Irene Martínez: «El objetivo de GenomAbs es personalizar la inmunoterapia sobre la base de las diferencias genéticas»

23 junio, 2022
Irene Martínez

GenomAbs ha recibido el ‘Premio Ramón Molinas al mejor proyecto de impacto social’ en el marco del Spin UOC 2022, el programa de impulso de proyectos emprendedores y de transferencia del conocimiento Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Desarrollado por Irene Martínez, biotecnóloga y estudiante del máster universitario de Bioinformática y Bioestadística de la UOC y la UB, el propósito de GenomAbs es conectar la evidencia científica que ya existe en materia de farmacogenómica aplicada a la inmunología mediante modelos matemáticos y software interno, para transferir todo este conocimiento a la realidad sanitaria de las personas. De este objetivo y de los pasos que se están dando en este sentido nos habla Irene Martínez, CTO de GenomAbs, en esta entrevista.  

¿Cómo surgió la idea de poner en marcha este proyecto? 

GenomAbs pretende personalizar las terapias con anticuerpos sobre la base de análisis genómicos. Nuestro objetivo es acelerar y transferir la tecnología que ya se está desarrollando en las universidades y centros de investigación para que pueda llegar a tantos pacientes como sea posible. Existe una gran brecha entre el conocimiento que se produce y el que verdaderamente llega a la población, y nosotras queremos ser parte del puente de unión entre ambos. Es frustrante comprobar cómo la mayoría de la investigación que se realiza, especialmente en Europa, no llega a poder transformar la realidad de las personas. Comenzamos con el proyecto a finales del año pasado y durante estos meses hemos participado en el programa de incubadora de empresas vinculado a la Universidad de Copenhague SUND Hub Health Innovators, además de obtener el segundo premio en el concurso de pósteres Bright SCIdea, organizado por la Sociedad de Industria Química, en Londres.

¿En qué consiste la “logística” de GenomAbs? 

A través de una pequeña muestra de saliva o sangre se realizará un estudio genómico individualizado para evaluar las predisposiciones genéticas de cada paciente a que determinadas terapias sean más o menos efectivas. Se estima que el 30% de la respuesta a cada fármaco está determinada por las diferencias genéticas de cada persona. Si hablamos del genoma como “las cartas que nos han tocado”, nosotras queremos contribuir a aportar evidencia científica que nos permita entender y utilizar mejor esas “cartas” de cada persona en relación con las terapias disponibles.

El equipo está compuesto por otras dos biotecnólogas -Cristina Abascal (CEO) y Laura Beltrán (COO)- especializadas en distintos campos. Nuestra idea es conectar y formar sinergias profesionales con grupos de investigación y universidades que estén interesados en generar y transferir esta tecnología a la sanidad a través de trabajos de fin de máster y tesis doctorales.

El proyecto está centrado concretamente en los pacientes con enfermedades autoinmunes, ¿por qué? 

Lo ideal sería lograr individualizar cualquier terapia o fármaco en función de las características biológicas de cada persona, conociendo de antemano qué va a ser más efectivo y menos tóxico en cada caso. Quizás en un futuro no muy lejano esto se consiga, pero, de momento, lo que tiene más sentido es empezar por aquellos tratamientos en los que la tecnología y el conocimiento estén más avanzados, los efectos secundarios sean más perjudiciales, y los costes por tratamiento sean más elevados.

El abordaje personalizado aumenta el éxito de las terapias, disminuye los tiempos de los tratamientos, previene efectos secundarios, mejorando la calidad de vida del paciente, y garantiza una mejor gestión de los recursos.

Respecto a los conocimientos técnicos, desde la faramacogenómica se están desarrollando importantes avances con la inmunología y las enfermedades autoinmunes, y es precisamente la suma de estos factores lo que nos ha llevado a comenzar centrándonos en estas dolencias.

Anticuerpos monoclonales

De forma resumida, ¿qué son las terapias con anticuerpos monoclonales y en qué patologías se están aplicando actualmente?

Son glicoproteínas que produce el organismo de manera natural cuando el sistema inmune detecta sustancias extrañas. Es el caso, por ejemplo, de los anticuerpos que desarrollamos contra un virus o una bacteria tras pasar una enfermedad. Tienen la capacidad de unirse de manera muy específica a estas sustancias para bloquear su efecto en nuestro cuerpo, y desde la biotecnología hemos utilizado en nuestro favor esta tecnología defensiva para desarrollar terapias en las que se utilizan anticuerpos producidos en el laboratorio y de manera muy controlada, para que bloqueen alguna sustancia en concreto que está magnificando una enfermedad. Ejemplos de estas sustancias son las citoquinas pro-inflamatorias en las enfermedades autoinmunes o determinados factores de crecimiento tumoral en el caso del cáncer.

