Familia, abusos y vulnerabilidades, en el punto de mira de artistas y expertos académicos

10 enero, 2023

Se celebra la primera mesa redonda del ciclo La familia (¿o la familia?), fruto de la alianza entre la UOC y la Sala Beckett

El desig del cor, obra de Caryl Churchill en versión dirigida por la dramaturga Lucia Del Greco, se representa en la Sala Beckett este mes de noviembre. Por este motivo, el pasado viernes 18 de noviembre, tuvo lugar la mesa redonda Rols, abusos y vulnerabilidades, en la que la directora Del Greco dialogó con Gemma San Cornelio, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y la Comunicación de la UOC, y Lídia Arroyo, miembro del grupo de investigación Género y TIC del IN3. Teatro y realidad ocuparon la Sala de ensayo a partir del diálogo de expertos y público sobre violencia, silencio, pequeñas omisiones, roles de los miembros de la familia, víctima y abusador… Ésta es la primera de seis mesas redondas en torno a la familia, eje de la temporada en la Sala Beckett.

En 1997, antes del Me Too y la ola de conciencia, visibilización y acción que comportó, la dramatura inglesa Caryl Churchill publicaba El deseo del corazón, “un paso valiente de denuncia del abuso sexual y machista dentro de las familias, el impacto que comporta y el silencio que lo rodea” explicó Lídia Arroyo, investigadora del grupo de investigación Género y TIC del IN3, durante la Mesa Redonda «Roles, abusos y vulnerabilidades» (18 noviembre), en el marco del ciclo «La familia (¿o la familia?)», fruto de la alianza entre la Sala Beckett y la UOC para crear un espacio de encuentro entre pensamiento y dramaturgia. Esta obra, en cartel actualmente, está dirigida por Lucia del Greco, quien también participó en la mesa redonda junto con Gemma San Cornelio, profesora de diseño y comunicación de los Estudios de Ciencias de la Información y la Comunicación de la UOC.

Del Greco, licenciada en Literatura y Filología en la Sapienza Universitá di Roma, doctorada en literatura comparada por la Oxford University y graduada en el Institut del Teatre, quien también adaptó la obra, compartió en este espacio que “la primera lectura del texto resulta hostil. Es difícil entender de qué habla la obra y por qué autores contemporáneos trabajan el contenido de esta forma. Y es que la forma hace de espejo al contenido”. San Cornelio afirmó que “como otras obras audiovisuales o películas de su momento histórico, El desig del cor trabaja una narrativa divergente y difurcada, existe una ruptura, que a mí me recuerda a los innovadores videoclips de Michel Gondry. El uso de la repetición como recurso estético con finalidad dentro de la obra”. Del Greco aseguró que “el texto de Churchill ya se estructura así, rompe con el canon lineal de texto, de tiempo… y que esto es así porque la forma explica su contenido. Previamente, estudié y leí muchísimo: está claro que ya no puede haber una forma estática independiente de su contenido en una obra de teatro. La escena se bloquea, vuelve atrás, se produce una situación imaginaria, y vuelve a empezar, y vuelve atrás… parece que no hay salida, entramos en un bucle. ¿Por qué? Porque el contenido va de un drama familiar y los personajes viven el pasado como presente (los recuerdos, las sensaciones) y así es difícil mirar hacia el futuro”.

Fondo y forma

Gemma San Cornelio se preguntó si esta idea constante del bucle que se ve en la obra y que a veces pasa “para repetir la misma frase con un pequeño cambio no es una manera de volver al pasado y hacer una modificación intentando que arregle algo? Lo mismo que ocurre en la vida real donde la violencia y el abuso también son un elemento repetitivo”.

Para la dramaturga italiana, enfrentarse a forma y contenido fue un reto. “El título, el deseo de mi corazón, es una réplica que da el padre a su hija, una frase rara en ese entorno. No hay acotación de la frase en el texto pero tenía una intuición de lo que ocurría algo extraño entre padre e hija pero no quería construir el retrato muy negativo del padre, con las características del abusador. No quería poner el abuso de forma explícita en el centro” recordó durante el encuentro pero al final, de forma orgánica y natural, “a partir del trabajo con los actores, pasó. Alguna fuerza nos llevaba hacia ahí. Construimos al padre pero también la represión, el silencio, las omisiones que ocurren en el entorno familiar -y que son pequeñas violencias constantes ante algo traumático-. Ese abuso que sufre la hija es algo compartido: todos en la familia, sobre todo las mujeres, tienen cierta complicidad. Solo hay una víctima, y ​​es la abusada”. Realidad y obra se tocan.

Personajes

Más allá de la hija, quien a punto de volver de Australia desata la acción, hay dos mujeres que juegan un
importante papel en este texto. San Cornelio señaló que la madre, una mujer callada, «con el paso
de la obra, es cada vez más empoderada y esto ocurre en algunos casos en núcleos familiares donde la mujer es oprimida«. Para Arroyo, el personaje de la teta hace de contrapunto con la madre, aunque es un personaje ambiguo. Según Da Greco, «ella es alguien de fuera de la estructura familiar, sin marido e hijos, por esto puede hacerlo. Para los padres, es difícil dar legitimidad a los hijos más allá de este papel pero la tía sí lo hace, le da legitimidad de persona. Pero a pesar de todo, no hay una denuncia ni voluntad de no verbalizar lo que está pasando«. Para la autora, la información es poder: lo que no se dice, que no se sabe, que no se comparte, da poder al padre en este caso.

San Cornelio también recordó al otro personaje masculino, el hermano, ‘que aparece borracho y por eso dice la verdad. Es el que está al margen, no puede soportar la tensión y se atreve a decirlo». Da Greco va puntualizar que por eso, desde el primer momento, «el padre le ridiculiza, lo infantiliza. Aquel que podría estar cerca de decir la verdad, le echan, no tiene posibilidad de hablar. Hay una omisión constante del hermano”.

Otros datos

Lidia afirmó que “el texto de Caryn, en el año 97, en el que el abuso no se explicita, coincide en un momento social en el que la violencia sexual, a pesar de ser un fenómeno muy extendido, estaba socialmente silenciado y normalizado. Más aún cuando la violencia sexual se producía en el ámbito privado, familiar. Los datos son importantes: según Save the Children, uno de cada 5 personas, de niño o niña, ha sido abusado sexualmente. Sin embargo, es interesante ver cómo en la adaptación, Lucia sí muestra explícitamente que se está produciendo un abuso sexual. Este paso adelante de mostrarlo, también puede estar relacionado con el impacto que ha tenido el #MeToo y la movilización internacional, cuando masivamente salimos a denunciar esta violencia y es que en 2019, una de cada dos mujeres, ha sido víctima . Con Me Too muchas mujeres empezamos a poner nombre a la violencia sexual y denunciamos lo que sufríamos, en la calle, en los medios. Fue global: en Chile empezaron a manifestarse con el grito “Violador eras tú…” y una semana después mujeres de todo el mundo también lo denunciaron. Pero, justo un mes después, con la pandemia nos confinaron en casa». Esta experta explicó que «el capitalismo, en su desarrollo, a las mujeres, ya nos había confinado, cuando se construyeron socialmente las fronteras de el espacio público reservado a los hombres, y el espacio privado como el lugar social de las mujeres, tenemos experiencias previas de confinamiento y que está relacionada con la violencia sexual que se produce en las calles y en los espacios públicos o el poder de los hombres en ‘espacio público del mercado de trabajo… El desig del cor, que se trabajó durante la pandemia, es una obra de confinamiento”. Lucía insistió en que se forzaba a no mirar el texto desde una perspectiva de género “pero éste se manifestó solo. Aparece el espacio doméstico como un espacio tóxico en cuanto la familia está contaminada. Y nosotros, que formamos parte porque todos somos hijos o hermanas, también lo estamos. Nuestra identidad existe a partir de la familia, también. De hecho interesante esto del capitalismo que comentamos, ya que Caryn habla de la familia como una estructura social que contiene el primer germen del capitalismo. La familia y la sociedad se hacen de espejo: la sociedad se conforma de familias: los miembros de la familia tóxica salen a la calle, al mundo… “ Para De Greco, en el texto, “este bucle es un código desde el principio pero hay hay un momento -cuando ocurre el abuso- que todo se congela y la imaginación, que antes entraba en diferentes situaciones posibles, ya sólo entra en el mismo punto. Ya no existe posibilidad de otras imágenes porque ya no hay salida”.

Hoy, la realidad

Las tres autoras hablaron de la película Acusados, de Jodie Foster, como una primera muestra de la visualización de este abuso años antes, aunque en un espacio público y como crítica de un sistema judicial. San Cornelio expresó que “esta fue una propuesta muy feminista pero hoy existen series que no tienen esa lectura ni mucho menos. Cómo representamos la violencia sexual en los medios audiovisuales me preocupa”.

