Wolf Lieser: el arte digital ya no puede ser ignorado

9 de noviembre de 2015
wlieser

[Entrevista publicada originalmente en art.es núm. 62-63]

Wolf Lieser es el director de DAM, una veterana galería de arte en Berlín que se ha centrado durante más de quince años en el uso de tecnologías digitales en el arte contemporáneo, desde los pioneros del computer art en los años 60 a la joven generación de artistas que exploran la cultura digital. Cinco años después de nuestra primera entrevista (publicada en art.es #39-40, 2009), vuelvo a encontrarme con el galerista y autor del libro Arte Digital. Nuevos caminos en el arte (H.F.Ullmann, 2010) en Barcomi’s, en el barrio de Mitte. En nuestra conversación, Lieser comenta el reciente desarrollo del mercado del arte y ofrece pistas sobre el futuro del arte digital.

Parece que finalmente el arte digital se integra en el mundo del arte contemporáneo, pero no como se esperaba. En vez de nombres conocidos, es una generación de jóvenes artistas la que está acaparando la atención, principalmente bajo la etiqueta “Post-Internet Art”. ¿Qué opina de estos artistas emergentes?

Lo primero que me viene a la mente es que tienen una perspectiva totalmente diferente de la de las generaciones anteriores, no han tenido que luchar durante décadas para ser aceptados. Están experimentando una fase en la que mercado ha descubierto que el arte digital es algo innovador, nuevo, excitante, llamativo. Así que algunas de estas nuevas “estrellas” no son necesariamente mejores que otros artistas (desde mi perspectiva), si bien son un indicador de una mayor aceptación de este medio. Lo interesante es que varios comisarios internacionales sienten que deben apuntarse al “Post-Internet Art” porque está de moda. El “Post-Internet” reúne a una generación de nativos digitales, muchos de los cuales no parecen conocer la historia del arte digital. Es el resultado de una nueva tendencia que finalmente llega al gran público debido a que en nuestra vida diaria los ordenadores son omnipresentes y también lo es su impacto en la sociedad: este género ya no puede ser ignorado. Otra consecuencia de este creciente reconocimiento es que el arte digital está siendo comercializado, lo cual, desde mi perspectiva como galerista que ha apoyado este arte durante más de una década, no sólo es positivo, sino que es la manera en que opera parte del mundo del arte. En cuanto el mercado ve que este arte es rentable, más personas centradas en el dinero se interesan e invierten en estos artistas. Y hay nuevas galerías que siguen esta estrategia: ahora apoyan a estos artistas, cuya obra se presenta en subastas (incluso antes de haber tenido unas cuantas exposiciones en galerías) y genera grandes beneficios, lo cual, por supuesto, atrae a otras galerías… Es un fenómeno que he observado en EE.UU. y Europa, y se debe a un cambio general que está experimentando el mercado del arte.

Con todo, no sólo los artistas jóvenes reciben más reconocimiento. Grandes museos están empezando a coleccionar la obra de pioneros clave como Manfred Mohr y Vera Molnar, a quienes he apoyado desde mi galería durante los últimos diez años. Están experimentando un merecido reconocimiento y venden bien. Con todo, sigue dándose el caso en que, por ejemplo, un dibujo original en plotter de Vera Molnar de los años 70, una pieza única, cuesta menos que una “pintura” lenticular de Rafael Rozendaal del año pasado. Esto es extraño, pero de hecho así es como funciona el mercado. Yo prefiero apoyar a los artistas a largo plazo, como por ejemplo Aram Bartholl, quien tiene una visión diferente de su obra en relación al mercado, más seria en mi opinión. En general, he desarrollado mi programa incluyendo a la generación más joven pero con la perspectiva de las generaciones anteriores. Kim Asendorf y Flavien Théry son nuevos artistas de la galería: veo en su trabajo un enfoque estético y conceptual innovador.

Por tanto, a parte del reconocimiento por parte del mundo del arte contemporáneo, hay un cambio de mentalidad, aparentemente más dirigido hacia el mercado.

Sí, creo que algunos de estos artistas apuntan hacia una estrategia dirigida al mercado. Algunos se han dado a conocer por ser realmente innovadores al vender sitios web o vídeos de YouTube. Mucha gente se ha identificado con este tipo de obra, que ha llegado a popularizarse. Y así, finalmente han producido “pinturas de Photoshop” o “pinturas lenticulares”, que no tienen mucho que ver con su trabajo original. Da la impresión de ser un paso hacia el mercado.

Nuevas galerías como XPO, Carroll/Fletcher o Transfer [2] tienen un enfoque diferente del arte digital, puesto que no identifican su programa con esta etiqueta.

