¿Podemos retrasar la discapacidad en personas frágiles de la comunidad?

11/05/2022
Foto: Matt Bennett en Unsplash.

El envejecimiento es un proceso muy heterogéneo, puesto que cada persona es diferente y tiene su propia trayectoria, su estado funcional y sus necesidades y deseos. Por este motivo, es importante definir el segmento en el que nos encontramos cuando hablamos de envejecimiento. Denominamos fragilidad al segmento del envejecimiento en el que la persona se encuentra en riesgo de sufrir un bajón hacia una discapacidad.

En el marco del ciclo de seminarios Los retos del envejecimiento. Una mirada interdisciplinaria a la vejez, Marco Inzitari, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y líder del grupo de investigación en Envejecimiento, Fragilidad y Transiciones en Barcelona del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR), presentó las principales conclusiones del proyecto +Àgil Bcn para intentar dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿podemos retrasar la discapacidad en personas frágiles de la comunidad?

Durante el proceso de envejecimiento, observamos una pérdida de capacidades de la persona, que en los últimos años se han separado en dos grupos diferenciados. Por un lado, la capacidad intrínseca de la persona, que es la suma de todas las reservas de los órganos y sistemas, y sus potencialidades. Esta capacidad se construye durante la etapa infantil y la juventud gracias a un estilo de vida saludable, y va disminuyendo con el tiempo. Por otro lado, la capacidad funcional, es decir, la capacidad de funcionar y realizar las actividades de la vida diaria. La pérdida de capacidad intrínseca puede compensarse, en algunos casos, modificando el entorno para lograr una mejor capacidad funcional.

¿Se puede intervenir en una población ya envejecida?

El objeto del programa +Àgil Bcn se sitúa en una fase en la que la capacidad intrínseca empieza a disminuir, pero el nivel de discapacidad todavía no está suficientemente avanzado para considerarse irreversible. Por lo tanto, es un público objetivo (target) óptimo para intervenir en él. La investigación ha demostrado que esto es posible: una gran cantidad de estudios y ensayos clínicos demuestran que, si se realizan una serie de actividades que pueden resumirse dentro del denominado estilo de vida saludable, puede pararse, como mínimo, esta fragilidad, y puede posponerse la discapacidad. Para ello, se actúa alrededor de aspectos como la función física, la locomoción, la función cognitiva, los aspectos psicológicos, las funciones sensoriales y la vitalidad. Cada uno de estos aspectos cuenta con alguna intervención para mantenerlo o mejorarlo: el ejercicio físico, la nutrición saludable, las relaciones sociales, el cuidado del sueño, etc.

El problema es que resulta muy complicado mantener estas acciones una vez terminado el ensayo clínico, y prácticamente ninguno de los programas realizados durante el ensayo quedan implementados y siguen funcionando para las personas que lo necesitan. Por lo tanto, a menudo nos encontramos ante una dificultad de trasladar la investigación a los enfermos o, en este caso, a la comunidad.

Los recursos de la comunidad: factor clave para la sostenibilidad

Para superar este abismo, hace unos años se publicó un consenso sobre la implementación de intervenciones saludables en la realidad. Los principales factores para lograr estas intervenciones complejas consisten en promover la participación del usuario, empoderándolo y acercando la intervención a su ámbito, así como contar con los recursos y los agentes que ya estén presentes en la comunidad para que sean sostenibles en el tiempo.

De esta forma, en 2016 nació el proyecto +Àgil Bcn, que se basa en tres pilares fundamentales:

  • Atención integrada: se integran diferentes componentes, tanto del sistema sanitario (atención primaria, geriatría, fisioterapia, etc.) como de los recursos de la comunidad (centros cívicos, programas de actividad física, programas de estimulación cognitiva, etc.).
  • Participación y empoderamiento de la persona: el programa está codiseñado con los usuarios con el objetivo de empoderar a la persona para que participe activamente en su autocuidado, a fin de que sea sostenible en el tiempo.
  • Sostenibilidad económica: el programa está planteado de forma que no dependa de una provisión continua del sistema sanitario o social.

¿Cómo introducir un estilo de vida saludable?

