Diseño web accesible para no dejar a nadie atrás
18/09/2024Desde el diseño tenemos el poder y la responsabilidad de abordar aspectos sociales como la sostenibilidad, la inclusión, la atención a la diversidad o la accesibilidad, entre otros. Cuando escogemos una tipografía, una combinación de colores, incluimos una imagen o decidimos dónde colocaremos cada elemento de un diseño, no solo estamos tomando decisiones estéticas, sino que también facilitamos o dificultamos que las personas que tienen alguna discapacidad, por razones de edad, circunstanciales, etc., puedan acceder al contenido.
Así pues, es necesario que, desde el ámbito del diseño, conozcamos qué necesidades tienen las personas para las cuales diseñamos, qué barreras se encuentran al acceder a determinados contenidos o qué ayudas técnicas usan para acceder a los entornos digitales para de esta manera poder crear recursos digitales (sitios web, aplicaciones móviles, interfaces interactivas…) que no dejen a nadie atrás y para que el máximo número de personas puedan acceder a aquello que queremos comunicar. Cada elección que tomamos desde el diseño puede hacer accesible o inaccesible nuestro proyecto a un grupo concreto de personas. Según Kat Holmes (2021), experta en educación y recursos para el desarrollo del diseño inclusivo, «la participación no requiere un diseño en particular, pero el diseño en particular puede impedir la participación».
Si tenemos en cuenta que la Organización Mundial de la Salud calculó que, en 2023, 1.300 millones de personas (una de cada seis personas en el mundo) sufren alguna discapacidad importante, podemos entender la magnitud de la responsabilidad de la que hablamos.
Cada elección que tomamos desde el diseño puede hacer accesible o inaccesible nuestro proyecto a un grupo concreto de personas.
El proceso de diseño, pues, como decíamos, se convierte en una herramienta estratégica clave en la sociedad contemporánea, con responsabilidad ética, social y cultural que obliga a saber ponerse en la piel de la persona usuaria para saber cuáles son sus necesidades reales. A este elemento se suma el hecho de que, en las últimas décadas, han aparecido directrices y buenas prácticas que han generado el marco necesario para una sociedad más inclusiva, provocando cambios en la práctica de los diseñadores y diseñadoras, que la han orientado hacia una mayor accesibilidad e inclusión. A este contexto también hay que añadir que las instituciones públicas deben cumplir legalmente ciertos requisitos de accesibilidad, muchos de ellos estrechamente relacionados con el diseño. Por suerte, las normativas están cambiando y se están adaptando a una realidad diversa y sensible a todo tipo de capacidades.
Para conocer ese contexto y aprender a aportar soluciones desde el ámbito del diseño hemos creado el curso online de Diseño Web Accesible.
Aclarando conceptos: diferencias entre: diseño inclusivo, diseño accesible y diseño universal
Estos tres conceptos tienen mucho en común y, en realidad, la línea que los separa es muy fina.
El diseño inclusivo tiene como objetivo eliminar barreras y facilitar la vida a cualquier persona al tener en cuenta un espectro muy amplio de diversidad que puede abordar cuestiones de género, lingüísticas, culturales, generacionales, etc.
Un diseño accesible se focaliza en una característica concreta de la diversidad y persigue que los productos, servicios y entornos los puedan utilizar el mayor número posible de personas con independencia de si presentan o no una discapacidad. Si hablamos específicamente de diseño web accesible, los estándares al respecto se centran en conseguir que el contenido sea perceptible, operable, comprensible y robusto, así como en que las personas puedan participar activamente en esos entornos.
El concepto de diseño universal (también llamado diseño para todo el mundo o diseño inclusivo) se refiere al diseño de productos, servicios y entornos dirigidos a todas las personas, sin necesidad de adaptaciones o diseños específicos (Connell et al., 1997). Esta aproximación se concreta en siete principios que deben cumplirse para que una interfaz se considere universal: el uso equiparable para no segregar o estigmatizar a las personas usuarias, la flexibilidad para acomodarse a las características, capacidades y preferencias de cada persona, que sea simple e intuitivo, que la información sea perceptible para que las capacidades sensoriales de cada persona no se conviertan en una barrera, que tolere errores para minimizar los riesgos y consecuencias derivados del uso, que comporte un esfuerzo físico moderado y que tenga unas dimensiones apropiadas a las características físicas de cada persona.
