Marina Albarracín: «Hay que ofrecer herramientas para que la gente sea consciente de cómo puede revertir el cambio climático»
23/10/2024En Washington D. C. se levanta el impresionante nuevo edificio del Centro Hopkins Bloomberg de la universidad Johns Hopkins: entre otros, acoge la sede de la Planetary Health Alliance (PHA), integrada por más de cuatrocientas organizaciones mundiales, desde ONG a gobiernos o universidades, de cerca de setenta países. No obstante, el modelo de implantación de los diez nodos (hubs) mundiales de la PHA es diferente en cada sector. Por ejemplo, a pesar de que reúne 44 países, la actividad del nodo europeo no se centraliza en una sede física única, sino que fluye y articula encuentros y acciones alrededor de polos como Utrecht, Maastricht y Ámsterdam. Marina Albarracín, licenciada en Psicología, empezará pronto a trabajar en el hub, a partir de su experiencia en el máster universitario de Salud Planetaria (interuniversitario: UOC, UPF, ISGlobal).
Vamos por partes y empecemos por el concepto: ¿en qué consiste la salud planetaria?
La salud planetaria es un concepto bastante reciente, pero se convierte en un nuevo marco para redefinir la salud pública. En términos comprensibles, vendría a ser la interconexión entre los sistemas de la Tierra y la salud humana. Es una manera de ver la salud de manera multidimensional e interdimensional, que no se puede separar de la salud de los ecosistemas. La salud planetaria analiza, además, cómo los cambios globales en todos los sistemas de la Tierra acaban afectando a nuestra salud.
Por lo tanto, cómo afecta el cambio climático y del entorno al ser humano, las migraciones, la geopolítica, la asistencia a nuevos grupos de población, las pandemias…
En efecto. De manera especial, además, el máster se enfoca mucho en lo que son los grupos vulnerables, y en el tema de carácter muy social de quiénes serán los que acabarán sufriendo la mayor parte de las consecuencias de todos estos cambios.
¿Qué serie de inquietudes y circunstancias te llevaron a cursar el máster universitario de Salud Planetaria?
Fue una combinación de factores. En primer lugar, mi trasfondo educativo: yo cursé Psicología (por la UAB), me gradué en junio del año pasado y quería un cambio de dirección, porque no me convencían las salidas profesionales más normalizadas de la carrera de Psicología, que de una manera u otra vendrían a ser las de tipo clínico. Yo estaba mucho más interesada en la parte social, en cómo nos comportamos los seres humanos a escala social y de grupo. Por otro lado, mi pasión por la naturaleza también me empujó a intentar conectar de alguna forma la psicología con la Tierra… Y encontré este máster, donde coincidía todo.
La salud planetaria analiza cómo los cambios globales en todos los sistemas de la Tierra, como por ejemplo el cambio climático, acaban afectando a nuestra salud.
Que, además, por circunstancias personales, te iba de perlas que se impartiera en línea.
Totalmente. Mi pareja lo estaba haciendo aquí en Dinamarca, y esto me permitía combinar el máster con vivir aquí.
Del conjunto de asignaturas, ¿cuáles te han impactado más o te han dejado huella?
Por ejemplo, la asignatura de Sistemas alimentarios sanitarios y sostenibles: obviamente yo ya sabía algo sobre el tema, pero no el gran impacto que tiene todo lo que consumimos y comemos en el planeta. De forma que esto me ha llevado a hacer cambios personales. También la asignatura de Soluciones integradoras y cambios transformadores: es con la que más he conectado con mi bagaje académico, porque trata de cómo fomentar el cambio, y esto está muy vinculado a lo que es la psicología, a entender a las personas para poder comunicarnos con ellas, y a cómo impulsar este cambio tan necesario. Pero, además, he aprendido a ser mucho más cuidadosa y a no dar por ciertas todas las informaciones que nos llegan por internet.
Y todo esto te lleva a tu trabajo final de máster (TFM).
