Elecciones en Estados Unidos: De ir igualados a la victoria del neoliberalismo autoritario
12/11/2024En las semanas y los días previos a las elecciones de Estados Unidos, las encuestas y los titulares de los diarios, por ejemplo el The New York Times, pronosticaban que las elecciones a la presidencia del país serían las más ajustadas de la historia contemporánea. En aquel momento se hablaba de una posibilidad de empate real y se determinaba cómo las características del sistema electoral podían tener impacto en la resolución electoral. En otras palabras, se apuntaba a lo que desde la ciencia política se denominan “efectos mecánicos” del sistema electoral; es decir, cómo el sistema electoral puede afectar al resultado final de las elecciones.
Lo primero que se debe tener en cuenta para entender la situación es el carácter mayoritario del sistema electoral de EE. UU. A diferencia de lo que nos encontramos en los sistemas proporcionales —como el de Cataluña o España—, el partido que obtiene más votos en cada circunscripción, aunque solo sea un voto, gana toda la representación. En el caso de EE. UU., el ganador consigue todos los compromisarios del estado.
¿Por qué motivo hablamos de compromisarios? Pues porque el sistema electoral norteamericano es un sistema de voto indirecto en el que la ciudadanía elige a un compromisario/representante de la circunscripción y del partido ganador de aquella circunscripción; los compromisarios, por su parte, eligen a su candidato a la Casa Blanca. De esta manera, con la previsión de resultados ajustados, se pronosticaba que todos los estados, incluso los más pequeños, serían igual de importantes. Con estas previsiones, un voto podría determinar la victoria en los estados llamados swing states —estados con una alta presencia de indecisos que hace difícil prever el partido ganador. Así, algunos estados como Nevada (6 compromisarios) podían ser igual de relevantes que Pensilvania (20 compromisarios).
Pero más allá de los efectos mecánicos, ¿qué elementos podían hacer decantar las elecciones? Es decir, ¿cuáles eran los temas de relevancia —issue salience— de estas elecciones y cuáles los sectores de la población que podían ser decisivos para el voto?
En este 2024 las elecciones estaban marcadas por la preocupación por la economía del país. De hecho, la encuesta publicada por la propia Administración Biden en mayo de 2024 determinaba que el principal problema de la ciudadanía era la inflación. Concretamente, la encuesta mostraba cómo el 91 % de los adultos encuestados consideraban que la inflación era un problema grave o muy grave. Otros aspectos igualmente preocupantes en la encuesta y también relacionados con cuestiones económicas son la imposibilidad de costear la asistencia sanitaria (el 89 % de los encuestados lo consideran un problema grave o muy grave) y el déficit del presupuesto federal (el 87 % lo consideran grave o muy grave). Un segundo grupo de problemáticas eran las relacionadas con el crimen violento (problema grave o muy grave para el 84 % de los encuestados), la migración ilegal (problema grave o muy grave para el 77 % de los encuestados), la violencia de las armas (problema grave o muy grave para el 76 % de los encuestados) y el estado de los valores morales (problema grave o muy grave para el 77 % de los encuestados).
Ante la percepción de los estadounidenses de que el país estaba económicamente peor que hacía cuatro años, la sensación de inseguridad y el debate público sobre la migración ilegal, una de las claves de la campaña electoral era convencer a los indecisos de los swing states. Jim Messina, antiguo director de la campaña de 2012 en la que Obama fue reelegido, explicaba en el New York Times que consideraba que, en esos estados, los votantes indecisos con los que ambas campañas podían tener margen de crecimiento eran los jóvenes, las personas racializadas y las mujeres de los suburbios.
Finalmente, llega el día de la verdad, el 5 de noviembre. ¿Qué nos dicen los resultados? Los resultados electorales muestran cómo el duelo esperado en los comicios ha sido inexistente. Trump consigue ganar en el voto popular (49,9 % de los votos), es decir, en porcentaje de voto de las personas, y también sale victorioso una vez los votos se han traducido en compromisarios (301 votos, con la mayoría situada en los 270).
Trump vence en treinta de los cincuenta estados y consigue ganar en todos los swing states (Arizona, Georgia, Michigan, Nevada, Carolina del Norte, Pensilvania y Wisconsin). El candidato republicano logra que los cambios en el comportamiento del voto experimentados en varios estados le acaben favoreciendo. Paralelamente, Donald Trump fundamenta su amplia victoria en la consolidación del voto rural, con un 63 % del voto dirigido al candidato republicano, pero también en el aumento de votos en los núcleos que tradicionalmente daban menos apoyo a los republicanos como las grandes ciudades, donde ha pasado del 33 % al 35 % de los votos.
Por último, en referencia a la bolsa de indecisos de la que hablábamos al principio, los datos muestran que una de las claves de las elecciones han sido los malos resultados de Kamala Harris con relación al voto de latinos y afroamericanos. Concretamente, si comparamos los resultados con los de las elecciones de 2020, aunque ambos colectivos han votado mayoritariamente al partido demócrata, Kamala Harris ha perdido 7 puntos de apoyo entre el colectivo latinoamericano (56 % de los votos). En cuanto al apoyo de la comunidad afroamericana, Donald Trump ha ganado 7 puntos porcentuales en comparación con el 8 % de los votos de 2020. Resulta especialmente significativo el aumento del apoyo entre los hombres racializados y los latinos, que ha pasado a 12 y 8 puntos porcentuales, respectivamente.
Esta misma tendencia la encontramos en el aumento del apoyo por parte de los jóvenes menores de cuarenta años a Donald Trump. En comparación con 2020, el apoyo entre los votantes de 18 a 24 años pasa del 34 % al 44 %, mientras que en las edades de 25 a 29 años pasa del 39 % al 49 %. En este caso vemos de nuevo cómo el incremento más grande se produce en los hombres menores de treinta años, una tendencia similar a la que se experimentó en España en las últimas elecciones.
En definitiva, los resultados de estas elecciones denotan que frente a determinadas problemáticas —inflación, inseguridad y empleo—, la ciudadanía ha apoyado las narrativas y políticas propuestas por la candidatura de Donald Trump, es decir, unas propuestas vinculadas al ideario del neoliberalismo autoritario. Esta propuesta combina políticas económicas de libre mercado con medidas autoritarias para mantener el orden social y minimizar las oposiciones, para así poder garantizar que el modelo neoliberal funcione sin interferencias. Este control se verá facilitado, además, por las mayorías logradas por el partido republicano tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes.