Por qué el Premio Nobel de Economía no es un verdadero Premio Nobel
31/10/2024El pasado lunes 14 de octubre, la Real Academia de las Ciencias de Suecia anunció la concesión del “mediáticamente” llamado Premio Nobel de Economía de este año. No obstante, la forma correcta de referirse a este premio es “Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en Memoria de Alfred Nobel”.
Este premio, establecido en 1968, no forma parte del grupo de cinco premios que Alfred Nobel dejó escritos en su testamento, que son los siguientes: física, química (ambos otorgados por la Academia Sueca de las Ciencias), fisiología y medicina (concedido por el Instituto Karolinska de Estocolmo), literatura (entregado por la Academia de Estocolmo) y el premio de los defensores de la paz (en este caso, otorgado por una comisión de cinco miembros elegidos por el parlamento noruego y entregado en la ciudad de Oslo). De hecho, los Premios Nobel “originales” se empezaron a entregar en 1901, mientras que el de Ciencias Económicas se concedió por primera vez casi siete décadas después.
Por tanto, el premio del Banco de Suecia es ajeno a la voluntad del mismo Alfred Nobel, dado que nunca mencionó su voluntad de premiar la disciplina económica. Probablemente, dudaba de la capacidad de la ciencia económica de proporcionar verdades científicas al mismo nivel que las que decidió premiar (física, química y medicina). Prueba de ello es que también quedaron excluidas de los Premios Nobel “originales” todas las demás ciencias sociales, como la sociología, la antropología, el derecho o la ciencia política.
Este premio tampoco se financia con el legado económico del inventor de la dinamita, a través de la fundación que lleva su nombre, sino con una aportación del Banco de Suecia de idéntico importe al de los Nobel “originales”, que este año ha sido de 11 millones de coronas suecas (unos 976.000 euros) para cada uno de los premios.
Sin embargo, la institución encargada de decidir los ganadores del premio de economía otorgado por el Banco de Suecia es la Real Academia de las Ciencias de Suecia, es decir, la misma que decide los Nobel de física y de química y, además, el anuncio y la entrega del premio se realizan en una ceremonia idéntica a la de los Premios Nobel “originales”. También coincide la limitación de que no pueda repartirse el premio entre más de tres personas en cada ocasión.
El premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia ha sido criticado por diversos motivos. En primer lugar, porque al colocar como colofón del nombre del premio la coletilla “en memoria de Alfred Nobel” se crea confusión y se utiliza la marca Nobel para revestir la economía de un halo de infalibilidad, a la altura de la física, la química y la fisiología, que no tiene, ya que, dadas sus características, las investigaciones en la disciplina de la ciencia económica dependen de las hipótesis formuladas, siempre discutibles, y de las preferencias éticas e ideológicas de los investigadores, lo que conduce a conclusiones que no pueden tener validez universal.
La segunda gran crítica es el sesgo ideológico a la hora de decidir cuáles son las personas premiadas. De hecho, el origen del premio ya es resultado de una disputa ideológica, ya que a pesar de que formalmente el premio se estableció para conmemorar el tricentenario de la creación del Riksbank, el banco central de Suecia, este tuvo lugar en medio de una disputa ideológica que lo enfrentaba con el gobierno sueco. Tal y como explican Avner Offer y Gabriel Söderberg en su libro The Nobel Factor. The Prize in Economics, Social Democracy, and the Market Turn, el banco reclamaba mayor autonomía frente a los poderes democráticos con el objetivo de virar hacia políticas liberales, mientras que los segundos eran partidarios de mantener las tesis socialdemócratas. Haciendo creer que se trataba de un Premio Nobel, el banco buscaba extender la creencia de que las tesis económicas neoliberales, que se irían premiando, eran verdades científicas frente a las cuales no había alternativa.
El resultado de este sesgo ideológico es que suele concederse a economistas pertenecientes a la escuela neoclásica y de pensamiento neoliberal. Es cierto que se ha concedido en algunas ocasiones a economistas enfrentados, con más o menos matices, al paradigma neoliberal, como sucedió en los casos de Amartya Sen, Joseph E. Stiglitz o Elinor Ostrom, pero la crítica al sesgo liberal está claramente justificada si miramos la adscripción a las diferentes escuelas de pensamiento económico de la inmensa mayoría de los galardonados. Además, muchas de las excepciones son el resultado de determinadas circunstancias históricas que han aconsejado al comité que decide el premio dar un giro puntual hacia orientaciones menos ortodoxas, ni que fuera para tratar de aumentar la credibilidad del premio y la legitimidad de la escuela mayoritariamente premiada. Una consecuencia importante de este sesgo ideológico es la histórica ignorancia mostrada hacia temas como las desigualdades sociales, la pobreza o el medio ambiente.
Otras críticas que ha recibido el premio son el predominio de galardonados norteamericanos (56 de los 98 premiados en total hasta 2024, a los cuales se podrían sumar los nacidos en otros países, pero que han desarrollado la mayor parte de su carrera académica en Estados Unidos, como es el caso de los tres galardonados de este año), aspecto que encaja perfectamente con las posiciones de los premiados, o la poca presencia de mujeres entre los ganadores, ya que Elinor Ostrom no lo obtuvo hasta el año 2004, 36 años después de la primera edición, mientras que la segunda en obtenerlo fue Esther Duflo en 2019, siendo además la persona más joven en hacerlo. La última ha sido Claudia Goldin, en 2023. En conjunto, solo tres mujeres de un total de 98 premiados y 56 ediciones, un desequilibrio de imposible justificación.
En síntesis, el Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en Memoria de Alfred Nobel ha sido, al menos hasta ahora, un componente más de la ofensiva neoliberal desplegada con el objetivo de extender sus tesis por todo el mundo.