Inteligencia artificial y prevención de riesgos laborales: nuevos riesgos emergentes

14/01/2025
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La inteligencia artificial (IA) está transformando radicalmente la forma en que se aborda la prevención de riesgos laborales (PRL), ofreciendo soluciones innovadoras que permiten mejorar la seguridad y el bienestar de los trabajadores. Esta tecnología se ha consolidado como una herramienta indispensable para las empresas, al ser capaz de analizar enormes volúmenes de datos, identificar riesgos específicos y proponer medidas preventivas con un nivel de precisión y personalización sin precedentes.

Uno de los principales aportes de la IA en el ámbito de la PRL es su capacidad para realizar evaluaciones detalladas de riesgos en diferentes áreas laborales. Al identificar patrones en datos históricos de accidentes, la IA puede predecir qué situaciones tienen mayor probabilidad de ocurrir y recomendar acciones para evitarlas. Por ejemplo, puede detectar zonas peligrosas dentro de una planta de producción o prever el desgaste de maquinaria crítica antes de que ocurra un fallo, permitiendo una intervención preventiva. Además, la tecnología puede integrar datos en tiempo real, como el monitoreo de condiciones ambientales o el comportamiento de los empleados, generando alertas inmediatas que ayudan a evitar accidentes.

En términos de formación, la IA está revolucionando la forma en que los trabajadores aprenden a manejar situaciones de riesgo. A través de la simulación en realidad virtual, los trabajadores pueden experimentar escenarios peligrosos en un entorno controlado, mejorando su capacidad de respuesta ante emergencias reales. Esto no solo optimiza la formación, sino que también reduce los costos asociados y los riesgos que implican los entrenamientos en entornos físicos.

Otra ventaja clave de la IA es su capacidad para personalizar la prevención de riesgos. Gracias a su capacidad de aprendizaje, puede adaptar soluciones a las características individuales de cada trabajador, considerando factores como su nivel de experiencia, sus habilidades específicas y hasta su estado de salud. Esta personalización no solo mejora la eficacia de las medidas preventivas, sino que también fomenta una mayor confianza y compromiso por parte de los empleados.

Sin embargo, junto a estos beneficios, el uso de la IA también plantea importantes desafíos. Uno de los más destacados es el impacto psicosocial que puede tener sobre los trabajadores. La monitorización constante, facilitada por cámaras y sensores inteligentes, puede generar una sensación de vigilancia permanente, lo que aumenta el estrés y puede afectar negativamente la moral y la productividad. Además, esta tecnología podría ser percibida como una invasión de la privacidad, especialmente si no existe una comunicación transparente sobre cómo se recopilan y utilizan los datos.

Por otra parte, la dependencia excesiva de la IA en los procesos laborales plantea el riesgo de una pérdida gradual de habilidades humanas. En sectores como la aviación, por ejemplo, se han documentado preocupaciones sobre la disminución de la capacidad de los pilotos para manejar manualmente una aeronave en situaciones críticas debido a la confianza excesiva en los sistemas automáticos. En un contexto más amplio, la automatización también podría llevar a la reducción de puestos de trabajo, generando tensiones sociales y económicas.

Un aspecto ético crucial relacionado con la IA en la PRL es la posible perpetuación de sesgos en los algoritmos. Aunque estas herramientas son diseñadas para ser objetivas, los datos que alimentan su aprendizaje pueden contener prejuicios históricos que se reflejan en decisiones discriminatorias, como la exclusión de ciertos grupos de trabajadores en procesos de selección. Esto subraya la importancia de la supervisión humana, para garantizar que las decisiones algorítmicas sean adecuadas: justas y equitativas.

Frente a estos desafíos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido una serie de principios rectores que buscan asegurar un uso responsable y ético de la IA en el ámbito laboral. Estos incluyen garantizar la transparencia en el uso de datos, preservar la autonomía de los trabajadores y promover la equidad en el acceso y la implementación de estas tecnologías. Además, la OMS enfatiza la importancia de capacitar a los trabajadores y a los responsables en la gestión de la IA, para que esta sea utilizada de manera complementaria y no como un sustituto de las decisiones humanas.

En el contexto de la prevención de riesgos laborales, la IA también ha contribuido a abordar nuevos desafíos que surgen con el avance tecnológico, conocidos como riesgos emergentes. Entre ellos, el tecnoestrés destaca como un problema creciente, manifestándose tanto en la dificultad para adaptarse a las nuevas tecnologías como en la dependencia excesiva de las mismas. Este fenómeno, junto con la tecnofatiga y la tecnoadicción, pone de manifiesto la necesidad de un enfoque equilibrado en la implementación de estas herramientas, que considere tanto las oportunidades como los riesgos asociados.

Con todo, llegamos a la conclusión de que la inteligencia artificial tiene el potencial de transformar la seguridad y la salud en el trabajo, ofreciendo soluciones innovadoras y eficaces para prevenir riesgos. Sin embargo, su implementación debe hacerse de manera cuidadosa, asegurando un equilibrio entre los beneficios tecnológicos y la protección de los derechos y el bienestar de los trabajadores. Solo a través de un enfoque ético y humano será posible maximizar el impacto positivo de la IA en los entornos laborales, creando espacios más seguros, inclusivos y sostenibles para todos.

 

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Autor / Autora
Rubén Rodríguez Elizalde es director del Máster de Prevención de Riesgos Laborales de la UOC. Doctor en Arquitectura y Patrimonio por la Universidad Alfonso X “El Sabio”, Ingeniero Geólogo por la Universidad Politécnica de Madrid, Máster en Patología e Intervención en Edificación (UCAM), Máster en Prevención de Riesgos Laborales (Univ. San Pablo CEU) y Máster en Energías Renovables (UFV). 
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