Consumo libre: reflexiones sobre las desigualdades y la sostenibilidad
05/02/2025Hace poco, mientras comparaba el precio de un producto entre dos países europeos, me di cuenta de cómo las desigualdades marcan nuestra capacidad de consumir.
Aunque racionalmente somos conscientes de que el sistema del consumismo nos invita a adquirir cosas fuera de nuestras necesidades, hay muchos factores psicológicos que hacen que compremos y que no podamos refrenarnos. Podríamos decir que consumir está bien, siempre que sea dentro de nuestras posibilidades y de parámetros sostenibles. Hagamos una reflexión más profunda sobre las dos afirmaciones de esta última frase.
Desigualdades de ingresos y de coste de la vida en Europa
Europa es un continente en el que se dan grandes disparidades en términos de ingresos y coste de la vida. Esas diferencias se hacen evidentes cuando comparamos los salarios medios entre los países del norte y el sur de Europa y entre el este y el oeste. A pesar de que la cesta de la compra se adapta en parte a esas desigualdades en ciertos lugares, hay millones de personas que todavía luchan para llegar a fin de mes a causa del estancamiento salarial y el aumento del coste de vida. Los salarios, que llevan mucho tiempo sin experimentar grandes cambios, no han podido seguir el ritmo de la inflación ni de los costes crecientes de los bienes y servicios esenciales.
Los datos actuales (imagen 1) muestran que, mientras que hay países como Luxemburgo y Dinamarca que cuentan con sueldos que superan los 40 €/hora, otros, como Bulgaria o Rumanía, apenas alcanzan los 10 €/hora. En el caso de España, la media es de 18,2 €/h. Por otro lado, el coste medio de la vida en Europa también presenta grandes diferencias. El mapa de precios (imagen 2), muestra la diferencia de costes tomando como referencia la media del continente.
Además, la desigualdad ha ido en aumento, concentrando la riqueza en manos de una pequeña parte de la población, cuando la mayoría se enfrenta a dificultades económicas. Según la OCDE y Eurostat, la diferencia en ingresos y poder adquisitivo entre el 1 % más rico y el 50 % más pobre sigue creciendo. Esto se da en todas las regiones, independientemente de los ingresos medios per cápita.
Productos que son un lujo
Si bien es cierto que algunos bienes de primera necesidad, como los alimentos, pueden ser más baratos en países con menores ingresos, los productos de lujo, como por ejemplo un teléfono móvil o un vehículo de ciertas marcas, tienen precios similares en toda Europa. Eso significa que un ciudadano de Noruega, con un salario muy superior, paga lo mismo que uno español por el último modelo de teléfono móvil, aunque la proporción de sueldo destinado a ese bien sea muy distinta. Sucede lo mismo en una región, entre las capas sociales con mayor y menor poder adquisitivo.
Otros “lujos” no sostenibles
Conviene explicar que existen otros productos que podríamos considerar de “lujo” por el impacto ambiental y social negativo que pueden tener. Se trata, en muchos casos, de productos de moda rápida, que además suelen ser de bajo coste por su precio de venta, pero que tienen un gran impacto negativo en términos de sostenibilidad. Son conocidas las prácticas de sobreexplotación de la naturaleza y del uso de mano de obra en condiciones laborales infrahumanas.
Pero este no es el único sector, ni tampoco producto. Los científicos también señalan que ciertos hábitos de consumo, como comer carne diariamente, son insostenibles a causa de su elevado coste de producción y su impacto negativo en el medio ambiente. Y cada vez somos más conscientes del impacto medioambiental provocado por el abuso de medios de transporte contaminantes para efectuar envíos de mercancías no necesarias o desplazamientos que se podrían evitar o realizar en medios más sostenibles.
Libertad de mercado y regulación
En el sistema capitalista somos libres de consumir como queramos, incluso por encima de nuestras posibilidades si nos endeudamos. La realidad es que gran parte de las personas no tienen recursos para consumir los productos llamados de lujo, que son inasequibles para ellas porque a duras penas llegan a cubrir las necesidades cotidianas. La pregunta que surge inmediatamente es si esto es lógico e incluso ético. En la lógica económica actual, sí, claro.
La realidad es que como el mercado no se regula solo, los impuestos distinguen entre productos de primera necesidad, menos gravados (con impuestos reducidos o superreducidos) y el resto, que tienen un 21 % de impuesto sobre el valor añadido (IVA). Ahora bien, solo algunos países tienen todavía mecanismos que gravan más los productos considerados de lujo, con un 33 % o más.
Afortunadamente, también vemos una tendencia cada vez más clara a que la producción de bienes de “lujo” con impacto social o ambiental negativo sea gravada con impuestos de sostenibilidad. El efecto perverso es que eso hará que suban los precios de venta de algunos de los mal llamados productos low cost, por ejemplo la moda fast fashion. La consecuencia será más desigualdad, puesto que ya no podrán consumirlos, lo que acabará con la falsa percepción de poder adquisitivo mayor.
Consumo libre
La economía del bien común (EBC) propone algunas medidas para reducir la desigualdad, por ejemplo, disminuir las diferencias salariales y hacer que servicios básicos como la vivienda y la educación sean más accesibles. Pero también propone valores más humanos.
Nuestra libertad como personas consiste, además de en poder elegir lo que consumimos, en hacerlo de forma consciente. Elegir lo que es necesario, pero pensar si hay que consumir tanto, si hay que comprar productos no necesarios que tan caros son y que casi no generan beneficios a la sociedad y, por supuesto, si hay que adquirir aquellos que tienen un impacto negativo.
La EBC apoya y hace aflorar a las organizaciones que son referentes del nuevo éxito empresarial, que miran por el bien común. Son compañías que saben que no operan solas, sino que están inmersas en un ecosistema con grandes grupos de interés, entre los que la sociedad y el medio ambiente resultan claves para la sostenibilidad, tal como se ha explicado.
Se trata de organizaciones de impacto positivo que generan valor para todos los grupos de interés, que se adecuan a un nuevo marco de consumo libre, consciente y sostenible. De esta manera aportan retorno económico, social y natural.
¿Qué crees que podemos hacer como sociedad para promover un consumo más consciente y sostenible?
Referencias clave:
- Eurostat: estadísticas salariales y costes de vida en Europa.
- Global Property Guide: precios de la vivienda en diferentes países.
- Numbeo: costes de vida y comparativas de productos entre diferentes países europeos.