Laia Hernández: «Me dieron una botellita con células y me dijeron: ‘Mantenlas vivas'»

22/11/2023
Laia Hernández, graduada del máster universitario de Neuropsicología de la UOC. Laia Hernández, graduada del máster universitario de Neuropsicología de la UOC.

De la psicología a la investigación sobre biofísica. Con solo 24 años, Laia Hernández Marco, valenciana del pequeño pueblo de Rafelguaraf, no ha parado de buscar oportunidades y de aprovechar becas Erasmus+ para abrirse camino en el mundo de la investigación. Hace más de dos años que vive en Noruega, desde donde ha estudiado el máster universitario de Neuropsicología de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Ahora el Erasmus termina, pero su experiencia noruega no.

Laia, si miramos tu perfil de LinkedIn, llevas unos cuantos Erasmus.

El actual es el cuarto. Estudié Psicología en la Universitat de València. En el último año me dejé las asignaturas optativas, el trabajo final de grado y las prácticas. Pensaba realizar una experiencia internacional para tener un currículum que destacara. Quería irme lejos de España. No había visto nunca la nieve y me dije: Noruega. Me fui al norte del país, a Tromsø, que está 300 kilómetros por encima del círculo polar ártico. Es la capital de la Laponia noruega. Allí se encuentra la Universidad Ártica de Noruega.

Bien arriba.

Fue una gran experiencia. Había dos metros de nieve. Vi las auroras boreales. Pude viajar a Finlandia. Y allí acabé las asignaturas que me quedaban de Psicología. Noruega es un país muy caro y con la beca Erasmus no tenía bastante ni para pagar el alquiler de la residencia universitaria, que es donde son más baratos. Mis padres son de clase trabajadora. Desde muy pequeña me han enseñado que hay que trabajar y ser humilde para poder cumplir los sueños. Tanto ellos como el resto de la familia siempre se han sacrificado para que las nuevas generaciones tuviéramos más oportunidades.

[…]

Decidí ponerme a trabajar en un bar, hacerme responsable de mis decisiones y devolverles, de alguna manera, lo que habían hecho por mí. Hice un montón de amigos noruegos. Una de las chicas con las que trabajaba era pareja de un chico que investigaba en la universidad. Le dije que quería hacer las prácticas con una experiencia internacional y que me gustaba la neurología. Me facilitó contactos, pero pedían que hablase noruego, y es complicado. Al final hice las prácticas con él mismo, sobre el párkinson, el alzhéimer y el húntington, enfermedades en las que hay un error de plegamiento de las proteínas. Fue mi primer contacto con los laboratorios de investigación, en un Departamento de Biofísica y Física Médica. Fue muy bien.

Acabado el primer Erasmus de Psicología y este segundo de las prácticas decidiste hacer el máster universitario de Neuropsicología de la UOC… ¿Desde Noruega?

Sí. Vine a Oslo, donde estoy ahora. Aquí hay un parque científico y quería buscar nuevas oportunidades en él. La Universitat de València me ayudó a que pudiera hacer prácticas extracurriculares en el Departamento de Biofísica y Matemáticas. Hice esas nuevas prácticas, encontré un trabajo y empecé el máster de la UOC.

En este caso las prácticas fueron con unas células que tienen un nombre muy curioso.

Son unas células de cáncer de pulmón que se llaman A549.

Pero el cáncer de pulmón no guarda mucha relación con tus estudios…

Fue la manera de empezar a hacer prácticas en este parque científico. Me puse a cultivar células y a aplicar técnicas para mantenerlas vivas. Me dieron varias formaciones, entre ellas un curso para trabajar con un acelerador de partículas, porque tenía que irradiar las A549 con rayos X y con protones. Estudiábamos los mecanismos de reparación celular tras la radiación en el marco de un proyecto financiado por el Gobierno noruego que se llama ProGRID.

Y, justo después, vino el cuarto Erasmus, ya a través del máster universitario de Neuropsicología.

Sí. Para trabajar esta vez en el Departamento de Medicina de la universidad con unas células que se llaman T98G.

Estas sí que son del cerebro.

Son de un tipo de cáncer cerebral muy agresivo que tiene una esperanza de vida de 15 meses. Se llama glioblastoma multiforme. Usamos unos microchips y me cogieron porque ya los sabía utilizar gracias a mi experiencia en Tromsø. Dentro de esos microchips recreamos microtumores en forma de esferoides, un modelo 3D en vez del típico 2D que se usaba hasta ahora, y ponemos en ellos también células inmunitarias y medio. Cuando tenemos ya todos los ingredientes para el experimento metemos el microchip en una plataforma giratoria que se mantiene en constante movimiento a una velocidad determinada para que se produzca una interacción entre las células inmunitarias, los microtumores irradiados y el medio. Y estudiamos qué pasa en función de cómo las irradiamos. Es muy interesante porque estamos estudiando modelos con células humanas in vivo, como si fueran de una persona viva, y así no tenemos que recurrir a animales para intentar predecir el resultado en los humanos.

Cuando hablas de radiación, tanto con unas como con otras células, ¿te refieres a investigar los tratamientos de radioterapia?

En el caso de las células de cáncer de pulmón podríamos decir que estudio cómo hacer que la radioterapia sea más eficaz en menor cantidad. Eso reduciría los efectos secundarios. En el caso de las células del cerebro lo que hago está mucho más enfocado a la inmunoterapia. La radiación es para que el sistema inmunitario reconozca la señal de cáncer y ataque.

La inmunoterapia parece la gran promesa de futuro: conseguir que el propio cuerpo se deshaga del cáncer, ¿verdad?