En el marco del proyecto +Àgil Bcn, los centros de atención primaria colaboran con los servicios especializados en geriatría para elaborar programas de intervención dirigida a personas de edad avanzada. El objetivo es que estas personas reciban un trato personalizado y adaptado a sus necesidades, preferencias y capacidades, para mejorar la calidad vida de cada una de ellas e introducirlas en un estilo de vida activo y saludable

A través de las consultas habituales, se seleccionan las personas mayores de ochenta años que empiezan a presentar signos de deterioro físico o cognitivo para que pasen a formar parte de este proceso. Algunas características relevantes de esta disminución de capacidades son la lentitud al andar; la pérdida de memoria, fuerza o equilibrio; la pérdida de peso involuntaria, e, incluso, el hecho de entrar en un estado de soledad no deseada

Una vez realizada la elección, se someten a una valoración integral que permite reconocer los principales conflictos y necesidades de cada paciente para elaborar el plan de intervención individualizado, que tendrá una duración aproximada de tres meses. Durante este periodo, se realiza una única visita de seguimiento. Una vez finalizado el proceso, el objetivo es que estas personas mantengan el grado de actividad a través de los recursos existentes en cada comunidad que se adapten a sus recursos socioeconómicos y a su estado físico o funcional.

El proceso consta de una fase dinamizada en la que el pilar fundamental es el ejercicio físico, dividido en sesiones grupales semanales centradas en ejercicios multicomponentes con los que se intenta dejar atrás el sedentarismo y hacer que las personas mayores adquieran un estilo de vida saludable. Otros aspectos que hay que trabajar son la nutrición, adherida a la dieta mediterránea; los conflictos con el ciclo del sueño, y la localización de condiciones desfavorables, como la soledad no deseada, enlazándolos con recursos de voluntariado existentes. Se trata de un programa con distintos componentes. 

Primeros resultados del programa +Àgil Bcn 

Tras la primera serie del programa, en la que participaron más de cien personas, se observaron unos resultados favorables y que impactan notablemente en la mejora de la función física y de los marcadores más relevantes, como la fuerza muscular o el equilibrio. Además, no solo se ha detectado cierta evolución en el paciente promedio, sino que también se ha notado una mejora en personas que, desde el inicio, presentaban distintos grados de fragilidad o, incluso, contaban con un deterioro cognitivo previo. Normalmente, estas personas son excluidas de este tipo de programas y ensayos clínicos, debido a falsos estigmas interiorizados entre la sociedad. 

Sin embargo, uno de los conflictos detectados es la «adicción» a las sesiones de ejercicio físico por parte de muchos participantes, ya que el ambiente generado es agradable y no quieren dejarlo atrás. A pesar de ser un resultado positivo del programa, esto acabaría siendo insostenible. En este caso, se consideran dos líneas de trabajo principales: por un lado, una aplicación móvil (Vivifrail), que nace a partir de un proyecto europeo y en la que las personas mayores pueden encontrar ejercicios para seguir con la actividad física en su domicilio; por el otro, los recursos comunitarios a los que pueden dirigirse, como los centros cívicos o espacios destinados a este sector de la población, desde donde pueden diseñarse programas de continuidad que progresivamente reduzcan la intensidad de la dinamización. De este modo, la iniciativa ofrece independencia a las personas mayores y adapta el programa a los distintos barrios de la ciudad, a sus recursos y a su contexto social. Debido a la pandemia de la COVID-19, esta última medida no llegó a implementarse.

La pandemia y el confinamiento total de la población también afectaron negativamente a muchos de los participantes que previamente habían mejorado su forma y función física. Esto contribuyó a otros muchos factores: depresión, fatiga, reducción de la interacción social, etc. Por este motivo, se decidió potenciar el componente digital y se empezó a estudiar el sector para poder elaborar una aplicación que se adaptara a las necesidades y condiciones de la población envejecida, con una formación previa y un apoyo técnico presencial o telefónico durante las sesiones, así como una mejora de la interactividad de las aplicaciones, entre otros elementos.

Podéis visualizar la ponencia «Podem retardar la capacitat en persones fràgils de la comunitat?» (‘¿Podemos retrasar la discapacidad en personas frágiles de la comunidad?’), del profesor Marco Inzitari, aquí:

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