Eulàlia Tort: «La clave de los ‘lobbies’ está en la transparencia y el control»

22 noviembre, 2022
Fotografía de 'Andrea Piacquadio', del banco de imágenes Pexels. Fotografía de ‘Andrea Piacquadio’, del banco de imágenes Pexels.

Eulalia Tort es especialista en gestión del cambio y habilidades de comunicación. Periodista con más de 15 años de ejercicio profesional y coach desde 2017. Ha desarrollado parte de su trayectoria profesional en el tercer sector, asesorando a organizaciones en asuntos públicos e incidencia. En cuanto a su formación, Eulalia es Doctora en Filosofía (URL); Máster en Gestión Cultural (UB) y Licenciada en Ciencias de la Comunicación y también en Humanidades. Como coach, certificada en la Asociación Española de Coaching. Eulalia compagina su actividad profesional como consultora con la formación en empresas y la docencia. Actualmente es profesora colaboradora de la asignatura Lobbism & Public Affairs del Máster universitario de Comunicación corporativa, protocolo y eventos de la UOC. Con ella hablamos sobre lobbies y su importancia en el ámbito de la comunicación corporativa.

¿Qué son los lobbies y cómo funcionan? ¿Cuál es su objetivo? 

Antes que nada, déjame decir que la palabra lobby tiene mala fama y es algo que me parece profundamente injusto pues hacer lobby es, bajo mi punto de vista, un imperativo democrático. Como afirma Juan Francés en su obra ¡Que vienen los lobbies!, el lobby no es más que la defensa de unos intereses particulares ante los poderes establecidos, llevada a cabo de una forma directa por las empresas u organizaciones afectadas, o a través de intermediarios. En definitiva, si me permites, los ciudadanos, individualmente o a través de grupos de interés, tenemos el derecho democrático a interactuar con las autoridades para presentar nuestros puntos de vista sobre las decisiones públicas a todos los niveles. Y en eso consiste hacer lobby o ejercer influencia. 

¿Entonces por qué los lobbies tienen tan mala fama ? 

Un responsable público no tiene por qué tener la capacidad de saberlo todo sobre un asunto o prever las consecuencias de una normativa. Para ello, es relevante que todos los actores involucrados puedan dar su opinión. En el fondo, hacer lobby se trata de ayudar al Gobierno en los cambios normativos o regulatorios y de llamar su atención sobre aspectos concretos.

Ahora bien, una cosa es la teoría y otra la práctica. La mala fama viene por la falta de transparencia con la que a veces se lleva a cabo el ejercicio de incidencia política. Es democrático que el poder mantenga un diálogo con los actores involucrados en una nueva normativa. El problema es que a menudo son solo las grandes empresas o los actores más potentes económicamente los que tienen acceso al poder: los lobbies mejor organizados y con más recursos son habitualmente los que tienen mejores conexiones. La clave está en la transparencia y el control. Es necesario que la sociedad sepa cómo operan los lobbies, qué relaciones mantienen con los poderes (especialmente ejecutivo y los partidos políticos) y en qué medida contribuyen al resultado de las políticas. 

¿Qué aprendizaje destacarías de tu paso por las distintas organizaciones no gubernamentales para las que has trabajado? 

El tercer sector tiene mucho que aportar a nuestra sociedad. Detrás de cada organización existe una causa que merece toda nuestra atención y siempre con colectivos que ven vulnerados algunos de sus derechos. Mi experiencia se ha centrado en personas en riesgo de exclusión social, personas mayores e infancia y, con todos ellos, he reafirmado la importancia de la incidencia política. Desarrollar programas de acción social es importante porque si una persona no tiene dónde comer o dormir difícilmente va a poder defender sus derechos. Pero una vez llevada a cabo esta acción más asistencialista, llega el reto de la transformación de las estructuras que han posibilitado esa situación de exclusión. Los cambios duraderos, a largo plazo y de alto impacto pasan por la incidencia política, por el desarrollo de políticas y programas que den cobertura a las necesidades de las personas en riesgo de exclusión social. Y para ello, es imprescindible la capacidad de análisis y de interlocución con los actores políticos. 

El éxito de una estrategia de lobby depende de su capacidad de comunicar.

Teniendo en cuenta tu extensa experiencia laboral, ¿qué te ha enriquecido más a nivel personal y profesional? 

Para mi es importante la coherencia entre vida personal y profesional. En este sentido, contribuir a que personas con situaciones complicadas vean mejoradas sus circunstancias, me llena de energía y da sentido al ejercicio profesional a pesar de las adversidades – que no son pocas.

Por último, ¿qué consejo les darías a los alumnos que quieren encontrar un trabajo en este sector una vez terminen sus estudios?

Se dice que toda estrategia de asuntos públicos o lobby, para ser exitosa, debe tener un 20% de comunicación, un 20% de derecho, un 20% de política, un 20% de economía y un 20% de diplomacia. Así, el éxito de una estrategia de lobby va a depender en buena medida de la capacidad de comunicar persuasivamente (ser capaz de analizar el poder, a los stakeholders, desarrollar mensajes…). Por ello, los alumnos del Máster Universitario de Comunicación Corporativa, Protocolo y Eventos tienen mucho que aportar en los despachos de agencias de asuntos públicos o trabajando directamente con organizaciones en la defensa de sus legítimos intereses ante los poderes públicos.  

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