Isabel Cárcaba: «Antes la gente almorzaba y cenaba mucho, pero la comida era más saludable que ahora»

09/11/2023
Isabel Cárcaba, alumni del máster universitario de Nutrición y Salud de la UOC. Isabel Cárcaba, alumni del máster universitario de Nutrición y Salud de la UOC.

Isabel Cárcaba tiene 24 años y vive en Gijón (Asturias). Cursó el bachillerato de ciencias y posteriormente completó el grado de Biología en la Universidad de Oviedo. Cuando terminó la carrera, no sabía bien por dónde continuar y decidió enfocarse en la nutrición a través del máster universitario de Nutrición y Salud de la UOC. Le gustó la idea, ya que su hermano también había cursado estudios anteriormente en la misma universidad con muy buenas referencias. Lo hizo, cuenta, tanto para enriquecer su conocimiento personal como para desarrollar profesionalmente su currículum.

Actualmente, una vez finalizados sus estudios en la UOC, está cursando el máster de Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional en Oviedo. Lo hace porque cree firmemente que los niños y adolescentes deben recibir una amplia formación en materia de nutrición, ya que considera que “existe una falta de información muy importante en esta materia”. Ella misma experimentó esta carencia de conocimiento en su pasado, y quiere que las nuevas generaciones tengan un entendimiento sólido sobre la dieta equilibrada y cómo hacer compras saludables en el supermercado. 

¿Qué es el Nutriscore y por qué ha recibido tantas críticas?

Se supone que el Nutriscore evalúa la salud de los alimentos en función de su contenido nutricional. Eso sí: a veces no refleja de manera precisa la calidad de los productos. Por ejemplo, algunos cereales con alto contenido de azúcar pueden obtener una puntuación alta, mientras que el jamón serrano, que es saludable, obtiene una calificación demasiado baja debido a su alto contenido en grasa. Por lo tanto, no refleja la realidad de cada alimento.

¿Tenemos mucho desconocimiento acerca de lo que comemos?

Mucha gente me pregunta en mi día a día si un alimento es saludable o no. La realidad es que la mayoría de las personas tiene un conocimiento muy limitado sobre este tema, a pesar de que debería tratarse de información básica. He notado que la gente que practica deporte, en general, tiende a investigar más por su cuenta, pero los conocimientos también acaban siendo muy superficiales.

Todavía vemos familias comiendo en restaurantes de comida rápida…

Es cierto que los restaurantes de comida rápida suelen estar llenos de niños, pero el problema real surge cuando esta elección se convierte en un hábito. Es fundamental que la sociedad en general tenga un mayor conocimiento sobre la alimentación y sus efectos en la salud para promover hábitos más saludables y prevenir problemas relacionados con la dieta.

¿Recomendarías el máster de Nutrición y Salud a otros estudiantes que se estén planteando ampliar sus estudios de nutrición?

Quedé encantada con la recomendación de mi hermano, que estudiaba Derecho y me sugirió explorar el campo de la nutrición en la UOC. En Asturias, no había programas de máster en nutrición, pero desde el primer momento, todo se desarrolló sin problemas. El trato fue excepcional y los estudios resultaron ser sumamente productivos.

Las prácticas también fueron una experiencia increíble. Me asignaron un centro específico, donde una profesional tenía una consulta en línea y me invitaba a asistir como oyente a las propias consultas, además de encargarme tareas. Durante esos tres meses, pude aplicar los conocimientos teóricos en situaciones reales, lo que me ayudó a consolidar la comprensión de todos los conocimientos. A pesar de la dedicación y el esfuerzo requeridos, obtuve muy buenas calificaciones. 

Nutriscore evalúa la salud de los alimentos en función de su contenido nutricional, pero a veces no refleja de manera precisa la calidad de los productos.

Tu Trabajo de Final de Máster (TFM), ‘Alimentación de la sociedad en Asturias: pasado y presente’, ha recibido muy buenas críticas entre el profesorado del máster. ¿En qué consiste?

El trabajo, en esencia, compara la alimentación de nuestros abuelos durante la Guerra Civil y la posguerra con la que seguimos los jóvenes en Asturias a día de hoy. Para ello, realicé entrevistas a personas de esa generación, lo cual resultó ser un proceso bastante desafiante debido a la escasez de participantes dispuestos a concederlas. Los encuentras con las personas mayores duraban aproximadamente dos horas y, en algunos casos, requerían un entorno cómodo para tratar situaciones que para ellos no son para nada agradables.