¿Cómo se realiza el análisis genómico a cada paciente (métodos empleados) para así determinar su respuesta al tratamiento?

Existen varios métodos: la secuenciación del genoma, que equivaldría a leerse el “manual de instrucciones” biológicas al completo; o el genotipado de regiones concretas, que sería como abrir el índice y decidir qué páginas queremos leer. Además, hay buenas noticias en este sentido: acceder a estos “libros de instrucciones” de cada persona, que hace 15 años costaba miles de millones de dólares, hoy en día comparte franja de precio con un móvil de alta gama.

Además de determinar la respuesta a la inmunoterapia, ¿qué otras aplicaciones potenciales tiene conocer a fondo las diferencias genéticas de los pacientes autoinmunes?

Entender cómo están distribuidas entre la población las variantes génicas que afectan a las enfermedades y a la respuesta a los tratamientos disponibles supone una ampliación en el conocimiento muy positiva. Esta información no solo permitirá individualizar y personalizar las terapias que ya están disponibles, sino que también contribuirá al diseño más optimizado de nuevos fármacos más adaptados, seguros y eficaces. Este aporte está dentro de los “datos de la vida real” o real world data, que conducen a las evidencias (real world evidence o RWE), y que se pueden definir como aquellos datos que se utilizan para tomar decisiones sobre medicamentos o procedimientos médicos que se recogen fuera de los ensayos clínicos aleatorizados.

Existe una necesidad patente de conocer estas evidencias para diversas causas: monitorizar la seguridad a largo plazo; actualizar los protocolos sanitarios sobre la base de las necesidades reales, y mejorar el diseño de los fármacos y de los ensayos y estudios clínicos.

¿Está previsto incluir en este proyecto a otro tipo de pacientes, además de los que tienen patología autoinmune?

La progresión natural de nuestra tecnología sería especializarnos también en otros anticuerpos monoclonales capaces de tratar enfermedades como el cáncer. Lógicamente, nos encantaría poder llegar a personalizar cualquier terapia sobre la base de la inmunogenómica, pero tenemos que enfocarnos donde podemos aportar un valor mayor. 

Normalizar la genética

Desde tu perspectiva, ¿crees que la inmunoterapia de precisión es ya una realidad o todavía hay un camino por recorrer en este sentido?

La inmunoterapia puede definirse per se como una terapia de precisión  en el sentido de que los anticuerpos son moléculas especialmente diseñadas para bloquear sustancias muy concretas de manera precisa, pero hay que tener en cuenta una parte muy importante de este enfoque: las características genéticas. Nosotras queremos dar un paso más allá y normalizar los análisis genéticos al mismo nivel que están, por ejemplo, los análisis de sangre convencionales. La realidad es que nos estamos perdiendo mucha información cuando realizamos estos análisis, que podrían aportarnos mucha más evidencia científica para facilitar la toma de decisiones médicas.

¿Cómo está siendo tu experiencia como alumna del máster universitario en Bioinformática y Bioestadística de la UOC?

Estoy aprendiendo mucho sobre materias a las que no habíamos llegado en la carrera de Biotecnología. En especial, todo lo que las tecnologías de la información (IT) pueden aportar a las biociencias despertaba en mí mucha curiosidad. El volumen de datos que generamos en ciencia es cada vez mayor, y las necesidades que se presentan al gestionarlos son exponencialmente crecientes. Por otra parte, el self-learning (con el apoyo de los profesores) que los estudiantes de la UOC desarrollamos en gran medida es una herramienta extremadamente útil para la vida profesional y personal. 

Tu proyecto ha sido elegido finalista del Spin UOC 2022. ¿Qué aportan iniciativas como esta para los profesionales que estáis desarrollando nuevas soluciones en vuestro campo?

El hecho de haber llegado a la final ya es todo un logro y supone un honor, porque el nivel del concurso es muy elevado, además de ser una estupenda oportunidad para obtener visibilidad, mentorías y un feedback muy profesional.

Quiero destacar la relevancia de este tipo de iniciativas a la hora de poner en valor todo lo que la ciencia, las tecnologías de la información y la transferencia de conocimiento pueden aportar a la sociedad. Un claro reflejo de ello es el cambio de paradigma que ha supuesto la solución biotecnológica de las vacunas contra la COVID-19. No cabe duda de que, sin ciencia, no hay futuro. 

 

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Autor / Autora
Redactora colaboradora experta en temas de Salud
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