Yo centré el TFM en cómo la conservación comunitaria en poblaciones indígenas y rurales del sur global incide en la salud y el bienestar de aquellas comunidades. Al final, se trata de intentar comprender la idea de cuidar la Tierra para cuidarnos a nosotros mismos, lo que plasma y explica uno de los aspectos fundamentales de la salud planetaria. Los resultados demuestran que hay beneficios en la salud y el bienestar de las personas y comunidades que participan en estos proyectos, pero no pueden darse por seguros, porque también hay estudios que constatan consecuencias negativas… Tenemos las dos partes, y hay que estar muy alerta con las dinámicas económicas y de distribución de estos beneficios para comprender qué es lo que provoca estas consecuencias negativas: por ejemplo, quizás se trata de que se pague a las comunidades para que conserven, pero hacerlo puede implicar que estas comunidades entren en una economía de mercado, donde tienen acceso a nuevos alimentos más procesados, lo que hace que surjan nuevos problemas para la salud a largo plazo.
Al mismo tiempo he observado que únicamente en aquellos proyectos que tienen la salud como principal objetivo se constatan efectos positivos sobre esta. Es decir, que la motivación inicial viene determinada por las acciones y objetivos principales del proyecto, lo cual implica que los proyectos de conservación comunitaria tendrían que poner la dimensión de la salud en el centro del diseño de las iniciativas para que haya impactos positivos, tanto para el medio ambiente como para la salud y el bienestar humanos, puesto que la mayoría de los proyectos han demostrado que es posible.
Recientemente, has empezado a trabajar con el hub europeo de la Planetary Health Alliance. ¿Qué te llevó a él?
Una vez acabado el máster, yo buscaba una salida profesional y me resultó muy difícil encontrar un trabajo relacionado con este ámbito. Me puse en contacto con el codirector del máster, el Dr. Josep Maria Antó, que me estuvo orientando y me dijo que enviara un correo a sus colaboradores de Holanda y Dinamarca. Y me ofrecieron unas prácticas de septiembre de 2024 a enero de 2025.
Centré el TFM en cómo la conservación comunitaria en poblaciones indígenas y rurales del sur global incide en la salud y el bienestar de aquellas comunidades.
¿Cuáles serán tus tareas en el hub?
Actualmente, todavía están por concretar del todo, pero sé que organizaré acontecimientos y conferencias sobre salud planetaria, aquí, en Holanda y en el ámbito europeo. Conoceré a mucha gente del sector, lo que creo que es una gran oportunidad, y espero que a partir de los contactos que haga pueda desarrollar mi trabajo aquí mucho después de enero. También llevaré a cabo mi propia investigación, que tengo la intención de enfocar en las ecoemociones.
¿Qué son las ecoemociones?
Son aquellas emociones, muy comunes hoy en día, que se producen a raíz del bombardeo de información sobre el cambio climático, que demasiado a menudo resulta muy catastrofista. Esto hace que las personas tengan una sensación de no control, de impotencia hacia el cambio climático y todos estos problemas globales de los cuales reciben mucha información. Al final, hay que ir con mucho cuidado a la hora de comunicar, y hacerlo siendo conscientes de la necesidad de ofrecer también herramientas que permitan a la gente sentirse capaz de hacer un cambio. La información sola no es suficiente, porque si no facilitas herramientas, la gente cae en emociones de ansiedad.
¿Qué tipo de herramientas puede ayudar a la población, los espectadores, a ser conscientes de su poder hacia el cambio climático?
Al final, muchos cambios personales producen una gran masa de cambio. Se habla mucho de los negative tipping points, que serían los puntos de no retorno de los sistemas de la Tierra, pero debemos dar importancia también a los puntos de no retorno positivos (positive tipping points), aquellos cambios transformadores, capaces de impulsar cambios positivos estructurales. Según estos, solo una minoría del 10-25 % que se opone a la norma actual puede acabar convirtiéndose en mayoría a través del peer effect, la influencia de nuestros iguales. Por eso, es muy importante transmitir poder y autoeficacia en nuestros mensajes, para alejarnos del miedo, que a menudo nos paraliza.