Los aranceles de Trump: una respuesta simple a una realidad compleja

03/04/2025
aranceles Trump Fuente: Captura del discurso de Donald Trump

El 2 de abril, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció la aplicación de un nuevo paquete de aranceles a las importaciones, que afectará de manera directa tanto a la Unión Europea (con un arancel del 20%), Taiwán (32%) como a China (con un 34%). El anuncio, presentado como una medida de reciprocidad, forma parte del discurso habitual de Trump, donde se combinan mensajes proteccionistas con promesas de recuperar la soberanía económica de los Estados Unidos. Pero detrás de esta apariencia de simplicidad, la realidad es mucho más compleja.

En una economía globalizada, las cadenas de valor no son lineales ni nacionales. Un solo producto puede atravesar media docena de países antes de llegar al consumidor final. Las piezas de un vehículo europeo, por ejemplo, pueden haber sido fabricadas en China, ensambladas en Alemania y optimizadas electrónicamente en Estados Unidos. En este contexto, imponer aranceles al origen de las importaciones es romper ese delicado equilibrio que sostiene la competitividad global.

La medida no solo afectará a las economías de origen, sino también a los propios ciudadanos estadounidenses. Es importante recordar que un arancel no es una multa que paga el país exportador. Es un impuesto que recae sobre el importador y, en última instancia, sobre el consumidor. Esto significa que, con estos nuevos aranceles, muchos productos que forman parte del día a día de los ciudadanos estadounidenses se verán afectados por un aumento de precio inmediato.

Aun así, la narrativa de Trump gira en torno a la reciprocidad. El argumento central es que China y la Unión Europea han impuesto históricamente barreras comerciales que han perjudicado la economía estadounidense y que, por lo tanto, estos nuevos aranceles son una respuesta justa y simétrica. Pero cuando analizamos los fundamentos de esta afirmación, observamos que el cálculo que utiliza la administración Trump no se basa realmente en los aranceles que aplican estos países, sino en el déficit comercial bilateral. Es decir, Trump no responde a un arancel concreto aplicado por Europa o China, sino al desequilibrio entre las exportaciones e importaciones de Estados Unidos con estos socios.

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Fuente: The White House (X).


La fórmula que utiliza la administración Trump para justificar este “arancel recíproco” es tan sencilla como engañosa:

Déficit comercial de EE.UU.  con el país / importaciones de EE.UU. desde ese país

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Este cálculo parte de la base de que el déficit comercial equivale a una especie de desventaja injusta que debe compensarse con impuestos a las importaciones. Pero, desde un punto de vista económico, esta lógica no se sostiene. El déficit comercial no es necesariamente un síntoma de debilidad; puede ser consecuencia de una alta capacidad de consumo, de una moneda fuerte o de un modelo económico especializado. Hacer política arancelaria a partir de este indicador es confundir correlación con causalidad, y aplicar soluciones que pueden empeorar el problema que se quiere resolver.

Desde una perspectiva liberal, esta ofensiva arancelaria representa una auténtica ruptura con los principios que han sustentado la economía global en las últimas décadas. Es cierto que, a corto plazo, algunos sectores domésticos podrían verse protegidos de una competencia exterior más eficiente. Pero esta protección suele traducirse en una pérdida de incentivos para innovar, en una reducción del comercio y, sobre todo, en un aumento sostenido de los precios. A medio plazo, la economía estadounidense sufrirá una pérdida de dinamismo. Y a largo plazo, el peligro es que estas medidas desencadenen una guerra comercial con represalias cruzadas que afecten tanto a las exportaciones como a la inversión internacional.

La aplicación de estos aranceles no solo genera incertidumbre, sino que alimenta una lógica de bloques comerciales que nos aleja del modelo de cooperación que ha definido las últimas décadas. Y, en un mundo en el que los grandes retos (climáticos, tecnológicos o sanitarios) requieren respuestas globales, el proteccionismo solo puede ofrecer respuestas fragmentadas.

Las economías modernas son interdependientes. Las soluciones que apuestan por el aislamiento, por muy atractivas que puedan parecer en periodos de incertidumbre, acaban convirtiéndose en trampas para los mismos que las promueven. El caso de los nuevos aranceles de Trump es un ejemplo claro de esta contradicción: una medida que promete protección, pero que puede terminar generando más vulnerabilidad.


Referencias:

Miguel Jiménez (03/04/2025): Las claves de los aranceles recíprocos de Trump El País
https://elpais.com/internacional/2025-04-03/las-claves-de-los-aranceles-reciprocos-de-trump-que-paises-tienen-los-mas-altos-cuales-estan-exentos-y-cuando-se-aplican.html

Romm, T. (02/04/2025). ¿Cómo se calculan los aranceles de Trump? The New York Times. https://www.nytimes.com/2025/04/02/business/economy/trump-tariff-rates-calculation.html

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Autor / Autora
Carles Méndez Ortega
Profesor lector en Economía Aplicada a los Estudios de Economía y Empresa de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) y director del Máster en Análisis Económico. Está especializado en geografía económica, con un enfoque en la distribución espacial y dinámicas de aglomeración de las industrias de alta tecnología, creativas y de servicios intensivos en conocimiento. Su investigación analiza la evolución y localización de los espacios de coworking, evaluando su impacto en el desarrollo económico regional y los ecosistemas de innovación.
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