Discursos de odio en las redes sociales: por qué es necesario combatirlos

17/05/2023
Este discurso se propaga con una intención maligna (aumentar votos o ingresos, es decir, poder político y económico…) y con el estímulo de incrementar la popularidad en las redes. Este discurso se propaga con una intención maligna (aumentar votos o ingresos, es decir, poder político y económico…) y con el estímulo de incrementar la popularidad en las redes.
El pasado 28 de marzo, desde el máster universitario de Social Media : Gestión y Estrategia de la UOC se organizó una sesión sobre los discursos de odio en las redes sociales a cargo de Dolors Reig , psicóloga social, experta en redes sociales y col colaboradora docente del máster, presentada por Silvia Martínez , directora de la titulación, licenciada en Ciencias de la Información (Periodismo), directora del máster y profesora agregada de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación. Se trata de un tema de gran interés que pone el foco en una de las preocupaciones actuales en el ecosistema de los medios sociales: la presencia de contenidos ofensivos, discriminatorios o violentos dirigidos a distintos colectivos.

El discurso del odio –“hate speech en inglés- se define como la acción comunicativa destinada a promover y alimentar un dogma, cargado de connotaciones discriminatorias, que atenta contra la dignidad de las personas. Dicho discurso es propagado con intención maligna (aumentar votos, ingresos, es decir, poder político y económico…) y bajo el estímulo de aumentar la popularidad en redes: discursos de odio en las redes sociales.

Reig empezó afirmando que la idea compartida por tantos con la irrupción de internet que lo veía como un instrumento de progreso y evolución, de difusión de nuevas ideas y de potenciación de la creatividad, llamado en definitiva a mejorar el mundo, se ha visto ensombrecido en los últimos tiempos por su cualidad de altavoz para intereses comerciales y de propaganda capitalista muy inquietantes. Las redes sociales en particular, apunta, nos han convertido en todos en “micromedios”, facultándonos para trasladar nuestro mensaje a multitudes, lo que en su vertiente negativa implica la posibilidad de difundir contenidos de odios, detrás de los cuales se esconden turbios intereses de naturaleza política y económica, al tiempo que muchas veces constituyen formas de desahogo destinadas a causar daño y que proceden de individuos fácilmente manipulables y en ocasiones con problemas psicológicos.

Colectivos más afectados

La diversidad de formas de manifestación hace complicado la legislación y control del hate speech,  ya que como argumenta Dolors Reig, “prohibir los discursos de odio muchas veces significa también cortar la libertad de expresión. Esta debemos defenderla siempre, siempre y cuando no atente contra la dignidad de las personas”. Según expone, y citando al sociólogo Manuel Castells (2009), quien ya señaló un cambio importante en la forma de comunicarnos en lo que definió como el paso de la comunicación de masas a la autocomunicación de masas.

 Según datos del Ministerio del Interior, en los últimos años se ha generado una evolución anual ascendente en el número de delitos de odio, incluído el discurso de odio en la Red. “En el periodo comprendido entre el 1 de noviembre y el 31 de diciembre de 2022, las plataformas han retirado el 37 % de los contenidos notificados”, añade Dolors Reig. La ausencia de ética política –el incremento de discursos racistas en redes por parte de personajes públicos, un hecho vinculado a la proliferación de partidos de ultraderecha en el panorama político mundial- y la circulación de información distorsionada o directamente falsa han contribuido a echar gasolina al fuego.

Uno de los aspectos destacados durante la sesión ha sido el referente a los colectivos diana de estos discursos que, según señala la experta, son más graves cuando atacan directamente a quienes ya están discriminados per se o necesitados de cierto tipo de protección. “Este último año, de hecho, uno de los datos del Ministerio del Interior dice que la mayor parte de las denuncias por discurso de odio en redes tenían un origen ideológico (34,9 %) y los partidos con ideologías más extremas están promoviendo todo este tema”, apunta. Un segundo tipo de discurso más frecuente (30,2 %) es el vinculado al racismo y la xenofobia, que atentan directamente contra colectivos tradicionalmente discriminados, “estos sí me preocupan más porque son colectivos a los que ya deberíamos estar protegiendo con mayor intensidad”. O los discursos contra la orientación sexual o la identidad de género (16,3 %) por los que también muestra preocupación: “Creo que está costando bastante todo el tema de la igualdad de género como para que estos discursos lo pongan más complicado”.

(Foto: Jon Tyson / Unsplash)
(Foto: Jon Tyson / Unsplash)

Otro fenómeno que surge en este entorno es que los colectivos discriminados tienden a asumir los discursos de odio, es decir, “los jóvenes musulmanes consideran los mensajes islamófobos dirigidos contra ellos como una parte más de su vida. Por eso debemos proteger a los ya desprotegidos por discriminaciones previas”, insiste Dolors Reig, quien opina que uno de los objetivos del discurso de odio es el de frenar la evolución. En el caso de los sexistas, “las consecuencias son humillar, objetivar a las mujeres, crear mayor violencia hacia ellas, subestimar sus habilidades, más discriminación y destruir su reputación, hacerles sentir vulnerables, controlarlas, castigarlas, etc.”.

