El universo de Stanley Kubrick

12 de noviembre de 2018
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La exposición Stanley Kubrick que ahora se presenta en el CCCB es la perfecta oportunidad para sumergirse completamente en el mundo interior del director Stanley Kubrick. Es una exposición originalmente comisariada por Hans-Peter Reichmann y Tim Heptner, del Deutsches Filmmuseum de Frankfurt, y se ha expuesto ya en varias ciudades, como Ciudad de México, Los Ángeles, Seúl y París. Jordi Costa la ha adaptado al CCCB y ha logrado aportar material inédito. La exposición tiene como objetivo principal el introducir una mirada alternativa hacia el director, mostrando su parte más comprometida con la creatividad. Esta exposición traza la idea del cineasta como constructor de universos autónomos, caracterizado por su perfeccionismo. A parte de tejer un eje cronológico a lo largo del crecimiento de Kubrick como cineasta, la exposición analiza otros temas, como la estrecha relación que se estableció con España a partir de la grabación de Espartaco (1960).

El recorrido de la exposición empieza por «Artesano Kubrick» y «Primeros Pasos», donde se indaga sobre los inicios de la obsesión de Kubrick por la cámara , y donde se puede entender la línea de continuidad entre Kubrick como fotógrafo en su juventud y Kubrick como cineasta ya adulto. La exposición sigue con «Kubrick «Noir»» donde se plasma el inicio de la compañía Harris Kubrick Pictures, que produjo Atraco Perfecto (1956), Senderos de Gloria (1957) y Lolita (1962).
El ajedrez fue un juego de gran ayuda para el director, ya que las estrategias del juego le permitieron sacar más provecho a las estrategias cinematográficas a la hora de realizar sus obras. Sobre esto mismo él comentó:

«Si el ajedrez tuviera alguna relación con la realización de películas sería en la forma en que ayuda a desarrollar paciencia y disciplina al elegir alternativas en un momento en que una decisión impulsiva parece muy atractiva» .

En el espacio dedicado a Espartaco (1960), tal y como se ha comentado anteriormente, se indaga sobre la estrecha relación que se forjó con España. A través de un amplio conjunto de documentación a lo largo de los espacios dedicados a las películas de Kubrick, se logra entender la obsesión del cineasta por querer controlar todos los procesos de sus películas, hasta querer controlar el doblaje. La película de Espartaco (1960), de hecho, es una película de la cual Kubrick se sintió decepcionado, puesto que Kirk Douglas era el productor y estaba al mando de las decisiones. Esta personalidad controladora de Kubrick también queda reflejada en la adaptación de la novela de Nabokov, Lolita. Para ser lo más fiel posible a la novela, Kubrick pidió al propio autor que escribiera el guión de la película. Nabokov accedió, pero al entregar guiones demasiado largos, Kubrick al final tomó el control y acabó escribiendo él mismo el guión de la película. Nabokov dijo al respecto:

«En una proyección privada descubrí que Kubrick era un gran director, que su Lolita era una película excelente con actores magníficos, y también que solo se había usado algún que otro pedazo de mi guión. Al adaptar Lolita a la pantalla, él vio mi novela de una forma, y yo de otra. Eso es todo».


Cabe destacar la importancia del espacio dedicado a una de las obras maestras de Kubrick y de la historia del cine, 2001: Una Odisea del espacio (1968). Junto a Arthur C. Clarke, Kubrick fue capaz de crear una obra que labraría el camino de todas las películas de ciencia ficción posteriores, como La Guerra de las Galaxias (1977), Alien (1979) o Blade Runner (1982), entre muchas otras. No solo influyó el campo cinematográfico, sino que logró influir directamente la ciencia y la investigación espacial. De hecho, en 1985 la NASA nombró a su nave espacial «Discovery» en honor al modelo icónico de Kubrick. La mirada visionaria de Kubrick está presente en todas sus obras, pero en especial en películas como ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú (1964), 2001: Odisea del espacio (1968) y La naranja mecánica (1971).
La capacidad de Kubrick para crear mundos propios demuestra el talento que aflora en sus producciones cinematográficas. La exposición Stanley Kubrick resulta ser el perfecto espacio para reflexionar sobre las innovaciones del director en el mundo del cine, tanto en aspectos más técnicos como también en la creatividad cinematográfica. Kubrick logró a través de su mundo interior establecer unos paradigmas únicos en el mundo del cine que siguen siendo de referencia para todos aquellos cineastas que deseen canalizar su propio mundo y plasmarlo en sus obras cinematográficas. El universo de Kubrick no solo está lleno de imaginación, sino que es un espacio donde el diálogo y la reflexión están muy presentes. El director logró llevar a la gran pantalla su universo y gracias a él, un universo aún más inmenso se ha ido conformado a lo largo de los años, ya que muchas de sus obras maestras forman parte del imaginario colectivo.
«Si puede ser escrito o pensado, puede ser filmado» – Stanley Kubrick.
Información: Hasta el 31 de marzo del 2019, en el CCCB (Barcelona).

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