Es una estrategia diferente, eso es cierto. Pero estas galerías abrieron hace pocos años y por tanto han empezado cuando el arte digital ya tenía éxito gracias a artistas como Manfred Mohr o Rafael Lozano-Hemmer. No es preciso ya ser un pionero o centrarse en un medio específico. Así que se trata de qué juego estás dispuesto a jugar, y si quieres tener una galería exitosa lo más rápido posible, entonces hay algunas cosas que debes hacer. En este aspecto, tengo una carrera muy personal porque se me ha considerado un outsider durante mucho tiempo, lo que ha supuesto entre otras cosas que me rechazaran en las ferias de arte. Mi programa no se tomaba en serio, y esto sigue siendo así, hasta cierto punto, en Berlín. Pero nunca ha sido mi prioridad seguir a la manada. Posicionar la galería en el ámbito del arte digital era definitivamente, tanto a nivel de ventas, marketing y del mercado, una desventaja desde el principio. Se supone que no es lo que uno debe hacer como galería, pero ahora se me conoce a nivel internacional por ello. Incluso nombrar la galería “DAM” se consideraba un error. Ahora veo que el concepto que creé hace 15 años, al combinar un museo online y un premio honorífico con una galería comercial, seguramente no se repetirá. Porque ya no tiene sentido en el contexto actual del mercado del arte. Es algo que es, hasta cierto punto, anticuado o, como lo definió un amigo mío, romántico. Con todo, para mí comporta fuertes ventajas que no me gustaría perder, puesto que me ha servido para conectar la historia del arte digital con sus tendencias actuales. Esta es una ventaja importante y por supuesto tengo el conocimiento además de la experiencia profesional, que es algo que no se puede comprar. Esto hace que mi trabajo sea mucho más satisfactorio.

Además de las galerías, hay otras plataformas de venta de arte digital o audiovisual, como Sedition, que vende ediciones digitales de obras de arte. ¿Cree que este modelo puede ser exitoso?

Sí, creo que vender ediciones digitales puede ser una opción para un artista. Ya mencioné esto en mi libro acerca del arte digital, en el que incluyo la obra de LIA, quien vende en Sedition y en la Apple Store. No me convence Sedition en relación al arte porque su enfoque es principalmente comercial, su estrategia se basa en nombres y no en la calidad de las obras. En serio, ¿para qué querría uno comprar un JPEG de Damien Hirst? Una plataforma de venta, alquiler o streaming de obras de arte es un modelo de negocio interesante para el futuro, pero creo que es necesario ir más allá de lo meramente llamativo. Podría ser una manera fácil y accesible de permitir que el público conozca este tipo de arte, y que entiendan su estética y reglas específicas. Pero la manera en que se presenta el software art en Sedition crea confusión: es un vídeo, un extracto en bucle de una obra más grande y compleja, pero alguien que compre la edición de 25 dólares tal vez no lo sepa.

Por otra parte, no puede negarse que en este siglo una parte cada vez mayor de la sociedad va a llevar una vida más nómada, de manera que muchos de nuestros artefactos culturales tendrán un formato digital que podemos llevar con nosotros o almacenar en la nube. Nuestra percepción de los libros, el cine y el arte está cambiando y se acerca a la manera en que consumimos música actualmente. Así que, definitivamente, se está desarrollando un mercado en este ámbito, uno particularmente amplio en el que cada vez más cosas están en formato digital. Esto me parece obvio.

Tiene usted un nuevo espacio en Berlín, tras cerrar las galerías en Colonia y Frankfurt. ¿Cómo se desarrollará la trayectoria de DAM en el futuro?

He decidido cerrar las otras galerías a causa de los cambios en el mercado. Abrí esos espacios porque tengo clientes en esas ciudades y pensé que era importante darles la posibilidad de ver todo el conjunto de la obra de un artista, no sólo una o dos obras en una feria de arte. Pero en general la gente visita las galerías cada vez menos. Se informan en la web. Así que, descartando las grandes exposiciones de artistas conocidos, ya no se ven muchos visitantes en las galerías. Por tanto, cada vez más galerías se trasladan a espacios más pequeños y participan en más ferias de arte, lo cual es un modo más sencillo de acceder a potenciales compradores. Observando todo esto, he decidido mantener una base en Berlín y participar en más ferias de arte, así como en ferias especializadas, en las que se conocen coleccionistas más selectivos. Porque, después de todo, ¡me gustaría que más amantes del arte se entusiasmen con este tipo de obras!

 

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