Eso sí, el periodo de guerra y posguerra es un tema extremadamente delicado. Finalmente, logré reunir entre siete y ocho participantes, tratando de obtener una muestra diversa de diferentes regiones de Asturias, tanto urbanas como rurales. Fue interesante encontrar personas de varios rincones de Asturias, incluyendo gente que vivía en pueblos dónde ni siquiera se dieron cuenta de la llegada de la guerra hasta pasados más dos meses. Descubrir historias tan variadas y ricas resultó sorprendente.

¿Qué fue lo que más te sorprendió?

Me quedé atónita con la forma tan drástica en que la alimentación ha cambiado en muy poco tiempo. Antes, la gente solía cultivar sus alimentos y, en la actualidad, hay una oferta tan extensa que resulta abrumadora. En esencia, este fue el punto principal de la investigación. Las diferencias fundamentales incluyen hoy la disponibilidad de supermercados en todos los lugares, lo que permite a las personas acceder a productos básicos en cualquier momento. En la época de la guerra y la posguerra, las dificultades eran palpables, ya que muchas personas dependían de la agricultura y la ganadería para sobrevivir. Tener un par de cerdos significaba proporcionar alimento para una familia numerosa de ocho o nueve hermanos, por ejemplo. 

Por entonces, la gente consumía solo lo esencial para poder trabajar y comían las calorías que realmente consumían, o incluso menos. En la actualidad, la exposición a una variedad de alimentos es mucho mayor, pero también hay un cambio en los hábitos, con muchas menos personas haciendo ejercicio. Aquí, en Asturias, la dieta tradicional incluía alimentos ricos en grasa, como la fabada con chorizo, pero se quemaban debido a que los trabajos que realizaban eran físicamente muy exigentes.

¿Tan mal comemos, ahora?

Hoy en día, el consumo de grasa ha disminuido en comparación con el pasado, ya que hemos dejado de consumir platos tradicionales para optar por otros, aunque no necesariamente más saludables. Los alimentos ultraprocesados y los snacks llenos de calorías nos aportan más energía de la que podemos gastar en nuestras jornadas de trabajo. Lo que preocupa especialmente es su impacto en la población infantil, pues no solo los adultos se ven afectados.

En el pasado, no existían los lugares de comida rápida, y cuando desembarcaron en España, algunos lugares de Asturias no los vieron aparecer hasta muchos años más tarde. En la actualidad, abundan los establecimientos de este tipo, ofreciendo alimentos que son sabrosos y muy populares entre los niños. No obstante, no todos los establecimientos son igual de horribles, por lo que es fundamental enseñar a los niños a comer de forma saludable y por qué deben hacerlo.

Es fundamental que la sociedad en general tenga un mayor conocimiento sobre la alimentación y sus efectos en la salud para promover hábitos más saludables y prevenir problemas relacionados con la dieta.

Comidas abundantes, cenas ligeras y un mínimo de cinco comidas al día. Eso es lo que nos han enseñado.

En cuanto a la alimentación, a mediados del siglo pasado, era común almorzar y cenar de manera abundante. En la actualidad, en cambio, la mayoría de los nutricionistas recomiendan realizar cinco comidas al día. Además, después de la pandemia, nos hemos acostumbrado a comer entre horas, lo que aumenta la cantidad de calorías que consumimos. Si los snacks son saludables, no hay problema, pero la mayoría no lo son.

Por otro lado, los horarios actuales y los nuevos estilos de vida incentivan más a comer fuera de casa. En el pasado, era común que toda la familia se reuniera para comer junto. De hecho, era impensable no hacerlo, excepto en casos en que algún miembro tuviera que trabajar lejos durante largos períodos de tiempo. Sin embargo, en la actualidad, los horarios de cada individuo a menudo hacen que las familias no coincidan y no se reúnan alrededor de la mesa para comer. Algunos estudios sugieren que cuando alguien come solo, tiende a comer de manera menos saludable, más rápido y a optar por comidas menos elaboradas.

¿Comemos demasiado rápido?

Para una comida adecuada, se requiere como mínimo media hora, y lo ideal sería disponer de una hora. Sin embargo, por lo general –y también me pasa a mí, lógicamente–, cuando uno está solo, suele comer en diez o quince minutos debido a la prisa por coger un tren o las exigencias del trabajo.

Muchas personas optan por comer en establecimientos de restauración, comedores o cantinas donde los trabajadores almuerzan y les sirven la comida ya hecha. Esta elección puede condicionar la dieta, ya que cuando uno come fuera no tiene el control total de la calidad de la comida. Todo esto influye en nuestra forma de vida y en nuestra alimentación. En conclusión: en el pasado, la vida era más pausada y tranquila en comparación con la actualidad, y la alimentación era un claro ejemplo de ello.

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Autor / Autora
Periodista
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