«El ser humano no estaba preparado para un boom tecnológico tan fuerte y una digitalización tan inmersiva»

20 julio, 2023
Belén Bermejo González, profesora colaboradora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC. Belén Bermejo González, profesora colaboradora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC.

Belén Bermejo González es profesora colaboradora de la UOC y a sus 30 años destaca por su brillante trayectoria profesional en el ámbito STEAM. También representa a una nueva generación de mujeres probablemente llamadas a humanizar el sector tecnológico. En esta entrevista hablamos con ella sobre la investigación y la docencia, sobre la intuición, sobre el coste energético de usar tanto el móvil y también sobre el mundo que viene.

Tienes 30 años, has estudiado el grado Ingeniería informática, te especializaste en Ingeniería de Computadores, hiciste un máster en Tecnologías de la Información y te has doctorado investigando cómo reducir el consumo energético de los ordenadores y servidores. Además, eres profesora de tres universidades y presidenta de Women in Engineering en España. Todo ello habrá ocupado gran parte de tu tiempo en la última década…

Sí. Mi vida prácticamente se ha basado en eso durante los últimos diez o doce años. Y sigue siendo así, aunque vas aprendiendo a relativizar y a primar otras cosas.

En lugar de trabajar en departamentos TIC de empresas privadas o públicas, has escogido dedicarte a la investigación. En otra entrevista decías que comporta sacrificios.

Sí y no. Dedicarte a lo que yo me dedico te permite, primero, trabajar en aquel ámbito que tú quieres. Para mí es fundamental. Por otra parte, tener eso que es tuyo, como un hijo, hace que le dediques mucho tiempo, sobre todo cuando estás empezando o tienes algún proyecto nuevo. Pero también tienes la flexibilidad de que, si un día no estás inspirada, no pasa nada porque dediques la mañana a hacer otras cosas.

Sería como emprender dentro de una institución pública, ¿no?

Sí. Para mí lo bueno de la universidad es que tienes ese marco legal, ese continente, pero dentro de ese marco ejerces tu propio business. Tienes tu grupo de investigación, trabajas con la gente que quieres y en los proyectos que quieres. Tienes ciertas obligaciones, como la docencia, pero también sueles dar clases de aquello que tú controlas.

¿Cómo fue que, trabajando para la Universidad de las Islas Baleares, pasaste a ser profesora colaboradora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y de la UOC?

En el verano de 2020 estaba terminando mi tesis y ya pensaba en la acreditación y en que me vendría bien tener experiencia y formarme como docente en otros estilos que no fueran solo la docencia presencial que ya daba en la Universitat de les Illes Balears. Y estuve mirando y decidí probar. Recuerdo que mandé un email a cada universidad y las dos me respondieron que sí.

¿Puedes aprovechar lo de la una para la otra?

No, porque hago cosas totalmente diferentes. Yo soy muy de ‘A ver qué es esto, a ver si me gusta, y ya veremos’. Algo bueno seguro que voy a sacar, ya sea profesional o personal. Estar en la UNIR me permitió conocer a una muy buena amiga, que fue quien me propuso para la presidencia de Women in Engineering. Al igual que en la UOC, he conocido a personas maravillosas.

O sea que la intuición es importante…

Mucho. Yo me fío mucho de la intuición. Me fío mucho de mi estómago.

Interesante.

Cuando nos dedicamos al mundo científico, somos muy racionales, tendemos a ponerle números a todo. Pero no se puede perder esa parte tan humana que es la sensación que sientes, lo que te provoca una persona, una situación. Si algo me encaja racionalmente, pero no emocionalmente, lo suelo desechar.

Dicen que la verdad está en el cuerpo, y que la mente habla sobre ella… Volviendo a la docencia online, ¿qué te está aportando?

Me ha obligado a abrirme mentalmente. Empecé haciéndolo todo muy por escrito, pero con el paso del tiempo me ha gustado hacer las clases y las sesiones de dudas en directo. Combinándolo, aporta mucho más. Creo que es bueno ver a la persona que está detrás, tanto para los docentes como para los alumnos.

¿Hay algo que te haya sorprendido especialmente de la UOC, ya sea de la docencia o del alumnado?

