Coches conectados: un riesgo acelerado para la privacidad

15 November, 2023
Coches conectados Foto de Orhan Pergel en Pexels.

Los coches conectados se han convertido en símbolos tecnológicos de la era digital sobre ruedas. Mientras nos maravillamos con las ventajas de tener vehículos que se comunican con otros dispositivos, existe un lado oculto que merece nuestra atención: la privacidad. Eduard Blasi, profesor colaborador de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), nos guía en esta autopista llena de dilemas digitales y nos recuerda que “el conocimiento del ciudadano medio sobre el uso y la gran cantidad de información que tratan estos vehículos es limitado”.

La expansión y el perfeccionamiento constante de las redes móviles han convertido la conectividad en un componente intrínseco de nuestro día a día, también en las carreteras. En la actualidad, se estima que circulan alrededor de 400 millones de coches conectados a nivel global. Una cifra que, aunque aún distante de conformar la mayoría, está destinada a incrementarse en los próximos años. Las previsiones señalan que el mercado de estos vehículos en Europa experimentará un crecimiento anual del 16,9% entre 2023 y 2028.

Conectividad más allá del vehículo

Detengámonos un momento para explorar el significado exacto del término “coches conectados”. Esta conexión en vehículos no solo se refiere a la capacidad de los mismos de proporcionar acceso a internet o de interactuar con dispositivos móviles, sino también a la comunicación entre vehículos (V2V), con la infraestructura de tráfico (V2I) o con peatones (V2P), usada, por ejemplo, para mejorar la seguridad y gestionar mejor el tráfico. En este contexto, Blasi destaca que determinados datos procesados por los vehículos, y combinados entre sí, permiten establecer “patrones de conducta”. Por ejemplo, el tratamiento de determinados datos comportamentales en carretera como “formas de frenar, acelerar o el nivel de desgaste de los neumáticos”, una información que “podría ser de interés para la propia compañía o incluso para terceras empresas”, como las aseguradoras.

El profesor de la UOC subraya que en la actualidad “incluso hay vehículos que disponen de cámaras en el interior y exterior”, un hecho que aviva el debate sobre los límites de la privacidad en nuestro trayecto cotidiano porque estamos hablando de “determinadas parcelas que son realmente privadas de una persona, como el interior de un vehículo”. Estas cámaras, diseñadas para brindar funciones de seguridad y comodidad, como la prevención de distracciones o somnolencia y la asistencia en emergencias, también recaban datos ininterrumpidos sobre los ocupantes del vehículo y sus comportamientos.

En medio de esta compleja situación, es esencial preguntarnos: ¿dónde se halla el punto de equilibrio? El vehículo, en su capacidad de conexión, emerge como un recolector de datos, una entidad que, a la par que facilita nuestra vida e incrementa nuestra seguridad en la carretera, también realiza un perfilado de nuestros hábitos de conducción y comportamiento en el vehículo y, en ocasiones, comparte nuestras preferencias, hábitos y, en definitiva, datos personales nuestros o incluso nuestro patrón de conducción, una información que, muchas veces, “tiene un valor comercial sustancial”, asegura Blasi.

El vehículo, en su capacidad de conexión, emerge como un recolector de datos personales (…). Una información que, muchas veces, tiene un valor comercial sustancial.

El desafío del marco legal en vehículos conectados

Indiscutiblemente, el mundo de los coches conectados se halla actualmente en una encrucijada, tratando de balancear la innovación tecnológica y la salvaguarda de la privacidad. Un informe reciente de la Fundación Mozilla ha lanzado una alerta sobre el modo de gestionar los datos personales por parte de los fabricantes de vehículos. Dicho estudio, que examina las políticas de privacidad de 25 prominentes marcas de automóviles, con un foco principal en Estados Unidos y una atención adicional en las políticas de la Unión Europea, descubre que estos fabricantes podrían estar recabando más datos personales de los que realmente necesitan. Estos datos incluirían no solo información demográfica, sino también detalles tan personales como el origen étnico o incluso aspectos de la vida sexual de los propietarios.