 

Cómo combatir los discursos de odio

¿Por qué la Red es un caldo de cultivo de estos mensajes? En palabras de la psicóloga, por el anonimato y la distancia emocional, “todos somos muy atrevidos cuando no se nos ve la cara y cuando no empatizamos con el otro. Es obvio que se empatiza más con alguien cara a cara que en las redes”. Otros motivos apuntados por la experta son la presencia en las redes de comunidades que fomentan y aplauden estos discursos; el efecto espiral hacia la transgresión, “muchos políticos han jugado a esto, a dar la nota, a decir la barbaridad más burda para conseguir la popularidad”; y la evasión de la responsabilidad, “hay estudios que demuestran que uno se apunta al carro del insulto y de la crítica siempre y cuando el responsable sea otro”.

¿Por qué todo esto es grave? Para la psicóloga, “la naturalidad con la que los jóvenes leen mensajes de odio hacia colectivos transexuales en la red puede llevar a que hagan un bullying más duro en las escuelas”, advierte.

La experta recomienda no visualizar este tipo de mensajes y denunciarlos en la red social para que los retiren. “Hay un compromiso por parte de algunas plataformas, unas más que otras, en retirar este tipo de mensajes. La que más retira es Instagram, seguida de TikTok, Twitter, YouTube y Facebook”, señala. Otro forma de combatirlos es darle like a las críticas vertidas sobre el contenido de odio, y así atacar a los discursos de odio en las redes sociales.

(Foto: Claudio Schwarz/
Unsplash)
(Foto: Claudio Schwarz/
Unsplash)

Pero la principal idea que ha destacado Dolors Reig para combatir los discursos de odio, es educar a la gente para que identifique cuándo les están intentando manipular y que luche contra esos discursos de odio. “Se trata de convertir a la gente en alumnos críticos, en sujetos críticos de estos discursos de odio y que puedan directamente neutralizarlos, discutirlos, comentarlos. ¿Qué podemos hacer? “Primero informarles, sobre todo a los jóvenes, que son los que más están difundiendo información, de lo que no deben hacer. A mis alumnos les digo, por ejemplo, cuando surge un vídeo de abusos que atenta contra la dignidad de las personas, que ni lo busquen ni lo visualicen, porque al final los algoritmos de las redes sociales funcionan por popularidad”, aconseja. En segundo lugar, “podemos denunciarlo, de forma directa o a través de alguna ONG, presente también en las redes sociales, que defienda determinados derechos. Y al final, también podemos hacer lo de siempre, es decir, no alimentarlo, porque muchas veces nos enfadamos y comentamos. Tampoco es bueno comentarlo. Cada vez que interactúas con sus cuentas, el algoritmo de la red social considera que son relevantes y les muestra sus mensajes a más personas. No hay que ayudarles a ser virales”.

Según datos de la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), casi el 80% de los casos no se denuncia porque las víctimas no quieren, no se atreven o no saben qué se puede hacer. El desconocimiento de la Ley, el temor a represalias o la desconfianza en los cuerpos de seguridad añaden más dificultades al problema.

Además de exigir más mecanismos de control y una legislación más firme a la hora de proteger al individuo contra este tipo de mensajes, al tiempo que una mayor responsabilidad social y cívica a las plataformas de contenidos, Dolors Reig sostiene que todo cambio significativo nacerá de una educación profunda en estos temas pues sólo tomando conciencia de un problema puede empezar a revertirse (interrogarse por los intereses que hay detrás de cada discurso o por el perverso funcionamiento de los algoritmos, así como intentar detectar cómo nos manipulan constituirían primeros pasos muy valiosos). “Saberlo es poder combatirlo”.

En el caso de que se conteste a este tipo de mensajes, la psicóloga recomienda hacerlo de una determinada manera: “Contestar al argumento y no a la persona. Creo que esto es de las cosas que menos hacemos y que más demuestra si uno es respetuoso y educado en redes. No busquemos si quien está diciendo la barbaridad de turno es de determinado partido político, etc. El argumento tiene que ser sobre el tema, no sobre la persona. Además, debemos contestar concienzudamente y premiar a las respuestas críticas que intentan restablecer la dignidad del colectivo hacia el que se dirige el discurso de odio”.

Para finalizar, la experta ha querido destacar la necesidad de exigir más recursos humanos a las plataformas para controlar la difusión de estos mensajes, así como la elaboración de una legislación que regule estas temáticas y combatir el discursos de odio en las redes sociales.

 

 

 

 

 

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Autores / Autoras
Olga Fernández Castro
Redactora col·laboradora
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