Me sorprendió el perfil de los alumnos. Yo estaba más acostumbrada a mis alumnos de presencial, gente más joven que viene de la educación secundaria. Los alumnos de los estudios online suelen estar en el mundo laboral. Me sorprendió también el esfuerzo que tienen que hacer para poder combinar una cosa con la otra. Trabajar, la familia y los estudios. Y de la UOC, en concreto, lo que me gustó y me sigue gustando mucho es el grupo de compañeros con los que trabajo. Maravilloso. La distancia, en este caso, une.

Vamos a lo que centra tus intereses de investigación. En un momento en el que hablamos más que nunca del coste de la energía, tú investigas sobre la energía que consumen las redes sociales, las criptomonedas y los servidores en la nube. ¿Nos lo explicas?

Todos sabemos que estamos gastando electricidad al entrar en casa y encender la luz, al poner la calefacción o el aire acondicionado. Pero cuando coges el móvil, envías un WhatsApp, subes una foto a cualquier red social, mandas un vídeo o un email, no eres consciente de que eso está contaminando mucho. No es solo el hecho de enchufar el móvil a la pared, que es residual. Es cualquier acción que haces con tu dispositivo, o Alexa, o Siri… Todos esos servicios recaen en servidores alojados en muchas partes del mundo, que son unos ordenadores que consumen muchísima electricidad.

(…)

Pero el móvil no echa humo, el ordenador no echa humo. El coche sí, el plástico lo tiras. Y tampoco hay un coste eléctrico asociado a esos servicios. Si nos cobrasen un céntimo por cada WhatsApp que enviamos, por ese coste ecológico, creo que nos lo pensaríamos más. Y nosotros investigamos en dos bloques: Uno es hacer ordenadores que consuman menos energía. Pero esto no puede ser entendido sin los usuarios. Las personas somos las que accionamos esos dispositivos. Y la velocidad a la que consumimos esos servicios es mucho mayor a los avances que se hacen en la parte técnica. No solo hay que trabajar en la parte técnica, sino en la educación del uso de las tecnologías de la información. Y ese sería el segundo bloque. Llevo un año y medio en eso, me estoy especializando mucho y dando charlas divulgativas.

Pero se habla poco. ¿Por qué?

Porque se nos ha vendido que la sociedad así avanza, porque tenemos más comodidades técnicas. Y sí, la tecnología nos permite hacer muchísimas cosas. El problema viene cuando haces de la tecnología tu vida. No sabes salir a la calle sin el móvil. No sabes ir a comprar sin el móvil. No haces nada sin esa tecnología y estás todo el día inmerso en ese mundo virtual, que al final no es la vida real. Cosas que propongo a personas de a partir de 30, 40 años, y que he probado conmigo misma: Llegas a casa y sueltas el móvil en la entrada y lo pones en silencio o modo avión y lo dejas en un lugar no visible. La primera tarde que lo hice, fui como 20 veces a la entrada. Una vez te das cuenta y lo superas, te empiezas a quitar servicios. Te quitas las redes sociales del móvil y te pones media hora al día a mirarlas desde el ordenador.

Esto también favorece que estemos menos controlados, ya que los permisos a las apps permiten monitorizarnos, como contaba Marta Peirano en una entrevista con la UOC.

El capitalismo de vigilancia. Muchos dispositivos que solemos tener en casa lo hacen. Yo, en casa, hace mucho tiempo que no tengo ni tele ni dispositivos electrónicos.

Qué curioso, dedicándote a ello.

En casa no hay pantallas, ni Siris, ni Alexas, ni Roombas. En mi casa solo entra el ordenador con el que trabajamos y el móvil en silencio en la entrada. Sí, es un poco paradójico.

Muy revelador.

Porque sé lo que hay detrás. No me gusta ser un producto. Me gusta usarlo.

Cuando cogemos el móvil, enviamos un WhatsApp, subimos una foto a cualquier red social, mandamos un vídeo o un email, no somos conscientes de que eso está contaminando mucho.

Habrá que explicarlo más… En un artículo que escribiste en 2020 para The conversation, contabas que las visualizaciones de los vídeos en Youtube de la campaña contra el cambio climático de Greta Thunberg generaron lo equivalente en CO2 a las emisiones de 18 vuelos de ida y vuelta de Estocolmo a Nueva York.