Por su parte, las ayudas técnicas (tecnologías de apoyo o sistemas de asistencia) son productos o servicios específicos que permiten a las personas con discapacidad salvar determinadas barreras al interaccionar con algunos productos de consumo general, incluso cuando estos se han diseñado teniendo en cuenta los principios del diseño universal. Algunos ejemplos en el mundo físico son las sillas de ruedas, necesarias para algunas personas, aun en un contexto arquitectónico accesible. En el contexto digital nos encontramos con lectores de pantalla, ampliadores de texto, teclados adaptados o el cabezal licornio, entre otros muchos.
El diseño universal y las ayudas técnicas son en realidad estrategias complementarias. Aunque el diseño universal es una fuerza que permite acercar las características del producto o servicio al mayor número posible de personas sin adaptaciones específicas, la realidad es que las ayudas técnicas son un complemento indispensable y, por lo tanto, también se tienen que contemplar al diseñar para que todo sea compatible.
Cómo impulsar la accesibilidad desde el diseño
Para incorporar la mirada accesible al proceso de diseño tenemos en nuestras manos muchas opciones que, combinadas entre sí y en función de las necesidades específicas de cada proyecto, nos permitirán diseñar para todo el mundo. Al inicio, antes de ponernos a trabajar en la estructura y la formalización de un proyecto de diseño, podemos seguir los consejos siguientes:
- Debemos incorporar la inclusión y la accesibilidad desde el inicio del proyecto, no como un aspecto secundario que se revise o adapte al final del proceso de diseño. Si pensamos en ello desde el inicio, por ejemplo, al decidir la tecnología o los materiales que vamos a utilizar, nos podemos ahorrar mucho tiempo y dinero.
- Debemos descartar la idea preconcebida de que la accesibilidad es un elemento que entorpece el proceso de diseño. Aunque es una fase que requiere una dedicación de tiempo, lo tenemos que equiparar al que destinamos a buscar un material más sostenible, traducir los textos a diferentes idiomas, buscar referentes formales o a cualquier otra parte del proceso que tengamos ya integrada.
- Es imprescindible que nos rodeemos de personas y trabajemos con personas que tengan perfiles de usuarios similares a los de aquellas a quienes nos dirigimos, con habilidades relevantes —cuanto menos habituales, mejor— para construir de manera conjunta. Diseñar a partir de nuestras propias capacidades nos reduce la mirada con prejuicios y estereotipos que no suelen ajustarse nunca a la realidad.
- No tenemos que limitarnos a cumplir lo que indica la normativa de manera literal en términos de accesibilidad. Si vamos más allá y verificamos qué es exactamente lo que necesitan las personas usuarias, nos aproximaremos a la experiencia concreta y la testaremos de una manera más directa, lo que la ajustará al máximo a la realidad.
- Es necesario identificar los desajustes que pueda haber entre las habilidades de las personas a quienes nos queremos dirigir y las posibles incompatibilidades con la solución de diseño que queremos proponer.
- Resulta básico pensar y diseñar una variedad de formas de participar de la experiencia que proponemos y evitar una única solución fija para que el mayor número de personas posible se puedan sentir parte.
Una vez tengamos claras estas bases, existen una gran cantidad de estrategias, herramientas y protocolos que podemos aplicar desde el diseño para crear webs accesibles, para que todo el mundo pueda llegar a los contenidos que queremos mostrar: desde una cuidadosa arquitectura de la información y una composición de los elementos gráficos que tenga en cuenta la jerarquía, a la semántica, la elección y el uso de la tipografía, la maquetación de la página, los formatos, las medidas y las proporciones, pasando por un buen uso del color y el contraste, los recursos gráficos para sintetizar y mejorar la comunicación (tanto en la imagen fija como en movimiento) o la visualización de los datos. Estos elementos serán claves para crear un diseño web accesible.
Con un cambio de mirada y la incorporación de elementos clave para la accesibilidad, desde el diseño tenemos el poder de romper muros y favorecer que muchas más personas lleguen a la información y los contenidos que queremos mostrar.