó la película Don’t Look Up (2021), una joya donde se tocaban muchos de los problemas de la sociedad (y de los medios de comunicación, reconozcámoslo), donde el negacionismo climático era a la vez relato y resistencia al cambio, que impedía cambiar las cosas y apartaba a la ciencia del espacio central de los decisores políticos cuando más necesaria es para argumentar y ayudar a decidir el que tendremos que hacer en los próximos años para revertirlo.

La sátira en que a veces se convierte el argumento de Don’t Look Up permite posarnos en el espejo del que no nos gusta.

Sin duda, la sátira en que a veces se convierte el argumento permite posarnos en el espejo del que no nos gusta: el espectáculo de los problemas, las redes sociales como juicio inmediato, y también ver cómo la ciencia se interpreta como un vector de ciencia. Si antes de la Ilustración parecía que la ciencia parecía luchar contra la fe y la religión, el negacionismo científico relacionado con el cambio climático hace parecer que la ciencia pretende luchar contra el bienestar y el crecimiento económico. Y este es un acierto de su mensaje a quien hay que combatir, que de nada sirve la ganancia a la corta y la pérdida a la larga.

En conclusión, en la reflexión alrededor del clima y la emergencia climática, los contenidos audiovisuales cumplen su objetivo de hacer pensar, reflexionar e incluso vía el humor, caracterizar un movimiento que pretende, en nombre del falso progreso, frenar los cambios que hagan sostenible la vida humana al planeta. Estos ayudan a llegar al máximo de gente y permeabilizan lo que tiene que cambiar. No podemos decir que no viene de un día, y menos si es el internacional. Aprovechémoslo.

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