Es importante tener consciencia de lo que pasa, pero la toma de consciencia sin una acción posterior no vale para nada. Yo sería mucho más extremista. Conociendo cómo funciona el ser humano, que va hacia el placer y evita el dolor… Tiene que haber un poquito de dolor. Yo limitaría el acceso a este tipo de servicios, pondría un coste asociado. Pero aquí entra el juego del capitalismo de vigilancia. Las grandes corporaciones sacan mucho provecho de lo que traficamos con los móviles. Es desmesurado. No es solo que nos escuchen, sino que nuestro comportamiento está regido por lo que aparece en la pantalla. Se nos crean necesidades. Entras en una red social y ves un anuncio de algo que te gusta mucho. Y ya no solo por las compras, sino porque manipular en masa es muy fácil con las redes sociales. Porque está todo el mundo conectado. Fíjate que ahora prácticamente todo el mundo piensa igual. Si te sales un poco, es raro. Fíjate en las adolescentes, todas visten igual que las influencers de turno. Yo estudio bastante a las influencers.

¿Qué estudias exactamente?

Me centro en lo que contaminan estas personas. Coge a cualquier influencer española que tenga 2 o 3 millones de seguidores. El hecho de que esta chica, que suele ser chica, suba una foto… ¿Cuánto está contaminando? No solo ella, sino toda su red.

Por dar like, compartir o comentar.

Simplemente por desbloquear el móvil ya estoy contaminando. Y lo hacemos una media de 200 veces al día. Entrar en Instagram para ver lo qué hay, contamina.

Es complicado regular esto… ¿Cómo lo harías?

A nivel gubernamental es muy difícil porque hay intereses encontrados. Me encantaría que se actuara. Pero creo que primero hay que actuar individualmente. Si la población hace cambios, se van a ver reflejados en las administraciones. Pero el problema de actuar a nivel individual es que te tiene que doler de alguna forma y tienes que aguantar ese proceso de cambio. Como quien deja una droga. De hecho, a las personas que hoy se tratan por su adicción a las redes sociales se las medica con lo mismo que se trata a personas adictas a sustancias tóxicas. Porque el mecanismo cerebral de recompensa es el mismo. Los chutes de dopamina que recibes cuando ves un vídeo en TikTok… Cada 20 segundos un vídeo nuevo… Los likes, las notificaciones… Te están dominando mentalmente. Y tu sistema de recompensa cambia.

(…)

Ahora lo queremos todo para anteayer. Glovo te trae comida al momento, Amazon Prime lo que compres, estás solo y te haces de Tinder. Este comportamiento engancha, porque no te exige ningún esfuerzo. Y el ser humano tiende a eso para ahorrar energía a nivel mental. Lo que propongo es que nos desdigitalicemos. Digitalicémonos en algunas cosas muy beneficiosas socialmente pero no involucionemos como estamos involucionando a nivel mental.

Cosas beneficiosas como… ¿Las universidades online?

Sí, claro, eso es muy bueno, por ejemplo, para quien no puede ir a la ciudad a estudiar. Pero aquí la persona está usando la herramienta para obtener un fin que va a ser beneficioso para su vida en algún momento.

Desde Women in Engineering nos dedicamos mucho a dar a conocer lo que se hace: es importante tener figuras de referencia y, por ello, vamos a colegios, institutos, para que vean que no es raro lo que hemos hecho y conseguido.  

¿El futuro será más analógico o no será?

Me gustaría que la tecnología siguiese avanzando para tener herramientas más potentes, que todavía faltan por desarrollar, pero que el ser humano no pierda su capacidad humana. Me hierve la sangre cuando la gente conecta mejor con otro a través de una pantalla, cuando los jóvenes tienen tan poca gestión emocional. Es negativo y, en parte, responsabilidad de quienes nos dedicamos a la tecnología. El ser humano no estaba preparado para un boom tecnológico tan fuerte y una digitalización tan inmersiva. No se hizo de forma paulatina porque hay intereses económicos. Pero una vez hecho el desastre, creo que es bueno tomar acción.

Se ha hablado mucho de que los niños de la élite de Silicon Valley tienen pocas pantallas delante. ¿Es el camino?