La inmunoterapia, actualmente, si no la combinamos con otros tratamientos, solo funciona en entre un 20 y un 30 % de los pacientes. Si conseguimos que funcione mejor sería muy interesante porque produce menos efectos secundarios y no cuesta tanto dinero como la quimioterapia o la radioterapia.

Ahora estás en estos dos proyectos y el cuarto Erasmus se acaba a finales de año.

Parece que me lo alargarán. Quieren abrir plaza de doctorado.

¡Un doctorado! ¿Estás contenta?

Sí, muy contenta. En mi equipo del Departamento de Biofísica las personas son muy accesibles y trabajan muy bien. Me han dado la oportunidad de hacer investigación sin venir de un background de física o de matemáticas. El primer mes me dieron una botellita con células y me dijeron: «Mantenlas vivas». A partir de ahí vieron que podía hacer las cosas y continuamos. Sí que me gustaría quedarme más tiempo aquí. Los doctorados en Escandinavia no son como en España.

¿Qué diferencias hay?

La calidad de vida. En cuanto a los horarios, apuestan mucho por la confianza. Puedes hacer las cosas cuando quieras, no importa cuándo. Si quiero venir a las cinco de la mañana a hacer experimentos, puedo venir. Y en España no sueles tener un sueldo.

Por eso la gente pide becas.

Hay dos tipos de becas en España: una por buenas notas y la otra a cargo de un proyecto de investigación. Pero las becas son de unos 1.200 o 1.300 euros al mes. Aquí, los sueldos para hacer el doctorado son de más de 5.000 euros brutos al mes.

La vida es mucho más cara, pero sale a cuenta, ¿no?

Sí. Pagamos muchos impuestos. Yo pago un 25 % de mi sueldo en impuestos porque soy extranjera y mi sueldo se considera bajo, ya que cobro menos de 6.000 euros al mes [ríe]. Puedes llegar a pagar un 45 % del sueldo en impuestos.

¡Ostras! Es otro mundo.

Sí. Aquí no pagas matrícula en la educación primaria, ni secundaria, ni de grado, ni de máster. Solo una tarifa de 60 euros al semestre.

Entonces, a pocos años vista no te veremos en España.

No sé si me quedaré siempre en Noruega. No quiero estancarme. Si me saliera otra oportunidad en Estados Unidos, en Suiza, en China… me iría. Lo que tengo claro es que quiero ser investigadora.

¿Lo tenías claro cuando empezaste Psicología?

No. A mis a padres les extraña la relación de la psicología con la biofísica [ríe]. En la universidad no tenía nada claro. Pasé por una etapa bastante difícil. Al final hice un clic y vi que disfrutaba haciendo investigación. Empecé a moverme y también vi lo importante que es hablar bien inglés para hacer investigación.

En este contexto, ¿por qué que decidiste estudiar el máster universitario de Neuropsicología de la UOC?

Al ser en línea podía organizarme a mi manera. Y estaba relacionado con la neurología, que es lo que me interesa.

Ya has acabado el máster de Neuropsicología. ¿El balance es bueno?

Lo acabé en julio. Me ha gustado mucho que los apuntes estén preparados y sean claros, así como los recursos que se ofrecen en el aula virtual. A una persona que está trabajando, o haciendo otras cosas además de estudiar, le va muy bien. Y me gusta mucho que la UOC no se centre solo en un examen, sino que se haga evaluación continuada. En un examen no se refleja lo que has aprendido. Puedes tener buena o mala suerte. El único problema que tuve en la UOC fue que al principio me confundí porque no me informaron bien sobre los plazos de las prácticas y el trabajo final de máster. Pero tengo que decir que después lo solucionaron muy bien.

¿Sobre qué trató el trabajo final de máster?

Sobre un paciente con cáncer de cerebro de bajo grado. Mi tutor me ayudó mucho.

¿Seguirás apostando por investigar la inmunoterapia?

Es muy interesante. Pero también me gustaría mucho estudiar los biomarcadores cerebrales para la detección del alzhéimer.

Es muy importante detectarlo pronto, ¿verdad?

Sí. Uno de los problemas es que muchas de las cosas que pensamos hoy sobre el alzhéimer son suposiciones. Por ejemplo, todavía no se sabe el tamaño que tienen las proteínas que causan el alzhéimer cuando se rompen, algo muy importante para entender la enfermedad.

Falta dinero para investigar esta enfermedad tan devastadora, como comentaba hace unos días el profesor del máster de Neuropsicología de la UOC Juan Luis García

Sí. Hoy hay muchas enfermedades que ya tienen cura y cada vez vivimos más años. Las enfermedades del futuro serán las demencias. Si no dedicamos dinero a investigarlas, acabaremos todos dementes.

Con el coste que ello supone para las familias y los Estados.

Si globalmente se invirtiera más en esta y otras enfermedades, evitaríamos tratamientos carísimos que tienen muchos efectos secundarios, como la quimioterapia o algunos psicofármacos. Además, la carga para los profesionales y los familiares sería mucho menor y la calidad de vida mucho mayor. Necesitamos más financiación para poder estudiar e investigar, y dejar de hacerlo en condiciones precarias.

¡Eres una chica erasmus! ¿Estás contenta con estas cuatro experiencias?

Sí. Me han abierto muchas puertas y dado muchas oportunidades. Mi inglés se ha enriquecido mucho. Pero habría que adecuar la cantidad de dinero de las becas al país al que se vaya a estudiar. Quitando eso, lo volvería a hacer sin lugar a dudas.

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Autor / Autora
Periodista col·laboradora
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