Arroyo se planteó si “¿estamos reproduciendo estructuras de abuso patriarcal siempre? ¿O la transformación es posible? En el espacio público, con cada manifestación, por ejemplo, se produce una posibilidad de cambio. ¿Y en el espacio privado? Todas conocemos a mujeres que han sufrido abuso pero nadie conoce abusador. ¿Dónde están? Por ejemplo, el 72% de las víctimas de abuso sexual infantil son niñas y el 98% de sus abusadores, hombres machistas. El 84% pertenecen a su entorno y el 49% al entorno familiar. La pandemia movió cosas: el abuso familiar es muy grave y el no apoyo del entorno, como en esta obra, el silencio de la madre respecto al abuso sexual que está ejerciendo el padre sobre su hija, perpetúa la reproducción del abuso de las personas que denuncian, el 33% son las propias víctimas y el 28%, las madres. ¿Qué ocurre pues con las que denuncian? Que el sistema judicial no siempre se cree. Las que no denuncian no pueden salir del bucle, pero las que denuncian… si están en crisis matrimonial su testimonio no es válido, por ejemplo. ¿Cómo no deben vivir una crisis matrimonial si se enteran de que su marido y padre de la criatura abusa de ella? Save the Children también ha denunciado que la voz de los niños no se considera testigo pero sí prueba. En el 24% de las denuncias infantiles, los abusadores son absueltos. ¿Por qué? El 35% porque se contradecían ¿de verdad? un niño o joven, en un entorno familiar, con la persona que convive… ¡cómo no debe contradecirse en algún momento!- y el 15% porque había consentimiento. Estas razones son preocupantes. Poco a poco esto está cambiando con las nuevas leyes, esperemos”.

Arroyo se dirigió al público participante en el encuentro y lanzó una pregunta: “¿Habeis probado alguna vez a denunciar? es difícil cómo es difícil reconocer que se ha hecho abuso”. De Greco aseguró que “es peligroso y delicado, sobre todo en sus propias familias. Hay un tiempo de silencio y un tiempo de ruptura. Quizás entre que pasa y que ponemos el nombre hay un tiempo que no juega a favor” y más adelante afirmó que “en el momento en que lo verbalizas aquello se hace real, ya no puedes obviarlo”. Por eso, para la directora, es importante recordar “que la responsabilidad cae sobre quien hace el abuso. Es difícil que alguien se autoseñale cuando lo comete y esto nos acaba dando responsabilidad a los que estamos al lado, de alguna manera, aunque no me gusta hablar de responsabilidad… Toda decisión es política: y el silencio también lo es, aunque venga de una carga como no saber gestionar lo que hemos visto o lo que va a provocar. De todas formas, yo creo en la posibilidad de cambio”. Arroyo dijo que “de este silencio que refleja la obra -la complicidad de una mujer que apoya a la víctima pero sin confrontar al abusador- no hay datos sobre cuán extendido está el silencio cómplice con el abusador. Desde el arte, desde el teatro, se nos iluminan nuevas dimensiones que desde las ciencias sociales todavía no tenemos evidencias empíricas”. San Cornelio añadió que «esta obra hace que el mensaje te cale, trata de una manera sensorial y con una estética interesante pero de forma opresiva, este drama». Lucia Da Greco explicó que “durante la primera mitad, la gente se ríe mucho. Pero hay un cambio de ruidos de fondo, de interpretación, y en la segunda, con las mismas escenas, la gente no se ríe. Y es que nuestra percepción va cambiando con lo que vamos veían en la obra… pero también en la realidad”. Por eso, entre otras razones, el arte también tiene un papel de concienciación y transformación.

UOC-Sala Beckett

Esta temporada 2022-2023, la familia centra los espectáculos que acoge la Sala Beckett. Alrededor, se celebrarán también charlas y actividades que serán punto de partida para generar diálogo y pensamiento en torno al concepto, gracias a la alianza entre la UOC y La Beckett. A través del ciclo La familia (¿o la familia?) se crea un espacio de encuentro con expertos del mundo académico -vinculados a los estudios de Artes y Humanidades, Ciencias de la Comunicación y la Información, Psicología y Ciencias de la Educación y de el IN3, de la dramaturgia y el público, a partir de seis mesas redondas. La primera fue esta celebrada el pasado 18 de noviembre, bajo el título Roles, abusos y vulnerabilidades.

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Redactora col·laboradora
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