Vas a un restaurante y ves a unos padres que le dicen a su hijo o hija que no use el móvil, pero ellos están mandando WhatsApps. Aparte de poner normas a los niños sobre la tecnología, el ejemplo de los mayores es fundamental. No se le puede exigir a un niño lo que uno no hace. Muchas veces es más complicado ponerles normas a los padres que a los niños.

Hablando del futuro… de las mujeres: Eres presidenta de Women in Engineering en España. ¿Qué retos tenéis actualmente?

Dar a conocer qué se hace en el mundo de la tecnología, en mi caso en el de la investigación, y que cualquier chico o chica sea capaz de decidir si se quiere meter en este mundo. Hay muchas menos chicas. Es un sector que ha sido gobernado por el género masculino. Y yo aquí tengo una opinión bastante atípica. Esto para mí no es un problema, igual que hay más mujeres en ámbitos sociales o sanitarios. Al final, la biología también juega un papel importante. Pero lo que me gustaría es que, si una chica de 12 años quiere ser ingeniera, o estudiar matemáticas o física, que ha estado dominado por el género masculino, lo haga. O si un chico quiere ser enfermero, que lo haga. Se trata de empoderar desde el sentido de tomar consciencia. Saber qué se hace y que hay mujeres que se dedican a ello. Y romper los mitos. En informática tenemos un márquetin muy malo. A mí la tecnología y la investigación me gustan, pero también le dedico mucho tiempo al deporte, por ejemplo. Compito en carreras de ultradistancia por montaña.

También un mundo bastante masculino.

Sí. Todo ha estado gobernado por el género masculino muchos años. Esto que diré no es muy popular, pero al final somos las mismas mujeres quienes nos ponemos las barreras.

Quizás, muchas veces, condicionadas por la educación, el entorno. En este sentido, todavía es noticia que una mujer joven tenga tu trayectoria profesional. ¿Quién, además de ti misma, lo ha favorecido?

El que es mi mentor, un hombre, nunca me ha dicho que no a nada. Es importante contar con una figura así. Pero él llega cuando yo ya soy mayor. Todo lo de antes… La persona que más me ha empujado, y que nunca me ha dicho que no, ha sido mi madre. El entorno es crucial. Veo a adolescentes ya muy condicionadas por ser chicas en lo que estudiarán. Desde Women in Engineering nos dedicamos mucho a dar a conocer lo que se hace. Es importante tener figuras de referencia. Vamos a colegios, institutos, para que vean que no es raro lo que hemos hecho y conseguido.  

¿Tenéis feedback de personas a quiénes hayáis ayudado?

Sí. Por ejemplo, una chica a la que habían inculcado que las mujeres en los barcos traen mala suerte, decidió finalmente estudiar ingeniería náutica.

¿Y tú, para ir terminando, cómo te ves en 30 años, y en qué mundo?

Soy muy positivista. Igual me equivoco y me llevo un golpe de realidad. Creo que vamos a intentar ir hacia lo menos digital sin dejar la tecnología de lado. Usarla, pero que no nos use. Y ahí no sé dónde estaré. En la parte más técnica o divulgando más.

No sé si muchos hombres se plantean tanto como tú humanizar la tecnología. ¿Podemos aportar, ahí, las mujeres?

Tampoco es muy popular, pero creo que la mujer necesita volver a ser más mujer. Intentar igualarnos no nos favorece en muchos aspectos. Evidentemente que sí, en cuanto a los sueldos o los derechos. Pero las mujeres tenemos esa parte de cuidar, somos quienes damos la vida a otros, y creo que eso aporta mucho y no se puede perder. Creo que el mundo sería mucho mejor si la mujer vuelve a ser mujer, a tener esa parte más intuitiva. Si las mujeres entran en el sector tecnológico, todo será mucho más humano. Todo lo que se ha hecho a nivel tecnológico, industrial… Ha sido hacer. Eso es muy masculino. Creo que es importante ver ‘para qué’. Pararse, sentarse, sentir. Ver cómo estamos. Esa es una capacidad que las mujeres tenemos, que estamos perdiendo y que hay que recuperar.

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Autor / Autora
Periodista col·laboradora
Comentarios
Ilmu Forensik31 agosto, 2023 a las 7:31 am

How do you see the future relationship between humans and technology? Do you believe there’s a possibility of finding a balance between technological advancement and preserving human values?

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