Jose Maria Blazquez: una semblanza particular

7 de septiembre de 2016

Fuente de la imagen. Diario ABC

 Por  Francisco Javier Gómez Espelosín

Conocí al profesor Blázquez cuando impartía Historia de Grecia dentro de la especialidad de Filología Clásica en la Universidad Complutense de Madrid en el año 1973. Al año siguiente volvería a tenerlo en Historia de Roma dentro de la misma especialidad. En esos dos años académicos consecutivos tuve ya la oportunidad de percibir al menos una buena parte de su enorme sabiduría y de su peculiar personalidad, que luego iría comprobando con el curso de los años y un trato más personal. Tuvimos que leer un buen puñado de libros en ambas asignaturas, algunos espléndidos y fundamentales como los cuatro tomos de Rostovtsef dedicados al mundo helenístico y al imperio romano o las Historias de Heródoto, alguno no tan afortunado como Atenas una democracia de Cohen, que luego se difuminó en las bibliografías especializadas sobre el tema.

Blázquez no explicaba el programa sino que concentraba su atención sobre temas monográficos como las tiranías griegas o el cristianismo antiguo. Sus lecciones repletas de datos de todas clases se veían constantemente adobadas por su inconfundible humor habitual repitiendo su latiguillo ‘para qué nos vamos a engañar’ con el que culminaba algunas curiosas reflexiones como las obsesiones sexuales de San Jerónimo o la práctica imposibilidad de que los obreros aceptasen como compañeros de viaje revolucionario a unos señoritos como los estudiantes. Con el paso del tiempo pude conocerle más de cerca en reuniones científicas donde coincidíamos o de manera más informal en algún encuentro casual. Mi impresión no cambió con el paso de los años. Su humor particular continuaba inalterable y así lo pude comprobar en el discurso de su ingreso en la Academia de la historia sobre Salviano de Marsella con sus opiniones acerca de la discutible honestidad sexual de las mujeres galas o en la última ocasión en que coincidí con él en unas conferencias del Museo de Arte romano de Mérida donde discutía apasionadamente acerca de la postura concreta de una escena erótica en un vaso griego.

La figura de Blázquez resulta irrepetible. Ha dominado el terreno de la historia antigua en España durante décadas y así lo demuestra la cantidad de discípulos que ha dejado en la mayoría de las universidades del país. Resulta complicado destacar una faceta particular de su saber, dado que escribió de manera extensa y continuada sobre casi todos los temas, si bien destacaría sus trabajos sobre las religiones y la Hispania antigua, de manera especial sobre la ciudad de Cástulo o el diccionario de religiones de la Península, o sobre el monte Testaccio en Roma. Llevaba a menudo pajarita porque al parecer se la había visto a llevar a Massimo Pallotino, el gran especialista en los etruscos, y probablemente también por sus frecuentes estancias en universidades alemanas. Fue un viajero incansable llevando consigo a estudiantes y colegas hasta las tierras más remotas, frecuentemente lejos del marco mediterráneo, como el Yemen o las planicies iranias por no mencionar otros más exóticos. Es posible que como buen académico jugara alguna mala pasada a alguien pero la verdad es que resulta casi imposible guardar de él una imagen negativa o mezquina si se ha tenido la oportunidad de tratarlo en persona o de compartir su forma particular de escribir y enseñar la historia.

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Autor / Autora
Máster universitario online la Mediterránea antigua.
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