Los datos de este informe se entrelazan con las observaciones de Eduard Blasi, quien subraya la inminente necesidad de encontrar un equilibrio efectivo entre la tecnología y la ética en la automoción. “Este informe reciente de Fundación Mozilla demuestra que el sector de la automoción es un sector poco maduro en términos de privacidad y hay mucho camino por recorrer”, sostiene Blasi, haciendo referencia a que la incursión de las empresas de automóviles en el mundo de la conectividad es relativamente reciente y debe ajustarse y ser coherente con las normativas existentes.

“Las consideraciones de privacidad de los coches conectados deben abordarse desde una fase inicial”, opina el profesor de la UOC, quien apuesta por dos principios clave en el desarrollo tecnológico: 

  • Privacidad por defecto: subraya una protección de la privacidad máxima e inquebrantable desde el inicio, asegurando que el usuario, por omisión, tenga un nivel máximo de garantías en torno a sus datos y que cualquier compartición de información sea una acción consciente y voluntaria del usuario. 
  • Privacidad desde el diseño: insta a que los avances tecnológicos se desarrollen en paralelo a la normativa de protección de datos, otorgando al usuario pleno control sobre sus datos, integrando, entre otros, consideraciones de privacidad que permitan facilitar datos de forma granular o eliminar cualquier información en cualquier momento.

Consejos para conductores de coches conectados

Ponerse al volante de un coche conectado sin comprometer la privacidad puede ser un desafío para los conductores que desean aprovechar la tecnología sin ver expuestos sus datos personales. Según Blasi, la toma de conciencia y la adopción de ciertas cautelas son, a día de hoy, los pilares fundamentales para garantizar una experiencia segura y respetuosa con nuestra intimidad.

Ante todo, el profesor de la UOC resalta la importancia de “tomar conciencia de los riesgos en los coches conectados”. Es esencial recordar que un vehículo conectado no solo es un medio de transporte cómodo e inteligente, sino también un recopilador de nuestros datos. “Un coche conectado implica la observación, a veces continua, de determinados datos de los propios usuarios”, nos recuerda el experto. En la actualidad, nos hemos acostumbrado a aceptar términos y condiciones, o las cookies de una página web, sin una revisión minuciosa. Sin embargo, Blasi enfatiza que “merece la pena hacer una doble revisión y no aceptar directamente”. En este sentido, una gestión prudente de nuestros datos se basa en ser deliberadamente selectivos, accediendo a facilitar nuestros datos solo sobre aquellas funcionalidades que realmente nos aporten un valor real, entendiendo qué se comparte en cada momento, con quién y para qué.

A su vez, el entendimiento y una actitud crítica hacia los términos y condiciones de uso son vitales para salvaguardar nuestra privacidad. El profesor aconseja “no aceptar términos y condiciones cuando realmente no se entiendan” y “limitar el tratamiento en lo que realmente se necesita”. Es fundamental cuestionar si ciertos datos son realmente indispensables para los servicios que se ofrecen, y evitar compartir información cuya finalidad no esté clara o no parezca relevante. 

Desde una óptica más ética y legal, el mensaje es claro: el avance tecnológico debe estar alineado con la seguridad, pero ello debe ir de la mano con la privacidad de los usuarios. Mientras que la sociedad anhela reducir “el número de situaciones fatales de los usuarios en carretera”, este loable objetivo no debe realizarse a expensas de la privacidad de los datos del usuario. Hay que “poner el foco en el avance y sobre todo en la seguridad de los conductores”, insiste Blasi, pero simultáneamente garantizar que los datos personales no sean comprometidos o indebidamente utilizados. Cada conductor debe ser plenamente consciente de que un “coche inteligente implica, en muchos casos, facilitar un alto grado de información”, lo que acarrea una imperante necesidad de empoderarse respecto a los datos que se desean compartir y los que no.

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Redactora de continguts
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